En 2003, los voluntarios y voluntarias
prosiguieron con el trabajo tradicional de la Cruz Roja y
de la Media Luna Roja, pero en entornos cada vez más
difíciles. Los programas de primeros auxilios, formación
comunitaria y atención social continuaron su marcha
diaria, junto con las intervenciones en casos de desastres
naturales o causados por el ser humano.
Voluntarios y voluntarias de todo el mundo se movilizaron
cuando las inundaciones asolaron diversos lugares de Asia,
América del Sur y África. También acudieron
a rescatar y consolar a las víctimas de incidentes
violentos, cada vez más frecuentes, como los atentados
de Estambul en noviembre o la violencia desatada en Bolivia,
a finales de año.