Mientras prosigue el juicio de 11 burundianos acusados de participar en el asesinato de albinos y la venta de partes de sus cuerpos en Ruyigi, la Cruz Roja y la Media Luna Roja dan cabal prioridad a la protección de las personas más vulnerables y la promoción de la observancia de valores tales como la no discriminación y el respeto de la diversidad.
Más de 60 vidas se perdieron en una reciente racha de asesinatos de albinos en África oriental.
“Hay que acabar con la matanza de albinos y restaurar su dignidad”, afirma Anseleme Katyunguruza, Secretario General de la Cruz Roja Burundiana que presta ayuda humanitaria a 48 niños y adultos albinos, amparados por las autoridades en la ciudad de Ruyigi.
En estos últimos meses, al menos 12 albinos fueron asesinados en Burundi y otros 50 en Tanzania. A pesar de que el año pasado unas 200 personas fueron arrestadas en Tanzania por presunto homicidio, ninguna fue condenada. Ahora bien, el pasado noviembre, dos hombres fueron condenados a cadena perpetua por asesinar albinos en Burundi.
Codicia, superstición y homicidio
Katyunguruza habla de un “fenómeno de caza de albinos” que comenzó en agosto del año pasado. La demanda llegó de la vecina Tanzania y está estrechamente vinculada con el auge económico de los sectores de la pesca y la minería del oro en torno a las orillas del Lago Victoria.
Eso se ha convertido en un negocio mortal y según resulta, a los homicidas se les paga entre 200 y 5.000 dólares por crimen. “Por afán de lucro, los hechiceros reavivaron la vieja superstición, según la cual, los miembros y genitales de un albino pueden aportar resultados mejores y más rápidos a la empresa de uno. Condenamos y combatimos esa horrible forma de discriminación”, añade.
Voluntarios de la Cruz Roja ayudaron a las familias a enterrar los cadáveres mutilados de sus seres queridos. La situación es tan grave que en muchos casos, los voluntarios tuvieron que verter cemento sobre las tumbas para evitar que los cadáveres de albinos sean exhumados de noche por personas en busca de esos “órganos mágicos”.
Traición familiar
Numerosos voluntarios corrieron el riesgo de albergar en su propia casa a personas con albinismo, algunas de las cuales haban sido amenazadas por su propia familia. Los voluntarios de la Cruz Roja actúan animados por el firme compromiso de respetar la dignidad humana y proteger del sufrimiento y la violencia. La Cruz Roja cree firmemente que todos los seres humanos son iguales y no deben ser discriminados por motivos de raza, sexo o albinismo.
“En mi familia somos dos albinos, mi hermano menor y yo. Un día, mi hermano mayor volvió de Tanzania con unos extranjeros. A la caída de la tarde, empezaron a rondar nuestra casa y observarnos. Entonces, capturaron a mi hermano y lo mataron”, un niño albino, cuenta al borde de las lágrimas un voluntario de la Cruz Roja Burundiana.
Después, partes del cuerpo de su hermano muerto fueron vendidas por 300.000 francos burundianos (unos 250 dólares). “Alertamos a la policía, a pesar de que nos habían amenazado. Las autoridades arrestaron a nuestro hermano mayor, pero por algún motivo, poco después lo soltaron. Ahora, se esconde en Tanzania”, añade.
Las zonas más afectadas son las comunas de Butaganzwa, Bweru, Gisuru, Kinyinya y Nyabitsinda de los alrededores de la ciudad Ruyigi que está cerca de la frontera con Tanzania. También se cometen asesinatos periódicamente en Tanzania. Hay una gran demanda de partes de cadáveres de albinos entre mineros y pescadores de Kigoma, Mara, Mwanza y Shinyanga, regiones en torno al Lago Victoria.
Protección y asistencia de la Cruz Roja
Las autoridades de ambos países ofrecieron protección a docenas de albinos y los alojaron en refugios custodiados constantemente por la policía. La seguridad es estricta en los refugios de Ruyigi donde la Cruz Roja distribuye alimentos, cava letrinas y presta otros servicios esenciales.
“Recaudamos dinero y hacemos turnos para ir a visitar a nuestros conciudadanos albinos. Llevamos cerveza para tomar con ellos, pues es un signo de aceptación y solidaridad”, cuenta un voluntario burundiano y agrega que la Cruz Roja también alienta a las comunidades a ayudar a los albinos vulnerables para que vuelvan a su pueblo, reconstruyan sus casas y laboren sus campos.
En las comunidades de todas las zonas afectadas se intensificaron actividades destinadas a promover el respeto de los valores y principios humanitarios. La asistencia incluye abogar por los albinos ante las autoridades locales para sensibilizarlas sobre el drama que viven. También se tomó contacto con escuelas para garantizar que los niños albinos puedan proseguir sus estudios en la ciudad de Ruyigi y se pidió al hospital de la ciudad que la atención médica sea gratuita para los albinos.
Del otro lado de la frontera, la escuela pública de Kabanga para discapacitados, cerca de la ciudad de Kigoma a orillas del Lago Tanganica, ofrece amparo a un grupo albino de 50 niños de tierna edad y madres solteras de Tanzania.
Muchos acaban de huir de sus pueblos y cuentan historias espeluznantes de asesinato y mutilación.
Un niño pequeño dice que su madre que no es albina perdió la mano cuando trató de impedir que cazadores armados de machetes se apoderaran de él.
Aunque en la escuela ya no queda espacio, la policía sigue trayendo albinos vulnerables desde lugares distantes hasta 200 kilómetros.
La Cruz Roja Tanzaniana pudo ofrecer crema de protección solar, así como mantas, mosquiteros, jabón y colchones que le quedaban de su programa de asistencia a refugiados burundianos y congoleses de campamentos cercanos, además de aportes personales de los voluntarios.
Cambiar mentalidades para salvar vidas
Mientras esperan ansiosamente el veredicto del juicio en Ruyigi, algunos desplazados ya se plantean volver a su pueblo. Llegado el momento, voluntarios de la Cruz Roja les acompañarán en cada paso del camino para asegurar que se organicen otros debates destinados a acabar con la discriminación.
También se impartió una serie de sesiones de formación centradas en la reintegración de albinos en su comunidad y los voluntarios pusieron a prueba no sólo la aceptación sino también la disposición de las comunidades de proteger a aquellos que decidan volver.
“Los resultados fueron satisfactorios pero las comunidades siguen divididas al respecto. Tenemos que proseguir nuestra labor… no podemos esperar que las supersticiones sean erradicadas fácilmente”, señala Evariste Nhimirimana de la Cruz Roja Burundiana.
La Cruz Roja tiene previsto utilizar encuentros culturales para explicar a los más recelosos que no hay nada sobrenatural en el albinismo y que, de hecho, se trata de una condición genética que no se puede tratar totalmente. Centrarse en acabar con los prejuicios y fomentar el pensamiento crítico y la comunicación no violenta será fundamental para influir en el cambio de comportamiento de las comunidades.
Julio Kejo comparte la opinión de Nshimirimana, su colega tanzaniano, que asevera: “Tenemos que cambiar mentalidades para salvar vidas.”
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Estudio de caso: Reivindicar la dignidad
En el pueblo tanzaniano de Pwani, un albino hace historia. Animado por la pasión de ayudar a personas discapacitadas de su sociedad, Hamis Ngomella, obtuvo un diploma de maestro de niños con necesidades particulares. Es uno de los pocos de su pueblo que logró cursar estudios universitarios.
Hamis preside la Asociación de Albinos y representa a la Cruz Roja en el comité regional de gestión de desastres.
Este hombre de 40 años forma parte de las 170.000 personas que viven con albinismo en Tanzania. Pero Hamis se niega a vivir en el temor. Segundo de una familia de tres hijos, es el único albino, y se siente afortunado de ser aceptado y amado de sus padres y hermanos.
“Mi madre cuenta que cuando nací, la partera tradicional hizo una mueca cuando me vio. Nadie acoge con beneplácito la llegada de un bebé diferente. Pero mi madre me protegió y me cuidó”, comenta.
Durante toda su infancia, Hamis se vio afrontado a la discriminación; la sociedad no lo aceptaba y los condiscípulos lo llamaban, por ejemplo, Mzungu que en suahili significa hombre blanco. Incluso alguna gente sospechaba que su mamá se había acostado con blancos, lo que es una vergüenza.
“La discapacidad es simplemente nuestra propia invención y la aflicción, cosas difícil de entender. Se trata más bien de una cuestión sociopolítica que de salud”, le dijo Hamis a su colega Stella Marialle.
“Tenemos que reivindicar nuestra dignidad”, afirma.
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La seguridad es estricta en torno al edificio que ampara a 48 albinos de la región Ruyigi de Burundi. Foto: Evariste Nshimirimana/Cruz Roja Burundiana.
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En estos últimos meses, al menos 12 albinos fueron asesinados en Burundi y otros 50 en Tanzania. La Cruz Roja obra por defender el derecho de los albinos a una vida digna.
Foto: Evariste Nshimirimana/Cruz Roja Burundiana
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Un voluntario de la Cruz Roja entrevista a uno de los albinos que vive en el refugio de Ruyigi. Su testimonio se utilizará en la campaña para promover el respeto de los valores humanitarios.
Foto: Evariste Nshimirimana/Cruz Roja Burundiana
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“Tenemos que reivindicar nuestra dignidad”, afirma Hamis Ngomella de la Cruz Roja Tanzaniana que también preside la Asociación de Albinos de Pwani.
Foto: Stella Marialle/Cruz Roja Tanzaniana (p-TZA0069)
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Niños albinos en un picnic organizado por la Cruz Roja Tanzaniana en la escuela estatal para discapacitados de Kabanga, al oeste del país, cerca de la ciudad de Kigoma a orillas del Lago Tanganica. Desde finales del año pasado, esta escuela acoge a niños albinos tras una racha de homicidios de albinos perpetrados en el país por quienes creen que partes de su cuerpo sirven de amuleto y dan buena suerte. Actualmente, hay alrededor de 50 niños y madres solteras con albinismo en esta escuela de Kabanga que también acoge a niños discapacitados y con problemas de la vista y el oído.
Foto: Alex Wynter/FICR (p-TZA0070)
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