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Sudáfrica: La Cruz Roja apoya a Aunt Elizabeth y a los huérfanos
28 de noviembre de 2007
Jean-Luc Martinage, Federación Internacional
Los niños forman uno de los grupos más gravemente afectados por la pandemia del VIH, particularmente extendida en África Meridional.

Alrededor de 4,6 millones de niños de la región han perdido ya a sus padres como consecuencia de la pandemia. En muchas zonas rurales han resultado diezmados pueblos enteros. Muy frecuentemente sólo quedan los niños, que a veces también están infectados con el virus y hacen lo que pueden por sobrevivir. En las áreas urbanas, la situación es muy similar.

Ésta es la realidad que viven cinco de los nueve niños que cuida Elizabeth Magalefa, una dinámica mujer de 37 años que vive en Mabopane, a unos 30 kilómetros de Pretoria, la capital sudafricana.

Lejos de los grandes edificios y centros comerciales de lujo que se están levantando en los alrededores de la ciudad, Elizabeth nos cuenta su historia en el modesto y destartalado garaje donde vive con sus hermanos y los niños.

“En marzo de 2003, cuando mi hermana murió de SIDA, su pareja desapareció de la noche a la mañana y tuve que hacerme cargo de sus cinco hijos, que si no hubiesen quedado desamparados", observa.

“El más pequeño, de 10 años, es seropositivo. Afortunadamente, ahora está mucho mejor, gracias al tratamiento antirretrovírico que está recibiendo”, explica la joven mujer que, a pesar de los grandes problemas que afronta para alimentar a una familia tan numerosa siempre muestra en su rostro una radiante sonrisa que ilumina al refugio en el que se hacina la familia.

“He pasado tiempos difíciles, y la situación todavía es problemática”, añade. “Pero afortunadamente ahora recibo ayuda de voluntarios de la Cruz Roja Sudafricana que nos visitan con regularidad.”

Patricia Sebiji visita a la familia todas las semanas. Esta voluntaria de la Cruz Roja Sudafricana también vive en Mabopane y conoce de sobra los problemas que afrontan las personas de la comunidad. Vela por que tanto los adultos como los niños tengan cubiertas sus necesidades básicas y cuando es necesario les proporciona alimentos y mantas. Además, está atenta para detectar en el niño más pequeño cualquier efecto secundario del tratamiento antirretrovírico. Si observara alguna anomalía, le enviaría directamente al hospital más cercano.

Dikeledi, la hermana más mayor, acaba de cumplir 18 años. Conoce muy bien a Patricia. “Cuando no nos queda dinero para comprar material escolar, la Cruz Roja nos lo proporciona, además de una cartera. También nos han dado un chándal para que podamos participar en las actividades deportivas de la escuela”, observa.

Si es necesario, la Cruz Roja paga las tasas escolares de niños que no reciben subsidios del Estado. Dikeledi tiene suerte, pues recibe apoyo de su tía, pero miles de niños se ven obligados a abandonar la escuela todos los años para poder hacerse cargo de sus hermanos y hermanas.

“En mis visitas, una parte importante de mi trabajo consiste en asesorar en cuestiones de salud, particularmente de educación sexual, a fin de prevenir embarazos no deseados y asegurar que todos sepan cómo protegerse frente a la infección con el VIH", explica la voluntaria.

“Además, Patricia brinda apoyo psicológico a la familia”, añade David Stephens, Responsable del programa de salud de la Cruz Roja Sudafricana. “Como consecuencia de la pérdida de sus padres y la discriminación que con frecuencia afrontan en sus propias comunidades, muchos de estos huérfanos sufren problemas psicológicos.”

La Cruz Roja anima a los deprimidos huérfanos a participar en sus campamentos para jóvenes para que alivien su soledad, se alejen de su entorno y se reúnan con otros jóvenes.

“Es verdad que los vecinos a veces se muestran recelosos, incluso los más cercanos, como si el hecho de que algunos miembros de nuestra familia hayan muerto de SIDA planteara algún peligro para ellos", nos confía la mujer a la que llaman Aunt Elizabeth (Tía Elizabeth). “Los hijos de mis vecinos nunca darían el primer paso para jugar con mis niños, que están cansados de intentar hacer amigos en la vecindad y siempre acaban jugando juntos en el patio.”

Durante estos difíciles años, Elizabeth ha aprendido mucho y en vez de perder la esperanza ha decidido transmitir su experiencia a otras personas. Ha estudiado para hacerse trabajadora social y quiere abrir en la ciudad un centro para el cuidado de huérfanos. Dikeledi nos cuenta que a pesar de su terrible experiencia le gustaría ser algún día voluntaria de la Cruz Roja.

“Lo que hemos visto en la familia de Elizabeth subraya la importancia de la labor de los voluntarios de la Cruz Roja en el marco de los programas de atención domiciliaria”, observa Patrick Couteau, Coordinador Regional en materia de VIH/SIDA de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja para África Meridional.

"Nuestro objetivo es que para 2010 estemos asistiendo en África Meridional a 460.000 huérfanos, lo que supone incrementar el apoyo actual en más del doble. Se prevé que a partir de ahora y hasta 2010 se conviertan en huérfanos como consecuencia del SIDA 10 millones de niños. Por ello, necesitamos más recursos para afrontar la ingente tarea de ofrecer a estos niños esperanza para el futuro y un nivel mínimo de servicios de apoyo psicológico, asistencia alimentaria y ayuda escolar, tanto en zonas urbanas como ésta, cercana a Pretoria, como en zonas rurales”, añade.

A fin de mejorar la asistencia a familias como la de Aunt Elizabeth, la Federación Internacional puso en marcha en la región en noviembre de 2006 la Alianza Mundial contra el VIH y el SIDA y lanzó un llamamiento en el que solicitaba 384 millones de francos suizos (300 millones de dólares EE. UU./241 millones de euros) para financiar los planes encaminados a intensificar en gran escala durante cinco años su labor contra el VIH.
A pesar de las dificultades que afrontan, Aunt Elizabeth y los niños a su cargo no pierden la esperanza. (p16727)
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Dikeledi (en primer plano), la hermana mayor, también ha recibido apoyo de la Cruz Roja Sudafricana y le gustaría trabajar algún día como voluntaria. (p16728)
Dikeledi (en primer plano), la hermana mayor, también ha recibido apoyo de la Cruz Roja Sudafricana y le gustaría trabajar algún día como voluntaria. (p16728)
Muchas veces, los niños que cuida Aunt Elizabeth tienen que jugar solos, pues los vecinos se muestran reticentes a relacionarse con ellos. (p16732)
Muchas veces, los niños que cuida Aunt Elizabeth tienen que jugar solos, pues los vecinos se muestran reticentes a relacionarse con ellos. (p16732)
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