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Un chico indonesio vuelve a practicar el deporte de sus sueños
12 de noviembre de 2007
Texto y fotos de Zach Abraham, responsable de comunicación de Cruz Roja Americana
El apoyo psicosocial de la Cruz Roja ha ayudado a un chico indonesio a recuperar la confianza en sí mismo, después de que perdiera a sus padres y se frustrara su sueño como consecuencia del tsunami de 2004.

Sentado con su abuelo durante el descanso de un partido de fútbol, Azarhi, de 12 años, habla de su nuevo sueño de futuro.

“Ahora quiero ser médico”, dice. “Mi deseo es poder ayudar a personas necesitadas.”

Durante gran parte de su vida, su sueño era otro. “Quería ser futbolista profesional”, explica. “Siempre fue mi deporte favorito, pues durante los partidos podía correr y jugar con todas mis fuerzas.”

Aquel sueño se frustró el 26 de diciembre de 2004, cuando el tsunami arrasó su pueblo, cerca de Calang, una ciudad portuaria indonesia de la costa occidental de Sumatra. De pronto, Azarhi se encontró atrapado bajo los escombros. Incapaz de moverse, pidió ayuda a gritos. Varias personas corrieron a asistirle, pero no pudieron retirar los pesados escombros que presionaban su pierna.

Hubo que tomar una decisión instantánea, una decisión que cambiaría su vida para siempre. Para liberarle y salvarle de morir ahogado, a Azarhi le amputaron el pie izquierdo.

En unos pocos y espantosos minutos, Azarhi perdió a su madre, a su padre, y su sueño. También perdió a muchos amigos y vecinos. En Calang murieron más de 12.000 personas, cerca del 70 % de la población.

Procurar ganarse la confianza


Casi inmediatamente después del tsunami, los trabajadores del Programa de Apoyo Psicosocial (PSP) de la Cruz Roja Americana comenzaron a asistir a supervivientes para ayudarles a hacer frente al trauma que habían experimentado. Además, equipos de dicho programa empezaron a enseñar a maestros locales y miembros comunitarios a determinar necesidades y facilitar programas de apoyo emocional en sus comunidades. Actualmente, los equipos del Programa de Apoyo Psicosocial de la Cruz Roja Americana siguen trabajando en 28 escuelas y 17 pueblos de los alrededores de Calang.

“El programa es realmente sencillo. Busca ayudar a comunidades, niños y personas necesitados a hacer frente al sufrimiento", explica Manan Kotak, especialista del Programa de Apoyo Psicosocial de la Cruz Roja Americana.

Un maestro al que se había impartido formación en el marco del programa, pronto reconoció que Azarhi volvía a su casa tan pronto como sus amigos empezaban a jugar. Avergonzado por su condición y sin poder acceder a una prótesis, Azarhi metía su pierna amputada en una bota de goma y evitaba todo tipo de deporte. Durante los meses siguientes, el maestro procuró ganarse la confianza de Azarhi.

Una de las formas en las que el equipo del programa logró atraer la atención de Azarhi fue el ajedrez. “Lo comprendió enseguida", observa Kotak. “Es un gran joven jugador de ajedrez. Sin duda, puede ganarme.”

La disciplina y la estrategia del juego atrajeron al joven. “Mi figura favorita es el peón, pues aunque su movimiento es sencillo puede conseguir mucho”, comenta Azarhi. “Sin él, no puedes ganar."

Vuelta al campo de fútbol

Con el apoyo de amigos y familiares, y trabajando con el equipo del Programa de Apoyo Psicosocial, Azarhi lentamente comenzó a confiar de nuevo en si mismo. Con el tiempo se armó de valor para hacer lo que tan sólo pocos meses antes hubiese sido inimaginable: volver a practicar el deporte que siempre había amado.

“Una vez que empezó a recuperar la confianza en sí mismo, fueron las personas de su entorno quienes tuvieron que ayudarle a dar el siguiente paso", explica Kotak.

Hoy, Azarhi ya no rehuye los deportes. Corre y da patadas al balón con el mismo entusiasmo que hace tres años, antes de que el tsunami cambiara su vida.

“La confianza no se gana repentinamente”, observa Kotak. “Debemos dejarla crecer y permanecer coherentes y sinceros en nuestras relaciones con las personas. Si actuamos así, finalmente se establece la confianza.”

Azarhi, un joven indonesio que perdió una parte de una de sus piernas como consecuencia del tsunami, da una patada al balón de fútbol. Manan Kotak, de la Cruz Roja Americana, le observa. (p16684)
Azarhi, un joven indonesio que perdió una parte de una de sus piernas como consecuencia del tsunami, da una patada al balón de fútbol. Manan Kotak, de la Cruz Roja Americana, le observa. (p16684)
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Una de las formas en las que el equipo del programa logró atraer la atención de Azarhi fue el ajedrez. “Lo comprendió enseguida", observa Kotak. “Es un gran joven jugador de ajedrez. Sin duda, puede ganarme.” (p16714)
Una de las formas en las que el equipo del programa logró atraer la atención de Azarhi fue el ajedrez. “Lo comprendió enseguida", observa Kotak. “Es un gran joven jugador de ajedrez. Sin duda, puede ganarme.” (p16714)
Con el apoyo de amigos y familiares, y trabajando con el equipo del Programa de Apoyo Psicosocial, Azarhi lentamente comenzó a confiar de nuevo en si mismo. Con el tiempo se armó de valor para hacer lo que tan sólo pocos meses antes hubiese sido inimaginable: volver a practicar el deporte que siempre había amado. (p16715)
Con el apoyo de amigos y familiares, y trabajando con el equipo del Programa de Apoyo Psicosocial, Azarhi lentamente comenzó a confiar de nuevo en si mismo. Con el tiempo se armó de valor para hacer lo que tan sólo pocos meses antes hubiese sido inimaginable: volver a practicar el deporte que siempre había amado. (p16715)
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