El
apoyo psicosocial de la Cruz Roja ha ayudado a un chico indonesio
a recuperar la confianza en sí mismo, después
de que perdiera a sus padres y se frustrara su sueño
como consecuencia del tsunami de 2004.
Sentado con su abuelo durante el descanso de un partido de fútbol,
Azarhi, de 12 años, habla de su nuevo sueño de
futuro.
“Ahora quiero ser médico”, dice. “Mi
deseo es poder ayudar a personas necesitadas.”
Durante gran parte de su vida, su sueño era otro. “Quería
ser futbolista profesional”, explica. “Siempre fue
mi deporte favorito, pues durante los partidos podía
correr y jugar con todas mis fuerzas.”
Aquel sueño se frustró el 26 de diciembre de 2004,
cuando el tsunami arrasó su pueblo, cerca de Calang,
una ciudad portuaria indonesia de la costa occidental de Sumatra.
De pronto, Azarhi se encontró atrapado bajo los escombros.
Incapaz de moverse, pidió ayuda a gritos. Varias personas
corrieron a asistirle, pero no pudieron retirar los pesados
escombros que presionaban su pierna.
Hubo que tomar una decisión instantánea, una decisión
que cambiaría su vida para siempre. Para liberarle y
salvarle de morir ahogado, a Azarhi le amputaron el pie izquierdo.
En unos pocos y espantosos minutos, Azarhi perdió a su
madre, a su padre, y su sueño. También perdió
a muchos amigos y vecinos. En Calang murieron más de
12.000 personas, cerca del 70 % de la población.
Procurar ganarse la confianza
Casi inmediatamente después del tsunami, los trabajadores
del Programa de Apoyo Psicosocial (PSP) de la Cruz Roja Americana
comenzaron a asistir a supervivientes para ayudarles a hacer
frente al trauma que habían experimentado. Además,
equipos de dicho programa empezaron a enseñar a maestros
locales y miembros comunitarios a determinar necesidades y facilitar
programas de apoyo emocional en sus comunidades. Actualmente,
los equipos del Programa de Apoyo Psicosocial de la Cruz Roja
Americana siguen trabajando en 28 escuelas y 17 pueblos de los
alrededores de Calang.
“El programa es realmente sencillo. Busca ayudar a comunidades,
niños y personas necesitados a hacer frente al sufrimiento",
explica Manan Kotak, especialista del Programa de Apoyo Psicosocial
de la Cruz Roja Americana.
Un maestro al que se había impartido formación
en el marco del programa, pronto reconoció que Azarhi
volvía a su casa tan pronto como sus amigos empezaban
a jugar. Avergonzado por su condición y sin poder acceder
a una prótesis, Azarhi metía su pierna amputada
en una bota de goma y evitaba todo tipo de deporte. Durante
los meses siguientes, el maestro procuró ganarse la confianza
de Azarhi.
Una de las formas en las que el equipo del programa logró
atraer la atención de Azarhi fue el ajedrez. “Lo
comprendió enseguida", observa Kotak. “Es
un gran joven jugador de ajedrez. Sin duda, puede ganarme.”
La disciplina y la estrategia del juego atrajeron al joven.
“Mi figura favorita es el peón, pues aunque su
movimiento es sencillo puede conseguir mucho”, comenta
Azarhi. “Sin él, no puedes ganar."
Vuelta al campo de fútbol
Con el apoyo de amigos y familiares, y trabajando con el equipo
del Programa de Apoyo Psicosocial, Azarhi lentamente comenzó
a confiar de nuevo en si mismo. Con el tiempo se armó
de valor para hacer lo que tan sólo pocos meses antes
hubiese sido inimaginable: volver a practicar el deporte que
siempre había amado.
“Una vez que empezó a recuperar la confianza en
sí mismo, fueron las personas de su entorno quienes tuvieron
que ayudarle a dar el siguiente paso", explica Kotak.
Hoy, Azarhi ya no rehuye los deportes. Corre y da patadas al
balón con el mismo entusiasmo que hace tres años,
antes de que el tsunami cambiara su vida.
“La confianza no se gana repentinamente”, observa
Kotak. “Debemos dejarla crecer y permanecer coherentes
y sinceros en nuestras relaciones con las personas. Si actuamos
así, finalmente se establece la confianza.”
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Azarhi,
un joven indonesio que perdió una parte de una
de sus piernas como consecuencia del tsunami, da una patada
al balón de fútbol. Manan Kotak, de la Cruz
Roja Americana, le observa. (p16684)
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| Una de las formas en las que el equipo del programa logró atraer la atención de Azarhi fue el ajedrez. “Lo comprendió enseguida", observa Kotak. “Es un gran joven jugador de ajedrez. Sin duda, puede ganarme.” (p16714) |
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| Con el apoyo de amigos y familiares, y trabajando con el equipo del Programa de Apoyo Psicosocial, Azarhi lentamente comenzó a confiar de nuevo en si mismo. Con el tiempo se armó de valor para hacer lo que tan sólo pocos meses antes hubiese sido inimaginable: volver a practicar el deporte que siempre había amado. (p16715) |
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