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El reto de la adaptación en el quehacer humanitario
1 de julio de 2008
Markku Niskala
El 30 de junio fue el último día de trabajo de Marku Niskala, de 62 años, Secretario General de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

El Sr. Niskala inició su carrera en la Cruz Roja siendo gerente de distrito de la Cruz Roja Finlandesa y fue escalando posiciones en forma sostenida. Ocho años después, partió para el África con un contrato de tres años en calidad de representante de la Liga de Sociedades de la Cruz Roja –nombre de la Federación Internacional por aquel entonces– primero en Zambia y luego en Tanzania y Zimbabwe.  

Tras desempeñarse como jefe del Departamento de Europa de la Secretaría de la Federación en Ginebra, de 1985 a 1987, su carrera en la Cruz Roja le llevó de nuevo a África meridional donde cumplió misiones en varios países, entre ellos, Tanzania, Zambia, Zimbabwe y Etiopía. En 1988 pasó a ser secretario general de la Cruz Roja Finlandesa.

Markku Niskala empezó a prestar servicios al frente de la Federación a título de secretario general interino el 1 de julio de 2003 y en noviembre de ese mismo año se le confirmó el nombramiento permanente.  

En vísperas de su partida, el Sr. Niskala reflexiona sobre sus 38 años de labor humanitaria y sus cinco años en el cargo de secretario general de la Federación Internacional
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El 30 de junio fue el último día de trabajo de Markku Niskala, de 62 años, Secretario General de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

El Sr. Niskala inició su carrera en la Cruz Roja siendo gerente de distrito de la Cruz Roja Finlandesa y fue escalando posiciones en forma sostenida. Ocho años después, partió para el África con un contrato de tres años en calidad de representante de la Liga de Sociedades de la Cruz Roja –nombre de la Federación Internacional por aquel entonces– primero en Zambia y luego en Tanzania y Zimbabwe.  

Tras desempeñarse como jefe del Departamento de Europa de la Secretaría de la Federación en Ginebra, de 1985 a 1987, su carrera en la Cruz Roja le llevó de nuevo a África meridional donde cumplió misiones en varios países, entre ellos, Tanzania, Zambia, Zimbabwe y Etiopía. En 1988 pasó a ser secretario general de la Cruz Roja Finlandesa.

Markku Niskala empezó a prestar servicios al frente de la Federación a título de secretario general interino el 1 de julio de 2003 y en noviembre de ese mismo año se le confirmó el nombramiento permanente.  

En vísperas de su partida, el Sr. Niskala reflexiona sobre sus 38 años de labor humanitaria y sus cinco años en el cargo de secretario general de la Federación Internacional

En momentos en que me preparo a dejar mis funciones de secretario general de la red humanitaria más grande del mundo*, guardo de estos cinco años apasionantes en Ginebra la viva impresión de que el tiempo se acelera a gran velocidad.

En el corazón del quehacer humanitario, esa aceleración tal vez sea aún más sensible. Al mundo de ayer parecer suceder uno mucho más inquietante de incertidumbre frente al futuro y caída en lo desconocido.

En estos cinco años vi y viví por dentro el aumento de la frecuencia e intensidad de los desastres naturales. Todos recordamos el terremoto que arrasó Bam, Irán, en 2003; el  tsunami de 2004; las decenas de miles de muertos en el terremoto de Pakistán en 2005, el huracán  Katrina en Estados Unidos, ese mismo año… y, más recientemente, Myanmar asolado por el ciclón Nargis y la provincia de Sichuan, China, destrozada por otro terrible terremoto.

Ahora bien, en realidad esas grandes calamidades no fueron más que el rostro visible del aumento exponencial del número de desastres en la última década. Incluso si las variaciones de un año a otro no siempre son significativas, la tendencia esta allí: en 10 años, el número de desastres se ha prácticamente duplicado ya que la media anual pasó de 230 en la década de 1988-1997 a 380 en la de 1998-2007. Y si bien castigan sobre todo a las personas más vulnerables, nadie está a salvo.

Otro signo de los tiempos, no son sismos e inundaciones los más mortíferos sino las sequías. En el plano científico, las pruebas que se acumulan tienden a dibujar el contorno de una mutación planetaria bajo el efecto del cambio climático. Los signos ya son palpables para decenas de millones de personas y ponen en peligro sus condiciones de vida en forma irreversible.

Se crea una espiral que, más allá de los desastres, traduce un aumento de riesgos y angustias: el flujo de migraciones del Sur al Norte se intensifica. Los centros para refugiados o desplazados se transforman en sitios urbanizados donde lo provisional se eterniza. Por primera vez, en 2007, el mundo tuvo más habitantes urbanos que rurales. Y el movimiento lejos de enlentecerse va creando inmensos cinturones de pobreza y violencia en torno a las ciudades.

¿Y en el frente de la salud? La batalla contra el sida dista de haberse ganado a pesar de la intensa movilización de estos últimos años. Los éxitos notables en la lucha contra la malaria, la polio y la rubéola no pueden ocultar la aparición de riesgos mayores: la mutación del bacilo de la tuberculosis, brotes de malaria en altitudes más elevadas, el espectro de epidemias mortales comenzando para la transmisión de la gripe aviar al ser humano…

Y esa espiral se vuelva abrumadora. Estos últimos meses, la inseguridad alimentaria ha ocupado el primer plano como un problema mundial con la reaparición de disturbios del hambre en varios rincones del planeta. Y más allá de la seguridad alimentaria, lo que está en juego es la seguridad humana.

El cambio climático parece conjugar sus efectos y lanzar un reto a la humanidad. Los actores humanitarios, que están en contacto con la realidad cotidiana de las familias más indigentes, se encuentran en primera línea para testimoniar de ese aumento de los peligros, dar la alerta y proponer soluciones.   

Pues existen perspectivas. No he cesado de recordarlo, junto con otros, en estos últimos años. Los actores humanitarios no pueden limitarse a ser tan solo bomberos en las crisis y desastres que se desencadenan cada vez con mayor frecuencia. Urge reinvertir masivamente en el campo de la prevención y dotar a las comunidades más expuestas de los medios necesarios para resistir a las crisis, anticipar esas crisis y universalizar los sistemas de alerta temprana para que cada uno tenga vida por delante.

Hoy en día, menos del 5% de la ayuda pública se destina a la prevención: la intervención de urgencia absorbe lo esencial. Hay que reequilibrar esos flujos mediante un mayor esfuerzo a favor de la prevención de riesgos. Por cada dólar invertido en ese campo se ahorran de cuatro a 10 dólares en la intervención de urgencia. Los programas de preparación en previsión de desastres que se llevan a cabo desde hace años en Mozambique y Bangladesh permitieron salvaron miles de vidas.

Un solo operador humanitario, por más potente que sea, no basta para aportar una diferencia. Para obtener resultados a la altura de lo que está en juego, se impone forjar verdaderas alianzas entre actores en el terreno, organismos estatales, empresas privadas… La adaptación es la consigna frente a la mutación en curso. Urge unir fuerzas y crear nuevos mecanismos de sinergia entre actores globales para lograr un impacto local a gran escala.

Pues en el ámbito de comunidades, familias, pueblos y barrios es donde se puede elaborar una solución duradera. Esta evidencia no hizo más que confirmarse en el correr de los años en enlace con millones de voluntarios de la Cruz Roja y la Media Luna Roja que, en el mundo entero y día tras día, prestan apoyo y reconfortan permitiendo a decenas de millones de personas levantar cabeza y proyectarse en el futuro.

Precisamente, son esos voluntarios, esos rostros cruzados, esas energías desplegadas sin cesar al servicio de los otros que me dan motivos de esperanza y me permiten dejar mis funciones con un sentimiento de gratitud y reconocimiento. Servirles habrá sido un raro honor. Frente al vaivén en curso, el mundo tiene necesidad de ellos más que nunca.

* La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
El 30 de junio fue el último día de trabajo de Markku Niskala, de 62 años, Secretario General de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
El 30 de junio fue el último día de trabajo de Markku Niskala, de 62 años, Secretario General de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

Terremoto en Pakistán, 8 de octubre de 2005. Secretario General de la Federación Internacional, Markku Niskala, en Pakistán. (p17863)

Terremoto en Pakistán, 8 de octubre de 2005. Secretario General de la Federación Internacional, Markku Niskala, en Pakistán. (p17863)

Secretario General de la Federación Internacional, Markku Niskala, en Indonesia. (p17862)

Secretario General de la Federación Internacional, Markku Niskala, en Indonesia. (p17862)
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