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La
“guerra contra el terror” revela desigualdades en la
ayuda humanitaria: millones de personas sufren como consecuencia
de los desastres olvidados
17 de julio
de 2003
Los esfuerzos
internacionales para acabar con el terrorismo mundial plantean importantes
dilemas éticos que ponen en peligro la legitimidad de los
organismos humanitarios, según el Informe mundial sobre desastres
2003, presentado hoy, 17 de julio, por la Federación Internacional
de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
En esta 11.a edición del Informe se destaca la creciente
tendencia de donantes y organismos humanitarios a concentrar sus
esfuerzos de ayuda en conflictos armados de relevancia que obedecen
a estrategias políticas, como los de Afganistán e
Iraq, mientras que se atiende muy poco a emergencias crónicas
como las que afectan a Angola, Somalia y la República Democrática
del Congo.
En abril de 2003, el Departamento de Defensa de EE.UU. había
recaudado 1.700 millones de dólares estadounidenses para
el socorro y la reconstrucción de Iraq. El reverso de la
moneda, es el déficit de mil millones de dólares estadounidenses
que acusa el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones
Unidas para impedir que 40 millones de personas mueran de inanición
en 22 países africanos. En el caso de Angola, donde más
de cuatro millones de personas dependen de la asistencia humanitaria
para sobrevivir, la Federación Internacional hizo un llamamiento
de emergencia en septiembre de 2002; pero cuatro meses después,
apenas se había recibido el 4% de la cantidad solicitada.
“A escala mundial, nos encontramos con una verdadera desigualdad
en la práctica humanitaria porque muchas guerras y muchos
desastres son emergencias que cayeron en el olvido. Puesto que la
comunidad de ayuda y los donantes han contraído el compromiso
de prestar ayuda con imparcialidad, entonces, deben actuar según
sus principios e intervenir allí donde las necesidades son
mayores”, ha declarado Juan Manuel Suárez del Toro,
Presidente de la Federación Internacional.
En el Informe también se examina el creciente papel humanitario
que desempeñan las fuerzas armadas en aquellos conflictos
donde están en juego intereses geoestratégicos de
Occidente. Muchos organismos humanitarios temen que los cambios
de régimen en Kosovo, Afganistán e Iraq hayan hecho
desvanecer la demarcación que existía entre asistencia
humanitaria civil y asistencia humanitaria militar, lo que podría
implicar que no se respete la imparcialidad de los trabajadores
humanitarios y que se atente contra su seguridad o incluso contra
su vida.
Responsabilidad de los organismos de ayuda
En cierta medida, los propios organismos de ayuda son también
responsables de que no se atienda algunas de las emergencias crónicas
que afectan al mundo. La precariedad de la recolección de
datos, el intercambio de información y la colaboración
entre organismos ha contribuido a que la comunidad internacional
desconozca la verdadera dimensión del sufrimiento que conllevan
muchas crisis; de ahí que en algunos casos, se haya prestado
una ayuda inapropiada.
En una de las contadas encuestas disponibles, realizada por el Comité
Internacional de Rescate en la República Democrática
del Congo entre 1998 y 2003, se estima que 3.300.000 personas murieron
de enfermedades de fácil tratamiento. Además, en el
año 2000 los programas para fomentar e instaurar la paz en
ese país recibieron 250 millones de dólares estadounidenses,
pero el monto de los fondos donados para la ayuda humanitaria que
“salva vidas” fue tan solo a 37 millones de dólares.
En emergencias complejas, nunca ha sido una tarea fácil establecer
el equilibrio entre la ayuda que salva vidas y el apoyo a largo
plazo que reduce factores de vulnerabilidad y propicia el desarrollo
sostenible. En el Informe se señala que en Afganistán,
las políticas de ayuda a corto plazo y los intentos de instaurar
la paz y la democracia siguen su curso a costa de la observancia
de los derechos humanos y la consecución del desarrollo a
largo plazo. Dos tercios del dinero prometido en la conferencia
de donantes (celebrada en Tokio en enero de 2002) se destinó
a la asistencia humanitaria. A pesar de las protestas de las autoridades
afganas, la mayor parte de esta asistencia consistía en una
ayuda alimentaria que no se deseaba y que desbarató la economía
agrícola del país.
Por otra parte, en el Informe también se critica a los organismos
internacionales porque cuando llegan a un país en plena fase
de emergencia, minan la capacidad de las ONG locales y las autoridades
nacionales, en lugar de cimentarla. Desde la caída del régimen
talibán, y la llegada a Afganistán de más de
350 organismos internacionales de ayuda hizo que los alquileres
y los salarios se dispararán, acaparando a la mayoría
de afganos calificados y con experiencia que hasta entonces trabajaban
en dependencias gubernamentales y servicios públicos. Actualmente,
el chofer de la Embajada de EE.UU. en Kabul gana 500 dólares
al mes y un doctor del servicio público, apenas 45 dólares
mensuales.
Hoy en día, los conflictos armados y los desastres suponen
una constante prueba de fuego para los valores y principios morales
que preconizan los organismos humanitarios. En el Informe se subraya
la necesidad de que estos organismos realicen mejores análisis
sobre su labor con el objetivo de establecer el debido equilibrio
entre la defensa de la causa humanitaria y la acción en el
terreno.
En 2002, durante la sequía que afectó África
meridional, algunas ONG de Malawi y Zimbabwe denunciaron la manipulación
política de la ayuda alimentaria y la provisión de
cereales por parte del gobierno. En cambio, la mayoría de
los organismos internacionales guardó silencio argumentando
que su mandato era permanecer en el país. Entonces, se les
acusó de no velar por las necesidades y los derechos de quienes
se estaban muriendo de hambre.
Los derechos y el bienestar de los migrantes corren peligro
Los principios humanitarios también entran en juego cuando
se trata de los derechos y el bienestar de los migrantes, que cada
vez, corren más peligro. Unos 50 millones de migrantes forzosos
y desplazados internos siguen siendo invisibles a los ojos de la
ayuda y el derecho. En el Informe se puntualiza que la “crisis
del asilo” que atraviesa el mundo estriba en que se gasta
más dinero para impedir que los solicitantes de asilo entren
en el Norte y no lo suficiente para ayudarles en el Sur.
El hecho de que los gobiernos occidentales hayan decidido aplicar
controles de inmigración más estrictos para prevenir
la entrada de presuntos terroristas, genera inquietud sobre la discriminación
por motivos de religión o nacionalidad. Actualmente, en Estados
Unidos, los nacionales de 25 países (principalmente islámicos),
están obligados a inscribirse en el registro de las autoridades
de inmigración. Asimismo, se teme que estos controles tan
estrictos sean terreno fértil para las redes de trata de
seres humanos en las que caen hasta cuatro millones de víctimas
al año.
“Si nos proponemos respetar verdaderamente la dignidad humana
y salvar más vidas mediante nuestras acciones, las organizaciones
humanitarias debemos ser más responsables. Y debemos tomar
la iniciativa de proporcionar un liderazgo y una orientación
moral a los múltiples actores que participan en el quehacer
humanitario para que se atienda realmente a las necesidades de las
personas más vulnerables”, concluyó Suárez
del Toro.
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