Noche tras noche, la situación extrema que afrontan cientos de miles de supervivientes del ciclón se hace más y más desesperada. Los debates sobre cómo acceder a las víctimas son cada día más encarnizados. El reto es asegurar que estos debates no desvíen la atención de las personas que han quedado sin hogar. Es necesario encontrar soluciones adaptadas a la situación en Myanmar. Debemos ir más allá de los enfoques tradicionales comprobados y encontrar la forma de lograr el acceso que necesitamos –y que necesitan las personas que han perdido su hogar–.
Al menos un millón y medio de supervivientes del ciclón siguen sin hogar en Myanmar, muchos de ellos con hambre, débiles, enfermos o exhaustos. Las lluvias torrenciales aportan cierto grado de alivio, pues permiten recoger agua para beber. No obstante, la miseria y las amenazas para la salud siguen aumentando.
Las personas que han perdido su hogar –de entre los 2,4 millones de afectados estimados por las Naciones Unidas– afrontan su vigésima primera noche después del ciclón Nargis, que se adentró por la Bahía de Bengala y atravesó el delta del Irrawaddy en dirección nororiente. Será una noche espantosa, peor que la anterior. A medida que pasan las noches, las condiciones empeoran y cada vez es más urgente la ayuda básica para salvar vidas.
Cada día, a medida que la situación se va deteriorando, crece la frustración de los gobiernos y los organismos de ayuda de todo el mundo, y los debates son más encarnizados.
Sin embargo, existe el peligro de que esta frustración y estos debates terminen siendo el centro de atención: el fin, más que el medio. En estas circunstancias complejas, simplemente no podemos admitir que esto ocurra. Sencillamente, no podemos permitirnos dejar de avanzar.
Hoy, igual que durante los últimos 20 días, miles de voluntarios de la Cruz Roja de Myanmar encontrarán la forma de llegar a las zonas más gravemente afectadas del delta y harán todo lo que puedan, con los pocos recursos que poseen, para ayudar a las comunidades asoladas. Estos voluntarios, que logran acceder a lugares a los que no llegan ni el personal ni las organizaciones internacionales, continuarán distribuyendo artículos básicos de socorro, brindando simples primeros auxilios, y realizando evaluaciones para ayudar a orientar nuestra respuesta.
"Son muchos los pueblos de Bogale a los que todavía estamos procurando acceder", explicaba un voluntario de la Cruz Roja a su vuelta a Rangún, a principios de esta semana. "He podido alcanzar por barco alrededor de 20 pueblos. En uno de ellos, que antes del ciclón tenía más de 15.000 habitantes, sólo quedan unas 2.600 personas."
Cada vez llega al país más ayuda, y esta semana aumentará de manera espectacular la ayuda de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, en su mayor parte material de refugio de emergencia. Más de 30 vuelos con más de 540 toneladas de artículos básicos de socorro han aterrizado ya en Rangún. Además, se ha autorizado el envío de 200 toneladas más para esta semana, y todos los días se confirman nuevos vuelos.
Sin embargo, sigue siendo una carrera contra reloj, y la lluvia está agravando los problemas de logística. Lo que llega a las zonas devastadas por el ciclón siempre podría llegar antes, y no es suficiente. Debe llegar aún mucho más.
Para impulsar los esfuerzos son necesarias flexibilidad y creatividad, además de diplomacia. La Cruz Roja está estudiando la posibilidad de llevar a cabo una operación escalonada, en la que los voluntarios distribuirán material de refugio en un área y evaluarán la nueva zona antes de volver a Rangún. Después volverán a la nueva zona para distribuir material, volverán a realizar una evaluación, y así sucesivamente.
Otras posibilidades que se están considerando incluyen la armonización de las distribuciones de material de refugio y de socorro. En los pequeños poblados esparcidos por el delta podrían distribuirse artículos domésticos esenciales, como mantas, esteras para dormir y artículos básicos de cocina, junto con material de refugio. Para ello, estamos estableciendo equipos que trabajan desde puntos centrales en diferentes lugares de todo el delta. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (nota: Cruz Roja/Media Luna Roja Internacional) se centrará en apoyar a estos equipos, a los que impartirá formación y orientación y dotará de recursos.
Pero, una vez más: el tiempo se agota con rapidez. Han sido 21 noches en el delta azotado por la lluvia, 21 noches sin refugio, sin agua potable ni alimentos, y sin primeros auxilios básicos. Debemos encontrar la forma de avanzar.
"Hay muchos más pueblos a los que todavía no he logrado acceder", observaba en Rangún el voluntario de la Cruz Roja.
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Markku Niskala, Secretario General de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
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