Probablemente,
el cambio climático agravará la escasez crónica
de alimentos en muchas partes de África Oriental. En
algunos países de esta región, el 95 % de las
personas depende de la agricultura para subsistir, casi siempre
de cultivos de secano. Los irregulares patrones de lluvias siguen
alterando gravemente la producción local de alimentos.
“La sequía ha afectado a todos”, observa
Oscar Murengeratwari, un agricultor burundés. "Antes,
nunca me hubiese imaginado que tendría que pedir o recibir
asistencia alimentaria."
Investigaciones recientes sugieren que la amenaza del cambio
climático es más intensa en África que
en muchas otras partes del mundo. Como media, en el continente
se dan temperaturas 0,5 ºC más elevadas que hace
cien años. Los patrones meteorológicos cambiantes
ya están causando nuevas emergencias complejas en zonas
afectadas simultáneamente por sequías e inundaciones,
acompañadas frecuentemente de brotes de enfermedades
infecciosas. Enfermedades como el cólera y la fiebre
del Valle del Rift, consideradas erradicadas, han reaparecido.
Muchas comunidades viven en condiciones casi permanentes de
desastre.
“Es el momento de comenzar a preparar a las comunidades
vulnerables para lo peor. El cambio climático es unos
de los principales riesgos que afronta actualmente la humanidad”,
explica Madeleen Helmer, Directora del Centro de Estudios sobre
el Cambio Climático y la Preparación para Desastres
de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz
Roja y de la Media Luna Roja en La Haya, Países Bajos.
Burundi, en donde más de la mitad de la población
vive con menos de 1 dólar EE. UU. al día, ha resultado
azotado por una serie de sequías e inundaciones. Por
ejemplo, después de la sequía de 2006 se han producido
en 2007 inundaciones que han afectado a dos millones de personas
–casi el 25 % de la población– que ahora
requieren asistencia.
Los cultivos han resultado destruidos y ha muerto un elevado
número de cabezas de ganado. Muchas personas, todavía
hoy, comen sólo una vez al día y otras sobreviven
gracias a los alimentos que reciben.
“El efecto más visible del cambio climático
es el hambre, consecuencia de sequías e inundaciones”,
explica Jean Marie Sabushimike, profesor de geografía
de la Université du Burundi.
Para el Gobierno, responder a los desastres es una empresa costosa.
Según Nintunga Servilien, jefe de un servicio gubernamental
para la gestión de desastres en Burundi, en 2007 se han
gastado cerca de 74 millones de dólares EE. UU. para
responder a la sequía en la provincia de Kirundo, principalmente
para suministrar alimentos y medicamentos. En su opinión,
sería conveniente invertir recursos en la preparación
para desastres. Añade: “Debemos integrar ya la
reducción del riesgo de desastres en los programas de
desarrollo.”
También son inquietantes indicios los lagos y ríos
que se van secando. En Fadis, en el este de Etiopía,
el río Boco se ha secado completamente, en parte como
resultado de la falta de lluvias. El río era la principal
fuente de agua de riego en la región. Yusuf Idris, un
anciano de la zona, recuerda lo fértil que era el suelo
y los naranjos que se cultivaban. Hoy, su explotación
produce tan poco que sus hijos han tenido que irse a ciudades
cercanas para trabajar y realizar actividades comerciales menores.
De hecho, Yusuf y muchas otras personas de la región
han terminado viviendo del socorro alimentario.
El cercano Lago Haromaya se secó hace cuatro años.
Hoy es un conglomerado de pequeñas explotaciones agrarias.
Fatiya Abatish Jacob, una comerciante local que ha vivido cerca
del lago durante 14 años, se lamenta: “Antes cogía
agua potable del lago, ahora tengo que caminar 8 km para obtenerla.
Además, muchos agricultores cultivaban verduras en la
zona, utilizando para regar el agua del lago, y disponíamos
de pescado. Ahora no hay pescado y las verduras son más
caras."
Adds Ahmed Abdi, un antiguo pescador, observa: “Solía
pescar perca del Nilo y otros peces pequeños. Ahora no
tengo ingresos.” Además, el lago abastecía
de agua a la cercana ciudad de Harar, que ahora sufre una grave
escasez de agua.
En Rwanda, la situación es similar. En la región
de Bugesera, en la que alrededor del 40 % de la población
nunca sabe de dónde procederá su próxima
comida, muchos agricultores han recogido una tras otra mala
cosecha como consecuencia de las tardías o irregulares
lluvias.
Mary Jane Nzabamwita es agricultora. Estima que el año
pasado su cosecha se redujo a la mitad y este año en
un 40 % en comparación con una cosecha normal. Aún
así, tiene cinco hijos que debe alimentar y enviar a
la escuela.
“Siento que no tengo libertad; es como si fuera marcha
atrás. Los niños no están bien. Ves a un
niño de 10 años y piensas que sólo tiene
5”, dice Mary Jane. Su madre, de 67 años, que vive
con la familia, añade: “He vivido aquí durante
21 años y estos últimos han sido los peores.”
No resulta sorprendente que la migración sea muy frecuente
en esta región, pues las personas procuran encontrar
alimentos y trabajo en otras partes del país o incluso
en países vecinos como Tanzanía.
Las Sociedades de la Cruz Roja de estos países comienzan
a considerar seriamente las consecuencias del cambio climático,
especialmente porque afectan frecuentemente a personas que ya
son vulnerables. La Cruz Roja y la Media Luna Roja poseen una
ventaja única para contribuir al debate y la labor encaminados
a mitigar los efectos del cambio climático.
Anselme Katyunguruza, Secretario General de la Cruz Roja de
Burundi, es uno de quienes consideran que la Cruz Roja y la
Media Luna Roja deben implicarse decididamente en este ámbito.
“Debemos formar a nuestros voluntarios de manera que puedan
integrar sistemas de alerta temprana en otras actividades”,
explica. “Nuestra ventaja estriba en el hecho de disponer
de voluntarios en todos los pueblos del país, por lo
que siempre nos llegan las noticias de última hora de
lo que ocurre a nivel de base."
Y Youcef Ait-Chellouche, Coordinador de Gestión de Desastres
de la Federación Internacional para África Occidental
y Central, señala: “Nuestros conocimientos sobre
gestión de desastres, nuestra estrecha relación
con las comunidades y nuestra labor mediante enfoques basados
en la comunidad nos sitúan en una posición adecuada
para adaptarnos a las comunidades y ayudarlas a prepararse para
afrontar los nuevos tipos de desastres consecuencia del cambio
climático."
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Con
frecuencia, las inundaciones sobrevienen después
de graves sequías, y las personas no tienen oportunidad
de recuperarse de un desastre antes de producirse el siguiente.
(p16633)
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En
Rwanda, las ciénagas que se van secando se utilizan
para producir alimentos para la población. Según
Berina Mukarugwiza, siempre hay agua de las corrientes
subterráneas. (p16636)
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Distribución
de semillas a agricultores de Kirundo, en donde la Cruz
Roja de Burundi promueve diversos proyectos comunitarios
para ayudar a las personas a hacer frente a los nuevos
patrones meteorológicos. (p16637)
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Dos
ancianos del pueblo junto al río Boco, seco, en
la región de Somali, en Etiopía: “Ya
no producimos tanto como antes.” (p16634)
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