Más de una semana después que el tifón Fengshen arrasara gran parte del archipiélago filipino causando escasez de agua potable e interrumpiendo el suministro de alimentos, la terrible experiencia es un recuerdo muy vivo para muchos damnificados.
"Es como si todo hubiera ocurrido esta mañana – el aullido del viento, la lluvia a raudales y las aguas turbulentas que arrastran personas, árboles, coches y casas enteras– todo está aún muy fresco en mi memoria", comenta Melecio Beso, cuya casa en el pueblo de Bakau, distrito de Mandurriao, fue destruida en plena tormenta.
Para quienes están alojados temporalmente en el centro de evacuación de la Cruz Roja en el distrito de Jaro, Iloilo, la tormenta fue devastadora. “Salvamos nuestras vidas pero poquito más.”
La tormenta causó enormes pérdidas en la agricultura y la infraestructura. Los ríos cambiaron de curso y el abastecimiento de agua potable se transformó en un problema grave para miles de damnificados.
El 18 de junio, el tifón Fengshen (aquí llamado Frank) recorrió su caprichosa trayectoria en zigzag por Filipinas central sembrando muerte y destrucción en 37 provincias.
Inundaciones y deslizamientos de tierra se cobraron más de 329 vidas; 435 personas siguen desaparecidas y más de 100.000 viviendas fueron destruidas o sufrieron graves daños. Considerado el peor de este año en Filipinas, el tifón Fengshen siguió su camino embistiendo las zonas costeras de China meridional.
Cuando la tormenta se iba acercando, la Cruz Roja Filipina ya había envidado rápidamente al terreno, unidades de intervención de urgencia (UIU).
Benjo Bacani fue uno de los enviados a las zonas costeras para ayudar en la operación de búsqueda y rescate en el mar.
Bacani es enfermero, técnico diplomado en medicina de emergencia e instructor de la Cruz Roja. También recibió formación para instalar y operar sistemas portátiles de suministro de agua tras emergencias.
"En la Cruz Roja ayuda tener una formación completa. En muchos casos de desastres uno suele ser enviado al terreno donde al llegar pronto tiene que cumplir múltiples tareas”, explica Bacani.
Aunque su propia casa fue gravemente dañada por el tifón Fengshen, la principal preocupación de Lou-Jean "Troy" Varona, integrante del equipo de la Cruz Roja, era unirse al esfuerzo de socorro lo antes posible.
No había tiempo de detenerse a pensar o sentirse triste. “Estábamos y estamos trabajando para mitigar el drama de nuestros vecinos en estos momentos de necesidad”, señala Troy.
“Trasladar un niño al santuario de un centro de evacuación me bastaba para olvidar mi propia sed o hambre."
Pocos días después del desastre, Joseph Cabelin, otro voluntario, vino al campamento de evacuación de Jaro a ayudar a Troy a instalar el sistema móvil de potabilización para abastecer a las 235 alojadas allí.
Una vez instalado y en funcionamiento, niños con jarras y botellas de plásticos fueron los primeros en correr al lugar donde se encuentran las canillas.
Troy y Joseph se turnaron para llevar el registro del agua suministrada por el sistema y organizar la cola de beneficiarios quienes, después de nueve días, volvían a saborear por primera vez agua recién potabilizada.
"El agua es vida y tenemos que asegurar un abastecimiento seguro porque en caso contrario terminaríamos por acrecentar los riesgos para la salud”, afirma Benjo Bacani, técnico de agua y saneamiento de la Cruz Roja.
"Una contaminación fortuita podría provocar gastroenteritis y toda la comunidad de evacuados se vería afectada, en particular, los niños y las mujeres que son los más vulnerable. Por eso, verificamos la calidad de nuestra agua minuciosamente”, añade.
Mientras Bacani guarda ordenadamente sus herramientas, comenta que la sonrisa de los beneficiarios que parten con sus bidones de agua clara y potable, recompensa con creces esa tarde difícil.
Para él fue tan solo otra jornada de trabajo para aliviar el sufrimiento humano. Sabe que habrá más que hacer y está dispuesto a apoyar a la comunidad de la Cruz Roja y la Media Luna Roja.
La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja hizo un llamamiento preliminar de emergencia por valor de 8.310.213 francos suizos (8 millones de dólares o 5,1 millones de euros) en efectivo, especie o servicios para ayudar a la Cruz Roja de Filipinas a asistir a unas 6.000 familias durante 12 meses. El dinero se necesita para proporcionar agua potable, refugio de emergencia, alimentos y otros suministros de socorro.
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Raymond Bantigue (izq) y Benjo Bacani, técnicos de agua y saneamiento de la Cruz Roja Filipina, analizan la muestra de agua del sistema móvil de potabilización que acaban en instalar en un campamento para evacuados de la provincial de Iloilo, Filipinas. (p17865)
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En el centro para evacuados del distrito de Jaro, provincia de Iloilo, Troy Verona (izq.) y Joseph Cabelin, voluntarios de la Cruz Roja Filipina, ayudan a niños a sacar agua del sistema portátil de potabilización. La tormenta dejó sin techo a miles de familias y trajo aparejada una escasez de agua y alimentos. (p17864)
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Raymond Bantigue (izq) y Benjo Bacani, técnicos de agua y saneamiento de la Cruz Roja Filipina, analizan la muestra de agua del sistema móvil de potabilización que acaban en instalar en un campamento para evacuados de la provincial de Iloilo, Filipinas. (p17866)
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