Sudáfrica es uno de los países más gravemente azotados por la pandemia del VIH, que afecta a al menos 12,3 millones de personas en África Meridional. Cualquiera que camine por las calles de Mabopane, una ciudad de tamaño medio en las afueras de Pretoria, la capital sudafricana, queda impresionado por la abundancia de funerarias, que prosperan gracias al elevado número de muertes consecuencia del SIDA.
Durante los últimos años se ha progresado notablemente en la mejora del acceso a tratamiento antirretrovírico. Sin embargo, las personas que reciben este tratamiento también requieren asistencia domiciliaria, incluidas visitas para asegurar que siguen el tratamiento y comen adecuadamente y para asesorarlas –a ellas y a sus familias– sobre cuestiones de salud e higiene.
En 2004, la Cruz Roja Sudafricana puso en marcha en la región de Pretoria un programa de atención domiciliaria que en la zona de Mabopane beneficia a un total de 246 adultos y 162 huérfanos.
Hace dos años, Patricia Sebiji empezó a trabajar como voluntaria de la Cruz Roja Sudafricana. Todas las mañanas, de lunes a jueves, madruga y después de ponerse su ropa de trabajo visita a las personas a su cargo. Su primera parada –a pocos pasos de su pequeña casa en las afueras de Mabopane– la hace en la clínica del barrio, en donde recoge algunos medicamentos para uno de sus pacientes, enfermo de tuberculosis.
En la clínica de Tlamelony, todos conocen a Patricia. Sheila Silinda, la enfermera encargada del seguimiento de los pacientes de tuberculosis, aprecia especialmente su labor. “Muchas veces, los voluntarios de la Cruz Roja hacen lo que nosotros no podemos hacer", explica la enfermera, según la cual es extremadamente importante disponer de alguien que controle a los pacientes en su casa y le avise cuando su salud se deteriora.
Con regularidad, Patricia hace el recorrido de 20 minutos para llevar medicamentos a Eunice, de 24 años, que como consecuencia de su enfermedad sólo puede cuidar con dificultad a su hijo Refentsi, de 4 años.
“Aseguro que Eunice toma sus medicamentos correctamente, le aconsejo en temas de salud y le brindo apoyo psicológico”, explica Patricia mientras juega con el niño. “Muchas veces, a los pacientes les resulta difícil hacer frente a la situación y se deprimen, especialmente cuando debido a sus problemas de salud son rechazados por las personas de su entorno y por sus vecinos”, observa y añade que la mayoría de las personas se muestra reticente a hablar abiertamente sobre el hecho de ser seropositivas.
Patricia no puede quedarse mucho tiempo. Después de caminar 15 minutos más, llega a casa de Amanda, que ha desarrollado el SIDA y está postrada en la cama sin poderse levantar. “Tengo que hacer para ella algunas tareas domésticas. Le ayudo a tomar sus medicamentos, y lo primero que hago al llegar es prepararle unos copos de avena con leche, que son altamente nutritivos, pues para ella es sumamente importante alimentarse adecuadamente”, explica Patricia. Después, la voluntaria de la Cruz Roja ayuda a Amanda a lavarse y vestirse. Si percibe que el estado de salud de Amanda se ha deteriorado, Patricia la acompaña inmediatamente al hospital más cercano.
Al acercarse Patricia a la cama en la que yace postrada Amanda, resulta evidente que entre ambas existe una estrecha relación. “No sé qué haría sin ella”, admite Amanda cuando Patricia coge su mano cuidadosamente. A pesar del sufrimiento, Amanda muestra una sonrisa en su rostro y es indiscutible que las visitas de Patricia le ayudan a aliviar la sensación de aislamiento.
Cuando no visita a pacientes, a Patricia le gusta estar con otros voluntarios del programa de atención domiciliaria. Se reúnen periódicamente en la filial local de la Cruz Roja Sudafricana en Pretoria para cantar en el coro de la Cruz Roja. “En medio de tanto sufrimiento, nuestras canciones emiten un mensaje de esperanza”, explica Tlalane Ndlala, Coordinadora del programa de atención domiciliaria para la región de Pretoria.
La Cruz Roja Sudafricana tiene la intención de ampliar su programa de atención domiciliaria. “Prevemos que para 2010 estaremos ayudando a 2.000 beneficiarios en la región de Pretoria", explica David Stephens, Coordinador de Salud de la Cruz Roja Sudafricana. “Además, intensificaremos nuestros programas de prevención, en particular en las escuelas, y queremos mejorar la formación de los nuevos voluntarios”, añade.
La Cruz Roja Sudafricana es una de diez Sociedades Nacionales de la Cruz Roja de África Meridional que participan en el programa contra el VIH lanzado el 1 de noviembre de 2006 y cuyo presupuesto asciende a 384 millones de francos suizos (300 millones de dólares EE. UU./241 millones de euros). El programa incluye la intensificación en gran escala y durante cinco años de la labor de la Federación Internacional contra el VIH, que constituye una de sus principales prioridades. Además, la Cruz Roja Sudafricana participa en la Alianza Mundial contra el VIH y el SIDA de la Federación Internacional. Está previsto lanzar en un futuro próximo programas similares en el resto de África y en otras partes del mundo.
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Patricia Sebiji comienza el día realizando una visita a la clínica, donde Sheila, la enfermera, le da los medicamentos para Eunice. (p16733)
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Eunice, observada por su hijo Refentsi, de 4 años, se prepara para tomar los medicamentos que le ha traído Patricia. (p16734)
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Patricia lleva a Amanda –postrada en la cama sin poder levantarse– copos de avena con leche y los medicamentos que debe tomar. (p16735)
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| “Prevemos ampliar nuestros programas de atención domiciliaria y las actividades de prevención”, explica David Stephens, Coordinador de Salud de la Cruz Roja Sudafricana. (p16736) |
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