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Diario de un delegado: Misión de evaluación en Kousséri, Camerún
20 de febrero de 2008
Gilles Lordet
A principios de febrero, decenas de miles de personas huyeron de Yamena, capital del Chad, a causa de los violentos combates entre grupos rebeldes y fuerzas gubernamentales. Más de 30.000 chadianos llegaron a Kousséri, ciudad camerunesa situada a la otra orilla del río Chari que separa los dos países. La mayoría de las familias se instalaron en el campamento de tránsito de Madana, en la entrada de Kousséri pero muchos duermen en plazas públicas, escuelas, mezquitas y museos. Aún traumatizados, los refugiados padecen hambre, sufren del frío y  la falta de agua y alimentos.

Desde el principio de la crisis, los voluntarios de la Cruz Roja Camerunesa prestaron ayuda de emergencia a los refugiados contando con el apoyo de la oficina regional de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

Al tiempo que organizaba la primera distribución de alimentos,  en asociación con el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), y el apoyo de dichos voluntarios, la Federación Internacional envió evaluadores para que analizaran la situación en Kousséri a fin de organizar la ayuda apropiada.

En el campamento de Madana

Niels Scott, coordinador de operaciones en África, y Benoît Porte, coordinador de operaciones, llegan el sábado a Kousséri para hacer una serie de visitas de campo. En el campamento de Madana, los dos evaluadores recorren las instalaciones y hablan con numerosos refugiados que apenas tuvieron tiempo de traerse dos o tres bolsos con sus cosas; duermen a la intemperie y se quejan del frió. Los combates eran violentos y muchos están aún traumatizados. La proporción de niños, grupo particularmente vulnerable, es bastante alta.

“Es importante recoger impresiones en caliente. Nuestra misión consiste en evaluar las necesidades y ponernos al tanto de todo lo que están haciendo o se disponen a hacer los asociados. Esta labor no admite demora y en 24 horas debemos tener una visión global de la situación y definir nuestra acción”, explica Niels Scott.

Ese mismo sábado, los voluntarios de la Cruz Roja Camerunesa organizan la primera distribución de alimentos en asociación  con el ACNUR y el PMA. “El arroz y el sorgo permitirán aliviar de inmediato las necesidades de esta gente”, comenta Benoit Porte.

En el campamento, el abastecimiento de agua y las instalaciones sanitarias son satisfactorios y ya se puso en marcha un apoyo médico.

Observaciones de campo en la ciudad

Mientras Niels se reúne con las autoridades, tanto  gubernamentales como de varias organizaciones internacionales, Benoît visita el hospital de Kousséri que cuenta con el apoyo de Médicos sin Fronteras (MSF). El centro médico está atestado de gente pero la ONG controla la situación. Luego, Benoît va al dispensario católico del barrio de Madagascar y hace una serie de consultas. “A mi entender, las autoridades y asociados como MSF manejan bien la situación médica en la ciudad pero habrá que prever un apoyo médico en el campamento de Maltam. Allí queda todo por hacer.”Pues los campamentos existentes son tan solo provisionales. El ACNUR prevé realojar a los refugiados en un campamento acondicionado especialmente en Maltam, a 30 kilómetros de Kousséri y los traslados deberían comenzar el 16 de febrero.

Junto a los principales campamentos de tránsito de Madana y Setic, las familias encontraron amparo en edificios públicos de la ciudad: escuelas, parroquias, iglesias y mezquitas. Benoît pasa varias horas con las familias en la calle:  “Tampoco veo que se haya hecho nada respecto al suministro de agua en la ciudad. Ahora bien, hay muchos refugiados desperdigados por todos lados, lo que además supone una carga para la población local. Hay que remediarlo.”

En la noche, una reunión con todos los actores humanitarios que están presentes, bajo la égida del ANCUR, permite establecer nuevos contactos y delimitar con precisión las acciones de cada uno. “El objetivo es que seamos complementarios”, afirma Benoît Porte y Niels Scott acota: “Somos muchos pero no nos encontramos en una situación de aglomeración humanitaria y existe la posibilidad de establecer colaboraciones ejemplares.”

Definición de las acciones

Niels y Benoît se reúnen esa misma noche e intercambian sus puntos de vista. “Al parecer, todo el mundo optó por la ayuda no alimentaria. En el centro de la ciudad hace falta abastecer en agua potable. Asegurar la asistencia mediante un centro de atención básica de salud en el campamento de Maltan también nos parece primordial”, opina Niels Scott.

Esas son las primeras ideas que escribe y que le llevarán horas de redacción y definición presupuestaria para que la acción sea precisa y definitiva.

Y la máquina se pone en marcha: el domingo se piden dos unidades de intervención de urgencia (UIU), una que producirá agua potable en Kousséri y la otra que  instalará un centro de atención básica de salud en Maltam. Cuatro días después dichas UIU son operativas.

Benoît Porte puntualiza: “Esta clase de centro sirve para tratar patologías de base, de urgencias a heridas leves, que no hay que descuidar pues también tienen un fuerte impacto psicológico. Allí se puede tratar a 10.000 personas en tres meses. En cuanto al abastecimiento de agua, la bombearemos de los ríos para luego potabilizarla y asegurar el suministro cotidiano de los numerosos depósitos instalados en la ciudad.” Los dos evaluadores prevén una acción de seis meses prolongable.

¿Una crisis que dista de haber terminado?

“La crisis en el Chad es una historia que, probablemente, diste mucho de haber terminado”, señala Niels y añade: “Nos encontramos frente a una situación humanitaria que ya hemos visto en otras partes pero con la salvedad de no saber verdaderamente qué va a pasar. ¿La gente retornará en masa a Yamena? ¿Una parte de los refugiados permanecerá en Camerún por diversos motivos de orden político, religioso o étnico? ¿Cuáles son las dimensiones a tener en cuenta en la crisis actual? ¿La guerra proseguirá y habrá más afluencias de refugiados del otro lado del río Chari? No tenemos ni idea.

De las intervenciones actuales se deduce que los organismos humanitarios prevén una prolongación de la crisis, ¡y hacen bien! Debemos considerar la posibilidad de que entre en una fase más crítica. Paralelamente, eso propicia la sedentarización de los  refugiados y no les incita a regresar a su país. Se quedan allí donde se benefician de la ayuda. Sobre todo porque si se les reconoce el estatuto de refugiados que les otorga derechos como los de protección física y asistencia humanitaria. Para algunos de ellos es una situación envidiable. ¡No cabe duda! Por lo tanto, en la acción humanitaria que entendemos llevar a cabo es preciso encontrar la dosis justa, lo que no es fácil.” 
Desde el principio de la crisis, los voluntarios de la Cruz Roja Camerunesa prestaron ayuda de emergencia a los refugiados contando con el apoyo de la oficina regional de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. (p17279)
Desde el principio de la crisis, los voluntarios de la Cruz Roja Camerunesa prestaron ayuda de emergencia a los refugiados contando con el apoyo de la oficina regional de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. (p17279)
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Ese mismo sábado, los voluntarios de la Cruz Roja Camerunesa organizan la primera distribución de alimentos en asociación con el ACNUR y el PMA. “El arroz y el sorgo permitirán aliviar de inmediato las necesidades de esta gente”, comenta Benoit Porte. (p17280)
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Junto a los principales campamentos de tránsito de Madana y Setic, las familias encontraron amparo en edificios públicos de la ciudad: escuelas, parroquias, iglesias y mezquitas. Benoît pasa varias horas con las familias en la calle. (p17281)
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Refugiados en el tránsito de Madana. (p17282)
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