“La brisa del mar era lo que más extrañaba cuando me mudé a mi nueva casa. Ahora mi familia se siente segura y nos alegra no seguir viviendo cerca del océano, sólo que aquí hace mucho calor”, comenta el Sr. Priyadasa, de Sri Lanka, damnificado por el tsunami.
Está sentado en la veranda de su nueva casa, que se encuentra a dos kilómetros del océano, frente a un jardín tropical donde las plantas de diversas tonalidades de verde luchan por crecer unas sobre otras y es difícil imaginar el terreno yermo que le tocó en suerte cuando se mudó a su nueva casa en el sur de la isla.
Hace dos años, el jardín en torno a la casa era apenas un arbolito que crecía en medio del terreno descampado. Sintiendo que no podría vivir sin la sombra ni la brisa a las que estaba acostumbrada en su casa de la costa, la familia comenzó a acarrear baldes de agua desde el pozo de la comunidad y a cultivar su vergel.
Desde hace unos meses, cuando la Cruz Roja construyó un nuevo sistema de abastecimiento en el pueblo de Seenimodera, la familia del Sr. Priyadasa tiene agua en su casa y el vergel está en flor. El suyo tuvo tanto éxito que, actualmente, una serie de familias del pueblo también cultivan su propio vergel.
“Los cinco pueblos que viven aquí se beneficiaron enormemente con este proyecto de abastecimiento de agua. No se trata tan solo de tener un lindo jardín sino también de cultivar verduras para consumo propio. Lo que también es un beneficio económico para nosotros”, explica el Sr. Priyadasa.
“Fui el primero en cultivar un vergel para mí. Luego, vinieron de otras ONG e instruyeron sobre los beneficios del vergel familiar y, ahora, casi la mitad de la gente de aquí cultiva el suyo.”
Casi 270 familias del pueblo tienen acceso al nuevo sistema de abastecimiento de agua. A fin de asegurar la gestión a largo plazo, un grupo de vecinos creó una organización que trabaja con la junta de agua del Estado para asegurar el mantenimiento y resolver cualquier problema. Se trata de un sistema sostenible porque cuenta con la activa participación de la comunidad, señala Kefa Owino, coordinador de terreno de la Cruz Roja Australiana.
“La gestión y la continuidad del proyecto están a cargo de una organización comunitaria... un grupo de vecinos que se ocupa de las operaciones y el abastecimiento de la gente de aquí.
“Velan por el funcionamiento del sistema encargándose del mantenimiento y las reparaciones. Todo el sistema funciona bien y da mucho, mucho gusto verlo”, añade Owino.
Gracias al nuevo sistema, el Sr. Priyadasa ha cambiado incluso su línea de trabajo. Ahora, empleado de la citada organización comunitaria, lee contadores y distribuye facturas. También tiene una tienda pequeña en el frente de su casa donde vende alimentos y artículos para el hogar a sus vecinos.
“Esta es nuestra casa ahora. Ni siquiera mis hijos quieren volver donde vivíamos antes. Aquí somos felices y estamos a salvo de desastres naturales como el tsunami. Nos vamos acostumbrando a nuestro nuevo estilo de vida. Yo, me estoy acostumbrando”, afirma.
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El señor Priyadasa está sentado en la veranda de su nueva casa, que se encuentra a dos kilómetros del océano, frente a un jardín tropical donde las plantas de diversas tonalidades de verde luchan por crecer unas sobre otras y es difícil imaginar el terreno yermo que le tocó en suerte cuando se mudó a su nueva casa en el sur de la isla. (p16862)
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Hace dos años, el jardín en torno a la casa era apenas un arbolito que crecía en medio del terreno descampado. Sintiendo que no podría vivir sin la sombra ni la brisa a las que estaba acostumbrada en su casa de la costa, la familia comenzó a acarrear baldes de agua desde el pozo de la comunidad y a cultivar su vergel. (p16860)
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| Gracias al nuevo sistema, el Sr. Priyadasa ha cambiado incluso su línea de trabajo. Ahora, empleado de la citada organización comunitaria, lee contadores y distribuye facturas. También tiene una tienda pequeña en el frente de su casa donde vende alimentos y artículos para el hogar a sus vecinos.
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