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Los desafíos de la recuperación
Discurso pronunciado en las sesiones sobre asuntos humanitarios del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC) por Johan Schaar, Representante especial de la operación tsunami de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
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14 de julio de 2005
La escala y la complejidad de los desafíos que plantean las operaciones de recuperación tras el tsunami en términos de propiedad y sostenibilidad no se pueden subestimar. Paralelamente, el volumen de recursos disponibles y el compromiso de todos los actores para que esa recuperación tenga éxito son elementos sumamente positivos que nos alientan a todos. Grupos de trabajo abordan una serie de desafíos en el contexto del Consorcio Global para los Países Afectados por el Tsunami, liderado por el enviado especial de la ONU.

Uno de esos desafíos consiste en crear mecanismos de efectiva coordinación entre todas las partes interesadas, tanto a escala nacional como internacional. Queremos asumir la plena responsabilidad por la utilización de los recursos y, a tales efectos, establecer un sistema de seguimiento financiero y seguimiento de proyectos que dé un cuadro completo. Reconocemos que la capacidad de los gobiernos es limitada y la necesidad de procurar material para el esfuerzo de reconstrucción sin saquear ni agotar los recursos naturales. Queremos ser capaces de medir el impacto final y el resultado de nuestros esfuerzos comunes, en lugar de limitarnos a seguir el avance operativo. Por último, hemos declarado abiertamente que queremos construir mejor y que no nos contentaremos con restaurar lo que allí había. Queremos dejar a las comunidades en una situación más segura y con más resiliencia que antes del tsunami. Respecto a esos desafíos y compromisos generales, quiero aprovechar esta intervención para presentar cuatro desafíos concretos de la recuperación que fueron surgiendo en el curso de nuestras operaciones desde el 26 de diciembre. No son desafíos nuevos, pero en el contexto del tsunami adquieren una dimensión particular.

En primer lugar, no hemos incorporado ni aplicado lo aprendido en términos de recuperación. A pesar de décadas de repetida participación internacional en la recuperación y la reconstrucción, no disponíamos de ninguna estructura o mecanismo de coordinación operativa ni podíamos señalar buenas prácticas, políticas y directrices establecidas y conocidas por todos nosotros. De ahí que se corra el riesgo de repetir errores. Por eso, recientes iniciativas internacionales, como la documentación y el análisis de experiencias de recuperación del Banco Mundial y el consorcio ProVention, son tan importantes y el ambicioso objetivo de la Plataforma Internacional de Recuperación de ampliar las operaciones de recuperación, loable. En el ámbito de nuestra propia organización también estamos documentando las experiencias de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en materia de recuperación. Nuestro desafío colectivo consiste en garantizar que adoptemos e institucionalicemos la mejor práctica posible que se ha de aplicar en la operación de recuperación del tsunami y en los esfuerzos posteriores a futuros desastres.

En segundo lugar, las iniciativas personales y comunitarias de recuperación se deben conciliar con la necesidad de una planificación gubernamental que sea global y completa. La gente no se sienta a esperar a los actores nacionales e internacional para actuar junta. Toma las riendas de su propio destino y recurre a cuanto puede encontrar para reconstruir su vida y sus medios de subsistencia. Ahora bien, eso puede implicar que se renueven los riesgos de hogares y comunidades. Los gobiernos tienen que garantizar mejores normas de construcción, la planificación urbana que haga falta para que los barrios sean seguros y haya rutas de evacuación, y la restitución de la vegetación costera que contribuye a la mitigación y la protección a fin de establecer el marco donde pueda llevarse a cabo la acción comunitaria. El desafío radica en encausar la energía y el impulso de las iniciativas locales en procesos de planificación comunitaria que se rijan por políticas gubernamentales de recuperación sostenida y reducción del riesgo. Para nosotros, actores extranjeros, el desafío concreto es dar tiempo y espacio para que esos procesos sigan su propio curso sin dejar que la necesidad percibida de gastar el dinero rápidamente fuerce nuestra acción.

En tercer lugar, el paso de refugios de emergencia a viviendas recién construidas es demasiado largo. Allí donde sea necesario iniciar el procedimiento, a veces complejo, de establecer o restablecer los títulos de propiedad de la tierra, o donde el gobierno prevé desplazar las comunidades costeras, pero tiene dificultades para encontrar los terrenos, o donde no sólo hay que reconstruir casas sino ciudades y pueblos enteros pasará tiempo antes que todos vuelvan a vivir en casas apropiadas y seguras. La gente no puede ni debería vivir en barracas o tiendas de campaña durante todo ese tiempo. Existe la necesidad de ofrecer refugios transitorios mucho mejores que se asemejen a las viviendas permanentes para permitir que la gente participe y lidere la reconstrucción. Es comprensible que haya reticencia respecto a estos refugios transitorios porque hemos visto demasiados ejemplos de que terminan por ser permanentes. Tenemos que ser garantes de que eso no ocurrirá y que poco a poco todos irán a vivir a una nueva casa. Hay que colmar la brecha de esos refugios que ofrecen condiciones de vida dignas.

Por último, debe haber equidad entre los distintos grupos necesitados. Tanto en Aceh como en Sri Lanka, antes del tsunami había personas desplazadas por el conflicto interno desde hace muchos años. Existe el riesgo patente de que sus necesidades se pasen por alto, que los terrenos de su asentamiento definitivo sean asignados a los desplazados por el tsunami y de que vean recursos pasar de largo. Si gobiernos y organismos se centran exclusivamente en los damnificados puede haber tensiones y conflictos en las comunidades y entre ellas. En la medida de lo posible, habría que dar prioridad a la reconstrucción de instalaciones y servicios que beneficien a todos, y/o a una división convenida de responsabilidades según la cual, los recursos destinados a los damnificados por el tsunami se complementen con otros, sin asignación precisa, para los demás grupos necesitados.

Ahora tenemos nuevas oportunidades. Atender a la recuperación como parte de la reducción del riesgo nos permitirá abordar rotundamente estos retos. Si lo conseguimos, estaremos mucho mejor preparados para apoyar a las víctimas de futuras desastres naturales.

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