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Media Luna Roja Palestina: vivir y trabajar en Gaza sitiada
2 de febrero de 2008
Ola Skuterud, Federación Internacional, y Erab Al Fuqaha, Media Luna Roja Palestina, Gaza
Desde que las autoridades israelíes cerraran la Franja de Gaza en junio de 2007, la situación humanitaria de los palestinos se ha deteriorado considerablemente y decenas de miles de familias viven en condiciones de extrema pobreza. La Media Luna Roja Palestina (MLRP) movilizó a sus voluntarios y equipos de emergencia para prestar socorro esencial a algunas de las personas más vulnerables mediante sus servicios médicos, centros de salud, programas para niños con discapacidad y servicios de apoyo psicosocial. Los voluntarios de la MLRP van puerta a puerta para evaluar necesidades y distribuir suministros de emergencia, tales como mantas, velas, artículos de higiene, colchones, agua y lámparas, para aliviar un poco el sufrimiento.

“El cierre y su impacto devastador en la situación humanitaria de los Territorios Palestinos Ocupados y, principalmente, de la Franja de Gaza, aumentan la carga de responsabilidades de la MLRP y otros organismos humanitarios, nacionales e internacionales” explica Younis Al-Khatib, Presidente de la MLRP, y añade: “Nuestro personal y nuestros voluntarios trabajan incasablemente para aliviar el dolor de los palestinos cuyas necesidades básicas y críticas tanto de salud como sociales y humanitarias están en aumento debido a las medidas tomadas por Israel contra Gaza. Ahora, nuestra prioridad es garantizar el pleno acceso a la asistencia humanitaria y proteger la vida de las familias que tratan de habérselas con las dificultades de semejante situación.”

La MLRP –que trabaja con apoyo de la Federación Internacional y el Comité Internacional de la Cruz Roja, así como de otras Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja– se ve muy limitada en su labor para prestar ayuda en Gaza debido a las estrictas reglas impuestas en las fronteras acerca de la entrada y la salida de personas del territorio. Además, la importación y exportación de mercancías están controladas y restringidas a las necesidades más elementales.

Durante casi  todo 2007, se impidió que bienes y equipos destinados a proyectos de desarrollo administrados por organismos u organizaciones nacionales e internacionales entraran en la Franja de Gaza y tampoco se permitió la entrada de materiales y repuestos para que la industria siguiera funcionando. La gente de este pequeño territorio de sólo 365 km² densamente poblado sufre de aislamiento, pobreza y falta de todo.

Según el Programa Mundial de Alimentos, desde junio de 2007, unos 80.000 habitantes de Gaza perdieron su empleo y la tasa de desempleo, que ya era alta, ascendió al 44% de la población activa. Muchas industrias cerraron y la decisión tomada por Israel hace unos días de cerrar completamente la Franja de Gaza impidiendo la entrada al territorio incluso del combustible y los artículos de primera necesidad, empeoró la situación. La gente ya no tiene electricidad porque los tanques de combustible de la planta de energía están vacíos y los hospitales se sirven de generadores, lo que pone en peligro la vida de muchos pacientes como los niños prematuros que sobreviven en incubadoras.

Entretanto, prosigue la tensión entre israelíes y palestinos porque grupos militantes lanzan cohetes desde la frontera a poblados israelíes de las inmediaciones causando heridas y estrés a sus habitantes.

Cada día, 1.500.000 palestinos que viven en Gaza se enfrentan a una rápida agudización de la pobreza y pierden la esperanza en el futuro. Se sienten como si estuvieran viviendo en el siglo XIX pues las velas son la principal fuente de luz tras el ocaso. En las noches frías, oscuras y lluviosas, sin calefacción para la mayoría, la velas sólo proporcionan una luz mortecina y no reemplazan la calefacción necesaria para conservar la salud y no contraer enfermedades respiratorias u otras. Testigos del impacto humanito del  bloqueo y de años de sitio, la Media Luna Roja Palestina, organismos especializados de la ONU y el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja alertan de un empeoramiento del desastre humanitario.

Hace unos días, como un globo que revienta, la mitad de la población de la Franja de Gaza saltó el alambrado de púa cortado y los bloques de cemento caídos, inundando la frontera con Egipto, después que varias explosiones destruyeran partes del muro. Unas 700.000 personas se precipitaron a los mercados egipcios para comprar artículos de primera necesidad. De pronto, tuvieron la impresión de recuperar la libertad de movimiento y una vida normal.

En relación a la situación a la que tiene que hacer frente la Sociedad Nacional, Younis Al-Khatib, presidente de la Media Luna Roja Palestina dijo: “El cierre y su impacto devastador en la situación humanitaria de los Territorios Palestinos Ocupados y, principalmente, de la Franja de Gaza, aumentan la carga de responsabilidades de la MLRP y otros organismos humanitarios, nacionales e internacionales. Nuestro personal y nuestros voluntarios trabajan incasablemente para aliviar el dolor de los palestinos cuyas necesidades básicas y críticas tanto de salud como sociales y humanitarias están en aumento debido a las medidas de ocupación tomadas por Israel contra Gaza. Las medidas policiales de castigo colectivo superan todos los límites y toda comprensión. Ahora, nuestra prioridad es garantizar el pleno acceso a la asistencia humanitaria y proteger la vida de las familias que tratan de habérselas con las dificultades de semejante situación. La comunidad internacional, por su parte, debería obligar a la fuerza ocupante a adherirse al Derecho Internacional Humanitario y garantizar el libre acceso de los organismos humanitarios a Gaza. ”

Viñetas

En el hospital Al Quds de la Media Luna Roja Palestina en Ciudad de Gaza, Yasser, de 10 años, sigue vivo gracias a un ventilador de oxígeno. Tras ser herido de bala en el pecho, durante un enfrentamiento entre palestinos hace casi un año, Yasser está hospitalizado, primero en un hospital israelí y desde hace cuatro meses en este de la MLRP, pero los médicos no han podido devolverle una vida normal para que disfrute jugando con sus amigos y esté con su familia. Su futuro esta modelado por la total dependencia a esa máquina, alimentada por la electricidad de la planta de energía. A través de los tubos y el sonido de la respiración artificial, Yasser susurra a quienes vienen a verlo que sueña con tener su propia máquina para poder volver a casa con su familia en lugar de permanecer en el hospital por el resto de sus días. No sabe que existe un alto riesgo de que la maquina deje de funcionar si el combustible necesario para la planta de energía y el generador utilizado en las operaciones no llega a tiempo.

Mohamad Al Zrei’I, Abdelaziz Abou Sha’ib y Abdallah Mahmoud Washah tienen mucho en común por lo que atañe a la realidad de su vida cotidiana: viven en campamentos de refugiados de Gaza central, son desempleados y tratan de suplir las necesidades de sus familias numerosas, incluidas las necesidades médica.

Mohamad, de 65 años, tiene siete hijos, un hermano postrado por graves problemas psicológicos, una madre anciana y una esposa que sufre de asma y presión alta. La vida ha sido ruda con él y su rostro lleva las marcas del desánimo y la privación. Mohamad, que también lucha contra la diabetes, comparte su casa minúscula con los 14 miembros de su familia. Sobreviven gracias a la asistencia de socorro de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos en Oriente Próximo (UNRWA por su sigla en inglés), la de la MLRP y la generosidad de los vecinos. Desde hace mucho tiempo, las velas forman parte de la vida cotidiana de esta familia ofreciéndole un poquito de luz, un poquito de esperanza y un poquitito de calor en las frías noches de invierno.

El cierre total de la Franja de Gaza agudiza el sufrimiento diario tanto de él como de su familia. “Por supuesto que afectó mi vida y la salud de mi familia; principalmente por los cortes casi constantes de electricidad y la pobreza que me impide comprar una cantidad suficiente de velas. Puedo aceptar vivir en la humillación y la privación pero lo que más me duele es no poder ofrecer atención médica a mi madre y mi hermano, y comida suficiente a mis hijos”, comenta.

Un camino lleno de pozos y sembrado de trozos de madera conduce a la pequeña casa de Abdelaziz, de 70 años, que comparte con los 13 miembros de su familia; cuatro de sus hijos son discapacitados. La casa tiene solo dos habitaciones pequeñas y los miembros de la familia tienen que dormir en el suelo, envueltos en mantas que es lo único que tienen para protegerse del frío invernal. En una de las habitaciones, duermen dos niños pequeños acurrucados uno contra el otro para darse calor y usando de almohada los pies del otro sin nada que les abrigue. Una vela alumbra apenas la cocina con sus ollas y sartenes usados, y trozos de pan seco sobre la mesa.

Abdelaziz, que sufre de diabetes y presión alta, usa el poquito dinero que tiene para costear los estudios universitarios de sus dos hijos. Tras recibir mantas, velas y otros suministros de socorro esenciales para toda su  familia que le entregó un equipo de la Media Luna Roja Palestina, explica cómo el embargo de la Franja de Gaza afecta su vida: “Estoy desempleado y necesito ganarme el sustento para cuidar de mis cuatro hijos con discapacidad. Ni siquiera puedo comprar velas que alumbren sus noches, ni digamos costear los gastos médicos y darles comida y pan. Nuestra familia depende de la caridad de los vecinos y de la ayuda alimentaria que presta la UNRWA. Mi casa está en ruinas y los muebles desvencijados pero el momento más humillante del día es cuando vamos a dormir. La casa es tan chica que dormimos acurrucados unos contra otros o por turnos. Mi mujer encontró hasta insectos y ratoncitos en nuestros armarios y entre nuestra ropa.” Tras agradecer al equipo de gestión de desastres de la MLRP, añade: “ Dios los bendiga. Ustedes lograron darnos apoyo moral y solidaridad humanitaria, y salvaguardar lo poquito que queda de nuestra dignidad.”

Abdallah Washah, de 57 años, es el sustento de su esposa y sus 11 hijos (ocho que van a la escuela y tres menores de seis años). Solía trabajar en Israel para ganarse el pan pero lleva 10 años desempleado. Sufre de presión alta, asma y soriasis crónica pero no puede permitirse comprar los medicamentos que necesita. Él y su familia dependen de la ayuda de socorro que presta la UNRWA. Para colmo de males, hace poco, un incendio destruyó su casa y los miembros de su familia tuvieron que separarse e ir a vivir con amigos y otros parientes. Abdallah cuenta lo sucedido: “El 8 de enero, a eso de las 11 de la noche, me despertaron los gritos de mis hijos y los golpes que daban los vecinos en la puerta. Nos levantamos todos y salimos corriendo. El incendio lo causó una vela pequeña. Nos quedamos bajo la lluvia viendo arder completamente nuestra casa en pocos minutos y en medio de los gritos y los llantos de mis hijos.”

La vela era la única fuente de luz que tenía la familia desde que cortaran la electricidad más de una semana antes. Abdallah no dispone de medios financieros para volver a reunir a su familia tan siquiera en una casa minúscula pero sigue luchando por la vida día a día, unas veces con lágrimas, otras con sonrisas, a fin de proveer sus propias necesidades y el sustento de su familia.

La Media Luna Roja Palestina proporcionó suministros de socorro –mantas, agua, velas, lámparas de gasolina, material para sellar ventanas, utensilios de cocina y artículos de higiene– a familias de los campamentos de refugiados de Deir Al Balah y Al Breij, para suplir parte de las necesidades humanitarias de las familias más vulnerables de Gaza.
Cada día, 1.500.000 palestinos que viven en Gaza se enfrentan a una rápida agudización de la pobreza y pierden la esperanza en el futuro. Se sienten como si estuvieran viviendo en el siglo XIX pues las velas son la principal fuente de luz tras el ocaso. En las noches frías, oscuras y lluviosas, sin calefacción para la mayoría, las velas sólo proporcionan una luz mortecina. Los voluntarios de la Media Luna Roja Palestina van puerta por puerta para evaluar necesidades y distribuir suministros de emergencia, tales como mantas, velas, artículos de higiene, colchones, agua y lámparas, para aliviar un poco el sufrimiento. (p17111)
Cada día, 1.500.000 palestinos que viven en Gaza se enfrentan a una rápida agudización de la pobreza y pierden la esperanza en el futuro. Se sienten como si estuvieran viviendo en el siglo XIX pues las velas son la principal fuente de luz tras el ocaso. En las noches frías, oscuras y lluviosas, sin calefacción para la mayoría, las velas sólo proporcionan una luz mortecina. Los voluntarios de la Media Luna Roja Palestina van puerta por puerta para evaluar necesidades y distribuir suministros de emergencia, tales como mantas, velas, artículos de higiene, colchones, agua y lámparas, para aliviar un poco el sufrimiento. (p17111)
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Mohamad, de 65 años, tiene siete hijos, un hermano postrado por graves problemas psicológicos, una madre anciana y una esposa que sufre de asma y presión alta. Mohamad, que también lucha contra la diabetes, comparte su casa minúscula con los 14 miembros de su familia. Sobreviven gracias a la asistencia de socorro de la UNRWA, la de la MLRP y la generosidad de los vecinos. Desde hace mucho tiempo, las velas forman parte de la vida cotidiana de esta familia ofreciéndole un poquito de luz y un poquitito de calor en las frías noches de invierno. (p17113)
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