"Este año la cosecha fue mala por la escasez de lluvias. Me canso, pero no tengo más remedio que trabajar en el campo", cuenta Godfrey Mwila, de 82 años, a quien no le queda otra alternativa pues tiene que sacar adelante a sus cinco bisnietos.
Vecino de Kapiri Mposhi, a unos 200 kilómetros al noroeste de Lusaka, Zambia, el sida trastocó la vida del Sr. Mwila. "Mis ocho hijos fallecieron", explica mientras las lágrimas caen lentamente por su rostro. "Algunos tenían hijos pero mis 10 nietos también murieron y ahora estoy solo para criar a mis cinco bisnietos."
Kapiri Mposhi está en el cruce de la ferrovía y la red de carreteras que se extiende desde Tanzania. Punto clave de tránsito, la zona atrajo una afluencia de trabajadores del sexo comercial y la propagación de la enfermedad se desplegó. El sida se cobró miles de vidas entre sus 270.000 habitantes y se estima que la tasa de incidencia supera el 17%. Los índices de pobreza son altos y, seguramente, aumentarán pues el ferrocarril, que era uno de los principales empleadores, recorta servicios a medida que disminuye la demanda.
El Sr. Mwila vendió la mayor parte de lo que tenía en el intento de salvar a sus hijos costeándoles el tratamiento. Luego, hace unos años, la enfermedad acabó con su ganado. Hoy en día, no le queda prácticamente nada. A una edad en la que con toda razón podía esperar que su familia cuidara de él, el Sr. Mwila tiene que procurarse dinero de alguna manera para pagar las matrículas y, lo que se le hace más difícil, cultivar alimentos para él, su esposa y los cinco niños.
"Después de cada cosecha, recogemos algunos sobrantes o le pedimos a los chicos que trabajen para nuestros vecinos. Sólo espero que alguien en algún momento me traiga fertilizantes para que podamos cultivar y cosechar lo suficiente para nosotros. No quiero que los niños tengan que ir a mendigar. Les enseño a escuchar para que vivan muchos años y tengan éxito en la vida", comenta.
Apoyada por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y otros donantes como la Cruz Roja Sueca, actualmente, la Cruz Roja Zambiana procura alimentos, otros artículos de primera necesidad y ropa al Sr. Mwila y su familia. El objetivo es asegurar que los niños estén alimentados y puedan proseguir su educación.
El proyecto de apoyo a huérfanos y otros niños vulnerables forma parte del amplio programa de atención domiciliaria. Iniciado en 2004 con 40 huérfanos, ahora asiste a 340 y el número sigue aumentando a mediada que más y más personas sucumben a la pandemia.
"Es imperativo que nuestros esfuerzos se orienten a ofrecer un apoyo holístico a los huérfanos y otros niños vulnerables para salvar el futuro de nuestro país. Estos niños nos necesitan y también necesitan nuestro apoyo. No podemos mirar para otro lado mientras luchan solos. Necesitan que les demos esperanzas", afirma el Dr. Moses Simuyemba, Coordinador de Salud y Asistencia de la Cruz Roja Zambiana.
En África meridional, millones de huérfanos y de niños y ancianos vulnerables se encuentran en una situación similar. Esta región registra las tasas de incidencia del VIH más altas del mundo y las generaciones más jóvenes están siendo diezmadas por lo cual, los más chicos tendrán que atravesar la infancia expuestos a numerosos riesgos y peligros. Al menos por el momento, los jóvenes Mwila tienen a su bisabuelo que le cuida pero él también necesita ayuda.
En octubre de 2006, la Federación Internacional hizo un llamamiento por valor de 300 millones de dólares para financiar su nuevo plan quinquenal sobre el VIH. Un elemento clave de este último consiste en prestar apoyo y asistencia a unos 500.000 huérfanos y otros niños vulnerables a causa del VIH/SIDA en Angola, Botswana, Lesotho, Malawi, Mozambique, Namibia, Sudáfrica, Swazilandia, Zambia y Zimbabwe.
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A los 82 años, Godfrey Mwila no tiene quien le ayude a criar a sus cinco bisnietos. (p16747)
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