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Perú: el Señor Urbano
19 de febrero de 2008
Jesús López Santana, delegado de Comunicación de Cruz Roja Española en Perú
Urbano Asensio es una de esas personas a las que la vida se ha encargado de ponérselo difícil para salir adelante. Urbano vive en la ciudad de Ica, aquí ha pasado sus sesenta y muchos años, aquí se casó, aquí tuvo a sus hijos…. Con el paso de los años ha ido quedándose solo. “Los hijos tienen que volar es ley de vida”, sentencia Urbano, un viejito entrañable de pelo blanco y mirada perdida. Pero la soledad no hace distinto a Urbano de otros miles de personas mayores que viven sin compañía.

Nunca tuvo una gran fortuna y siempre ha vivido de forma ajustada, en una vivienda de adobe, la construcción típica de la zona cuando no se dispone de dinero para construir con material noble.  Hasta el 15 de agosto de 2007 vivía con su hija pero, tras el terremoto que destruyó su casa, su hija tuvo que marcharse a un albergue con los niños, porque no podían vivir en esas condiciones, y él se quedó solo en las ruinas de lo que era su hogar. Con apenas unos palos, esteras y ayuda de un vecino, improvisó un espacio donde vivir. Pero lo que realmente hace especial la situación de Urbano es una parálisis que le mantiene atado a una silla de ruedas improvisada con una silla de plástico y una estructura metálica fabricada con diversos materiales.

Urbano se emociona cuando dice que su destino ha sido siempre estar solo, porque está convencido de que “todos te olvidan si eres pobre pero, si además no puedes caminar, el olvido aún es mayor”. Al menos, durante las noches, su nieto viene a dormir con él para aliviar su soledad… También el frío lo apaga. Hoy, que el sol luce en el verano iqueño, “se siente revivir”.

Nadie había ayudado a Urbano tras el terremoto. Sabía que habían distribuido distintas ayudas, pero con su silla no puede desplazarse a los lugares de entrega. “Quien no anda, no encuentra, y yo no ando”, se lamenta.

De profundas convicciones religiosas,  dice que “lee todos los días la Biblia” y  que “ha perdido la fe en la ley de los hombres”. Sin embargo, él está convencido que fue su fe en lo divino lo que motivó que una mañana los voluntarios y voluntarias de la Cruz Roja lo encontraran en su recorrido por el barrio para identificar necesidades de la población. El rojo que llevan en el pecho sobresale sobre todas las cosas, recuerda Urbano. Habla de los voluntarios y voluntarias de la Cruz Roja Peruana que desarrollan el programa de construcción de alojamientos temporales que implementa Cruz Roja Española con el apoyo de la Agencia Humanitaria de la Unión Europea (ECHO) y el Gobierno de la región autónoma de Navarra, en España.

Las especiales circunstancias de Urbano impedían que participara  de forma activa en la construcción de su alojamiento temporal. Además, el diseño inicial no permitía la accesibilidad al módulo. Ante esta situación, los voluntarios Chynthia, Andrea, Rosita y Julio, junto a Carmen Ramos, la delegada de Cruz Roja Española, decidieron aprovechar los fines de semana para construir un módulo con la  puerta más grande y  con la ubicación cambiada, hacer una pequeña rampa en el suelo y colocar la cama y los pocos enseres con los que cuenta Urbano de modo que garantizaran su movilidad y cierto grado de autonomía personal.

El personal de Cruz Roja ha construido un alojamiento temporal adaptado para Urbano, lo que le ha devuelto la confianza en las personas. Carmen, la delegada de Cruz Roja Española, está convencida de que “es necesario diseñar acciones específicas para personas con discapacidad en las situaciones de emergencia pues, de otro modo, situaciones como la de Urbano pasarían desapercibidas”. El esfuerzo ha merecido la pena y los ojos de Carmen brillan de manera especial cuando se encuentra con Urbano, pues es inevitable que se establezcan vínculos en una situación así. En Cruz Roja trabajamos con las personas.

Urbano está profundamente agradecido a los voluntarios y voluntarias de la Cruz Roja, a los que llama “mis ángeles”, y que lo visitan periódicamente en su nueva “casa”. Ahora sueña con que en los últimos años de su vida pueda tener una casa mejor. No sabe si lo conseguirá, pero tiene claro que aquellos “chicos de rojo” han cambiado su vida más que el terremoto y, aunque mantiene su no creencia en la ley de los hombres, piensa que hay que reconocer la labor de estos chicos y chicas que le reviven tanto como el sol del verano en el sur de Perú.
Las especiales circunstancias de Urbano impedían que participara de forma activa en la construcción de su alojamiento temporal. (p17274)
Las especiales circunstancias de Urbano impedían que participara  de forma activa en la construcción de su alojamiento temporal. Además, el diseño inicial no permitía la accesibilidad al módulo. Ante esta situación, los voluntarios Chynthia, Andrea, Rosita y Julio, junto a Carmen Ramos, la delegada de Cruz Roja Española, decidieron aprovechar los fines de semana para construir un módulo con la  puerta más grande y  con la ubicación cambiada, hacer una pequeña rampa en el suelo y colocar la cama y los pocos enseres con los que cuenta Urbano de modo que garantizaran su movilidad y cierto grado de autonomía personal. (p17274)
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Carmen, la delegada de Cruz Roja Española, está convencida de que “es necesario diseñar acciones específicas para personas con discapacidad en las situaciones de emergencia pues, de otro modo, situaciones como la de Urbano pasarían desapercibidas”. (p17275)
Carmen, la delegada de Cruz Roja Española, está convencida de que “es necesario diseñar acciones específicas para personas con discapacidad en las situaciones de emergencia pues, de otro modo, situaciones como la de Urbano pasarían desapercibidas”. (p17275)
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