En Zimbabwe, existe el riesgo de que las inundaciones sin precedente se agraven aún más pues diques y represas están saturados. Las comunidades agrícolas del noroeste del país, donde confluyen los ríos Musengezi, Hoya y Mukumbura –ya devastadas por las peores inundaciones en dos décadas tras las lluvias torrenciales río arriba–actualmente se ven amenazadas por el desbordamiento río abajo del dique de Cahora Bassa en Mozambique y se prevé que las aguas no empezarán a remitir, por lo menos, hasta mediados de marzo.
Ejina Chirindo, vicepresidenta del consejo del distrito rural de Muzarabani, formó parte del equipo que evacuó a dicho distrito a los habitantes del inundado pueblo de Chaderika. “Hicimos varios viajes para traerles y cada vez que volvíamos veíamos que las inundaciones iban empeorando río abajo”, comenta. “Ya no podemos llegar al pueblo por tierra porque el puente sobre el río está inundado y aún queda gente librada a su suerte.”
“Cuando estuvimos allí, en algunos sitios, el agua nos llegaba a la cintura y si persisten las lluvias y las crecidas será todavía peor.”
Las avenidas causadas por el dique de Cahora Bassa no son inusuales y, hacia mediados de febrero, as bajas tierras de Muzarabani sufren inundaciones leves, pero este año, frente a las inundaciones tan tempranas y casi sin precedente, las autoridades temen que las crecidas corriente arriba y corriente abajo agraven aún más la situación que ya es desastrosa. Según el consejo de distrito, las lluvias que empezaron a mediados de diciembre, tres meses antes de lo habitual, dejaron a unas 10.000 personas sin alimentos y destruyeron casi 500 viviendas.
Leon Cheuseni, de 43 años, perdió su vivienda cuando las aguas irrumpieron en su pueblo destruyendo todo a su paso, incluidas las preciadas reservas de alimentos. Ahora, vive en una granja de la Autoridad de Desarrollo Agrícola Rural (ADAR) junto con otras 85 familias aproximadamente.
“A eso de las seis de la mañana, estaba ayudando a amigos afectados por las inundaciones. Cuando volví a casa para ver qué pasaba, había como un metro de agua en mis dos chozas. Al principio el agua iba subiendo lentamente por lo cual, no nos dimos cuenta de la gravedad de la situación y, luego, de pronto, lo cubrió todo. Logramos rescatar algunas cosas pero las inundaciones nos dejaron a mí y familia, prácticamente, sin nada”, cuenta.
La Cruz Roja de Zimbabwe, una de las primeras organizaciones humanitarias presentes en la zona, proporcionó una tienda de campaña, un bidón de agua, un mosquitero, cacerolas, platos, tazas y cucharas al Sr. Cheuseni y su familia. “Sin esa ayuda, verdaderamente, no sé que hubiéramos hecho; la Cruz Roja nos procuró un techo y se aseguró que estuviéramos a salvo, no quiero ni pensar lo que nos podía haber pasado de no haber sido por ellos”, añade.
Dado que las aguas siguen subiendo, las consecuencias a más largo plazo de este desastre preocupan a los organismos que coordinan los esfuerzos de evacuación y ayuda de emergencia. “Hace 20 años que no había habido inundaciones como éstas y podemos decir que la situación empeorará, tanto en lo que se refiere a las crecidas como a la crisis humanitaria”, explica Calvine Matsinde, Coordinador Nacional de Programa de la Cruz Roja de Zimbabwe.
“Con toda probabilidad, el volumen de las aguas aumentará junto con el peligro de enfermedades. Los sistemas sanitarios fueron completamente destruidos y las aguas servidas contaminaron las fuentes de agua potable, lo que acrecienta el riesgo de que haya brotes de enfermedades como el cólera cuyo vector es el agua.
Asimismo, las aguas estancadas en esta zona de tanto calor son un verdadero caldo de cultivo para los mosquitos, lo que aumenta el peligro de brotes de malaria... ya constatamos un aumento de casos de malaria y diarrea en relación con las inundaciones.”
La seguridad alimentaria también preocupa mucho al Sr. Matsinde pues los agricultores perdieron toda la cosecha de verano y es improbable que puedan cultivar alimentos suficientes por sí mismos en los seis próximos meses.
“Estábamos preparados para este desastre; por eso, pudimos ofrecer tan rápido una ayuda vital a los damnificados. Con apoyo del gobierno, otros organismos de ayuda y nuestros asociados de la Cruz Roja tenemos que asegurarnos de poder seguir distribuyendo suministros que salvan la vida e impartiendo la educación que tanta falta hace.”
|
 |
 |
|
Crecida de una de los ríos en las tierras bajas de Muzarabani. Este río desemboca en el dique de Cohara Bassa en Mozambique que está saturado y provoca flujos en zonas ya inundadas de Zimbabwe. (p17129)
|
|
|
|
|
 |
|
Leon Cheuseni, de 43 años, en la granja de la ADAR en el distrito de Muzarabani. Leon perdió su vivienda y muchas de sus pertenencias en las inundaciones y vino aquí en busca de seguridad. Recibió de inmediato ayuda de la Cruz Roja de Zimbabwe que les proporcionó una tienda de campaña, un bidón de agua, un mosquitero, cacerolas, platos, tazas y cucharas a él y su familia. (p17126)
|
|
 |
|
Umbidzai, la hija de tres años de Juliet Chari, juega con una canilla en la granja de la ADAR en Muzarambani, donde vino junto con Ropafadzo, su hermana mayor de cinco años, y Frank, su hermanito menor de tres meses. Esta familia de damnificados, que huyó de Chadereka cuando las inundaciones destruyeron su casa, inmediatamente encontró refugio en una tienda de campaña de la Cruz Roja de Zimbabwe que también le proporcionó utensilios de cocina, un bidón y un mosquitero para proteger a los niños del creciente peligro de la malaria. Juliet dice que ahora necesita desesperadamente más ropa y pañales para sus hijos pues los que tenía se lo llevaron las aguas. (p17127)
|
|
 |
|
Dos hombres atraviesan el río en busca de un lugar seguro tras las inundaciones en Chadereka. (p17125)
|
|
 |
|
Calvine Matsinde, Coordinador Nacional de Programas de la Cruz Roja de Zimbabwe, teme que a largo plazo, el peligro de enfermedades cuyo vector es el agua o transmitidas por mosquitos supere el peligro inicial de personas que sean arrastradas por las aguas o que sucumban ahogadas en las inundaciones. (p17128)
|
|