Mientras
mece la cuna de su bebé y ahuyenta a las moscas siempre
presentes, Mathan, de 26 años, habla con calma sobre
sus temores respecto del futuro de su familia. “Lo perdimos
todo por el tsunami, y cuando comenzaron los enfrentamientos
lo perdimos todo otra vez. No tengo vivienda, me han robado
mi barco de pesca y mis redes, y ahora tengo otra boca que alimentar."
La temperatura en la cabaña provisional de Mathan es
sofocante. El sol cae implacable sobre el techo de chapa ondulada
de hierro galvanizado. Una lona impermeable hecha jirones, que
sirve de pared, ondea en el viento. La hija de Mathan, de apenas
dos meses, duerme plácidamente en su cuna de mimbre colgada
con unas cuerdas de las vigas de la cabaña. Aparte de
la cuna, es poco lo que prueba que esta cabaña está
habitada por una familia de cuatro miembros. En una esquina
hay una estera de dormir enrollada, y de una cuerda de nylon
que atraviesa la cabaña cuelga algo de ropa.
El pueblo de Mathan, Uriyankuddu, se encuentra en la región
de Vaharai, en el distrito de Batticaloa, en el noreste de Sri
Lanka. Vaharai, una península de 15 km situada entre
el mar y una albufera, fue zona de combate hasta enero, cuando
las fuerzas gubernamentales se hicieron con ella después
de meses de intensos enfrentamientos con los Tigres de Liberación
de Eelam Tamil.
Los habitantes de Uriyankuddu, como casi todos en Vaharai, han
pasado muchas dificultades. En 2004, el tsunami destruyó
la mayoría de las viviendas del pueblo. En septiembre
de 2005, a raíz del agravamiento del conflicto y las
crecientes dificultades económicas, la Cruz Roja Alemana
y la Cruz Roja de Hong Kong decidieron apoyar las distribuciones
del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en la zona. Voluntarios
de la Cruz Roja de Sri Lanka organizaron muchas de estas distribuciones,
pero pronto el acceso se vio dificultado y en enero toda la
población había abandonado la zona. Las familias
de Uriyankuddu que volvieron a sus hogares en marzo, se encontraron
con que muchas de las nuevas viviendas que se habían
reconstruido después del tsunami estaban en ruinas. El
refugio provisional de Mathan había recibido el impacto
directo de un proyectil. Sólo quedan de él los
cimientos quemados de cemento.
Hace sólo poco tiempo que la Cruz Roja puede acceder
normalmente a la zona. Al otro lado de la calle que pasa por
delante de la cabaña de Mathan, entre la vegetación
que va invadiendo el lugar, se encuentran los cimientos y parte
de las paredes de 58 viviendas que estaba construyendo la Federación
Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja. Una de las viviendas será para la familia de Mathan,
pero el pasado septiembre tuvo que detenerse la obra, pues para
los contratistas era demasiado peligroso acceder al lugar. Ahora,
todo está preparado para reanudar el trabajo y concluir
el proyecto para finales de año.
“Aquí, las necesidades son especialmente urgentes”,
explica Paul Emes, Jefe Adjunto de la Delegación de la
Federación Internacional en Sri Lanka. “Esta comunidad
no ha vivido en una situación de estabilidad desde antes
del tsunami, y proporcionarles una vivienda definitiva es una
de nuestras principales prioridades.”
La vecina de Mathan, Sothi Malar, de 48 años, hace frente
a sus propias dificultades. Cuando volvió a su pueblo
se encontró con que le habían robado sus cinco
cabras y todos sus pollos. Sothi perdió a su marido durante
la guerra, en 1997. Principalmente la mantiene su hijo, aunque
recibe una “prestación por pobreza” de su
Gobierno, de 120 rupias (1,5 francos suizos/1,2 dólares
EE. UU.) mensuales. A Sothi, el problema de sobrevivir se le
plantea todos los días. Se ha prestado dinero de los
vecinos y ha empeñado el resto de sus joyas para contar
con efectivo. El éxodo de Uriyankuddu fue especialmente
traumático para ella. “Pasamos tres días
caminando por la selva”, cuenta. “Tuvimos que atravesar
lagunas y ríos, sumergidos en el agua hasta el pecho,
para evitar las zonas de combate. Cuatro habitantes de nuestro
pueblo murieron ahogados.”
Quienes han vuelto al pueblo, rehacen poco a poco sus vidas.
Algunos habitan tiendas de campaña proporcionadas por
el Gobierno; otros han logrado reconstruir lo que quedó
de los refugios que obtuvieron después del tsunami. Todos
ellos dependen de la ayuda externa. Recientemente, el Comité
Internacional de la Cruz Roja (CICR), junto con la Cruz Roja
Británica y voluntarios de la Cruz Roja de Sri Lanka,
ha realizado una evaluación de las economías domésticas
en 16 pueblos de la región de Vaharai. “La mayoría
de los retornados se encontró con que sus viviendas y
medios de subsistencia habían sido saqueados o destrozados”,
explica Ben Mountfield, Coordinador de la Cruz Roja Británica
en Sri Lanka. “En este momento no existe un mercado local,
por lo que es urgentemente necesario suplir la falta de alimentos
durante algunos meses, hasta que las personas hayan restablecido
sus medios de subsistencia."
A raíz de la evaluación se ha puesto en marcha
una operación de socorro de tres meses dirigida a toda
la población que ha regresado a Vaharai, aproximadamente
14.500 personas. Ya se están distribuyendo artículos
como ollas, lámparas protegidas contra el viento y estuches
de higiene. La Cruz Roja Británica, preparada para distribuir
alimentos, está estableciendo una cuenta bancaria para
cada familia, a la que transferirá mensualmente una cantidad
que le permita adquirir los alimentos necesarios. Además,
se repondrán los activos productivos, de manera que puedan
reanudarse las actividades necesarias para subsistir, como la
pesca, la albañilería, la confección y
la cría de ganado.
“La idea es reactivar la economía local, pero de
manera tal que el mercado local no se vea afectado negativamente",
explica Mountfield. “Dentro de unos meses iniciaremos
un programa más apreciable, encaminado a consolidar y
diversificar los medios de subsistencia locales. También
examinaremos la reconstrucción de las estructuras divisionales
de la Cruz Roja de Sri Lanka.”
Después del cese de los enfrentamientos, la Cruz Roja
ha logrado volver a poner en marcha el puesto de salud del hospital
de Vaharai, el único centro de salud de la región
en funcionamiento. Cinco días a la semana, el Dr. D.
A. Matthews y su pequeño equipo, de la Cruz Roja de Sri
Lanka, se desplazan a este hospital desde Batticaloa para prestar
servicios de consulta ambulatoria. “La zona que debemos
cubrir está habitada por 10.000 personas, y como media
examino a 80 pacientes al día. No nos queda tiempo para
aburrirnos”, explica.
El Dr. Matthews trabaja en la unidad móvil de salud desde
enero de 2005, cuando la Cruz Roja Italiana estableció
por vez primera un puesto de socorro en el hospital para tratar
a las personas heridas durante el tsunami. Además de
apoyar al hospital, la Cruz Roja Italiana financia dos equipos
móviles de salud que prestan servicios de consulta ambulatoria
en los campamentos de Vaharai y Batticaloa en los que viven
desplazados internos que han huido del conflicto.
En el campamento de desplazados internos de Savukadi, el equipo
móvil de Batticaloa lleva cuatro horas trabajando duramente,
y en el exterior de la tienda de campaña en la que se
ha instalado la clínica todavía hay una fila de
pacientes esperando. Aquí viven 2.000 personas, y la
visita semanal del equipo médico es la única oportunidad
periódica para recibir asistencia médica. A pesar
de la larga fila de pacientes, la clínica está
bien organizada. Una vez registrados, los pacientes esperan
en la fila para ser atendidos. Quienes necesitan una receta,
van al farmacéutico de la mesa contigua. Otros pacientes
se derivan a una de las enfermeras voluntarias, que les prestan
primeros auxilios.
Según Jeya, el Coordinador de Proyectos de la Cruz Roja
Italiana, las condiciones en los campamentos favorecen la aparición
de diferentes problemas de salud comunes. “Tratamos muchos
casos de gastroenteritis y de enfermedades transmisibles asociadas
a la falta de higiene, como enfermedades cutáneas e infecciones
oculares. Además, el polvo causa problemas respiratorios.”
La actual situación de seguridad en Batticaloa ha obligado
a la Cruz Roja ha suspender temporalmente algunos programas
de recuperación posterior al tsunami, a fin de poder
concentrar su labor en las necesidades humanitarias de emergencia.
Aunque la población ha vuelto a Vaharai, los permanentes
enfrentamientos en zonas occidentales del distrito de Batticaloa
impiden regresar a sus hogares a más de 100.000 desplazados,
que viven con familias de acogida o en campamentos como el de
Savukadi.
“En algunas zonas de Vaharai parece que podremos reanudar
los proyectos relacionados con el tsunami", explica Paul
Emes, y añade: "En otros lugares la situación
es más compleja, particularmente allí donde no
se han retirado las minas y sigue habiendo material bélico
sin explosionar. Esto nos impide trabajar y complica enormemente
la vida a los retornados cuya subsistencia depende de la agricultura."
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A
Sothi Malar y su nieta les ha resultado especialmente
difícil adaptarse a vivir de nuevo en Uriyankuddu.
El marido de Sothi resultó muerto en 1997, y como
nadie en la familia tiene ingresos, Sothi ha tenido que
prestarse dinero y vender sus pertenencias para sobrevivir.
(p15829)
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“Lo
perdimos todo por el tsunami, y cuando comenzaron los
enfrentamientos lo perdimos todo otra vez”, observa
Mathan. Hasta que reciba una nueva vivienda de la Cruz
Roja, Mathan y su joven familia viven en una cabaña
de chapas onduladas de hierro galvanizado. (p15826)
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| Después
del cese de los enfrentamientos, la Cruz Roja ha logrado
volver a poner en marcha el puesto de salud del hospital
de Vaharai, el único centro de salud de la región
en funcionamiento. Las Sociedades de la Cruz Roja de Italia
y Sri Lanka establecieron el puesto de socorro en el hospital
de Vaharai inmediatamente después del tsunami.
(p15831) |
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| El
Dr. Matthews trabaja en Vaharai desde enero de 2005. “La
zona que debemos cubrir está habitada por 10.000
personas, y como media examino a 80 pacientes al día.
No nos queda tiempo para aburrirnos”, explica. (p15825) |
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La
unidad móvil de salud incluye a voluntarios de
la Cruz Roja de Sri Lanka, que ayudan al farmacéutico
a distribuir medicamentos y prestan primeros auxilios.
(p15827)

La mayoría de los problemas médicos que
se tratan en las unidades móviles de la Cruz Roja
de Sri Lanka está relacionada con las difíciles
condiciones de vida que afrontan los desplazados internos
en los campamentos. (p15828) |
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