Youssef,
perplejo, no sabe qué hacer. ¿Decirles que se
vayan a casa a descansar un rato o que sigan alerta pues en
el campamento de refugiados de Nahr el-Bared continúan
los enfrentamientos?
Youssef Boutros, jefe des los equipos de servicios médicos
de urgencia (SMU) de la Cruz Roja Libanesa (CRL) en el Distrito
Norte, temía ser injusto con los hombres y mujeres jóvenes
que estaban exhaustos y cuyos cuerpos reclamaban sueño
tras semanas de jornadas muy largas y noches muy cortas.
No quería tomar la decisión por sí solo
y, entonces, la dejó en manos de ellos. “Quienes
quieran irse pueden hacerlo, quienes quieran quedarse son bienvenidos”,
les dijo.
Todos optaron por lo segundo. El llamado del deber fue más
fuerte que el cansancio.
Youssef Boutros se enorgullece de sus socorristas y de que estén
disponibles en todo momento. Comenta que quienes integran su
equipo son muy realistas acerca de la labor, a veces en plena
línea de fuego, y lo que hacen, lo hacen con amor, denuedo
y sacrifico. Les considera su primera familia y la suya verdadera
viene después.“Tuve a la Cruz Roja en alta estima
durante toda mi vida. Cuando me casé, le dije a mi esposa
que el voluntariado era mi vida.”
Se preocupa por el personal paramédico y sus familias.
Algunos socorristas no han vuelto a su casa ni a la universidad
desde que comenzaron los combates. A veces, Youssef les pide
a las socorristas que se vayan a descansar un rato con su familia.
Pero ellas se niegan y son tan entusiastas como sus colegas
hombres, e incluso más, señala.
Youssef comenzó su voluntariado en la CRL en 1989, primero
en el centro Koura, Líbano septentrional. Luego fue ascendiendo
hasta ocupar su actual puesto de jefe de los SMU en el Distrito
Norte. A veces se enoja, lo que atribuye más bien al
cansancio mental que al físico, principalmente, en las
circunstancias actuales.
A la entrada del campamento de Nahr el-Bared hay seis nuevos
puestos de primeros auxilios donde trabajan más de 50
socorristas y se dispone de 15 ambulancias y varios vehículos
pequeños. La labor se lleva a cabo bajo una enorme presión.
Todos los centros del norte están movilizados para ayudar:
90 socorristas, –entre ellos, Youssef y su equipo–
y otras 15 ambulancias cuyas intervenciones se coordinan en
una sala de operación.
“No lamento nada ni espero nada a cambio. Me siento satisfecho
tras 19 años en la Cruz Roja. Mi labor es humanitaria,
me siento contento y feliz a cada paso que doy, ya sea ayudar
a un herido, transportar a un enfermo o prestar primeros auxilios”,
afirma.
Youssef aprecia “el gran trabajo” y la total cooperación
de los socorristas de la Media Luna Roja Palestina (MLRP) con
sus colegas de la CRL, pues también son entusiastas y
están igualmente preparados. “Eso facilita mucho
nuestra labor”, añade y recalca la importancia
que reviste “un liderazgo idóneo y valiente las
24 horas” para la gestión exitosa de este gran
equipo de urgencia.
“A veces tengo miedo, pero no pánico. El temor
es necesario para conservar la vida y hacer nuestra labor con
sumo cuidado. El pánico, en cambio, paraliza y hace que
uno se vaya a su casa.”
Muchas escenas le han afectado. Por ejemplo, no puede olvidar
el rostro de un anciano discapacitado a quien ayudó.
Lo vio como si fuera su padre, corrió hacia él
y lo transportó en sus brazos, motivado por un sentimiento
de amor y cuidado que hasta entonces no había sentido
al transportar otros heridos o enfermos. Youssef jamás
hizo discriminación alguna entre los necesitados.
Cuida de todos por igual. Sin embargo, este señor anciano
con lágrimas en los ojos, le embargó de tristeza
y alzó la voz orando para que todas las guerras terminen
y reine la paz.
En 19 años, nunca había gritado, cuenta Youssef,
porque un socorrista debe controlar sus emociones. Eso no quita
que haya llorado amargamente a Boulos Meemary y Haitham, sus
colegas de la CRL, asesinados recientemente cerca del campamento
de refugiados Nahr el-Bared. Lloró por esos compañeros
“llenos de compasión, amor y humanidad cuyo único
error fue creer en la humanidad. Por querer salvar víctimas
fueron víctimas a su vez”.
Pero Youssef conserva la esperanza y hace un llamado a todo
aquel que pueda contribuir con tiempo y esfuerzo al voluntariado
de la CRL. Sostiene que quien no preste servicios con esta organización
humanitaria no conocerá el valor de los seres humanos
ni el valor de su presencia en la Tierra. Youssef cree que “el
ser humano es un mensaje que ha de leerse por sus actos”.
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Youssef
Boutros comenzó su voluntariado en la CRL en 1989,
primero en el centro Koura, Líbano septentrional.
Luego fue ascendiendo hasta ocupar su actual puesto de
jefe de los SMU en el Distrito Norte. A veces se enoja,
lo que atribuye más bien al cansancio mental que
al físico, principalmente, en las circunstancias
actuales. (p15854)
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Youssef
Boutros con dos socorristas de la Media Luna Roja Palestina.
(p15855)
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Youssef
aprecia “el gran trabajo” y la total cooperación
de los socorristas de la Media Luna Roja Palestina (MLRP)
con sus colegas de la CRL, pues también son entusiastas
y están igualmente preparados. (p15856)
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