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Publicaciones: Informe mundial sobre desastres 2002
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Orissa Disaster Mitigitation Programme/
India 2000
 

Sección uno - La disminución del riesgo en primer plano

Capítulo 1
Disminución del riesgo: retos y oportunidades


La disminución del riesgo, - es decir, lo que hace falta, la mejor manera de actuar y los retos que plantea- es el tema del presente informe. Se han examinado detenidamente las "complejas emergencias políticas" del pasado decenio y, en este capítulo, nos concentramos en lo que muy a menudo se denomina (erróneamente) desastre "natural".

Entre los decenios de 1970 y 1990, el número de muertos en desastres pasó de 2.000.000 a menos de 800.000, pero el número de damnificados triplicó cifrándose en 2.000 millones. Las pérdidas económicas quintuplicaron ascendiendo de 629.000 millones de dólares en el decenio de 1990. El huracán Mitch, por ejemplo, acabo con 20 años de desarrollo económico en Honduras. Los deslaves de 1999 en las costas de Venezuela tuvieron un costo de 10.000 millones de dólares, es decir, 10 por ciento de producto interno bruto.

Además, algunas anomalías del desarrollo como, por ejemplo, la urbanización rápida y no planificada y la despoblación forestal, exponen a más gente a desastres. Incluso quienes están mejor dotados corren riesgos. Los muertos en los terremotos de Turquía de 1999 fueron víctimas de códigos de construcción inadecuados, no de la pobreza, y los deslizamientos de tierra que hubo en San Salvador en enero de 2001 arrastraron viviendas de clase media construidas en zonas riesgosas.

El desarrollo ciego al riesgo es un factor de creciente vulnerabilidad. Otro, es la falta de medidas eficaces de preparación en previsión de desastres y de mitigación de los mismos (por ejemplo: diques resistentes a inundaciones; sistemas de alerta temprana; rutas de evacuación; refugios; almacenamiento de suministros de socorro; brigadas de intervención en caso de desastre, e información pública). A continuación se enumeran algunos obstáculos que impiden una verdadera disminución del riesgo:

  • Geopolítica: En el decenio de 1990, los conflictos armados insumieron gran parte del que hacer humanitario relegando a segundo plano el problema de la vulnerabilidad a los peligros naturales.

  • Fragmentación de la "comunidad": la tarea de los profesionales que tratan de mitigar las secuelas de los desastres se ve dividida por fronteras institucionales.

  • La disminución del riesgo se considera una cuestión aparte cuando, en realidad, debería incluirse en los programas de desarrollo y los programas humanitarios. A raíz de ello, se hace caso omiso de esta cuestión o queda relegada.

  • La disminución del riesgo se considera un problema técnico que requiere soluciones técnicas y, rara vez, se abordan los factores subyacentes que obligan a la gente a vivir en condiciones precarias.

  • Falta de recursos: los donantes asignan muchos menos recursos a la disminución del riesgo que al socorro. El año pasado, por ejemplo, la Oficina de Ayuda Humanitaria de la Comunidad Europea (ECHO) asignó tan solo 1,5 por ciento de su presupuesto de ayuda a la preparación en previsión de desastres.

  • Invisibilidad de los gastos por disminución del riesgo: los programas de desarrollo incluyen la mitigación pero rara vez figuran en las cuentas de los donantes.
¿Qué da resultado? ¿Qué no da resultado y por qué? Las verificaciones suelen centrarse en el corto plazo y más bien en los resultados que en las consecuencias. Aun así, abundan experiencias positivas y documentadas que demuestran que la mitigación de desastres y la preparación en previsión de los mismos son eficaces. Citemos algunos ejemplos.

En el decenio de 1990, los ciclones cobraron 140.000 vidas en Bangladesh. Pero el Programa de preparación en previsión de ciclones permitió evacuar y ofrecer refugio a 2.500.000 personas más antes de que se desataran los ciclones, lo que con toda probabilidad les salvo la vida.

La recolección de agua de lluvia contribuyó a conservar los cultivos y el suministro de agua para uso doméstico en 20.000 pueblos de la India.

En las inundaciones de Vietnam de 1999, sólo se derrumbó una de las 2.450 viviendas resistentes a inundaciones que había hecho construir la Cruz Roja.

Pero el cuadro está incompleto porque las iniciativas están muy poco documentadas. Los legisladores carecen de información adecuada. Varios estudios de caso demuestran que los beneficios que aporta la preparación en previsión de desastres y la mitigación de estos últimos son necesarios. Hace falta un mayor compromiso regional e internacional. Los desastres son problemas complejos que requieren intervenciones complejas. Dado que la disminución del riesgo se sitúa en el núcleo del proceso de desarrollo, el reto supera la capacidad de quienes se ocupan de gestión de desastres y requiere que organismos de desarrollo, gobiernos, organizaciones no gubernamentales (ONG), empresas, científicos y comunidades vulnerables cooperen entre sí. A juicio de Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, sabemos lo que hay que hacer, pero hace falta el compromiso político para hacerlo.

A pesar de las iniciativas internacionales, la vanguardia contra los desastres la ocupan las comunidades a riesgo que pueden enseñarnos mucho acerca de la prevención y la mitigación de desastres. En las islas de limo que surgen en el río Jamuna de Bangladesh, por ejemplo, se utiliza una especie de caña local para estabilizar los nuevos depósitos de limo y prepararlos para el cultivo. El calendario agrícola y la variedad de cultivos se planifican en función del ciclo anual de inundaciones. También se propician los matrimonios entre jóvenes de distintas islas para que las familias afectadas por las inundaciones en una isla puedan refugiarse en otra.

Los métodos de mitigación de desastres basados en la comunidad contribuyen a definir con mayor exactitud los problemas y las soluciones porque se aprovecha la experiencia adquirida por haber tenido que hacer frente a desastres durante toda la vida. Estos métodos permiten aplicar tecnologías apropiadas y poco onerosas. Además, hay muchas más probabilidades de que sean viables porque son obra de la comunidad y se cimientan en la capacidad local.

La principal flaqueza de estas iniciativas comunitarias reside en su alcance limitado y ampliarlo para obtener mayores resultados requiere la participación del Estado. No obstante, cabe señalar que en muchos casos, se considera que el aparato estatal forma parte del problema.

Aunque en algunos planes nacionales se mencionen la preparación en previsión de desastres y la mitigación de los mismos, no se dan detalles ni se asignan recursos. Presiones de orden social y macroeconómico pueden socavar la capacidad de las autoridades en lo que respecta a disminuir el riesgo. Los gobiernos centrales que carecen de fondos pueden negarse a asumir sus responsabilidades, delegándolas en gobiernos locales y ONG incluso si estos últimos carecen de calificaciones y recursos para asumirlas.

El éxito de Cuba en salvar vidas es un buen ejemplo de preparación en previsión de desastres dirigida por el gobierno, ¿cuál fue el secreto de este éxito? Ben Wisner, geógrafo, estima que uno no puede determinar el riesgo de desastres utilizando únicamente la tecnología. También hay que sancionar y hacer cumplir leyes, establecer instituciones que rindan cuentas, y crear un entorno de confianza y respeto mutuos entre el gobierno y la población.

Enfoques innovadores de la disminución del riesgo ofrecen un potencial considerable. Uno de los más interesantes es el que se basa en medios de sustento duraderos, analizando los factores de vulnerabilidad de las comunidades pobres y los fondos a los que tienen acceso. La Evaluación de la vulnerabilidad y la capacidad (EVC) de la Federación Internacional es una herramienta nueva e idónea para evaluar la capacidad de resistencia de las comunidades respecto a los desastres y proceder a la reducción del riesgo.

La innovación en materia de seguros contra desastres consiste en condicionar las políticas a la aplicación de códigos de construcción y división por zonas. Además, según el nuevo seguro contra las inclemencias del tiempo, basado en coeficientes, se prevén desembolsos automáticos en un plazo de 72 horas después de determinados acontecimientos que pueden desencadenar un desastre (vientos huracanados, bajo nivel de precipitaciones, etc.).

La idea del derecho a la seguridad frente a los desastres gana terreno. Gobiernos y empresarios probablemente impugnen este concepto por temor de que acreciente su propia responsabilidad, pero ello no impide que podría consolidar la rendición de cuentas entre la gente vulnerable y aquellos que se supone deben ayudarla.

Las amenazas que los peligros naturales suponen para la sociedad y el desarrollo son ingentes pero, aun así, la preparación en previsión de desastre y la mitigación de los mismos son eficaces tanto en término humanos como económicos y ambientales. A continuación, se resumen tres ideas que pueden modificar radicalmente la forma en que nos manejamos con el riesgo.

Situar los desastres en el amplio contexto de la disminución del riesgo - Esta idea es pertinente para todos aquellos que trabajan en regiones peligrosas ya sea en socorro, desarrollo, empresas, sociedad civil o gobierno. Dicha disminución no se circunscribe a desastres de grandes dimensiones ya que también puede aplicarse a peligros más pequeños y recurrentes que socavan a los hogares vulnerables.

Forjar asociaciones a largo plazo, y fundadas en el buen gobierno, entre diversos sectores y disciplinas sienta sólidas bases para neutralizar las amenazas que entrañan los desastres. Abordar los desastres desde esta perspectiva nos lleva del enfoque puramente técnico a la elaboración de estrategias más centradas en la gente.

Fijar metas de disminución del riesgo permitiría concentrar voluntad política y recursos. Dichas metas han de ser fijadas por gobiernos, comunidades, ONG y donantes a efectos de: reducir el número de muertos y damnificados por los desastres; poner en práctica los planes en materia de desastres; formar brigadas de intervención; establecer sistemas de alerta temprana y evacuación; proteger la infraestructura esencial; neutralizar el deterioro ambiental, y asignar un porcentaje de los fondos de socorro a la mitigación de desastres y a la preparación en previsión de los mismos.


Recolección de agua de lluvia para mitigar la sequía

Durante dos años, Sri Lanka meridional sufrió la peor sequía de los últimos 50 años. Se perdieron cinco cosechas consecutivas, el ganado murió y el agua de los pozos descendió a niveles alarmantes, los niños estaban desnutridos y la asistencia a la escuela disminuyó considerablemente. Según estimaciones, el número de damnificados ascendió a 1.600.000.

La comunidad de Muthukandiya afectada por la sequía se dirigió a una ONG local para abordar la cuestión. De allí surgió una iniciativa de mitigación, basada en la tecnología de "recolección de agua de lluvia", tecnología que es poco onerosa porque consiste en utilizar tanques para recolectar el agua que cae de las goteras y las canaletas del techo de las casas.

Toda la comunidad participó en el proceso de planificación. Dos albañiles recibieron formación en el puesto de trabajo para aprender a construir tanques de recolección con una capacidad de 5.000 litros. Cada sistema costó 195 dólares, es decir, el equivalente del ingreso mensual de la familia. La comunidad sufragó la mitad del costo, suministrando materiales y mano de obra no calificada. La ONG costeó el resto. Las familias recibieron instrucciones para conservar los tanques en buenas condiciones y toda la comunidad aprendió a mantener limpia el agua recolectada para uso doméstico Por otra parte, en el pueblo se creó una sociedad encargada de administrar el proyecto.

Las evaluaciones demostraron claramente que los 37 hogares con esos tanques disponían de mucho más agua para uso doméstico que los hogares que se aprovisionaban en pozos y estanques. En los meses más secos, la diferencia ascendió a prácticamente el doble y, además, el agua era más limpia.

Nandawathie es viuda y aprovechó al máximo las posibilidades que ofrecía el suministro de agua: cultivó verduras, las vendió y abrió una pequeña tienda, lo que aumentó sus ingresos. Entonces, pidió un préstamo para instalar un sistema de energía solar. Actualmente, se siente más segura porque ya no tiene que ir a buscar agua al pozo de madrugada y al atardecer. Sus hijos ya no sufren de diarrea y su hija tiene más tiempo para hacer los deberes.


Capítulo escrito por John Twigg, del Benfield Greig Hazard Research Centre, University College, Londres, y Charlotte Benson, economista. Texto del recuadro escrito por John Twigg y Madhavi Ariyabandu (Intermediate Technology Development Group, South Asia).





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