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El hambre: un efecto visible del cambio climático en África Oriental
18 de octubre de 2007
Anita Swarup (Nairobi)
Probablemente, el cambio climático agravará la escasez crónica de alimentos en muchas partes de África Oriental. En algunos países de esta región, el 95 % de las personas depende de la agricultura para subsistir, casi siempre de cultivos de secano. Los irregulares patrones de lluvias siguen alterando gravemente la producción local de alimentos.

“La sequía ha afectado a todos”, observa Oscar Murengeratwari, un agricultor burundés. "Antes, nunca me hubiese imaginado que tendría que pedir o recibir asistencia alimentaria."

Investigaciones recientes sugieren que la amenaza del cambio climático es más intensa en África que en muchas otras partes del mundo. Como media, en el continente se dan temperaturas 0,5 ºC más elevadas que hace cien años. Los patrones meteorológicos cambiantes ya están causando nuevas emergencias complejas en zonas afectadas simultáneamente por sequías e inundaciones, acompañadas frecuentemente de brotes de enfermedades infecciosas. Enfermedades como el cólera y la fiebre del Valle del Rift, consideradas erradicadas, han reaparecido. Muchas comunidades viven en condiciones casi permanentes de desastre.

“Es el momento de comenzar a preparar a las comunidades vulnerables para lo peor. El cambio climático es unos de los principales riesgos que afronta actualmente la humanidad”, explica Madeleen Helmer, Directora del Centro de Estudios sobre el Cambio Climático y la Preparación para Desastres de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en La Haya, Países Bajos.

Burundi, en donde más de la mitad de la población vive con menos de 1 dólar EE. UU. al día, ha resultado azotado por una serie de sequías e inundaciones. Por ejemplo, después de la sequía de 2006 se han producido en 2007 inundaciones que han afectado a dos millones de personas –casi el 25 % de la población– que ahora requieren asistencia.

Los cultivos han resultado destruidos y ha muerto un elevado número de cabezas de ganado. Muchas personas, todavía hoy, comen sólo una vez al día y otras sobreviven gracias a los alimentos que reciben.

“El efecto más visible del cambio climático es el hambre, consecuencia de sequías e inundaciones”, explica Jean Marie Sabushimike, profesor de geografía de la Université du Burundi.

Para el Gobierno, responder a los desastres es una empresa costosa. Según Nintunga Servilien, jefe de un servicio gubernamental para la gestión de desastres en Burundi, en 2007 se han gastado cerca de 74 millones de dólares EE. UU. para responder a la sequía en la provincia de Kirundo, principalmente para suministrar alimentos y medicamentos. En su opinión, sería conveniente invertir recursos en la preparación para desastres. Añade: “Debemos integrar ya la reducción del riesgo de desastres en los programas de desarrollo.”

También son inquietantes indicios los lagos y ríos que se van secando. En Fadis, en el este de Etiopía, el río Boco se ha secado completamente, en parte como resultado de la falta de lluvias. El río era la principal fuente de agua de riego en la región. Yusuf Idris, un anciano de la zona, recuerda lo fértil que era el suelo y los naranjos que se cultivaban. Hoy, su explotación produce tan poco que sus hijos han tenido que irse a ciudades cercanas para trabajar y realizar actividades comerciales menores. De hecho, Yusuf y muchas otras personas de la región han terminado viviendo del socorro alimentario.

El cercano Lago Haromaya se secó hace cuatro años. Hoy es un conglomerado de pequeñas explotaciones agrarias. Fatiya Abatish Jacob, una comerciante local que ha vivido cerca del lago durante 14 años, se lamenta: “Antes cogía agua potable del lago, ahora tengo que caminar 8 km para obtenerla. Además, muchos agricultores cultivaban verduras en la zona, utilizando para regar el agua del lago, y disponíamos de pescado. Ahora no hay pescado y las verduras son más caras."

Adds Ahmed Abdi, un antiguo pescador, observa: “Solía pescar perca del Nilo y otros peces pequeños. Ahora no tengo ingresos.” Además, el lago abastecía de agua a la cercana ciudad de Harar, que ahora sufre una grave escasez de agua.

En Rwanda, la situación es similar. En la región de Bugesera, en la que alrededor del 40 % de la población nunca sabe de dónde procederá su próxima comida, muchos agricultores han recogido una tras otra mala cosecha como consecuencia de las tardías o irregulares lluvias.

Mary Jane Nzabamwita es agricultora. Estima que el año pasado su cosecha se redujo a la mitad y este año en un 40 % en comparación con una cosecha normal. Aún así, tiene cinco hijos que debe alimentar y enviar a la escuela.

“Siento que no tengo libertad; es como si fuera marcha atrás. Los niños no están bien. Ves a un niño de 10 años y piensas que sólo tiene 5”, dice Mary Jane. Su madre, de 67 años, que vive con la familia, añade: “He vivido aquí durante 21 años y estos últimos han sido los peores.”

No resulta sorprendente que la migración sea muy frecuente en esta región, pues las personas procuran encontrar alimentos y trabajo en otras partes del país o incluso en países vecinos como Tanzanía.

Las Sociedades de la Cruz Roja de estos países comienzan a considerar seriamente las consecuencias del cambio climático, especialmente porque afectan frecuentemente a personas que ya son vulnerables. La Cruz Roja y la Media Luna Roja poseen una ventaja única para contribuir al debate y la labor encaminados a mitigar los efectos del cambio climático.

Anselme Katyunguruza, Secretario General de la Cruz Roja de Burundi, es uno de quienes consideran que la Cruz Roja y la Media Luna Roja deben implicarse decididamente en este ámbito. “Debemos formar a nuestros voluntarios de manera que puedan integrar sistemas de alerta temprana en otras actividades”, explica. “Nuestra ventaja estriba en el hecho de disponer de voluntarios en todos los pueblos del país, por lo que siempre nos llegan las noticias de última hora de lo que ocurre a nivel de base."

Y Youcef Ait-Chellouche, Coordinador de Gestión de Desastres de la Federación Internacional para África Occidental y Central, señala: “Nuestros conocimientos sobre gestión de desastres, nuestra estrecha relación con las comunidades y nuestra labor mediante enfoques basados en la comunidad nos sitúan en una posición adecuada para adaptarnos a las comunidades y ayudarlas a prepararse para afrontar los nuevos tipos de desastres consecuencia del cambio climático."
Con frecuencia, las inundaciones sobrevienen después de graves sequías, y las personas no tienen oportunidad de recuperarse de un desastre antes de producirse el siguiente. (p16633)
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