Señor
Presidente,
Excelencias,
Distinguidos representantes,
Amigos de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja,
Invitados y observadores
Hoy hablo en nombre de nuestras 181 Sociedades Nacionales de
todo el mundo que constituyen la Federación Internacional
de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Hablo
también en nombre de los millones de voluntarios y miembros
que cada día trabajan con gran generosidad para proteger
las vidas, los medios de sustento y la dignidad de las personas
vulnerables dondequiera que se encuentren. Ellos son indispensables
en nuestro empeño por construir un mundo mejor. Por ello,
considero que es un honor y una responsabilidad hablar hoy ante
ustedes. Espero poder transmitir claramente el fuerte sentimiento
de solidaridad y unión que existe entre los miembros
de la Federación Internacional en nuestro compromiso
colectivo con el tema de esta conferencia: “Proteger la
dignidad humana”.
Proteger la dignidad humana es proteger cada una de las capacidades
del ser humano, de manera que permitamos que no sólo
sea posible desplegar dichas capacidades, sino que puedan alcanzar
el nivel más elevado de desarrollo. En este sentido proteger
la dignidad humana supone el proyecto de dignificar la vida
del ser humano, de hacerla más digna para permitir a
cada persona desarrollar su vida en plenitud.
Esto supone que ninguno de nosotros es ni más ni menos
que otro ser humano, porque nuestra dignidad es igual. La protección
de la dignidad humana debe realizarse de manera que la protección
no ponga a los demás en situaciones de indignidad o dependencia.
Es necesario, evolucionar y no limitarnos a la mera protección
sino pasar a la promoción de la dignidad humana.
En nuestra Asamblea General que acaba de llegar a su fin, tuvimos
la alegría de acoger a tres nuevas Sociedades Nacionales:
las de las Cruz Roja de las Islas Cook, la Media Luna Roja de
Kazajstán y la Cruz Roja de Micronesia. También
hemos tenido el agrado de contar con la participación
de aquellas Sociedades Nacionales que aún no han sido
reconocidas, y esperamos ansiosamente el día en que podamos
darles la bienvenida como miembros de pleno derecho de la Federación.
La Federación Internacional y sus Sociedades Nacionales
miembros, junto con el CICR, están en la vanguardia cuando
se trata de defender la dignidad humana. En los lugares más
remotos, donde hay dolor y sufrimiento, llevamos ayuda para
aliviarlos. Donde hay discordia y desesperación, restablecemos
la esperanza. Denunciamos la injusticia, la discriminación,
la intolerancia y el odio, y abogamos en favor de las personas
vulnerables, marginadas y olvidadas. Cada año, nuestros
esfuerzos de sensibilización y nuestras acciones benefician
a millones de personas.
Son precisamente las personas vulnerables, marginadas, heridas,
olvidadas y desaparecidas –todos aquellos cuya dignidad
se ve amenazada– la razón por la cual estamos hoy
aquí. Y son sus voces las que tienen que ser escuchadas
en una Conferencia como ésta. Por ello, cuando hablamos
de proteger la dignidad humana, nos referimos directamente a
esas personas y no a conceptos abstractos.
No cabe duda de que el entorno de la labor humanitaria se ha
modificado radicalmente en los últimos años. Todos
nos hemos sentido sacudidos por los acontecimientos y ataques
en diversos lugares del mundo. Por lo que nos toca a nosotros,
en la Cruz Roja y la Media Luna Roja, nos causa particular alarma
la forma en que se ha erosionado el respeto por nuestro trabajo
neutral e imparcial para aliviar el sufrimiento humano, y la
creciente inseguridad que deben afrontar los trabajadores humanitarios,
especialmente los voluntarios, que no cuentan con más
protección que el emblema.
Uno de los fenómenos más preocupantes que hemos
observado en los últimos años es la politización
de la ayuda humanitaria. Con mucha frecuencia, la asistencia
humanitaria está condicionada por la atención
de los medios de comunicación o por circunstancias políticas,
más bien que por la vulnerabilidad o la necesidad de
las personas. Es preciso que volvamos a centrarnos en el imperativo
humanitario de prestar asistencia a quienes más lo necesitan,
de manera neutral e imparcial, sin discriminación alguna.
Esto debe pasar por delante de cualquier otra consideración.
No podemos ignorar que hay otros factores que amenazan la dignidad
humana, y que no atraen la atención de los medios de
comunicación ni de los gobiernos. No me refiero solo
a los conflictos olvidados, sino también a las situaciones
que amenazan día a día la vida, los medios de
subsistencia y la dignidad de millones de personas. Son los
desastres olvidados de todos los días, como la pobreza
y la injusticia que sufren millones de personas, o la intolerancia
y la discriminación de la que son víctimas muchos
grupos e individuos, y que contribuyen a aumentar su vulnerabilidad
y amenazan su dignidad.
Entre los factores más graves y extendidos que amenazan
la dignidad humana se cuentan los desastres y las enfermedades,
que cada año se cobran la vida de millones de personas.
Los desastres y las enfermedades no sólo destruyen vidas,
sino que aumentan la vulnerabilidad de poblaciones enteras,
ya que socavan los progresos del desarrollo, desintegran las
estructuras sociales y reducen la capacidad de las comunidades
para afrontar las crisis.
Éstos son ámbitos en los que la Federación
Internacional y sus Sociedades Nacionales miembros han demostrado
su compromiso para la acción, y que desearíamos
destacar durante esta Conferencia Internacional.
Las consecuencias de los desastres y las enfermedades recaen
de manera desproporcionada en los que están menos preparados
para afrontarlas: los pobres, los marginados y excluidos de
la sociedad, como las minorías, los inmigrantes, los
refugiados.
Esta situación se ve aún más exacerbada
por políticas y prácticas discriminatorias que
excluyen a esos grupos vulnerables de igual acceso a servicios
y limitan los mecanismos de información y toma de decisiones
que podrían proteger sus vidas, medios de sustento y
dignidad.
Hace dos días hemos celebrado el Día Mundial del
SIDA, volviendo a recordar que el VIH/SIDA es uno de los mayores
problemas humanitarios que se nos presentan hoy.
Actualmente todos sabemos que el creciente impacto de esta pandemia
en todo el mundo está destrozando comunidades, familias
e individuos. Sabemos que este impacto se ve agravado por la
compleja interacción entre el VIH/SIDA y otros problemas.
Y sabemos también que para preservar la dignidad de las
personas que viven con VIH y SIDA y ayudar a sus comunidades
es esencial darles acceso a cuidados y tratamiento.
Sin embargo, pese a que sabemos todo eso, nuestra respuesta
se ha quedado muy atrás. Los fondos asignados a la lucha
contra el VIH/SIDA son totalmente insuficientes. Sólo
una mínima parte de los millones de personas que necesitan
tratamiento antirretrovírico tiene acceso a él.
Se cuestiona la validez de métodos de eficacia comprobada
para reducir la propagación del VIH/SIDA. Por último,
la ignorancia, el estigma, la discriminación y la actitud
de la sociedad siguen minando nuestros esfuerzos por llegar
hasta las personas que más necesitan nuestra ayuda.
Dentro de la Cruz Roja y la Media Luna Roja hemos tenido que
luchar con la realidad del VIH/SIDA y su impacto en nuestro
personal y nuestros voluntarios. Hemos aprendido a afrontar
nuestros propios temores y actitudes para hacer de la Cruz Roja
y de la Media Luna Roja un lugar más acogedor para quienes
viven con el VIH y SIDA. Hemos incrementado nuestros esfuerzos
para combatir el estigma y la discriminación al que se
ven sujetos las personas que viven con VIH y SIDA, y para apoyar
programas de prevención y asistencia, y estamos buscando
activamente medios para apoyar el acceso al tratamiento.
Nuestros programas benefician a millones de personas, pero no
es suficiente. Tenemos que hacer más. Y debemos cooperar
con gobiernos, sociedad civil, grupos de personas que viven
con VIH y SIDA y otras organizaciones, a fin de que nuestros
esfuerzos logren su objetivo.
Tampoco podemos ignorar el impacto de los desastres y la amenaza
que éstos representan para la dignidad de las personas.
En las últimas décadas, el número de personas
afectadas por los desastres se ha elevado drásticamente.
Los desastres destruyen la capacidad de recuperación
de comunidades e individuos y los mecanismos a los que recurren
para afrontar los desastres; también neutralizan los
esfuerzos por reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida.
Las causas de los desastres son múltiples, incluyendo,
por ejemplo, el cambio climático y la creciente ocurrencia
de fenómenos meteorológicos extremos; sin embargo,
mitigar el impacto de los desastres depende en buena medida
de cómo nosotros los Gobiernos y las Sociedades Nacionales
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja- junto con las comunidades,
cooperamos en la preparación y en la respuesta a situaciones
de desastre.
Con demasiada frecuencia, los efectos de los desastres son aún
más graves debido a la falta de planificación,
al deterioro del medio ambiente, y a mecanismos de intervención
inadecuados. De ahí que la reducción de los riesgos
vinculados a las situaciones de desastre sea una cuestión
decisiva para prevenir y evitar las condiciones que hacen que
las comunidades sean vulnerables. Y lo que es también
muy importante, es que al mismo tiempo debemos tener la capacidad
necesaria para intervenir de forma eficaz cuando se producen
los desastres. Y tras éstos, es necesario velar por que
la cuestión de la reducción de los riesgos sea
integrada en la planificación del desarrollo. En estos
ámbitos las Sociedades Nacionales y la Federación
Internacional pueden aportar su valiosa experiencia y conocimientos.
Un ámbito clave que requiere mayor atención es
el de las políticas, las leyes y los procedimientos en
relación con la intervención en situaciones de
desastre.
Hace mucho que sabemos que una intervención rápida
y eficaz a nivel local es fundamental a la hora de salvar vidas
humanas. Pero cuando un desastre supera la capacidad de respuesta
a nivel local, suele ser muy necesario movilizar los recursos
de la comunidad internacional.
Y a veces, precisamente la normativa existente actúa
como barrera y obstáculo para una acción coordinada
y eficaz. Así pues, creemos que los Gobiernos y las Sociedades
nacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja tienen que trabajar
juntos en la tarea de examinar las leyes relativas a la respuesta
internacional en casos de desastre, para determinar las lagunas
y los puntos débiles, y tratar de encontrar soluciones
pertinentes. Se trata aquí de determinar, dar a conocer,
y aplicar los marcos jurídicos vigentes de forma más
eficaz a fin de salvar vidas y reducir al mínimo los
efectos de los desastres, particularmente para quienes cuentan
con pocos recursos y medios de recuperación.
Señor Presidente:
Estas amenazas a la dignidad humana no son algo nuevo. Sabemos
lo que significa la vulnerabilidad causada por los desastres,
las enfermedades, y por los conflictos, y sabemos que una inversión,
aun pequeña puede dar grandes beneficios en términos
de protección de la dignidad humana. Así pues,
¿cómo hemos de responder a estas amenazas? ¿Qué
significa concretamente proteger la dignidad humana? Lo que
proponemos no es teórico sino fruto de nuestra experiencia.
El primer paso es fortalecer la capacidad de las personas, las
familias y las comunidades para que puedan hacer frente a situaciones
de vulnerabilidad. Necesitamos trabajar en más estrecho
contacto con las comunidades vulnerables, y apoyarlas a fin
de lograr soluciones a largo plazo, con el máximo respeto
a su cultura, sus esperanzas y sus aspiraciones.
El fortalecimiento de la capacidad de las organizaciones de
la sociedad civil también es fundamental. La gravedad
de los problemas humanitarios causados por los conflictos, los
desastres y las enfermedades supera lo que los Gobiernos pueden
hacer solos. Los Gobiernos tienen que trabajar en colaboración
con las organizaciones de la sociedad civil y las comunidades,
para fortalecer su capacidad y reducir su vulnerabilidad.
A este respecto, deseo poner de relieve la importancia de que
los Gobiernos apoyen más la labor del Movimiento Internacional
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. La índole y
la condiciones singulares de la colaboración entre las
Sociedades nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
y los Gobiernos, junto con el alcance mundial y las amplias
perspectivas que ofrecen la Federación Internacional
y el CICR hacen que ésta sea una alianza pujante, con
un potencial enorme para hacer frente a los principales problemas
humanitarios que se nos plantean.
Necesitamos que los Gobiernos entiendan mejor lo que hacemos,
así como los Principios Fundamentales a los que nos adherimos
como Movimiento. Esto significa comprender que, aunque trabajemos
con los gobiernos como entusiastas colaboradores en los esfuerzos
para hacer frente a los problemas humanitarios actuales, tenemos
que mantener en todo momento nuestra independencia, neutralidad
y autonomía.
Deseo señalar a la atención de ustedes el informe
sobre “Las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de
la Media Luna Roja como auxiliares de los poderes públicos
en el ámbito humanitario” que ha sido preparado
por la Federación Internacional para esta Conferencia.
En este informe se destacan varios aspectos que necesitan una
mayor atención para fomentar una relación de respeto
mutuo entre los Gobiernos y las Sociedades Nacionales. Espero
que podamos examinar estas cuestiones durante y después
de la Conferencia.
Deseo mencionar en particular el importante papel de los voluntarios
en nuestras actividades para proteger la dignidad humana. El
servicio voluntario es uno de los Principios y valores básicos
de nuestro Movimiento. Como ya he dicho, los problemas humanitarios
que se nos plantean son demasiado grandes para hacerles frente,
estando solos. De ahí que necesitemos continuar promoviendo
y estimulando el servicio voluntario. Sin voluntarios, no seremos
capaces de cumplir lo que tenemos por delante. Debemos ser conscientes
de que sin ellos, no podremos influir en la ingente tarea de
proteger la dignidad humana.
Al tiempo que confiamos en los voluntarios para llevar a cabo
nuestras actividades, debemos saber valorarlos y estar agradecidos
por su trabajo desinteresado. Es necesario invertir en formación
y en recursos para apoyar a los voluntarios. Los Gobiernos pueden
ayudar prestando apoyo a las Sociedades Nacionales, creando
un entorno estimulante para el servicio voluntario. Otra forma
de colaboración sería reconocer y afirmar las
valiosas contribuciones aportadas por las Sociedades Nacionales
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y por las organizaciones
voluntarias en general.
Por último, nuestros esfuerzos para proteger la dignidad
humana dependen no sólo de nuestra acción, sino
también de los esfuerzos de sensibilización. La
dignidad humana comienza con el respeto de la persona, y con
la capacidad de compasión y de empatía con todos
aquellos cuya dignidad está en peligro.
Requiere que emprendamos esfuerzos para crear conciencia acerca
de las amenazas que se ciernen sobre la dignidad humana y promover
el compromiso de todos de fomentar la tolerancia, el respeto
a la diversidad, el mutuo entendimiento y una cultura de paz.
Señor Presidente:
Proteger la dignidad humana significa tomar medidas para permitir
que las comunidades, las familias y las personas sean más
fuertes, disfruten de una vida más productiva y plena,
y sean menos vulnerables. Significa dar medios a los sectores
vulnerables de la población para que puedan reducir los
riesgos y su vulnerabilidad ante los desastres y las enfermedades,
así como fortalecer su capacidad de hacer frente y responder
a las situaciones que amenazan sus vidas, su sustento y su dignidad.
Significa hacer que las personas vulnerables puedan hacer oír
su voz y participen en la toma de decisiones que las afectan
y que afectan a su dignidad.
También es necesario que los gobiernos den testimonio
de su compromiso con el respeto a la dignidad humana estableciendo
y fortaleciendo las políticas, las leyes y las prácticas
que protegen la dignidad de la persona, y garantizan el acceso
justo y equitativo a los programas y a los servicios de apoyo
a todos los que los necesitan, independientemente de su condición
o de las circunstancias.
Además, es necesario que los gobiernos y los integrantes
del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja movilicen a la sociedad civil, a las empresas, y a otros
sectores para trabajar en alianzas solidarias con las comunidades
vulnerables, y sepan escuchar su voz y sus preocupaciones, y
encontrar soluciones duraderas para los problemas humanitarios
con que nos enfrentamos.
Los problemas para proteger la dignidad humana son enormes,
e incluso abrumadores. Pero no son insuperables. Juntos podemos
construir un mundo mejor, avanzar hacia ese objetivo. Podemos
buscar inspiración en el fundador del Movimiento Internacional
de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, Henry Dunant, que supo
movilizar el apoyo de la comunidad y de los Estados a fin de
alcanzar los nobles objetivos humanitarios. Este es el ejemplo
que debemos seguir.
Señor Presidente;
No debemos olvidar que el rostro humano de desesperación
puede llegar a ser un rostro humano de esperanza y dignidad.
Nuestra voluntad, nuestra determinación y nuestro compromiso
pueden lograr que esta situación cambie. Este es el desafío
que tenemos por delante en esta Conferencia Internacional: adoptar
medidas significativas que permitan proteger la dignidad humana,
y hacer que haya un cambio real y duradero en las vidas de las
personas vulnerables en todas las partes del mundo.
Muchas gracias. |
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