Era mediodía del sábado 29 de marzo. El ritmo de los tambores acallaba el habitual estruendo de los camiones y la maquinaria pesada de construcción. Era un ritmo inequívocamente bodu beru –un estilo local–, pero las voces poseían una intensidad inexperta y un tono despreocupado. Los tamborileros y cantantes eran escolares, actualmente alojados en un campamento para desplazados internos en la cercana isla de Ungoofaaru, que visitaban por primera vez Dhuvafaaru, la isla que habitarán en el futuro.
La misión de estos niños era doble, visitar su futura comunidad, pero también dar las gracias a los trabajadores migrantes que durante más de dos años y bajo el implacable sol maldivo han trabajado duramente para transformar la isla, previamente deshabitada, en un moderno pueblo para 600 familias.
A medida que se intensificaba el ritmo de los tambores, hasta llegar al clímax, y la canción adoptaba un desenfrenado crescendo, los más de 300 trabajadores de la construcción de Bangladesh, China, Nepal, Filipinas, Sri Lanka y otros lugares comenzaron a dar palmas y a bailar. La melodía era, sin duda, maldiva, pero los movimientos eran tan diversos como las nacionalidades.
El trabajador bengalí Salleh Ahmad bailaba a rienda suelta, incapaz de ocultar su alegría. "La visita de estos niños es maravillosa, pues ha aportado emoción a nuestra rutina de trabajo", explicaba. "Ver a estos jóvenes y poder relacionarnos con ellos constituye un cambio alentador."
Haciéndose eco de las palabras de Salleh, un jovial Chong Koang Yih, de Singapur, añadía: "Efectivamente, reunirnos con los niños y ver sus actuaciones es una bonita experiencia." "Saber que agradecen nuestro trabajo verdaderamente me motiva. Ayudarles a construir su hogar ha sido un honor excepcional y me complace enormemente haber tenido la oportunidad de contribuir a este proyecto."
Los niños habían llegado de Ungoofaaru a última hora de la mañana. Primero se sometieron a un control de seguridad rutinario, obligatorio para todos los visitantes de este concurrido lugar. Después realizaron el tan esperado recorrido por la isla: vieron las viviendas, el jardín de infancia y las escuelas de enseñanza primaria y secundaria, el auditorio, el edificio para la administración comunitaria y el centro de salud. No dejaron sin explorar ni un solo rincón de lo que pronto será su nuevo hogar.
Muchos de los niños estaban abrumados por las impresiones. Rashid, que tan sólo tenía ocho años cuando sobrevino el tsunami, comentaba: "No queremos que se concluya el trabajo con prisas. Deseamos que Dhuvaafaru sea una isla modelo en todos los sentidos."
"Incluso mirando hacia el futuro, no puedo imaginar un lugar mejor. Estoy muy contento de poder vivir en una isla tan bonita", añadía, mientras muchos de sus amigos hacían un gesto de aprobación con la cabeza.
Después de comer con los trabajadores, Rashid y los chicos continuaron sus representaciones y las chicas hicieron unos dibujos de colores que expresaban mensajes de agradecimiento. Se tomaron fotografías de los niños con los trabajadores, y de las viviendas, y se prometió revelarlas y ampliarlas para enviarlas como recuerdo a los trabajadores.
Cuatro niñas –Naseeha, Tholha, Soniyaa y Raagiya– pintaron un bonito dibujo con un sol sonriente, viviendas terminadas, y su frondosa isla. Enseñando el dibujo a los trabajadores, Naseeha comentaba: "Esto [Dhuvaafaru] es nuestro futuro. Gracias por todo lo que están haciendo."
Raagiya, que tuvo el honor de pronunciar las últimas palabras antes del regreso de los niños a Ungoofaaru, resumió: "Nunca olvidaremos toda la ayuda que nos están brindando. Deseamos darles las gracias en nombre de todas las personas de Kandholhudhoo."
Cuando los niños se habían ido, el equipo de Dhuvafaaru retomó el trabajo. Está previsto concluir el proyecto para finales de 2008. El tiempo posee una importancia fundamental.
Construyendo una comunidad en el medio del océano
Cuando el 26 de diciembre de 2004 el tsunami azotó Maldivas, destruyó completamente la isla de Kandholhudhoo, dejando sin hogar a más de 3.600 personas. Inmediatamente quedó claro que estas familias debían reconstruir sus vidas en otro lugar, más seguro.
Tras un estudio exhaustivo, el National Disaster Management Centre de Maldivas eligió la isla deshabitada de Dhuvaafaru como el emplazamiento más adecuado para este fin, debido a sus características geográficas (su altitud relativamente elevada, su tamaño y su arrecife, importante como protección frente a ondas de marea).
En mayo de 2005, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja firmó un acuerdo con el gobierno de Maldivas para construir una nueva comunidad en la isla de Dhuvaafaru. La Federación Internacional ha financiado la construcción de 562 viviendas y de infraestructura comunitaria, como un edificio para la administración comunitaria, un jardín de infancia, una escuela de enseñanza primaria y otra de enseñanza secundaria, un auditorio, sistemas de abastecimiento de agua y de alcantarillado, un complejo deportivo, carreteras, y un sistema de abastecimiento de energía complementado con energía solar. El proyecto incluye también un centro de salud financiado por la Cruz Roja Alemana y 38 viviendas financiadas por el gobierno.
A la espera de que se concluya el proyecto a finales de este año, la comunidad de Kandholhudhoo está alojada en cinco campamentos para desplazados internos –Ungoofaaru, Hulhudhuffaru, Alifushi, Meedhoo y Maduvvari–, la mayoría en el de Ungoofaaru
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Un mensaje de gratitud tácito: Todos los niños y niñas vestían una camiseta roja con una cara sonriente y las palabras "Thank You" ("Gracias"), delante, y "We, the future of Dhuvaafaru" ("Nosotros, el futuro de Dhuvaafaru"), en la espalda. (p17551)
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Los niños no dejaron sin explorar ni un solo rincón de lo que pronto será su nueva isla. (de arriba a abajo: p17565 - p17559 - p17563)
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| A medida que se intensificaba el ritmo de los tambores, hasta llegar al clímax, y la canción adoptaba un desenfrenado crescendo, los más de 400 trabajadores de la construcción de Bangladesh, China, Nepal, Filipinas, Sri Lanka y otros lugares comenzaron a dar palmas y a bailar. (p17557) |
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| Naseeha, Tholha, Soniyaa y Raagiya pintaron un bonito dibujo con un sol sonriente, viviendas terminadas, y su frondosa isla. (p17553) |
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