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Semejanzas y diferencias entre el huracán Katrina y el tsunami
13 septiembre de 2005
Johan Schaar, Delegado especial para la Operación Tsunami de la Federación
Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
El huracán Katrina ya ha sido denominado el tsunami de los Estados Unidos. Entre el huracán de la Costa del Golfo de los EE.UU. y el tsunami del Océano Índico hay semejanzas, pero también diferencias.

Ambos tienen en común eldolor infinito que han causado a quienes han perdido a sus seres queridos,las personas cuyas esperanzas y sueños se fueron junto con las aguas que sellevaron a los suyos, así como el valor de los equipos de rescate y lagenerosidad desinteresada de los extranjeros que les han abierto sus hogaresy les han dado la ayuda que necesitaban.

Además, las personas desplazadas de todos los países del Océano Índico y de los Estados Unidos comparten la misma necesidad de dignidad, de permanecer unidos como comunidades, de ver respetada intimidad y de no verse obligadas a vivir en condiciones de inseguridad, hacinamiento e insalubridad durante los momentos de extrema debilidad que están viviendo.

Pero más allá de las semejanzas propias de la condición humana de los afectados, ¿cabe establecer una comparación significativa entre las que son tal vez las dos catástrofes naturales con más graves repercusiones internacionales que se hayan visto?

A juzgar por el número de muertos que se cobró el tsunami, si uno hubiese estado en el lugar equivocado cuando se produjo el maremoto o se elevó el nivel de las aguas, siendo varón no discapacitado, las probabilidades de supervivencia habrían sido mayores. Sin embargo, al margen de ello, las posibilidades de recuperación y de mitigar las pérdidas que uno hubiera
podido sufrir tienen mucho que ver con la propia resistencia en general. Tanto si se es de Banda Aceh como de Nueva Orleans, la propia capacidad de respuesta en términos físicos, materiales y sociales, es decir, el patrimonio, la capacidad de prevención y de recurrir a los demás, determinarán las propias posibilidades de recuperación.

La resistencia es tanto una cualidad de una comunidad como de una persona y, tal como hemos podido ver en Aceh y en Lusiana, los más vulnerables de entre nosotros -los individuos pobres, enfermos, ancianos y aislados- son invariablemente los que salen peor parados cuando se desencadena el desastre: gozan de menor protección y, en términos relativos, pierden más. A lo largo de la Costa del Golfo, fueron precisamente ellos quienes, estando en el lugar equivocado, no tuvieron forma de escapar de la zona de peligro. Por este motivo, mitigar la pobreza y reducir los efectos del desastre son dos tareas que se refuerzan mutuamente y que deben ir de la mano si queremos garantizar la seguridad y preservar la vida de todos.

Cuando el tsunami y el huracán Katrina golpearon, las fuerzas de la naturaleza aplastaron nuestra capacidad para oponernos a ellas. Si bien, por lo que sabemos, los desencadenantes del maremoto fueron fenómenos geológicos que nada tuvieron que ver con la acción del hombre, en el caso del Katrina, la causa humana no puede excluirse de las consecuencias. Aunque es imposible determinar si hay un único factor causante de un hecho, sabemos a ciencia cierta que la intensidad de fenómenos climáticos extremos, como son los huracanes, se agudiza probablemente con el cambio climático o el calentamiento global.

Entre las medidas que forman parte de la reducción de los efectos de los desastres naturales cabe citar, por consiguiente, las de estabilizar y reducir el nivel de los gases de efecto invernadero. El tsunami no admite una opción semejante, pero en ambos casos una señal de alarma –enviada con suficiente antelación, y recibida y gestionada por las autoridades locales y las comunidades respectivas- tendrá una repercusión decisiva en la supervivenciade las comunidades expuestas a sus efectos devastadores. Lo mismo cabe decir de la protección física de las comunidades mediante diques, muros de contención o franjas costeras protegidas con vegetación pantanosa. También es esencial planificar la seguridad de las ciudades en
las regiones expuestas a esta clase de riesgos.

En la reducción de los riesgos y en la reacción rápida ante los desastres influyen muchos aspectos, en los cuales deben participar tanto el gobierno como el conjunto de la sociedad civil.

Deben estar claras las responsabilidades de todos los participantes, pero son los gobiernos en quienes, en última instancia, recae la responsabilidad de velar por la seguridad de sus ciudadanos. Cuando los gobiernos se ven superados, la comunidad internacional debe mostrar su solidaridad y estar preparada para ayudar. Esto fue lo que sucedió con el tsunami y es lo que ahora está ocurriendo con el Katrina.

Llevamos ochos meses de esfuerzos de recuperación en los países afectados por el tsunami, pero en la costa del Golfo acaba de empezar la fase de recuperación. Los problemas que hay que afrontar son de distinta índole.

Naturalmente, hay más obstáculos para encontrar recursos en los países del Océano Índico que en los Estados Unidos. Además, varios de los países
afectados por el tsunami tienen que encontrar nuevas tierras para construir casas para las personas desplazadas, así como expedir nuevos títulos de propiedad allí donde no había registros o donde era la comunidad la propietaria de las tierras.

Sin embargo, lo que tiene en común la recuperación de la devastación del tsunami y la del Katrina es que los supervivientes están impacientes por ver reconstruidas sus casas y por recuperar sus trabajos. Nosotros, que estamos involucrados directamente, debemos hacer cuanto podamos para lograrlo, pero sin ponerles en situación de riesgo de nuevo, sino construyendo comunidades más seguras y fuertes, mejor protegidas contra los huracanes, tsunamis y otros desastres naturales cuya magnitud y frecuencia podrían ser mayores en
el futuro.
Danmificados por el huracán Katrina asistidos por la Cruz Roja Americana. (p13219)
Damnificados por el huracán Katrina asistidos por la Cruz Roja Americana. (p13219)
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