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Los
aspectos psicosociales del tsunami
Discurso
pronunciado en la reunión anual de la Sociedad Internacional
de Estudios del Estrés Traumático, en Toronto, Canadá,
por Johan Schaar, Representante especial de la operación tsunami
de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja
y de la Media Luna Roja.
,
3
de noviembre de 2005 |
 |
Gracias
por su invitación, es un gran honor para mí. Todos
ustedes son profesionales en el campo del estrés traumático
y, probablemente, no sea mucho lo que pueda aportarles. No obstante,
quisiera hablarles del tsunami en cuatro puntos: la descripción
y clasificación del desastre; la peculiaridad de la intervención;
determinados aspectos psicosociales según nuestra experiencia
y algunas inquietudes en ese campo y, por último, algunas
conclusiones. Pero permítanme comenzar mostrándoles
un vídeo corto que también servirá de guía
de la presentación.
I. El desastre
Nos cuesta encontrar palabras para calificar el tsunami; tendemos
a usar calificativos como “insólito” y “sin
precedentes”, pero su peculiaridad residió en la
combinación de varios factores que resumo a continuación.
1. Un sismo de sumamente violento, de 9 grados
en la escala Richter, sacudió las placas tectónicas
del fondo del océano y desencadenó una onda de
una fuerza descomunal que se extendió en círculos
concéntricos desde el epicentro situado al este de Aceh,
en Sumatra septentrional, Indonesia. La energía letal
de esa onda se concentró en las olas que se formaron
al alcanzar, en pocos minutos, las aguas poco profundas de las
costas de Aceh y las islas que la bordean; luego, pasó
por Malasia y Tailandia y prosiguió su trayectoria con
menos fuerza hacia el norte en dirección de Myanmar y
Bangladesh, pero conservando gran parte de su energía
en dirección del oeste a través del Océano
Índico, para azotar Sri Lanka, la India, incluidas las
islas de Nicobar y Andaman, las Maldivas, y más al oeste,
las Seychelles, Somalia, Kenya y Tanzania; 12 países
en total.
2. No se dio alerta ninguna, salvo en Bangladesh,
que tiene un buen sistema de alerta temprana, y en Kenya, donde
la policía logró evacuar las playas. Curiosamente,
las demás personas que se salvaron formaban parte de
los pueblos de las islas donde, gracias a la tradición
oral, las experiencias de los antepasados frente a los tsunamis
se han ido transmitiendo de generación en generación.
Ellos entendieron la señal cuando el mar empezó
a retirarse de las costas. Pero, en el Océano Índico
no había ningún sistema de alerta temprana.
3. El día después de Navidad,
el 26 de diciembre, había muchos occidentales de vacaciones
en la costa occidental de Tailandia y también en Sri
Lanka, personas con teléfonos celulares y cámaras
digitales. En sus países de origen también estaban
de vacaciones, por eso, pudieron seguir las noticias por radio
y televisión, y comenzar a hacerse una idea del atroz
desastre. El tsunami se filmó como un fenómeno
de ribetes cinematográficos. £
4. El impacto fue extraordinario, las olas
del tsunami arrasaron 8, 10, hasta 12 kilómetros de Aceh
e islas enteras en las Maldivas. Las grotescas imágenes
del tren Queen of the Sea, que recorre la costa oriental y sudoriental
de Sri Lanka, descarrilado por el tsunami con más de
800 personas atrapadas en su interior ahogándose, mostraron
el choque entre la vida cotidiana, representada por el recorrido
del tren, y las repentinas e implacables fuerzas de la naturaleza.
5. Las cifras del tsunami son abrumadoras:
228.000 muertos o desaparecidos y más de 2.000.000 millones
desplazados. Las cifras más altas se registraron en Aceh,
seguida de Sri Lanka, la India y Tailandia. En las Maldivas,
hubo tan solo 108 muertos o desaparecidos y 21.000 desplazados,
pero, actualmente, ese pequeño Estado insular de 300.000
habitantes, que depende totalmente del turismo, atraviesa una
grave crisis económica. La fuerza descomunal del tsunami
al que sólo pudieron sobrevivir los más fuertes,
se desató a una hora en que las comunidades estaban separadas
por las actividades tradicionales de hombres y mujeres: ellos
pescaban en el mar y ellas y los niños estaban en casa,
o como en algunas zonas de Aceh, donde las personas mayores
estaban en el campo. De ahí que el impacto del desastre
tuviera claras connotaciones demográficas: sobrevivieron
más hombres que mujeres y perecieron más niños
que adultos.
6. Un desastre que también afectó Europa
occidental – En Suecia, el país más
afectado, unos 20.000 turistas pasaban sus vacaciones de Navidad
en Tailandia; 543 murieron o desaparecieron y, lo que es notable,
523 pudieron ser identificados. Este desastre junto al del ferry
de Estonia en 1994, donde murieron 501 de los 852 suecos que
iban a bordo, son con mucho las peores tragedias que aquejaron
a Suecia en los últimos tiempos. Al lento proceso de
identificación de los cadáveres, se sumaron las
constantes ceremonias en Pukhet de repatriación de las
víctimas con un toque de nacionalismo, casi como si hubieran
sido soldados caídos en acción; semanas de obituarios
en las páginas de los diarios suecos; familias enteras,
hijos, padres, abuelos, parejas de recién casados que
estaban de luna de miel, una muestra representativa de la clase
media sueca en vacaciones... Suecia estuvo de luto como los
países directamente afectados.
Un desastre regional, totalmente inesperado, en plena temporada
de vacaciones, filmado y transmitido por las pantallas de televisión
del mundo entero, que sembró muerte y destrucción
a su paso, indudablemente fue una catástrofe sin parangón.
Y esa catástrofe sin parangón que dio lugar a
una intervención sin precedentes.
II. La intervención
1. Fue un acto de Dios contra los inocentes. Resulta fácil
comprender e identificarse con los damnificados por esa fuerza
ciega de la naturaleza. En occidente, nos fue fácil identificarnos
con las víctimas, ya que estábamos entre ellas.
Abundaron ejemplos de tailandeses desinteresados que ayudaron
a los turistas en dificultades, dando muestras de una generosidad
que nos hacía comprender mejor uno de los problemas principales
que apremian a muchos de los países afectados: la inseguridad
como aspecto clave de la pobreza. A quienes llevamos años
trabajando por la reducción de desastres, un concepto
comúnmente abstracto, nos sorprendieron los comentarios
de políticos y periodistas que se percataron de la importancia
de estar preparados como los isleños de Semelou o Andaman,
de la protección que ofrecen los manglares y otras plantas
costeras y, por supuesto, de la lógica de la alerta temprana.
2. Inmediatamente se iniciaron campañas de recaudación
de fondos en todo el mundo. Más que una búsqueda
de donantes, se trató de gente que buscaba organizaciones
que recibieran fondos para ayudar a las víctimas. Los
gobiernos donaban, las empresas donaban, todos donaban. Países
como las Islas Salomón, Mozambique y Lituania figuraron
en la lista de donantes. Las organizaciones, en particular las
Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja,
recibían fondos en cantidades que sólo hubiéramos
podido soñar. Algunas organizaciones, especialmente MSF,
comenzaron a rechazar fondos alegando que ya habían recibido
cuanto podían usar. Otras, como la Cruz Roja y la Media
Luna Roja, continuaron recaudando fondos y se comprometieron
a seguir colaborando en el largo proceso de recuperación.
Nuestra lista de las Sociedades Nacionales que contribuyeron,
actualmente, asciende a más de 90, y el monto recaudado
a más de 2.000 millones de dólares; aproximadamente,
el 25% del total de las donaciones mundiales para el tsunami.
Esto no tiene precedentes en la historia de la organización.
Como veremos más adelante, el hecho de que tanto dinero
proviniera de aportes individuales influyó en la planificación
de los programas de recuperación.
3. Como es habitual, la primera intervención fue local.
Familiares, vecinos, gobiernos y organizaciones locales, siempre
son quienes prestan la primera asistencia que salva vidas. Pero,
muy poco después, empezaron a llegar las ONG, las Naciones
Unidas y otras organizaciones internacionales en número
casi nunca visto. El resultado fue la falta de coordinación,
una visión fragmentada de las necesidades y una intervención
inicial que sólo puede calificarse de caótica.
Se constataron algunas prácticas erróneas: envío
de artículos de socorro que no se habían solicitado;
pugna por damnificados a quienes ayudar y falta de consideración
por las autoridades y organizaciones locales. Pese a todo, a
nuestro entender, en la fase de socorro se cumplió con
los objetivos: los damnificados sobrevivieron, no hubo focos
de enfermedades transmisibles ni muertes por inanición.
Jan Egeland, Subsecretario General de Asuntos Humanitarios de
Naciones Unidas, dijo que había sido lo peor de la naturaleza
y lo mejor de la humanidad. Logramos ayudar.
4. Para nosotros, la intervención inicial implicaba utilizar
todos nuestros recursos y herramientas. Inmediatamente, se enviaron
las denominadas unidades de intervención de urgencia,
especializadas en agua y saneamiento, servicios de salud, logística,
telecomunicaciones y distribución de suministros de socorro,
de las que disponen nuestros miembros y que están listas
a partir tan pronto como haga falta. Según nuestras estimaciones,
se movilizaron unas 30.000 personas entre voluntarios y miembros
del personal internacional.
5. Gracias a la generosidad de los fondos recibidos, la Federación
Internacional pudo iniciar de inmediato su labor, sustentada
en una estrategia regional y un marco operativo que guían
la intervención a largo plazo para la recuperación
y la reconstrucción tras el tsunami. Se consideró
esencial prestar apoyo psicosocial, tema que la Federación
Internacional y varios de sus miembros han venido desarrollando
considerablemente en los 10 últimos años, se consideró
esencial.
III. El apoyo psicosocial en la intervención
de la Cruz Roja y la Media Luna Roja
1. Nuestra política
establece que el apoyo psicosocial debe formar parte de toda
intervención. Lo consideramos una acción a largo
plazo que aborda las necesidades de la población afectada,
así como de los voluntarios y el personal nacional o
internacional. Aborda más bien la problemática
de las comunidades que de los individuos y tiene en cuenta sus
propias características culturales. Se funda en los aportes
de voluntarios con la debida formación y orientados por
profesionales. Subrayamos la necesidad de colaborar con otros
actores, entre ellos, los servicios públicos, para derivar
aquellos casos individuales cuyas necesidades superan el alcance
de nuestras intervenciones. Estas imágenes les permitirán
hacerse una idea de nuestra labor en Sri Lanka (ver
vídeo clip de Sri Lanka)
2. Si la intervención de urgencia adoleció de
falta de coordinación y no siempre se siguieron prácticas
idóneas, lo mismo se puede decir de las intervenciones
en el campo psicosocial, pese a que no he visto que se haya
hecho algún esfuerzo para hacer un recuento más
amplio de las mismas. Ahora bien, al parecer hay toda una gama
de actores externos, muchos de ellos sin experiencia previa
en los países afectados y otros, con ideas preconcebidas
de lo que había que hacer. Esto plantea un problema,
sobre todo, en una esfera donde no hay consenso respecto a lo
que es mejor, o al menos, una buena práctica. Existen
evidencias anecdóticas de competencia y enfoques antagónicos
entre diferentes actores. Personas de fuera y con un planteo
más terapéutico discrepan con quienes llevan largo
tiempo trabajando con comunidades afectadas por el conflicto
armado de Sri Lanka y que, fundándose en experiencias
previas, ponen el acento en que es preciso atender las necesidades
sociales y materiales.
3. Para un neófito como yo, que observa esta clase de
intervenciones en las que cabría esperar una gran sensibilidad
para con quienes atraviesan momentos de suma debilidad y vulnerabilidad,
es difícil comprender que esta esfera se caracterice
por la falta de consenso respecto a los objetivos, la estrategia
y la práctica idónea o, como dijera alguien que,
antes del tsunami, prestaba apoyo a las víctimas del
conflicto armado de Sri Lanka: “El carácter polémico
de los debates en este campo dificulta la conciliación
de perspectivas y metodologías diferentes en un solo
marco”. Según parece, las diferencias radican sobre
todo entre un enfoque más individual, orientador o terapéutico
y un enfoque que se basa más bien en la comunidad, donde
se estima que una serie de actividades e intervenciones contribuye
a la reorientación y el bienestar psicosocial, y la posibilidad
de derivar los casos individuales graves.
4. A nuestro juicio, el marco conceptual establecido por la
alianza Psychosocial Working Group es acertado. Considera a
los individuos como integrantes de las familias u hogares de
la comunidad afectada. Su bienestar psicosocial se define en
función de los dominios fundamentales de capacidad humana,
ecología social, cultura y valores que, a su vez, corresponden
al capital humano, social y cultural de que dispone la gente
para hacer frente a desafíos externos. Se puede intervenir
en esos tres dominios, o usar el capital correspondiente que,
por supuesto, están interrelacionados. Ese marco también
admite que la comunidad externa que interviene aporte su capacidad
humana, su ecología social, su cultura y sus valores.
En última instancia, una intervención idónea
ha de cimentarse en la comunicación abierta y la negociación
entre ambos.
5. Permítanme citar tres ejemplos con consecuencias psicosociales
de los que tuve conocimiento y que subrayan la necesidad de
un buen entendimiento contextual. En primer lugar, Help Age
International (Ayuda Internacional a la Tercera Edad), había
constatado signos muy alarmantes de deterioro mental en ancianos
damnificados, grupo al que claramente se había desatendido
y en el que había casos de depresión que requerían
tratamiento clínico. La pérdida de la autoestima
y la propia dignidad como bienes que legarían a sus descendientes;
la pérdida de los modestos medios con que se ganaban
la vida y por lo cual tenían que depender de familiares
o instituciones, así como la imposibilidad de hacer su
duelo en campamentos atestados de personas desplazadas, influyeron
en el deterioro de su salud mental, sobre todo, porque los servicios
competentes no daban abasto. Pero Help Age International también
señaló el acierto de haber organizado una peregrinación
a un santuario en Sri Lanka, durante la cual, los participantes
hablaron de la enorme importancia y repercusión de cumplir
con los rituales y prácticas religiosas para sus muertos
y de cómo se habían disipado las nubes de la depresión.
6. En segundo lugar, en las Maldivas, más de 20.000 personas
sin hogar fueron reunidas en condiciones similares a las de
un campamento que duraría por lo menos un año,
mientras se planificaban y se llevaban a cabo los proyectos
de construcción de viviendas. En un país poco
conocido en el resto del mundo, salvo como centro turístico,
problemas tales como el aumento del consumo de drogas, sobre
todo heroína, entres los jóvenes; frecuentes incidentes
de violencia doméstica, y vejación de niños
saltaron a la vista cuando el hacinamiento de los desplazados
exacerbó la situación. Da la impresión
que el capital social y la fuerza de los valores culturales
resultan insuficientes en una sociedad sometida a gran presión.
7. En tercer lugar, y algo bastante inesperado, las grandes
sumas de dinero recibidas de la colectividad, al parecer, hicieron
que los organismos descuidaran su obligación de rendir
cuentas a los beneficiarios, particularmente, en Aceh. La principal
preocupación de las organizaciones parece haber sido
informar ante todo a la prensa y los donantes acerca de su labor
y, en particular, de la rápida construcción de
viviendas. Mientras que la gente que seguía viviendo
en tiendas de campaña o en casa de familiares, no recibía
información alguna. Un estudio del PNUD sobre Aceh reveló
que un gran número de damnificados, en particular mujeres,
ignoraba qué sería de ellos, pues no estaba al
tanto de los planes de los organismos y el gobierno, ni sabía
por qué tenían que seguir esperando para recibir
una nueva vivienda. Obviamente, eso agravó el estrés
psicológico que les aquejaba.
IV. Conclusiones
1. Permítanme tratar de concluir diciendo que el tsunami
se convirtió en un desastre global por la abrumadora
solidaridad que suscitó, mues | | |