La distribución de suministros de ayuda a los millares de damnificados por el ciclón devastador que arrasó Myanmar la semana pasada va aumentando poco a poco, según colaboradores de la Cruz Roja y la Media Luna Roja que prestan servicios en este país de Asia sudoriental. En los últimos días, más 220.000 personas recibieron algún tipo de ayuda del gobierno, organizaciones no gubernamentales (ONG), otras organizaciones y el resto de la colectividad. Más de 80.000 de ellas fueron asistidas por la Cruz Roja de Myanmar.
“Se distribuyó todo tipo de suministros: alimentos, artículos de higiene, pastillas para purificar el agua, mosquiteros, artículos sanitarios y, lo que es más importante, materiales de refugio”, indica Michael Annear, Coordinador Regional de Gestión de Desastres, de la Federación Internacional.
Un avión fletado por esta última, que transportaba seis toneladas de materiales de refugio (toldos alquitranados, madera y herramientas), aterrizó en Yangón el 8 de mayo y otro avión con ocho toneladas de suministros similares llegó hoy, 9 de mayo.
“El material de refugio es prioridad absoluta en este momento y también controlamos de cerca la situación de salud. Hay cantidad de agua estancada por todas partes y ya tuvimos noticia de brotes aislados de enfermedades intestinales y transmitidas por mosquitos”, añade Annear.
“El viernes, el personal de Myanmar de la Federación Internacional se amplió con la llegada de un equipo de evaluación integrado por representantes de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja de Alemania, Dinamarca e Irlanda.
Dicho equipo colaboraría en el análisis de la información que otros ocho equipos de evaluación de la Cruz Roja de Myanmar están recabando en los alrededores de la capital y las zonas más castigadas del delta del río Irawaddy.
Aunque se estima que Yangón y sus 6.000.000 de habitantes se vieron menos afectados que las regiones más al sur, los daños en la ciudad son escalofriantes. Centenares de voluntarios de la Cruz Roja de Myanmar participan en la tareas de limpieza que han contribuido a que el tránsito sea más fluido pero, aun así, dondequiera que se mire hay techos de edificios despedazados, árboles caídos, carteles publicitarios retorcidos en formas extrañas y postes del tendido eléctrico, aplastados como fósforos.
Miles y miles de personas se quedaron sin techo y están viviendo en condiciones deplorables. Hospitales, establecimientos de enseñanza, y otros grandes edificios están atestados de personas desplazadas. Aunque se prestó alguna ayuda, como la instalación de nuevas bombas de agua o la reparación de otras, cerca de estos edificios y en los alrededores, el agua es color marrón oscuro y huele muy mal.
La Cruz Roja de Myanmar y la Federación Internacional trabajan en estrecha colaboración con funcionarios estatales compartiendo la información a medida que va llegando y, poco a poco, van teniendo un cuadro más preciso de las ingentes necesidades que existen en medio de la devastación y la gran complejidad de este desastre natural. También se mantienen reuniones de coordinación a intervalos regulares, tanto en Myanmar como en Bangkok, Kuala Lumpur y Ginebra.
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En Myanmar se distribuyen suministros de ayuda pero se necesitan más. (p17597)
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Aunque se estima que Yangón y sus 6.000.000 de habitantes se vieron menos afectados que las regiones más al sur, los daños en la ciudad son escalofriantes. (p17598)
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Miles y miles de personas se quedaron sin techo y están viviendo en condiciones deplorables. (p17600)
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