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La tragedia del tsunami – La solidaridad internacional: la protección del ser humano en situaciones de desastre
Resumen de la intervención deJohan Schaar, Representante especial de la operación tsunami de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en la Conferencia de San Remo sobre la Aplicación del Derecho Internacional Humanitario, los Derechos Humanos y el Derecho de los Refugiados
8-10 de septiembre de 2005
,
10 de septiembre de 2005
  1. En el desastre del tsunami hay mucho de peculiar y sin precedente: la cantidad de países y regiones afectados, su visibilidad cinematográfica, la atención de la gente y el monto de fondos disponibles, la mayor parte ofrecida por particulares de muchos países. Ahora bien, esa enorme solidaridad internacional conlleva tanto beneficios como desafíos. Quiero abordar sucintamente algunos aspectos con que tropezaron las organizaciones humanitarias que participaron en las fases de emergencia, recuperación y reconstrucción de la intervención. Luego, me referiré a la posición y las acciones de la Federación respecto a la forma en que la asistencia internacional de urgencia se podría organizar mejor y prestar con mayor rapidez mediante el establecimiento de leyes, normas, reglas y principios de intervención internacional en casos de desastre.

  2. Refiriéndose al desastre del tsunami y la consiguiente intervención, Jan Egeland dijo que había sido lo peor de la naturaleza y lo mejor de la humanidad. Por una vez, disponíamos de fondos suficientes para suplir las necesidades de emergencia y recuperación después de un desastre y, aún más, las actividades necesarias de reducción del riesgo de desastres. Como todo sabemos, el problema no radica en disponer de demasiado dinero, sino en que habitualmente disponemos de poquísimos fondos para muchas otras situaciones en que las poblaciones tienen necesidades terribles y acuciantes. Para aquellos de nosotros que representamos a organizaciones humanitarias que fundan su labor en los principios de imparcialidad y neutralidad, el problema es particularmente espinoso. Trabajar en forma indiscriminada, basándose exclusivamente en la necesidad, no será posible si nuestros donantes, aunque generosos, los gobiernos o la gente en general, nos orientan tan solo hacia determinados desastres o emergencias. En la intervención tras el tsunami, se nos plantea un dilema que tratamos de solventar incluyendo en nuestros mensajes un llamado a la solidaridad con todos los necesitados.

  3. Los últimos estudios del Consorcio ProVention y el Banco Mundial nos dicen que los programas de recuperación suelen responder más bien a la oferta que a la demanda. Esto último genera grandes presiones para que se obtengan rápidamente resultados visibles; de ahí que, a veces, se tomen atajos en detrimento de una planificación y elaboración apropiadas y de la plena consulta con los damnificados. En lugar de reducir la vulnerabilidad y la exposición, el riesgo se puede volver a cimentar. Obviamente, frente a toda la atención que captó el tsunami y los fondos que se recaudaron, este es un peligro que todos los participantes tenemos que encarar y manejar. Si bien somos plenamente responsables ante nuestros donantes por los recursos que nos confían, nuestro primer deber es para con los damnificados por el tsunami y sus comunidades. Del mismo modo que no hay excusa alguna para ser lentos en esta tarea, tampoco hay justificación alguna de hacer compromisos acerca de los principios básicos de una recuperación sostenible.

  4. Muchos participantes en el esfuerzo de recuperación tras el tsunami son organizaciones humanitarias, lo que supone tener que maniobrar en un contexto sumamente politizado y encarar una gama de cuestiones espinosas, tales como el destino definitivo de los desplazados, la distribución equitativa de los recursos y la utilización y asignación de terrenos para viviendas e infraestructura. Además, y como hemos visto en muchos casos, un desastre natural revela las divisiones políticas, sociales y económicas de una sociedad. ¿Es ese un rol que las organizaciones humanitarias deberían aceptar? ¿No se corre el riesgo de que se ponga en entredicho la confianza depositada en nosotros en cuanto actores neutrales e imparciales? Si pasamos revista a la experiencia de la Federación Internacional y las Sociedades Nacionales que la integran, constatamos que hemos participado en los esfuerzos de recuperación y reconstrucción desplegados después de casi todos los mayores desastres naturales de las dos últimas décadas. Concluimos que ese es y debe seguir siendo nuestro quehacer y que debemos considerarlo parte del ciclo de la gestión de desastres que dimana de nuestra presencia en medio de las comunidades afectadas. También nos percatamos de que nuestra forma de hacer participar y dotar de medios a la población local desde las primeras etapas de la intervención de socorro tendrán mayor repercusión en su capacidad de recuperación. Lo que tenemos que hacer las organizaciones humanitarias es aceptar nuestra situación y definir claramente nuestra función y nuestro mandato en relación con el gobierno nacional, los bancos de desarrollo, las organizaciones internacionales y las ONG para garantizar que actuemos en el mejor interés de las personas más vulnerables y aprovechemos la oportunidad que se presenta después de un desastre de reforzar verdaderamente la resiliencia de la comunidad y reducir el riesgo de desastres.

  5. Pero volvamos a la fase de emergencia y situemos la intervención temprana en el contexto de los esfuerzos internacionales para facilitar, coordinar y reglamentar la asistencia humanitaria. En cuanto federación de Sociedades Nacionales, creemos firmemente en la primacía de los actores nacionales. El principio de subsidiariedad es en gran medida la piedra angular de la manera en que concebimos funciones y responsabilidades en cuanto a la intervención en casos de desastre. Esto último no abarca únicamente al gobierno nacional (al que el derecho internacional reconoce un papel primordial) y las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, en calidad de auxiliares de los poderes públicos, sino también a las comunidades locales incluidos los voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, cuya capacidad de intervención es invariablemente un factor decisivo para salvar vidas. Aun así, la solidaridad internacional, particularmente en la forma de asistencia humanitaria del exterior, sigue siendo necesaria en muchas situaciones de desastre cuando los actores locales no dan abasto, tal como sucedió tras del tsunami devastador de 2004.

  6. En la alocución de apertura de esta conferencia, Don Juan Manuel Suárez del Toro Rivera, nuestro presidente, señaló que en el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, cuestiones elementales de principios, derechos y deberes en situaciones de desastre natural o tecnológico se han establecido hace mucho tiempo. Tal como afirmara la Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Principios y normas de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja para el socorro en casos de desastre, aprobados por la XXI Conferencia Internacional, versión revisada), nosotros creemos que todo ser humano tiene derecho a recibir asistencia humanitaria de acuerdo con sus necesidades y que nosotros – tanto en lo que se refiere a cada Sociedad Nacional como al Movimiento en su conjunto – tenemos la obligación de tratar de prestar esa asistencia en forma imparcial, neutral, eficiente y efectiva. Ahora bien, la cuestión que se nos plantea es saber de qué manera debería facilitarse, coordinarse y reglamentarse la asistencia humanitaria internacional, cuando se necesita.

  7. Por ejemplo, ¿se deberían obviar los requisitos de visado de entrada para los actores humanitarios y concederles privilegios de aterrizaje, sobrevuelo, anclaje y transporte para garantizar que la ayuda llegue en las primeras horas y los primeros días críticos después de un desastre? ¿La asistencia humanitaria internacional debería recibir una dispensa especial de peajes, aranceles e impuestos de aduana para que vaya directamente donde tiene que ir? ¿Qué garantías hay en cuanto a la calidad, la transparencia y la propiedad de la ayuda internacional? ¿Qué seguridades tenemos de que los esfuerzos internacionales completarán, en lugar de socavar o reemplazar, la capacidad de las comunidades locales, los actores humanitarios nacionales y los gobiernos nacionales? Desde un punto de vista puramente práctico, estas no son preguntas fáciles. Aunque se necesita un acceso rápido para que la ayuda internacional sea efectiva, se pueden cometer, y se han cometido, abusos en cuanto a dicho acceso. Al respecto, en nuestra experiencia del tsunami hay ejemplos de barreras jurídicas innecesarias y prácticas estériles de algunos prestadores de ayuda.

  8. Existen algunas respuestas a estas preguntas, pero están dispersas en distintas ramas e instrumentos del derecho internacional, por ejemplo:

    • derecho internacional de aduanas, aviación, salud, energía atómica, comunicaciones, medio ambiente y derecho del mar;

    • numerosas resoluciones, decisiones y recomendaciones relativas a cuestiones de DIICD, adoptadas por órganos intergubernamentales, incluidos la Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, la Asamblea y el Consejo Económico y Social de las Naciones;

    • el Código de Conducta relativo al socorro en casos de desastre para el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y las organizaciones no gubernamentales (ONG) y las normas del Proyecto Esfera, fruto del movimiento en pro de la rendición de cuentas que va creciendo entre los actores humanitarios;

    • la red sustancial de tratados de asistencia mutua y bilateral entre Estados que se ha extendido a lo largo del siglo pasado y el escaso número de tratados multilaterales que se centran en estas cuestiones, siendo el más reciente el Acuerdo sobre gestión de desastre e intervenciones de urgencia, adoptado por los países de ASEAN, en julio de este año

    No obstante, hasta hace poco, este marco normativo internacional, no tenía nombre propio ni se había explorado; por lo tanto, no es sorprendente que muchos a quienes más le concierne no lo conozcan cabalmente. Además, el marco existente es endeble y persisten grandes lagunas, tanto en lo que respecta a la ratificación de instrumentos clave como al campo de aplicación de los mismos.

  9. Desde 2001, la Federación Internacional ha tratado de abordar ese problema mediante su proyecto de Normas leyes y principios aplicables en las acciones internacionales en casos de desastre, o Proyecto DIICD, en cuyo ámbito se compilaron más de 400 instrumentos internacionales en la materia, se comisionaron estudios de caso en más de 12 países, se celebraron consultaras con expertos, profesionales y gobiernos, y se buscó divulgar el DIICD existente y las consiguientes lagunas. Aún queda mucho por hacer y la Federación espera que conferencias como ésta estimulen más planteamientos sobre este tema nuevo y tan importante. Actualmente, la Federación está organizando una red de particulares, organismos y gobiernos interesados en tratar y discutir soluciones de los problemas que subsisten en el DIICD y abriga la esperanza de que a muchos de ustedes les interese unirse a ella.

  10. Para terminar, la muestra de solidaridad internacional con los damnificados por el tsunami, se tradujo en una enorme confianza en nosotros para ayudarles a recuperar sus medios de subsistencia. Ahora bien, ese debe ser un esfuerzo de colaboración que, en primer lugar, garantice que sean ellos los agentes, ofreciéndoles recursos y apoyo para que actúen, ahora y en previsión de cualquier otra calamidad a la que tengan que hacer frente en el futuro.

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