Aún no saben qué nombre le pondrán a la bebita pero los padres recordarán la noche que nació por el terrible momento que pasaron cuando el ciclón Jokwe causó destrozos en su pueblo y arrancó el techo de su vivienda. “En plena noche oí el enorme ruido del anacardo que se desplomó. La casa empezó a temblar y, entonces, supe que tenía que llevarme a mi mujer a un lugar más seguro porque estaba a punto de dar luz”, cuenta Xavier Momade, el joven papá que el domingo pasado, mientras el ciclón atravesaba Quinga, en la provincia norteña de Nampula, trasladó a su esposa al minúsculo puesto de salud. Al igual que otros habitantes que corrieron a refugiarse en edificios más seguros que sus chozas de paja, Momade llevó a sus otros tres hijos al nuevo edifico de la escuela para que estuvieran a salvo.
Una vez pasado lo peor, el pueblo parecía un verdadero campo de batalla por los estragos que causaron los vientos violentos, procedentes del océano Índico, destruyendo lo que los vecinos habían construido en Quinga a lo largo del tiempo. Viviendas derrumbadas, pedazos de techos por tierra en todas partes e incluso gruesos troncos de árboles que no resistieron al potente ciclón que siguió camino al pueblo siguiente.
“Mi escuela desapareció”, dice Xavier Momade, señalando el encofrado que sostenía el techo del aula donde daba clase. Unos 1.110 niños asistían a las seis escuelas de Quinga, añade con orgullo este maestro de 31 años; pero, ahora los tiempos son duros. Libros y otros materiales fueron destruidos o sufrieron tales daños que ni siquiera se pueden usar para dar clase bajo un árbol.
Quinga tiene unos 18.000 habitantes y, al parecer, ninguna familia salió ilesa de la tormenta. Murieron tres adultos y un niño, según informa el equipo de maestros que trata de determinar el alcance exacto de los daños, lo que resulta muy difícil porque los árboles caídos bloquean los caminos y el sistema de comunicaciones no funciona. El panel solar instalado en el techo del puesto de salud fue destrozado y no hay electricidad para usar la radio, único medio de comunicación con el resto del mundo en esta zona aislada que queda lejos de la ciudad de Nampula y a la que se llega tras un largo recorrido por caminos accidentados.
Cada día será más difícil administrar tratamiento ya que salvo algunos analgésicos, en el puesto de salud, prácticamente, no hay nada. La sala de maternidad está inundada y hay goteras en el techo.
“Los damnificados necesitan refugio de inmediato pues duermen a la intemperie y son más vulnerables a la malaria”, señala Xavier Francisco, Jefe de la Oficina de la Cruz Roja en Nampula. En el depósito de allí hay mosquiteros, esterillas para dormir y 130 tiendas de campaña listos para ser distribuidos. El gobierno provincial está haciendo evaluaciones rápidas en las zonas afectadas y pondrá a disposición vehículos para transportar suministros de socorro en cooperación con el Instituto Nacional de Gestión de Desastres. Mientras se llevan a cabo dichas evaluaciones, la Cruz Roja Mozambiqueña y otras organizaciones humanitarias coordinan los esfuerzos de socorro.
En Quinga también hace falta agua, cloro e instalaciones sanitarias. Los vecinos almacenan agua de lluvia en tanques subterráneos y la bombean a la superficie pero las bombas también fueron destruidas.
Además, el peligro de carestía ahora es latente en Quinga, después que el ciclón Jokwe volviera sobre el Canal de Mozambique, se desplazara hacia el sudeste en dirección de las provincias de Inhambane, Gaza y Maputo, perdiendo fuerza y pasando a una velocidad de 60 a 110 kilómetros por hora. El gobierno solicitó asistencia alimentaria por un mes al Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas para 56.000 damnificados por el ciclón.
“Nuestros pescadores perdieron sus embarcaciones en la tormenta y la pesca es una de nuestras principales fuentes de alimento”, dice Artur Mendes Catapua, administrador de Quinga. La reserva de cereales fue destruida y los cultivos de maíz y mandioca que se cosecharán en abril sufrieron daños a causa de las lluvias torrenciales de este año. “Deben quedar alimentos para dos o tres días más”, añade el administrador local.
Los vecinos de Quinga perdieron todo pero no se dejan amilanar, sólo cinco días después del paso del ciclón, en todas partes hay una gran actividad, la gente reconstruye sus viviendas, recoge hojas de palmera para los techos y sigue adelante con la limpieza.
Xavier Momade también erigió una pequeña estructura cerca de donde estaba su choza de paja. “Mi esposa espera con la bebita en uno de los edificios seguros que sigue en pie. Cuando nuestra nueva vivienda esté terminada vendrá y podré pronunciar el nombre de mi hija en nuestro hogar en un ritual acorde con nuestra tradición”, concluye.
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Hasta los árboles más robustos no resistieron al poder del ciclón. Pero aún asi los voluntarios de la Cruz Roja de Mozambique pudieron alertar a las comunidades más vulnerables y de ese modo reducir el riesgo de pérdidas en vida humanas. (p17403)
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| Este profesor vio como el tejado de su casa quedaba destrozado por el viento. Ya ha empezado a reconstruirlo. Ayudar a los damnificados a reconstruir sus casas y recuperar sus medios de subsistencia sera la prioridad para los meses venideros. (p17400) |
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| Esta familia se quedo sin casa, y ahora tán sólo les queda mirar los restos de la que fué su hogar que quedo completamente destrozado después del pasaje del ciclón Jokwe por la ciudadde Quinga. los voluntarios de la Cruz Roja de Mozambique se han mobilizado para ayudar a aquellos que lo han perdido todo. (p17404) |
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