Tres huracanes devastaron grandes zonas de Haití en el curso de pocos días. Una de las más castigadas se encuentra en los alrededores de Cabaret, pequeña ciudad donde la Cruz Roja y la Media Luna Roja ayudan a los damnificados a rehacer su vida.
No fue el huracán Gustav que causó estragos en Cabaret, pequeña ciudad a unos 50 kilómetros de Puerto Príncipe, la capital de Haití. Tampoco el huracán que azotó el país una semana después. Esta ciudad, de alguna manera, logró sobrevivir a ambas tormentas. Pero el huracán Ike –que atravesó el Caribe, pisándoles los talones a la tormenta Hanna– vertió tal cantidad de agua sobre Haití que para Cabaret y sus alrededores fue demasiado.
Las inundaciones, desencadenadas por las lluvias torrenciales que cayeron ininterrumpidamente en las deforestadas colinas, hicieron que los ríos se desbordaran, cambiaran de curso y arrastraran a su paso muchas viviendas de construcción precaria.
Pesadilla de barro y agua
Los bananeros de las plantaciones fueron aplastados. El suelo firme y compacto se volvió barro blando, las carreteras se hundieron, las viviendas se desplomaron y los postes del tendido telefónico cedieron bajo tanta presión. Peor aún, los habitantes, muchos de ellos niños, que a las cuatro de la mañana dormían en su cama fueron arrastrados por los torrentes y en la oscuridad. En Cabaret hubo 60 muertos.
Caminando por las calles secas y polvorientas en tardes de calma después del huracán Ike, resulta difícil imaginar los tremendos vientos y las violentas lluvias que castigaron tan duramente a esta ciudad. Pero la evidencia está por todas partes, no sólo en los cultivos destrozados y las casas caídas, sino en el barro.
Montones de barro se alzan a ambos lados de las calles donde se traspaló para que se pudiera volver a circular. En cocinas, cuartos de estar y dormitorios de las viviendas modestas alcanza los 30 centímetros haciéndolas temporalmente inhabitables; cubre patios y jardines secándose y resquebrajándose bajo el sol.
Al mirar de cerca el barro, se recuerda que todo sucedió en un santiamén pues allí están los restos de las viviendas y familias destruidas – zapatos, sandalias, juguetes y textos escolares– y uno se da cuenta de lo mucho que perdió la gente.
Reconstrucción de vidas a partir de casi nada
Después del huracán Ike, una escuela bien construida de la ciudad se ha convertido en hogar para 223 familias: mil personas que comen, duermen y se bañan en un edificio destinado a la educación. Hay más refugios temporales como éste por toda Cabaret al igual que por todo Haití tras la ola sucesiva de huracanes.
Hoy, un gran bullicio rodea la escuela porque la FICR, junto con voluntarios de la Cruz Roja Haitiana, distribuye algunos suministros esenciales a cada familia del refugio. Una vez inscrito en el registro, cada jefe de hogar recibió un bono que la da derecho a recibir una manta, un juego completo de utensilios de cocina, un paquete de artículos de higiene, un mosquitero, un bidón y un balde: la ayuda básica que les hace falta para empezar a reconstruir su vida.
Se forman colas y la distribución, a cargo de un equipo integrado por colaboradores de las Sociedades de la Cruz Roja de Estados Unidos y el Benelux procede en forma ordenada y eficiente. No hay ningún ceremonial ni palabrerío, tan solo calma y una distribución efectiva. Tal vez se tenga la impresión de que ollas y sartenes, mantas y baldes no sean demasiado pero para quienes lo han perdido todo es mucho: el primer paso, camino a la recuperación.
|
 |
 |
|
Voluntarios de la Cruz Roja prepararan los paquetes de alimentos, agua potable y utensilios de cocina que serán distribuidos en Cabaret. En esta ciudad, lluvias torrenciales provocaron inundaciones y desprendimientos de tierra, derrumbaron viviendas y se cobraron docenas de vidas. (p18271)
|
|
|
|
|
 |
|
Personal de la Cruz Roja y la Media Luna Roja controla la ayuda y los suministros de socorro que llegan al Aeropuerto Internacional de Puerto Príncipe. En espacio de 12 días, Haití fue azotado por tres huracanes que causaron grandes estragos en todo el país. (p18270)
|
|
 |
|
Una niñita bebe en la bolsa de agua que le dieron voluntarios de la Cruz Roja de Cabaret. Después que tres huracanes consecutivos azotaran esta ciudad, mucha gente se quedó sin alimentos básicos, agua potable y medios de cocinar. (p18272)
|
|
 |
|
Un hombre mira los restos de su vivienda que se derrumbó tras las inundaciones desencadenadas por el huracán Ike en Cabaret, Haití. El huracán Ike fue el tercero que se abatió sobre el país en espacio de 12 días. Según estimaciones, en las tormentas murieron 350 personas y más de 10.000 viviendas fueron destruidas, por lo cual, 150.000 damnificados necesitan refugio. (p18273)
|
|