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Félix: plegarias por los desaparecidos en Costa Miskito
10 de septiembre de 2007
Alex Wynter (Krukira, Nicaragua)
Este frágil pueblo miskito, situado al final de un camino de grava de 25 kilómetros actualmente apenas transitable que parte de Puerto Cabezas, es prácticamente el lugar exacto –en la medida en que puede determinarse– en que el ojo del huracán Félix alcanzó la costa en la madrugada del pasado martes.

Es difícil imaginar el horror que vivieron las personas de Krukira esa noche.

“Si los vientos de fuerza máxima hubieran soplado una hora más o así, creo que las personas hubieran muerto de miedo”, declara el Padre Romero Rivera, de religión morava. En su iglesia –prácticamente la única estructura de hormigón del pueblo además de la escuela–, se refugiaron muchos vecinos.

Afortunadamente, en Krukira no murió nadie y sólo resultaron heridas cinco personas de una población total de alrededor de 500 familias. (Tradicionalmente, la población de los pueblos miskito se indica en número de familias, no de habitantes.)

“Nunca antes en nuestra vida habíamos vivido algo como esto”, añade el Padre Rivera, que ahora debe proveer su iglesia de un nuevo tejado. Por lo menos, las paredes relativamente sólidas de la misma resistieron a los vientos de Félix, de categoría 5.

El propio pueblo, construido casi en su totalidad con tablas de madera, parece haber sido bombardeado y, a decir de todos, Félix debe haber sonado más como un bombardeo que como viento.
Casi 300 viviendas han resultado destruidas y todos los árboles están partidos o derribados.

La campana de la iglesia

Es poco probable que la población miskito, profundamente religiosa, culpe del huracán a nadie más que a Dios, pero "a través de la radio nos llegaron las noticias de que se acercaba", observa Aricio Lewis, de 30 años, jefe del comité de primeros auxilios del pueblo.

“Iba por el pueblo escuchando las noticias en Radio Caribe y La Porteñísima e intentando alertar a la gente", dice Lewis, una cara conocida en los seminarios sobre preparación para desastres celebrados en el pueblo en el marco del proyecto de la Cruz Roja Holandesa relativo al cambio climático.

“Finalmente se decidió tocar la campana de la iglesia", añade. En los poblados miskito, es un ritual de larga tradición alertar así a las personas. Entonces, la gente abandonó sus viviendas.

Algunos –nadie sabe con exactitud cuántos– se arriesgaron y permanecieron en sus hogares. Pero según Lewis, si los seminarios no hubieran preparado a los vecinos para la posibilidad de condiciones meteorológicas extremas y sin precedentes, en Krukira habría habido muertos.

Anteriormente, la campana de Krukira se había tocado por última vez con ocasión del huracán Beta, en 2005, pero en comparación con Félix aquella tormenta fue insignificante.

Cuando Nicaragua hizo un balance de la situación a finales de la semana pasada, quedó claro que la mayoría de las víctimas mortales del huracán Félix podría haberse producido entre los grupos de población incluso más vulnerables que los aislados pueblos de la costa: los pescadores y buzos de langostas de Miskito Keys –unas pequeñísimas franjas de tierra a unos 60 km mar adentro en el Atlántico–, que dependen de estas actividades para subsistir.

En el mar y en playas de Honduras y Nicaragua se han rescatado supervivientes y recuperado cuerpos, y se prevé que se incrementen las cifras tanto de muertos como de desaparecidos.

A lo largo de toda la Costa Miskito se dicen plegarias por los desaparecidos en el mar y por los pueblos nicaragüenses –11 según el último recuento– de los que no ha vuelto a recibirse noticia después del paso de Félix.

“La Cruz Roja Costarricense ha enviado a la zona un equipo de 25 voluntarios, incluidos voluntarios paramédicos, psicólogos y especialistas en rescate acuático y de montaña que ayudarán a sus colegas nicaragüenses”, explica Manuel Rodríguez, Responsable de Información Regional de la Federación Internacional. “El grupo apoyará los esfuerzos por encontrar y asistir a personas afectadas por el huracán Félix.”

La Unidad Panamericana de Respuesta a Desastres (PADRU de sus siglas en inglés) de la Federación Internacional, con sede en Panamá, está enviando a la zona mantas, estuches de aseo, juegos de cocina y lonas impermeables para 3.000 de las familias más gravemente afectadas en la región atlántica nicaragüense.

Además, la Federación Internacional ha lanzado un llamamiento de emergencia por valor de cerca de 1 millón de francos suizos ((825.000 dólares americanos/600.000 euros) para ayudar a las Sociedades Nacionales de América Central a abordar la situación después del paso del huracán Félix. Con los fondos recaudados se proporcionarán tiendas de campaña, mosquiteros, mantas, bidones, ropa, esteras para dormir y láminas de plástico a 23.000 personas.
Niños miskito del pueblo costero de Krukira, en Nicaragua, devastado por el huracán Félix la pasada semana, dan prueba de la típica capacidad de recuperación de los más jóvenes. Están sentados en el marco de una ventana de la iglesia del pueblo, que profesa la religión morava, en la que se refugiaron los vecinos cuando los vientos del huracán alcanzaron su máxima fuerza en la madrugada. (p16386)
Niños miskito del pueblo costero de Krukira, en Nicaragua, devastado por el huracán Félix la pasada semana, dan prueba de la típica capacidad de recuperación de los más jóvenes. Están sentados en el marco de una ventana de la iglesia del pueblo, que profesa la religión morava, en la que se refugiaron los vecinos cuando los vientos del huracán alcanzaron su máxima fuerza en la madrugada. (p16386)
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Según el Padre Romero Rivero, de la Iglesia morava de Krukira, los aterrorizados vecinos habrían muerto de miedo si los vientos del huracán Félix, de categoría 5, hubieran soplado durante una hora más. El pueblo está emplazado en la trayectoria que siguió el ojo del huracán. (p16387)
Según el Padre Romero Rivero, de la Iglesia morava de Krukira, los aterrorizados vecinos habrían muerto de miedo si los vientos del huracán Félix, de categoría 5, hubieran soplado durante una hora más. El pueblo está emplazado en la trayectoria que siguió el ojo del huracán. (p16387)
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