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Nuevos propietarios construyen la casa de sus sueños en Sri Lanka
14 de diciembre de 2007
Texto de Leanne Mitchell, Cruz Roja Australiana
Fotos de Sujeewa de Silva, Cruz Roja Australiana
El impacto del tsunami que embistió Sri Lanka hace tres años fue indiscriminado y afectó por igual a gentes de toda condición.

Dicho impacto no supo de fronteras pero para organizaciones como la Cruz Roja y la Media Luna Roja volver a construir exige una consideración meticulosa. Gente con necesidades y expectativas muy distintas requiere casas que sirvan para usos y funciones muy distintas. Muy pronto resultó evidente que un solo enfoque no convendría para todos.

En el programa de viviendas impulsado por los propietarios en cuyo marco éstos van recibiendo subvenciones de poca cuantía a lo largo del proceso de construcción tuvo mucho éxito tanto para la Federación Internacional como para ONU-Hábitat, su asociado, y los propios participantes, comenta Kefa Owino, coordinador de terreno.

“Este programa ofrece a los propietarios la oportunidad de decidir lo que quieren. El donante no propone planos estándar y dice ‘esto es lo que les damos’ sino que se trabaja de otra manera. La gente es libre de construir la casa a su gusto”, explica Owino.

La Federación Internacional trabaja con los damnificados por el tsunami contribuyendo a la construcción de más de 1.200 viviendas en el sur y el este de Sri Lanka. Cada una debe cumplir con requisitos mínimos, tales como tener baño, cocina y un cuarto cerrado con llave, y los propietarios pueden optar por los planos estándar, ajustarlos o bien, trazar otros.

También pueden decidir si construirán ellos mismos o confiarán las obras a contratistas locales. Las subvenciones se les entregan a medida que van llegando a los mojones que se acordó poner a lo largo del camino; por ejemplo, terminar los cimientos, luego, levantar paredes, seguir con el techo, etc.

Lo bueno de este enfoque, es que alienta la individualidad, comenta Barry Armstrong, coordinador de la Cruz Roja Australiana en el país. “Es más personalizado que cualquier otro enfoque de reconstrucción y la gente puede darle a la casa su propia personalidad construyéndola según el tamaño y los planos que mejor se ajustan a su familia y a quienes vivirán en ella.

Aunque las casas que se están construyendo son muy distintas, uno de los denominadores comunes radica en que la gente utilizó con la mayor eficiencia posible, los fondos que se le ofrecieron, pues siendo del lugar puede concluir contratos más ventajosos en cuanto a los materiales y la mano de obra. También les hemos visto expresar su propia personalidad e identidad cultural en las distintas partes de la isla.”

En el distrito de Ampara, costa oriental, A. M. Fouze y su familia ampliada construyen la casa de sus sueños.

“Nuestra familia perdió dos casas en el tsunami… Una se encontraba dentro de los 65 metros de la franja costera por lo cual no se nos permitió volver a construir allí. Ahora, estamos construyendo en el terreno de nuestra otra casa”, explica el Sr. Fouze refiriéndose a la zona donde el gobierno no permite reasentamientos para proteger el medio ambiente.

La familia ampliada vivirá en la casa de cuatro pisos a la que se le están dando los toques finales con una profusión de pinturas y adornados de yeso y madera. De hecho, en toda la zona hay una frenética actividad. Por todas partes, los propietarios de este barrio eminentemente musulmán también dan a sus casas los últimos toques que son tan elaborados como los de la familia de Fouze.

“Fuimos recibiendo en cuotas el dinero que necesitábamos. Por ser de aquí, sabemos quienes son los más indicados para hacer el trabajo. Contratamos a un arquitecto local para que trazara los planos y a albañiles locales para que la construyeran”, cuenta el Sr. Fouze.

Más adelante de la costa oriental, en Marnkerny, una comunidad tamil donde el tsunami vino a sumarse a 20 años de conflicto armado, Udhayakumar Subramaniyn y su esposa construyen su nueva casa.

“Mi esposa y yo estamos construyendo esta casa. Yo soy albañil y ella me da una mano. Formo parte de la tercera generación de albañiles de mi familia por lo cual para mí es fácil construirla”, señala el Sr. Subramaniyn.

“Aquí, la gente está mucho mejor que antes. Los vecinos de la comunidad reciben ayuda para mejorar sus actividades negocios y lo están haciendo mucho mejor, agricultores y pescadores. Estamos aprendiendo a mejorar nuestro rendimiento.”

Detrás de su casa, los Subramaniyn tienen terreno suficiente como para criar cabras, actividad suplementaria de la familia.

“Estoy muy contento de vivir aquí y espero terminar pronto mi casa y dar un nuevo comienzo a mi vida”, dice.

Cerca de la ciudad meridional de Hambantota, otra comunidad acaba de instalarse en su nuevo pueblo donde florecen casas y vergeles. Los vecinos del pueblo de Yodakandyia, comunidad singalesa, tenían sus casas en la costa pero el nuevo pueblo se alza unos pocos kilómetros tierra adentro.

Muchos habitantes aceptaron los planes estructurales que les propusieron la Cruz Roja, la Media Luna Roja y ONU-Hábitat pero decidieron añadirles sus propios toques. Sayuri Natasha vive con su esposo en una casa pintada de un bonito verde y con ventanas de madera de estilo tradicional. Sayuri cuida el floreciente vergel que cultiva la familia.

“ONU-Hábitat nos dio los planos de base y fuimos libres de diseñar nuestra propia casa y nuestro propio vergel. Por eso, aquí las casas son de estilos distintos. Ahora, tenemos nuestra propia casa que corresponde a nuestros deseos y aquí somos muy felices”, comenta Sayuri.

Owino considera que el gran éxito del proyecto reside en este tipo de enfoque que fomenta la consulta y alienta la participación personal.

“No se trata únicamente de construir viviendas. La gente conduce el proceso de reconstrucción de su propia comunidad. Para mí, este es uno de los proyectos más exitosos de la operación tsunami porque las comunidades se congregan y la gente tiene interés en reconstruir su propia casa. Y una vez terminada, puede decir: ‘esto es lo que hice’.
La Federación Internacional trabaja con los damnificados por el tsunami contribuyendo a la construcción de más de 1.200 viviendas en el sur y el este de Sri Lanka. (p16864)
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La casa de la familia de Fouze en Kalmunai, distrito de Ampara. (p16870)
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A. M. Fouze y su hija. “Nuestra familia perdió dos casas en el tsunami …Una se encontraba dentro de los 65 metros de la franja costera por lo cual no se nos permitió volver a construir allí. Ahora, estamos construyendo en el terreno de nuestra otra casa”, explica el Sr. Fouze. (p16866)
A. M. Fouze y su hija. “Nuestra familia perdió dos casas en el tsunami …Una se encontraba dentro de los 65 metros de la franja costera por lo cual no se nos permitió volver a construir allí. Ahora, estamos construyendo en el terreno de nuestra otra casa”, explica el Sr. Fouze. (p16866)
Mi esposa y yo estamos construyendo esta casa. Yo soy albañil y ella me da una mano. Formo parte de la tercera generación de albañiles de mi familia por lo cual para mí es fácil construirla”, señala el Sr. Subramaniyn. (p16867)
“Mi esposa y yo estamos construyendo esta casa. Yo soy albañil y ella me da una mano. Formo parte de la tercera generación de albañiles de mi familia por lo cual para mí es fácil construirla”, señala el Sr. Subramaniyn. (p16867)
Detrás de su casa, los Subramaniyn tienen terreno suficiente como para criar cabras, actividad suplementaria de la familia. (p16868)
Detrás de su casa, los Subramaniyn tienen terreno suficiente como para criar cabras, actividad suplementaria de la familia. (p16868)

Sayuri Natasha vive con su esposo en una casa pintada de un bonito verde y con ventanas de madera de estilo tradicional. Sayuri cuida el floreciente vergel que cultiva la familia. (p16864)

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