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Una distribución de recursos responsable para cuando los desastres ocurren
13 septiembre de 2005
Johan Schaar, Delegado especial para la Operación Tsunami de la Federación
Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
La solidaridad incomparable que suscitó el tsunami, plantea varias cuestiones. Un alto porcentaje de recursos está en manos de las ONG, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y sus miembros. ¿Los donantes privados tenían el propósito de que el dinero fuera utilizado más allá del socorro de emergencia? ¿No se recaudó y se prometió más dinero del necesario? Cuando la intervención frente a otras crisis se resiente por falta de recursos, ¿las organizaciones comprometen el principio de proporcionalidad al reservar fondos para la recuperación tras el tsunami?

Primero, ¿cuál fue la intención de los donantes? Para todo aquel que vio la destrucción causada por el tsunami era obvio que no bastaría con prestar servicios de salud y suministras agua, alimentos y refugio de emergencia. La vida de los damnificados estaba destrozada, habían perdido seres queridos y se habían quedado sin vivienda ni medios de subsistencia. Estaba claro que ayudarles tan solo a sobrevivir, limitando la asistencia al socorro de emergencia, no sería suficiente. Dejarles en tiendas de campaña tampoco era una solución. A partir de la experiencia adquirida en otros desastres naturales de grandes proporciones, muchas Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja recaudaron fondos con el propósito explícito de costear la recuperación y la reconstrucción a largo plazo; ese podía ser un empeño de varios años. Muchos particulares trataron de ayudar donando embarcaciones y equipos de pesca. Aunque algunas donaciones en especie fueran desacertadas, enviaban el claro mensaje de que se quería ayudar a los damnificados a retomar las riendas de su vida.

Segundo, ¿se dispone de más dinero del que se necesita para la recuperación tras el tsunami? En el último informe de evaluación de Aceh y Nias, el Banco Mundial estima que la mayor parte de los fondos suficientes fue proporcionada por los gobiernos, los organismos especializados de la ONU, las IFI, el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y las ONG para remplazar lo que se había perdido, no para “reconstruir mejor”. Muchas organizaciones se comprometieron a reconstruir con un objetivo de reducción de desastres, es decir, ofrecer a las comunidades pobres de las regiones expuestas a desastres una situación más segura. Según el Banco Mundial, eso requerirá más fondos de los prometidos, al menos en lo que se refiere a Aceh. En Puntland, Somalia, las regiones más pobres siniestradas por el tsunami, recibieron muy poca ayuda más allá del socorro de emergencia. Entonces, resulta difícil proclamar que hay recursos de sobra.

¿Sería apropiado transferir fondos destinados a la recuperación tras el tsunami para atender a otras crisis para lo cual no se dispone de fondos suficientes? Esa pregunta es errónea. El problema no reside en que las necesidades de recuperación estén a punto de cubrirse, sino en que no se han recibido fondos suficientes para una serie de crisis humanitarias. La solución no radica en trasegar fondos de las pocas operaciones para las que se dispone de financiación adecuada a las múltiples operaciones para las cuales no se recibieron recursos suficientes. La ayuda internacional a quienes sufren necesidades acuciantes no debe ser un juego de suma cero, ya se trate de situaciones tras un desastre natural – cuando existe la posibilidad de reconstruir vidas y medios de subsistencia al tiempo que se reduce el riesgo de desastres – o bien, de suplir necesidades humanitarias persistentes durante conflictos armadas para garantizar protección y condiciones de vida aceptables a las personas desplazadas.

En particular, los gobiernos deben asignar una asistencia humanitaria que sea acorde con las necesidades e impedir que los fondos para hacer frente a nuevas crisis incidan negativamente en el apoyo de operaciones en curso. Estos dos principios forman parte de la iniciativa Buena Donación Humanitaria. Todo esto significa que los gobiernos no sólo deben basar la asignación de fondos humanitarios en decisiones presupuestarias al comienzo del año fiscal – cuando no se tiene idea de los desastres que puedan sobrevenir ni en qué momento – sino también prepararse para movilizar fondos de reserva en previsión de necesidades humanitarias excepcionales. Desgraciadamente, 2005 es uno de esos años en los que se multiplican los desastres naturales. La operación tsunami con millares de desplazados y la recuperación que acaba de comenzar; el terremoto de Pakistán que dejó a 2.000.000 de personas sin hogar y las inundaciones y deslizamientos de tierra en Centroamérica encabezan una larga lista de crisis crónicas y vinculadas con conflictos armados, lo que debe llevar a los gobiernos a contribuir más que en un año menos catastrófico.

Pero la recuperación y la reconstrucción también tienen otra dimensión. En muchas crisis actuales donde las necesidades humanitarias son apremiantes, no existe posibilidad alguna de poner en marcha la recuperación. Los constantes conflictos armados en Uganda septentrional, la República Democrática del Congo o Darfur, Sudán, impiden esos esfuerzos por más que queramos participar en la recuperación. Cuando se presenta la oportunidad, en la fase posterior de un conflicto armado, a menudo resulta difícil recaudar los fondos necesarios, ya sea de gobiernos o directamente de la colectividad.

Ahora bien, los desastres naturales ofrecen esa oportunidad que no debemos dejar pasar. En las últimas décadas, abundan ejemplos de fondos concentrados en la primera etapa después de un desastre, dejando poco y nada para la recuperación y la reconstrucción. También hay sobrados ejemplos de damnificados por terremotos que quedaron anclados en lo que, supuestamente, debían ser refugios temporales. Los damnificados por el tsunami no deberían sumarse a esa lista.

¿Eso implica que no hay dilema alguno respecto al gran volumen de fondos para el tsunami? No, el dilema surge cuando las organizaciones humanitarias se vuelven dependientes de los donantes que les orientan tan solo hacia determinadas crisis mediante donaciones con asignación precisa. Las organizaciones tienen que procurarse una amplia base de fondos que les confiera la flexibilidad necesaria para atender con imparcialidad a quienes están en peligro. Ahora bien, ese dilema no se resolverá dejando a la zaga a los damnificados por el tsunami.

Distribución de ayuda humanitaria en el estado indonesio de Aceh. (p13552)
Distribución de ayuda humanitaria en el estado indonesio de Aceh. (p13552)
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