Resulta
difícil imaginar un lugar menos atractivo que Soi Payang,
un conjunto de viviendas destartaladas junto a un arroyo, al
que se accede por un camino pedregoso derivado de otro sin pavimentar.
Es un lugar muy difícil de alcanzar en coche. El suelo
está anegado, huele muy mal e incluso a las tres de la
tarde los mosquitos no dejan de picar a las personas. Resulta
difícil creer que los lujosos hoteles de la principal
isla turística de Tailandia, Phuket, se encuentran a
tan sólo unas pocas millas.
No obstante, un simple pero eficaz programa de abastecimiento
de agua y saneamiento meticulosamente ejecutado y dirigido por
la Cruz Roja Americana en colaboración con la Cruz Roja
Tailandesa ha devuelto la esperanza y la salud a los habitantes
de esta aislada localidad en la que el tsunami de 2004 se cobró
la vida de siete personas y afectó gravemente a la infraestructura.
Muchas veces –el Movimiento detecta constantemente este
hecho desde que ocurriera el tsunami– lo que comienza
como un proyecto de ayuda de emergencia produce efectos beneficiosos
de gran alcance para el desarrollo de una comunidad. Según
informa el delegado de la Cruz Roja Americana John McGown, la
evaluación realizada por esta organización un
año después del tsunami mostraba que aunque se
habían realizado grandes progresos en lo relativo al
reasentamiento y las condiciones de vida básicas, quedaba
mucho por hacer respecto de la salud, el abastecimiento de agua
y el saneamiento.
“Antes, el agua se obtenía de estanques, cañerías
y arroyos”, comentó McGown, “pero contenía
muchas sales o mucho hierro y no sabía bien. A fin de
asegurar la participación de las comunidades y la inversión
local, pedimos a las comunidades que cubrieran el 20 % de los
gastos y les ofrecimos la posibilidad de elegir entre depósitos
para la recolección del agua de lluvia de cerámica,
fibra de vidrio o plástico.”
Un año después, nueve comunidades pesqueras sin
recursos disponen de agua potable en sus viviendas durante el
período de lluvias, lo que les ahorra la agotadora labor
de ir a por agua a arroyos cercanos o tener que pagar para disponer
de agua corriente en sus viviendas. En las seis provincias del
Mar de Andamán, en el sur de Tailandia, las comunidades
tienen la suerte de que el período de lluvias, de ocho
meses, les proporciona agua en abundancia que pueden recoger
si disponen de los medios para almacenar adecuadamente el agua
para uso doméstico.
Surangrat Na Lampang, de la Cruz Roja Tailandesa, dirigió
en Ban Hin Lad las actividades de educación y comenta:
“La comunidad ha participado intensamente en el proyecto,
aportando ideas y mano de obra. Nosotros no sólo les
hemos proporcionado la tecnología, también les
hemos transmitido conocimientos sobre cómo utilizar los
depósitos de agua y cómo recolectar correctamente
el agua de lluvia. Los beneficiarios están contentos,
y nosotros también.”
Lampan Wangsoh confirma que el material que ha recibido para
recoger agua de lluvia ha constituido un verdadero avance para
ella y su familia. “Normalmente gastaba entre 300 y 400
baht (unos 10 dólares EE. UU./7 euros/12 francos suizos)
mensuales en agua para cocinar y lavar. Con el dinero que ahorro
puedo permitirme comprar cangrejos adicionales para descascarar,
lo que incrementa mis ingresos diarios en aproximadamente 300
baht", explica sonriendo. Teniendo en cuenta que su marido,
piscicultor, no ha trabajado desde el tsunami, la diferencia
es notable.
Soi Surao es una comunidad en la que conviven personas de múltiples
etnias y confesiones, y tal vez sean los musulmanes quienes
más se benefician del programa de recolección
de agua de lluvia, al menos desde el punto de vista meramente
económico. En esta zona, los musulmanes suelen gastar
todos los días 100 baht (unos 3 dólares/2 euros/4
francos suizos) diarios en agua para lavarse antes de las cinco
oraciones diarias. Ahora, para ellos es más fácil
acceder a agua para este fin.
Tima Toedam, madre de seis niños, confirma que una parte
importante del presupuesto familiar se invertía en agua.
Ahora que resulta más fácil obtenerla, dispone
de más tiempo para ayudar a su marido, que es pescador.
“Agradecemos verdaderamente este programa”, dice,
dejando de mirar las redes que está arreglando. “Nos
ha facilitado muchísimo la vida.”
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En
Soi Payang, la recolección de agua de lluvia significa
mucho más que la mera obtención de agua
potable. (p16666)
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Tima
Toedam y su esposo Arkeem, que viven en Soi Surao, ahorran
una cantidad notable de dinero al no tener que comprar
agua para lavarse antes de las oraciones. (p16665)
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Lampan
Wangsoh, con su sobrina Supraporn, explica: “El
dinero que ahorro por no tener que comprar agua me permite
adquirir cangrejos adicionales para descascarar.”
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