Hace
una semana, el “Pájaro” efectuó su
último vuelo a Aceh. El gigantesco Hércules de
carga, aeronave emblemática y preciada de la operación
de socorro de la Cruz Roja y la Media Luna Roja en Indonesia,
transportó ayuda humanitaria esencial a Aceh, la provincia
más castigada.
El Pájaro, que un asociado empresarial puso a disposición
con tanta generosidad, abandonó la base de logística
de la Cruz Roja y la Media Luna Roja en la isla Batam para cumplir
otras tareas. Su partida tuvo una repercusión simbólica
para los socorristas que se encuentran en Indonesia, porque
aun cuando ayuda de emergencia a los habitantes de Aceh continúa,
ya se piensa en atender sus necesidades a más largo plazo.
Esto no se limita a Indonesia; abarca a todos los países
siniestrados por las olas mortales del pasado 26 de diciembres.
La coordinación de los planes de recuperación
de la Cruz Roja y la Media Luna Roja en las zonas devastadas
por el tsunami será el tema de la gran reunión
que se celebrará en Hong Kong del 3 al 5 de marzo.
La reunión congregará a representantes de unas
50 Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja, el Comité Internacional de la Cruz Roja y la Federación
Internacional, que coordinan la intervención de Movimiento,
así como a altos funcionarios de las Naciones Unidas
y otros actores humanitarios. El encuentro reviste gran importancia,
porque, aparte del sistema de las Naciones Unidas, el Movimiento
Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja es el
principal actor humanitario en los países damnificados.
Además, la reunión ofrecerá la oportunidad
de escuchar testimonios de quienes estuvieron “en primera
línea” cuando sobrevino el tsunami y rendir homenaje
a las víctimas mortales, incluidos nuestros voluntarios
que perecieron mientras intentaban asistir a sus vecinos. Pero,
sobre todo, esta reunión permitirá que todos los
componentes de nuestro Movimiento recapitulemos lo hecho hasta
la fecha, definamos una estrategia coordinada para la recuperación
de estas comunidades devastadas y las ayudemos a protegerse
mejor contra futuros desastres.
En primer lugar, debemos tener presentes la confianza y las
esperanzas que han puesto en nuestro Movimiento no sólo
los supervivientes del maremoto sino también aquellos
que en todas partes del mundo hicieron donaciones tan generosas.
De hecho, uno de los puntos más importantes de nuestro
orden del día será establecer un marco para rendir
cuentas como corresponde. Afortunadamente, se ha reconocido
que la Federación Internacional es una de las organizaciones
humanitarias más transparentes del mundo, gracias a sus
sistemas de registro y asignación de donaciones.
La intervención del Movimiento en la emergencia provocada
por el tsunami fue rápida y tuvo características
únicas; los voluntarios locales fueron de los primeros
en llegar a la zona siniestrada. Todos ellos y el personal internacional
que los respaldó se granjearon el respeto de las comunidades
damnificadas. Nuestra excelente labor durante esta fase de emergencia
de la operación ha generado un alto grado de expectativa
que persistirá a lo largo de la fase siguiente. Parafraseando
a mi amigo Mar’ie Mohammad, Presidente de la Cruz Roja
Indonesia, nuestro bien más preciado es la confianza
que nos tiene la gente. Citemos como ejemplo al ama de casa
de Baltimore, el obrero de Pekín y el maestro de Bahrein
que hicieron donaciones respondiendo a nuestro llamamiento,
así como las familias afectadas por el maremoto cuyas
comunidades contribuiremos a reconstruir, con sus viviendas,
sus sistemas de suministro de agua y sus clínicas.
Ahora bien, la reconstrucción material debe insertarse
en una perspectiva global. Junto con los ladrillos y el cemento
hemos de edificar una cultura de reducción del riesgo
y preparación en previsión de desastres. Uno de
los puntos fundamentales de la estrategia a largo plazo que
aplicaremos en los países afectados por el maremoto consistirá
en utilizar a los voluntarios de cada comunidad para promover
medidas de reducción de desastres. Tal como dijimos en
la Conferencia Mundial sobre la Reducción de Desastres,
reunida el mes pasado en Kobe, Japón, los sistemas de
alerta temprana y la solidaridad internacional son importantes,
pero de poco servirán si las poblaciones expuestas a
riesgo no están bien preparadas para hacer frente a lo
que, inevitablemente, les asestará la naturaleza en el
futuro.
Flaco servicio prestaríamos a estas comunidades destrozadas,
si no destináramos un porcentaje significativo del dinero
donado a dotarlas, a ellas y a otras comunidades como ellas,
de medios que les permitan protegerse de futuras catástrofes.
Cabe señalar que por cada desastre que ocupa las páginas
de la prensa internacional y las emisiones de radio y televisión,
hay otros diez de los que no se habla; pero también en
estos casos, la Sociedad Nacional de la Cruz Roja o la Media
Luna Roja local están allí para salvar vidas y
prestar socorro. En Hong Kong haremos hincapié en los
muchos otros lugares del mundo expuestos a desastres que también
se beneficiarían de proyectos de reducción de
desastres. Esto último no debería pasarse por
alto en la premura por ayudar a los damnificados por el tsunami.
Nuestra experiencia demuestra que podemos prepararnos en previsión
de desastres, mitigar sus consecuencias humanitarias y reducir
los riesgos por una fracción de lo que cuesta la intervención
internacional en casos de desastres. Nuestra red de voluntarios
con base en las comunidades es única en su género
y representa el mejor medio de transmitir a las comunidades
vulnerables las competencias y los conocimientos que necesitan
para mitigar el impacto de los desastres. Los voluntarios están
allí antes de que sobrevenga un desastre, inmediatamente
después, antes que lleguen los equipos internacionales
y mucho después que éstos se hayan ido.
Gracias a la enorme generosidad y compasión de personas
del mundo entero, ahora podemos hacer mucho más que prestar
asistencia a las víctimas de un fenómeno natural
que ocurre rara vez. Tenemos que adoptar una perspectiva más
amplia y a más largo plazo que proteja la vida y los
medios de subsistencia de millones de personas vulnerables.
Disponemos de los fondos necesarios para hacerlo. Ahora, nos
hace falta la voluntad política de los encargados de
tomar decisiones al respecto. Quienes viven en comunidades vulnerables
no merecen menos.
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Gracias
al Fed 911, el “Pájaro” como le llamaban
afectuosamente los socorristas, la Federación pudo
garantizar el suministro constante y eficiente de artículos
de socorro en Aceh (p12615).
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