Hace
dos años, cuando un terremoto sacudió Pakistán,
el concreto que se derrumbó causó muertes. Hoy
en día, es signo de recuperación en numerosos
sitios en construcción por toda la Provincia de la Frontera
Norte y la zona de Cachemira, administrada por Pakistán.
“Uno de los mayores problemas eran los techos pesados.
Hay pruebas de que los techos de concreto aplastan todo al caer”,
explica Cormac Rooney, Coordinador de Reconstrucción,
de la Federación Internacional, y añade que el
mal diseño fue el motivo de que las estructuras resultaran
tan mortales hace dos años.
“La estabilidad es un factor clave. Puede haber vigas
y columnas de concreto pero si no están unidas como corresponde
y sobreviene un terremoto, entonces, esa enorme cantidad de
concreto inestable se derrumba... y el concreto mata”,
puntualiza Rooney.
El 8 de octubre de 2005, pilares destrozados, enormes planchas
venidas abajo y montañas de escombros dominaban el paisaje
en las zonas más castigadas.
Los establecimientos de enseñanza fueron duramente golpeadas
y 8.000 resultaron dañados o destruidos. Según
estimaciones de la ONU, de los 73.000 muertos en el terremoto,
17.000 eran niños que estaban en las aulas aquella fatídica
mañana de sábado.
La Media Luna Roja Pakistaní, apoyada por la Federación
Internacional y múltiples donadores, participa en la
reconstrucción de 17 escuelas e institutos en el marco
del programa global de reconstrucción que abarca 42 proyectos.
Rooney supervisa esos proyectos y tiene la firme determinación
de que los edificios de las Cruz Roja y la Media Luna Roja sean
seguros y estables.
Ya está en curso la construcción de nueve escuelas
y hacia fin de año se establecerán 25 proyectos
en total que comprenden escuelas primarias, escuelas medias,
liceos, institutos y centros médicos.
Cuando sobrevino el terremoto, Muhammad Pervaiz, director de
instituto, estuvo a punto de sufrir las trágicas consecuencias
de una escuela mal diseñada.
Por entonces ejercía en Muzaffarabad y fue corriendo
hasta la escuela a buscar a su hija de cinco años. El
edificio estaba en ruinas y no había rastro de la niña.
Mientras la buscaba frenéticamente entre los escombros,
ayudó a rescatar otros niños y algunos de ellos
murieron en sus brazos. Finalmente, alguien oyó llorar
a su hijita y logró sacarla.
“Estaba muy pálida y pensé que se iba a
morir pero cuando le di un poco de agua, me miró a los
ojos y me dijo que tenía que ir a buscar su portafolio
porque la maestra había mandado deberes”, recuerda.
Afortunadamente, la hija de Muhammad Pervaiz se repuso completamente
y él se enorgullece de participar en el proceso de reconstrucción
en su nuevo cargo de director del instituto para chicos de Garhi
Dupatta en la zona de Cachemira, administrada por Pakistán.
Arrasada por el terremoto, la escuela se vuelve a construir
con fondos del programa de reconstrucción de la Media
Luna Roja Pakistaní y la Federación Internacional.
Esta previsto terminar las obras en 2008 y la nueva escuela
dispondrá de instalaciones para 500 alumnos. La estructura
de concreto reforzado será mucho más resistente
que la del edificio anterior que se derrumbó como un
castillo de naipes.
Imran Yosuf, de 21 años, cursa tercero de ciencias políticas
en Garhi Dupatta. En su pueblo hubo más de 500 muertos.
A lo que se sumó la pérdida del instituto.
“Cuando vine y vi el edificio derrumbado me sentí
deprimido y pensé que nadie lo reconstruiría;
pero, ahora, la Media Luna Roja Pakistaní y la Federación
Internacional lo están haciendo y espero que podamos
cursar el último año en este edificio”,
comenta Imran.
En el apartado pueblo de Mera Bakot en la zona de Cachemira
administrada por Pakistán, prosiguen las obras de reconstrucción
de una escuela media para chicas.
Mera Bakot fue devastado por el terremoto. Casas y edificios
se derrumbaron, incluida la escuela, y murieron 240 de los 425
habitantes.
La mitad de las víctimas mortales eran niños.
Dos años después, la Media Luna Roja Pakistaní,
la Federación Internacional y una ONG británica
financian la reconstrucción de la escuela. Entre vecinos
y alumnos cunden la agitación y el entusiasmo por la
nueva escuela.
La participación de la comunidad es clave y, desde un
principio, se consultó a los vecinos para asegurarse
que la construcción fuera útil y sostenible. El
contratista empleará a vecinos de la propia comunidad
en las obras.
Gohar Khan, técnico de construcción de la Media
Luna Roja Pakistaní comenta: “Me complace ayudar
a los niños (de Mera Bakot) porque esta zona fue ignorada
y, sobre todo, porque habiendo sido afectada por el terremoto,
ahora, se impartirá una educación de calidad en
locales seguros.”
Dos años después de la trágica pérdida
de tantos coetáneos, los alumnos tienen grandes sueños
acerca de lo que harán, gracias a la educación
recibida.
“Yo quiero ser doctora, doctora del cerebro”, dice
Nazia de nueve años. Shasita, de 12, concuerda y añade:
“Yo quiero ser doctora y trabajar en mi pueblo.”
Naseem, de 11, mira hacia la nueva escuela en construcción
y afirma: “Yo quiero ser maestro.”
Poner en marcha los proyectos fue un largo proceso, no sólo
porque era preciso esperar que los terrenos fueran asignados,
los planos aprobados y los fondos confirmados, sino también
porque había que ultimar la consulta con la comunidad.
Ahora bien, Khalid Kibriya, Secretario General, no ceja en el
empeño de que las nuevas construcciones sean mejores
que las anteriores y eso puede llevar tiempo.
“Fuimos a los sitios y hablamos con las comunidades y
demás partes interesadas de la zona para garantizar que
cada instalación que construyamos responda a las exigencias
de la comunidad. No puede haber ningún elefante blanco”,
asevera.
Khalid Kibriya considera que la decisión de la Media
Luna Roja Pakistaní de centrarse en la reconstrucción
de edificios comunitarios responde a la vocación de la
Cruz Roja y la Media Luna Roja.
“Queríamos hacer algo que se ciñera más
a nuestro mandato y, por eso, lo que hacemos se centra en las
comunidades; queríamos contribuir a la reconstrucción
de las comunidades. También pensamos que los proyectos
seleccionados debían basarse en la comunidad”,
añade.
El programa de reconstrucción es sólo una faceta
de la labor que lleva a cabo la Media Luna Roja Pakistaní,
apoyada por la Federación Internacional, para ayudar
en la recuperación del terremoto. Las actividades de
atención de salud, agua y saneamiento, y gestión
de desastres forman parte de todo ese proceso. La labor aún
no ha terminado pero tras dos años en la brecha, el avance
es concreto.
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(De
izq. a der.) Shasita de 12 años, Naseem, de 11,
y Nazia, de 9, están entusiasmados con la construcción
de su nueva escuela. En el terremoto de 2005, su apartado
pueblo de Mera Bakot en la zona de Cachemira, administrada
por Pakistán, sufrió la pérdida de
más de la mitad de sus habitantes, entre ellos,
50 estudiantes. (p16557)
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Cormac
Rooney, Coordinador de Reconstrucción, supervisa
la colocación de las varillas de acero de una viga
del edifico del instituto para chicos de Garhi Dupatta.
“El concreto mata”, advierte, si las vigas
no están bien unidas entre sí. (p16555)
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Muhammad
Pervaiz, director del instituto para chicos de Garhi Dupatta,
cuya hijita tuvo estuvo a punto de morir en el terremoto
del 8 de octubre de 2005. Afortunadamente, se recuperó
completamente y a él le complace ver cómo
su instituto va cobrando forma. (p16554)
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Reunión
comunitaria sobre la construcción de la escuela
media para chicas en Mera Bakot. La participación
de la gente del lugar, de alumnos a dirigentes comunitarios,
es un elemento esencial del proceso de reconstrucción
de establecimientos de enseñanza. (p16556)
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