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Reactivar la recuperación en Vaharai
12 de junio de 2007
Por Patrick Fuller, Coordinador de información de la Federación Internacional en Sri Lanka
Mientras mece la cuna de su bebé y ahuyenta a las moscas siempre presentes, Mathan, de 26 años, habla con calma sobre sus temores respecto del futuro de su familia. “Lo perdimos todo por el tsunami, y cuando comenzaron los enfrentamientos lo perdimos todo otra vez. No tengo vivienda, me han robado mi barco de pesca y mis redes, y ahora tengo otra boca que alimentar."

La temperatura en la cabaña provisional de Mathan es sofocante. El sol cae implacable sobre el techo de chapa ondulada de hierro galvanizado. Una lona impermeable hecha jirones, que sirve de pared, ondea en el viento. La hija de Mathan, de apenas dos meses, duerme plácidamente en su cuna de mimbre colgada con unas cuerdas de las vigas de la cabaña. Aparte de la cuna, es poco lo que prueba que esta cabaña está habitada por una familia de cuatro miembros. En una esquina hay una estera de dormir enrollada, y de una cuerda de nylon que atraviesa la cabaña cuelga algo de ropa.

El pueblo de Mathan, Uriyankuddu, se encuentra en la región de Vaharai, en el distrito de Batticaloa, en el noreste de Sri Lanka. Vaharai, una península de 15 km situada entre el mar y una albufera, fue zona de combate hasta enero, cuando las fuerzas gubernamentales se hicieron con ella después de meses de intensos enfrentamientos con los Tigres de Liberación de Eelam Tamil.

Los habitantes de Uriyankuddu, como casi todos en Vaharai, han pasado muchas dificultades. En 2004, el tsunami destruyó la mayoría de las viviendas del pueblo. En septiembre de 2005, a raíz del agravamiento del conflicto y las crecientes dificultades económicas, la Cruz Roja Alemana y la Cruz Roja de Hong Kong decidieron apoyar las distribuciones del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en la zona. Voluntarios de la Cruz Roja de Sri Lanka organizaron muchas de estas distribuciones, pero pronto el acceso se vio dificultado y en enero toda la población había abandonado la zona. Las familias de Uriyankuddu que volvieron a sus hogares en marzo, se encontraron con que muchas de las nuevas viviendas que se habían reconstruido después del tsunami estaban en ruinas. El refugio provisional de Mathan había recibido el impacto directo de un proyectil. Sólo quedan de él los cimientos quemados de cemento.

Hace sólo poco tiempo que la Cruz Roja puede acceder normalmente a la zona. Al otro lado de la calle que pasa por delante de la cabaña de Mathan, entre la vegetación que va invadiendo el lugar, se encuentran los cimientos y parte de las paredes de 58 viviendas que estaba construyendo la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Una de las viviendas será para la familia de Mathan, pero el pasado septiembre tuvo que detenerse la obra, pues para los contratistas era demasiado peligroso acceder al lugar. Ahora, todo está preparado para reanudar el trabajo y concluir el proyecto para finales de año.

“Aquí, las necesidades son especialmente urgentes”, explica Paul Emes, Jefe Adjunto de la Delegación de la Federación Internacional en Sri Lanka. “Esta comunidad no ha vivido en una situación de estabilidad desde antes del tsunami, y proporcionarles una vivienda definitiva es una de nuestras principales prioridades.”

La vecina de Mathan, Sothi Malar, de 48 años, hace frente a sus propias dificultades. Cuando volvió a su pueblo se encontró con que le habían robado sus cinco cabras y todos sus pollos. Sothi perdió a su marido durante la guerra, en 1997. Principalmente la mantiene su hijo, aunque recibe una “prestación por pobreza” de su Gobierno, de 120 rupias (1,5 francos suizos/1,2 dólares EE. UU.) mensuales. A Sothi, el problema de sobrevivir se le plantea todos los días. Se ha prestado dinero de los vecinos y ha empeñado el resto de sus joyas para contar con efectivo. El éxodo de Uriyankuddu fue especialmente traumático para ella. “Pasamos tres días caminando por la selva”, cuenta. “Tuvimos que atravesar lagunas y ríos, sumergidos en el agua hasta el pecho, para evitar las zonas de combate. Cuatro habitantes de nuestro pueblo murieron ahogados.”

Quienes han vuelto al pueblo, rehacen poco a poco sus vidas. Algunos habitan tiendas de campaña proporcionadas por el Gobierno; otros han logrado reconstruir lo que quedó de los refugios que obtuvieron después del tsunami. Todos ellos dependen de la ayuda externa. Recientemente, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), junto con la Cruz Roja Británica y voluntarios de la Cruz Roja de Sri Lanka, ha realizado una evaluación de las economías domésticas en 16 pueblos de la región de Vaharai. “La mayoría de los retornados se encontró con que sus viviendas y medios de subsistencia habían sido saqueados o destrozados”, explica Ben Mountfield, Coordinador de la Cruz Roja Británica en Sri Lanka. “En este momento no existe un mercado local, por lo que es urgentemente necesario suplir la falta de alimentos durante algunos meses, hasta que las personas hayan restablecido sus medios de subsistencia."

A raíz de la evaluación se ha puesto en marcha una operación de socorro de tres meses dirigida a toda la población que ha regresado a Vaharai, aproximadamente 14.500 personas. Ya se están distribuyendo artículos como ollas, lámparas protegidas contra el viento y estuches de higiene. La Cruz Roja Británica, preparada para distribuir alimentos, está estableciendo una cuenta bancaria para cada familia, a la que transferirá mensualmente una cantidad que le permita adquirir los alimentos necesarios. Además, se repondrán los activos productivos, de manera que puedan reanudarse las actividades necesarias para subsistir, como la pesca, la albañilería, la confección y la cría de ganado.

“La idea es reactivar la economía local, pero de manera tal que el mercado local no se vea afectado negativamente", explica Mountfield. “Dentro de unos meses iniciaremos un programa más apreciable, encaminado a consolidar y diversificar los medios de subsistencia locales. También examinaremos la reconstrucción de las estructuras divisionales de la Cruz Roja de Sri Lanka.”

Después del cese de los enfrentamientos, la Cruz Roja ha logrado volver a poner en marcha el puesto de salud del hospital de Vaharai, el único centro de salud de la región en funcionamiento. Cinco días a la semana, el Dr. D. A. Matthews y su pequeño equipo, de la Cruz Roja de Sri Lanka, se desplazan a este hospital desde Batticaloa para prestar servicios de consulta ambulatoria. “La zona que debemos cubrir está habitada por 10.000 personas, y como media examino a 80 pacientes al día. No nos queda tiempo para aburrirnos”, explica.

El Dr. Matthews trabaja en la unidad móvil de salud desde enero de 2005, cuando la Cruz Roja Italiana estableció por vez primera un puesto de socorro en el hospital para tratar a las personas heridas durante el tsunami. Además de apoyar al hospital, la Cruz Roja Italiana financia dos equipos móviles de salud que prestan servicios de consulta ambulatoria en los campamentos de Vaharai y Batticaloa en los que viven desplazados internos que han huido del conflicto.

En el campamento de desplazados internos de Savukadi, el equipo móvil de Batticaloa lleva cuatro horas trabajando duramente, y en el exterior de la tienda de campaña en la que se ha instalado la clínica todavía hay una fila de pacientes esperando. Aquí viven 2.000 personas, y la visita semanal del equipo médico es la única oportunidad periódica para recibir asistencia médica. A pesar de la larga fila de pacientes, la clínica está bien organizada. Una vez registrados, los pacientes esperan en la fila para ser atendidos. Quienes necesitan una receta, van al farmacéutico de la mesa contigua. Otros pacientes se derivan a una de las enfermeras voluntarias, que les prestan primeros auxilios.

Según Jeya, el Coordinador de Proyectos de la Cruz Roja Italiana, las condiciones en los campamentos favorecen la aparición de diferentes problemas de salud comunes. “Tratamos muchos casos de gastroenteritis y de enfermedades transmisibles asociadas a la falta de higiene, como enfermedades cutáneas e infecciones oculares. Además, el polvo causa problemas respiratorios.”

La actual situación de seguridad en Batticaloa ha obligado a la Cruz Roja ha suspender temporalmente algunos programas de recuperación posterior al tsunami, a fin de poder concentrar su labor en las necesidades humanitarias de emergencia. Aunque la población ha vuelto a Vaharai, los permanentes enfrentamientos en zonas occidentales del distrito de Batticaloa impiden regresar a sus hogares a más de 100.000 desplazados, que viven con familias de acogida o en campamentos como el de Savukadi.

“En algunas zonas de Vaharai parece que podremos reanudar los proyectos relacionados con el tsunami", explica Paul Emes, y añade: "En otros lugares la situación es más compleja, particularmente allí donde no se han retirado las minas y sigue habiendo material bélico sin explosionar. Esto nos impide trabajar y complica enormemente la vida a los retornados cuya subsistencia depende de la agricultura."

A Sothi Malar y su nieta les ha resultado especialmente difícil adaptarse a vivir de nuevo en Uriyankuddu. El marido de Sothi resultó muerto en 1997, y como nadie en la familia tiene ingresos, Sothi ha tenido que prestarse dinero y vender sus pertenencias para sobrevivir. (p15829)
A Sothi Malar y su nieta les ha resultado especialmente difícil adaptarse a vivir de nuevo en Uriyankuddu. El marido de Sothi resultó muerto en 1997, y como nadie en la familia tiene ingresos, Sothi ha tenido que prestarse dinero y vender sus pertenencias para sobrevivir. (p15829)
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“Lo perdimos todo por el tsunami, y cuando comenzaron los enfrentamientos lo perdimos todo otra vez”, observa Mathan. Hasta que reciba una nueva vivienda de la Cruz Roja, Mathan y su joven familia viven en una cabaña de chapas onduladas de hierro galvanizado. (p15826)
“Lo perdimos todo por el tsunami, y cuando comenzaron los enfrentamientos lo perdimos todo otra vez”, observa Mathan. Hasta que reciba una nueva vivienda de la Cruz Roja, Mathan y su joven familia viven en una cabaña de chapas onduladas de hierro galvanizado. (p15826)
Después del cese de los enfrentamientos, la Cruz Roja ha logrado volver a poner en marcha el puesto de salud del hospital de Vaharai, el único centro de salud de la región en funcionamiento. Las Sociedades de la Cruz Roja de Italia y Sri Lanka establecieron el puesto de socorro en el hospital de Vaharai inmediatamente después del tsunami. (p15831)
Después del cese de los enfrentamientos, la Cruz Roja ha logrado volver a poner en marcha el puesto de salud del hospital de Vaharai, el único centro de salud de la región en funcionamiento. Las Sociedades de la Cruz Roja de Italia y Sri Lanka establecieron el puesto de socorro en el hospital de Vaharai inmediatamente después del tsunami. (p15831)
El Dr. Matthews trabaja en Vaharai desde enero de 2005. “La zona que debemos cubrir está habitada por 10.000 personas, y como media examino a 80 pacientes al día. No nos queda tiempo para aburrirnos”, explica. (p15825)
El Dr. Matthews trabaja en Vaharai desde enero de 2005. “La zona que debemos cubrir está habitada por 10.000 personas, y como media examino a 80 pacientes al día. No nos queda tiempo para aburrirnos”, explica. (p15825)
La unidad móvil de salud incluye a voluntarios de la Cruz Roja de Sri Lanka, que ayudan al farmacéutico a distribuir medicamentos y prestan primeros auxilios. (p15827)
La unidad móvil de salud incluye a voluntarios de la Cruz Roja de Sri Lanka, que ayudan al farmacéutico a distribuir medicamentos y prestan primeros auxilios. (p15827)


La mayoría de los problemas médicos que se tratan en las unidades móviles de la Cruz Roja de Sri Lanka está relacionada con las difíciles condiciones de vida que afrontan los desplazados internos en los campamentos. (p15828)

La mayoría de los problemas médicos que se tratan en las unidades móviles de la Cruz Roja de Sri Lanka está relacionada con las difíciles condiciones de vida que afrontan los desplazados internos en los campamentos. (p15828)
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