
En
2004, si bien los efectos de la temporada anual de huracanes en
el Caribe fueron particularmente destructivos, las Sociedades de
la Cruz Roja de la región, con el respaldo de la Federación,
estuvieron a la vanguardia en las actividades de socorro. Los empleados
y voluntarios -muchos de ellos víctimas de los huracanes-
asistieron valientemente a las personas más vulnerables.
En Haití, un país que ya presentaba niveles de pobreza
elevados, las inundaciones y el deterioro de la situación
de seguridad acrecentaron las penurias de la población.
Se siguió dando prioridad al fortalecimiento de las capacidades
de las Sociedades Nacionales, y la Cruz Roja Argentina brindó
un ejemplo positivo de la forma en que un nuevo enfoque de la estructura
y la planificación puede ayudar a una Sociedad a responder
a las cambiantes necesidades de su país.
Aunque, en general, los indicadores de salud han mejorado en la
región, todavía se registran crecientes disparidades
entre diferentes grupos sociales y zonas geográficas. El
VIH/SIDA sigue siendo un gran problema en el Caribe.
Cuatro huracanes causan estragos en el Caribe
Cuatro grandes huracanes -Charley, Frances, Iván y Jeanne-
arrasaron el Caribe en agosto y septiembre, con violentos vientos,
tormentas e inundaciones que dañaron hogares, cultivos, obras
de infraestructura y servicios públicos.
Las Sociedades de la Cruz Roja en las islas afectadas suministraron
alimentos, refugio, mantas, tabletas potabilizadoras y artículos
de higiene a miles de las familias más afectadas; asimismo,
distribuyeron chapas de zinc para reemplazar techos dañados.
Iván fue el huracán más destructivo de los
últimos diez años en la región, con vientos
de hasta 250 km/h. En Granada destruyó el 90% de las casas
y causó interrupciones en las comunicaciones, dejando aislada
a la isla durante horas. Pese a las pérdidas personales sufridas,
los empleados de la Cruz Roja trabajaron sin descanso para asistir
a 65.000 personas (dos tercios de la población de la isla).
El huracán Iván, el primero que asoló Granada
en 49 años, ha inducido a la Sociedad Nacional a intensificar
su labor de preparación para desastres con las comunidades
locales. “Atender a las necesidades psicológicas de
las personas y contar con una buena base de voluntarios y un buen
sistema de gestión son factores realmente importantes”,
dijo Samantha Dickson de la Cruz Roja de Granada.
El huracán Charley anegó las tierras bajas del sur
de Cuba. La Cruz Roja Cubana ayudó a evacuar a familias a
refugios temporales y suministró asistencia, incluidas raciones
alimentarias, primeros auxilios y apoyo psicosocial.
Inundaciones e inseguridad en Haití
En septiembre, la tormenta tropical Jeanne agravó la miseria
de la población de Haití, que ya padecía grandes
penurias como consecuencia de una crisis política y de las
inundaciones registradas ese mismo año.
Jeanne se cobró 1.800 vidas y afectó a 300.000 personas
a causa de las violentas inundaciones repentinas que arrasaron viviendas
y pertenencias, hicieron rebalsar alcantarillas y letrinas y arruinaron
tierras cultivables. La Federación y la Cruz Roja Haitiana,
que ya realizaban operaciones de socorro para atender a la agitación
social y las inundaciones de mayo, concentraron su actividad en
Gonaïves, la zona más castigada.
A pesar de la delicada situación de seguridad, 20 voluntarios
de la Cruz Roja se ocuparon de que las distribuciones de socorro
fuesen seguras y eficaces en la mayor medida posible y descargaron
suministros de socorro, verificaron tarjetas de racionamiento e
incluso escoltaron a los beneficiarios hasta sus hogares.
En total, la Federación suministró artículos
de socorro distintos de los alimentos a 10.800 familias y ayuda
alimentaria a 1.400 familias. También se prestó asistencia
a varios orfanatos y a un hogar de ancianos. Se suministró
agua salubre en cinco puntos de distribución y se estableció
un hospital de emergencia con 100 camas para prestar servicios médicos
porque el hospital local había sido dañado por las
inundaciones.
Treinta voluntarios de la Cruz Roja visitaron escuelas y hogares
para promover prácticas adecuadas de aseo personal, conservación
de letrinas, purificación de agua y recolección de
residuos.
Juntos podemos combatir el SIDA
Un programa de educación por homólogos, que imparte
formación sobre el VIH/SIDA a los jóvenes en el Caribe,
ha sido ampliado a América Central, donde la epidemia se
está agravando entre las poblaciones socialmente marginadas.
El programa Juntos podemos instruye a jóvenes de 14 a 19
años sobre temas básicos como la transmisión,
el estigma y la discriminación. Estos jóvenes, a su
vez, instruyen a otros jóvenes sobre el SIDA, con el método
de abstinencia, fidelidad y uso de preservativos.
Con más de 7.500 jóvenes instructores en el Caribe,
tres Sociedades Nacionales de América Central han adoptado
este método. En Panamá, los instructores esperan impartir
formación a 1.000 estudiantes secundarios; en Belice se focalizarán
en jóvenes que no asisten a la escuela en una zona desfavorecida
de Ciudad de Belice. En Honduras, el método se incorporará
en un proyecto en curso.
En 2004, las Sociedades Nacionales de México y América
Central establecieron una red sanitaria a fin de fortalecer su capacidad
para controlar la propagación e incidencia del VIH/SIDA.
En 2000 se creó una red similar en el Caribe, donde el SIDA
se ha convertido en la principal causa de mortalidad entre adultos
de 15 a 44 años de edad, según informa el ONUSIDA.
Reestructuración en la Argentina
La Cruz Roja Argentina ha revisado su estructura organizacional
y sus programas para poder atender las necesidades de un creciente
número de personas vulnerables en el país, donde una
serie de crisis económicas han creado elevados niveles de
pobreza.
Con el impulso del Presidente de la Sociedad y el apoyo financiero
del Fondo de Fortalecimiento de Capacidad de la Federación,
el proceso de cambio renovó tanto al equipo de gestión
como la plantilla de personal, se tradujo en la adopción
de nuevos estatutos que realzan los aspectos de democracia y responsabilización
y creó un nuevo plan estratégico para orientar los
programas de la Sociedad en las áreas esenciales.
Las filiales contribuyeron a la planificación y fueron alentadas
a desarrollar su base de voluntarios a través de actividades
de capacitación y de la participación en proyectos
comunitarios.
Al haberse adaptado a su entorno, la Sociedad realiza hoy una acción
más pertinente para sus beneficiarios y tiene una mejor reputación,
lo cual le ayuda a obtener fondos para sostener el proceso. El desafío
que se plantea ahora es instrumentar estos cambios con eficacia
al nivel de las filiales.