

En el presente Informe se destaca la labor de la Federación
Internacional y de nuestras Sociedades Nacionales durante 2004 para
prestar ayuda a las personas más vulnerables del mundo y,
al propio tiempo, mejorar nuestras capacidades para cumplir ese
cometido.
El trágico maremoto del Océano Índico, que
asoló a la región al fin del año, puso en marcha
la mayor operación humanitaria de nuestra historia. También
nos demostró a todos el poder de la humanidad, pues de todo
el mundo se recibieron generosas donaciones para las operaciones
de socorro y las Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
mancomunaron su acción para ayudar a las víctimas
cuyas vidas habían sido devastadas por el fenómeno.
Este apoyo nos está ayudando a brindar a muchos un futuro
más prometedor.
Durante el año, brindamos asistencia a las víctimas
de muchos desastres: huracanes, terremotos, inundaciones y sequías,
y contribuimos a paliar los efectos de conflictos y disturbios,
crisis económicas, movimientos de población y emergencias
sanitarias, en particular la inmensa catástrofe del VIH/SIDA.
En el mundo contemporáneo, las organizaciones humanitarias
realizan su cometido en un contexto global complejo en el que la
gestión de los desastres, los problemas de salud y el desarrollo
están estrechamente relacionados entre sí. Es, asimismo,
un entorno en constante mutación en el que la globalización,
los cambios demográficos y la inseguridad configuran todo
el acaecer mundial.
Tenemos que adaptarnos a estas transformaciones para lograr nuestros
objetivos y brindar una asistencia humanitaria eficaz. Por esa razón
hemos estado examinando nuestra posición en el mundo y estudiando
cómo podemos consolidar nuestros logros y ampliar la escala
de nuestras iniciativas para conseguir mejores resultados en la
consecución de nuestra misión. Esa es la finalidad
del proceso participativo que denominamos Nuestra Federación
del Futuro.
Debemos preservar la confianza y el respeto que se han depositado
en la Cruz Roja y la Media Luna Roja mediante programas de alta
calidad y una acción transparente. Debemos aplicar las enseñanzas
extraídas a los desafíos que se plantean y seguir
haciendo oír nuestra voz en nombre de las víctimas
de desastres silenciosos y olvidados.
Hemos aprendido que no podemos actuar solos y, por ende, atribuimos
gran importancia tanto a forjar relaciones con otros actores en
la esfera humanitaria como a promover nuestros valores humanitarios.
Como siempre, las actividades que se describen en el presente informe
no habrían sido posibles sin el ahínco de millones
de voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en todo el
mundo, y los frutos de esa labor son un homenaje a todos ellos.