Año
tras año, las cifras estadísticas en torno al
SIDA nos alcanzan como un mazazo, recordándonos con contundencia
la dificilísima lucha contra una de las peores desgracias
de la humanidad. Desde que comenzara la epidemia, se han infectado
con el virus alrededor de 65 millones de personas, de las cuales
25 millones han muerto. La escalofriante cifra de muertos continúa
aumentando con una tasa de 8.000 víctimas diarias.
Si bien es cierto que el tratamiento antirretrovírico
ha alimentado la esperanza, por sí sólo no es
suficiente para vencer a esta enfermedad. La epidemia ha debilitado
profundamente, e incluso diezmado, a muchas comunidades pobres,
especialmente en África. Ha sacudido los cimientos mismos
de la sociedad, y en muchos países africanos ha provocado
un brusco descenso de la esperanza de vida a valores por debajo
de los 40 años.
Para las familias más pobres, el VIH/SIDA constituye
una carga de dimensiones inimaginables: gastos adicionales de
tratamiento, pérdida del trabajo y de los medios de subsistencia,
desarrollo perturbado de la vida familiar, huérfanos
y gastos para los funerales. Detrás de las cifras se
esconden miríadas de tragedias personales y familiares.
¿Qué debe hacerse para restablecer unas comunidades
e impedir la destrucción de otras? ¿Qué
puede hacerse para hacer realidad el Objetivo de Desarrollo
del Milenio de haber detenido y comenzado a reducir, para el
año 2015, la mortal propagación del VIH/SIDA?
Después de 20 años de experiencia y cientos de
conferencias y seminarios, ha llegado el momento de ir más
allá de las cifras estadísticas, repetidas una
y otra vez, y de abordar frontalmente el problema del SIDA,
aportando soluciones concretas eficaces. Sabemos qué
hay que hacer para prevenir más infecciones: intensificar
la atención, el tratamiento y el apoyo, y reducir el
estigma y la discriminación.
Se trata de objetivos interrelacionados. Para una prevención
eficaz es necesario el desarrollo de aptitudes para la vida,
además de buena información y movilización
social que contrarresten el estigma y la discriminación
que obstaculizan el acceso a tratamiento.
A su vez, el tratamiento y la atención eficaces hacen
disminuir el estigma y potencian la prevención, p. ej.
motivando a las personas a que se dejen asesorar y que se sometan
a pruebas voluntarias para conocer su estado en relación
con el VIH y, así, obtener ayuda para cuidarse mejor
a sí mismas y proteger a las demás.
Se debe prestar especial atención a las personas que
viven con el VIH y sus familias, pues su interacción
en el seno de la sociedad contribuye a, y refleja, el éxito
de nuestros esfuerzos colectivos. En contraste, la discriminación
y la exclusión alimentan aún más la propagación
de la epidemia y privan a la sociedad de la contribución
productiva de las personas que viven con el VIH.
No cabe duda de que es esencial actuar de acuerdo con unos objetivos
específicos. Las acciones deben dirigirse a las comunidades,
pues solamente en ellas se podrá detener la epidemia.
Para la Federación Internacional de Sociedades de la
Cruz Roja y de la Media Luna Roja, las comunidades se sitúan
en el centro de nuestra misión práctica y humanitaria.
Pero la acción comunitaria depende de la perseverancia
de las personas que se unen en favor de una causa común,
de personas que realizan un esfuerzo extraordinario para incluir
a los marginados y vulnerables que, de otra manera, quedarían
excluidos.
Toda acción encaminada a lograr resultados concretos
y prácticos a nivel comunitario requiere un recurso que
con demasiada frecuencia se olvida: alguien dispuesto a, y capaz
de, dar el paso definitivo. Con millones de voluntarios comprometidos
que trabajan en 185 Sociedades Nacionales alrededor del mundo,
la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz
Roja y de la Media Luna Roja es la organización humanitaria
más grande del mundo, y es capaz de llevar a cabo la
necesaria movilización a gran escala si se le proporcionan
los recursos para ello.
Entre los beneficiarios prioritarios se cuentan las mujeres
y niñas. En el contexto de la feminización cada
vez más intensa de la epidemia, las desigualdades de
género influyen directamente en la vulnerabilidad personal
y social frente al VIH. Desde el punto de vista biológico,
las mujeres son más vulnerables al virus, pero el principal
problema es su impotencia relativa. Con frecuencia, las mujeres
poseen menos derechos y recursos a los que recurrir.
Muchas veces se las fuerza a una actividad sexual temprana,
no son capaces de insistir en su propia protección y
pueden sufrir violencia y explotación sexuales, incluido
el verse obligadas a realizar favores sexuales para asegurar
su propia supervivencia o la de sus familias. El panorama general
está claro: No lograremos influir en la epidemia del
VIH/SIDA si no tratamos de resolver con seriedad la vulnerabilidad
de las mujeres y niñas.
Pero esto no es todo. Para tener éxito en la lucha contra
el VIH/SIDA también es esencial ocuparse de otros grupos
vulnerables de la población como migrantes y prisioneros,
cada vez más numerosos.
A fin de lograr los mejores efectos para las personas vulnerables,
en este Día Mundial del VIH/SIDA se lanza una alianza
mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja contra el VIH/SIDA,
con el objetivo de hacer más y hacerlo mejor. La alianza
ayudará a defender y posibilitar el acceso universal
a prevención, atención, tratamiento y apoyo, y
resultará en, como mínimo, una duplicación
de los participantes y beneficiarios directos de las iniciativas
de la Cruz Roja y la Media Luna Roja en materia de VIH/SIDA
en países de ingresos bajos y medios.
La alianza mundial trabaja a través de iniciativas regionales,
como el programa de la Cruz Roja recientemente lanzado que,
con un presupuesto de 300 millones de dólares EE. UU.,
beneficiará a diez países de África meridional
con las tasas de prevalencia de VIH más altas del mundo.
Durante los próximos cinco años, en toda África
meridional, la Cruz Roja transmitirá mensajes de prevención
a alrededor de 50 millones de personas, atenderá a 250.000
personas que viven con el VIH/SIDA y brindará apoyo a
460.000 niños vulnerables, en particular a huérfanos
como consecuencia de esta enfermedad. La Federación Internacional
de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja promoverá
programas similares a gran escala en Asia, el Pacífico,
el Caribe y América Latina.
Esto es un llamamiento a la acción “coordinada”:
a trabajar juntos en todos los niveles, desde el local al mundial,
y desde el humano al político. Ha llegado el momento
de alejarse de los esfuerzos diseminados, a pequeña escala,
y de dar una respuesta más eficaz e integrada. Es el
momento de dar el paso definitivo para tener un verdadero impacto.
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Dr Mukesh
Kapila, Representante Especial del Secretario General
para el VIH/SIDA, Federación Internacional
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