Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC)
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Publicaciones: Informe mundial sobre desastres 2002
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Yoshi Shimizu/
International Federation,
Honduras 1999
 

Sección uno - La disminución del riesgo en primer plano

Capítulo 2
Preparación en previsión de desastres - prioridad para América Latina

El huracán Michelle que se abatió sobre Cuba en noviembre de 2001 fue la tormenta más violenta desde 1944. Sin embargo, sólo murieron cinco personas. La eficacia de la defensa civil y de la planificación de la Cruz Roja garantizaron la evacuación de 700.000 personas a refugios de emergencia. Además, se pusieron en práctica planes de búsqueda y rescate, y de atención de salud de urgencia. En La Habana se cortó el agua y la electricidad para evitar que hubiera muertos por electrocución y contaminación por aguas residuales. Previamente, se había instruido a la población para que constituyera reservas de agua y limpiara las calles de escombros que podían causar daños. De ahí que después del desastre, las Naciones Unidas informaran que el alto nivel de preparación en previsión de desastres del gobierno.. había sido decisivo para evitar una pérdida de vidas considerables.

La diferencia entre este desastre en Cuba y desastres anteriores como los huracanes Mitch y Georges en 1998 y las inundaciones en Venezuela en 1999, es enorme. El huracán Mitch dejó un saldo de 20.000 muertos y supuso una regresión de 20 años para el desarrollo económico de Honduras. Sin una mejor preparación en previsión de desastres, el desarrollo de la región retrocederá a cada desastre. ¿Dónde se han invertido mejor los recursos para dicha preparación?

Entre 1960 y 1988, Estados Unidos registró 64 desastres "naturales" en América Central únicamente. Las comunidades son cada vez más vulnerables debido a la precariedad de la construcción y el deterioro del medio ambiente. En el terremoto de El Salvador en 2001, 700 de los 1.100 muertos quedaron enterrados por el deslizamiento de tierra que sumergió las viviendas situadas en terrenos inestables de Santa Tecla.

Además, gobiernos y organismos de ayuda no han sido capaces de prepararse ni preparar a las comunidades para hacer frente a los desastres. Cuando el huracán Mitch se abatió sobre Honduras, la falta de simples procedimientos de evacuación, brigadas de búsqueda y rescate, y reservas de suministros de socorro costó muchas vidas. ¿Hemos perdido de vista el verdadero aporte de la preparación en previsión de desastre (PPD)?

Después de los tres desastres de 1998 y 1999, un equipo independiente examinó la actuación de la Cruz Roja y concluyó que las Sociedades Nacionales y la Secretaría de la Federación Internacional no estaban adecuadamente preparadas para intervenir de manera oportuna y eficaz en casos de desastre. Este equipo añadió que si bien la PPD basada en la comunidad es indudablemente importante, las propias Sociedades Nacionales tiene "la obligación fundamental" de garantizar que también ellas estén "preparadas como corresponde".

Entonces, la Federación Internacional creó la Unidad Panamericana de Respuesta ante Desastres, conocida por la sigla en inglés PADRU, para consolidar la PPD y la capacidad de respuesta a escala regional. La sede de PADRU se encuentra en Panamá donde se dispone de buenas comunicaciones, buenas condiciones de seguridad y una zona de libre comercio, lo que facilita la adquisición y distribución de suministros de socorro en un plazo de 24 horas, una vez recibida la solicitud de cualquier Sociedad Nacional de la región.

La primera prioridad de PADRU es consolidar la capacidad de preparación e intervención de las Sociedades Nacionales en caso de desastre. Quienes integran las brigadas nacionales de intervención reciben formación en disciplinas que van desde el salvar vidas a la prestación de socorro. La PADRU también ayuda a procurarse materiales de socorro en el mercado local. Aunque cada sección de la Cruz Roja prefiera contar con su propio depósito de suministros de socorro, la PADRU preconiza que se disponga de una combinación de reservas a escala regional y de contratos previos con proveedores locales para distribuir dichos suministros rápidamente en caso de desastre.

La finalidad global de la PADRU es garantizar una distribución veloz y eficaz de ayuda de socorro al tiempo que se cimienta la capacidad en materia de PPD e intervención a escala local. En lo que respecta a la eficacia, es preciso que algunos recursos sean locales (por ejemplo, el personal de búsqueda y rescate); otros, en cambio, (por ejemplo, las reservas estratégicas de ayuda de socorro) pueden obtenerse mejor a escala nacional o regional. Asimismo, algunas tareas (por ejemplo, los procedimientos de evacuación) tienen que estar arraigadas en las propias comunidades, mientras que otras (por ejemplo, la pericia en gestión y manejo de grandes cantidades de suministros de socorro internacional) es preferible que estén centralizadas.

Muchos afirman que la pobreza acentúa la vulnerabilidad a los desastres naturales y que, por lo tanto, el desarrollo económico es la mejor forma de PPD. Generalmente, son los pobres quienes más sufren en los desastres, pero no siempre es así. El año pasado, durante el terremoto de Perú, algunas viviendas de los barrios marginales resistieron y otras de barrios ricos se derrumbaron. En El Salvador, la mayoría de las 700 víctimas de los derrumbes de Santa Tecla era de clase media.

La pobreza no es el único factor de riesgo ante los desastres. La falta de reglamentación respecto a las zonas de construcción puede llevar a los promotores a construir en lugares de alto riesgo y, debido a la corrupción también pueden hacer caso omiso de las normas de construcción. La gente, por ignorancia, puede instalarse en edificios de calidad inferior y ciegos a los riesgos. De todos modos, si no se han trazado mapas de las zonas de alto riesgo no hay riqueza que procure protección. En 1985, cuando un volcán colombiano entró en erupción y la lava arrasó una ciudad de 20.000 habitantes, murieron ricos y pobres. La riqueza no hubiera podido salvar a ninguno de ellos, pero una alerta oportuna y procedimientos de evacuación podrían haberlos salvado a todos.

Los expertos concuerdan en que compete al gobierno nacional tomar la iniciativa de disminuir el riesgo, pero que también se puede avanzar en comunidades y municipios. En Perú, 15 brigadas de emergencia de la Cruz Roja, con formación en evacuación y primeros auxilios y vinculadas a la defensa civil local, socorrieron a 30.000 personas tras el terremoto de 2001. Según un voluntario, "la gente sabía lo que tenía que hacer y donde ir si su casa se derrumbaba. No cundió el pánico. Los vecinos ayudaron a trasladar a todo el mundo a lugares abiertos. Aquí, indudablemente, las brigadas salvaron vidas".

Los terremotos no se pueden pronosticar con exactitud, pero los desastres climáticos sí. Ahora bien, los pronósticos de nada sirven si no se alerta a las comunidades y nadie sabe lo que hay que hacer. En Cuba, la planificación eficaz y la divulgación de información a través de los medios de comunicación estatales permitieron poner en marcha los procedimientos de evacuación en todo el país antes de que llegara el huracán Michelle.

En cambio, en el resto de América Central había muy pocos sistemas similares cuando se desató el huracán Mitch, pero algunas comunidades habían ideado su propio sistema de alerta temprana. En Guatemala, a mediados del decenio de 1990, las ciudades a orillas del río Coyolate conjugaron esfuerzos para trazar el mapa de las zonas expuestas a inundaciones, construir refugios y controlar el nivel de las aguas. La alarma, disparada por el nivel de precipitaciones en las montañas, alerta a las comunidades para que verifiquen las corrientes del río y, llegado el caso, evacuen. Durante el huracán Mitch, murieron 300 personas en las inundaciones de otros ríos, pero a lo largo del Coyolate no hubo pérdida de vidas.

El trazado de mapas de riesgo va ganando popularidad. Pero, ¿qué clase de riesgos hay que tener en cuenta y cómo cuantificarlos? En Perú meridional, después del sismo de 2001, los geólogos trazaron mapas detallados del riesgo de maremotos y terremotos. Sin embargo, dejaron de lado las erupciones volcánicas y las inundaciones provocadas por los lagos glaciales. Arequipa, la ciudad más grandes del sur de Perú, se erige a la sombra del volcán El Misti. Los expertos consideran que representa un "peligro considerable" para la ciudad que se ha extendido por valles que pueden quedar enterrados bajo la lava. El jefe de la defensa civil dice: "No tenemos un plan para hacer frente a esa eventualidad. Pero tal vez lo tengamos".

Reducir los efectos mortales de los desastres en América Latina implica, entre otros, lo que sigue:

  • Incorporar la disminución del riesgo en la planificación del desarrollo. Esta prioridad a largo plazo reducirá la vulnerabilidad a los desastres. Preconizar el desarrollo no basta, pues el desarrollo puede agravar los desastres debido al deterioro del medio ambiente o el traslado de la gente que vive chabolas resistentes a sismos a departamentos vulnerables a ellos.

  • Invertir más recursos en la preparación en previsión de desastres. Garantizar que las políticas de desarrollo incluyan la capacidad de resistencia al riesgo puede llevar decenios, pero en la región hay desastres todos los años.. Las medidas prioritarias de PPD abarcan: trazado de mapas de riesgo y vulnerabilidad; sensibilización e instrucción en materia de desastres; sistemas de alerta temprana y evacuación; reservas de suministros de socorro; formación en competencias de intervención, y planificación a todo nivel para garantizar la coordinación de la intervención en caso de desastre.

  • La cultura de disminución del riesgo no sólo debe comprender actividades de todas las profesiones relativas a los desastres y el desarrollo sino también a las comunidades vulnerables y su respectivo gobierno. La riqueza por sí sola no salvará a nadie de un desastre. En cambio, se puede ser pobre y estar bien informado y preparado.

El trazado de mapas de riesgo y el traslado se tiñen de política

El trazado de mapas de riesgo y peligro es una tarea importante para preparar a las sociedades en previsión de desastres. Pero pueden teñirse de política, sobre todo cuando va acompañada de la exigencia de que se traslade a la gente. A los habitantes de Catas, pequeña comunidad peruana de la costa del Pacífico, se les dijo que partieran. La mitad del pueblo se vino abajo durante el terremoto de junio de 2001, dejando sin hogar a 63 de las 71 familias que vivían allí. Hubo tres muertos. La mayoría de los supervivientes vive en tiendas de campaña y se alimenta gracias a la olla popular de una institución de caridad.

Los geólogos que trazaron los mapas de riesgo de la región aseveran que Catas es sumamente vulnerable a futuros sismos. Los habitantes no saben muy bien por qué y sospechan que las autoridades quieren que partan por algún otro motivo. Tras calificarlo de pueblo de alto riesgo, las autoridades municipales le han designado un nuevo emplazamiento cerca de allí, pero la gente debe pagar de su bolsillo unos 40.000 dólares. Si no lo hacen, y deciden quedarse, las autoridades advirtieron que no ayudarán en la rehabilitación. Freddy González, de la Cruz Roja, comenta: "Para nosotros es un gran dilema. Si se niegan a ir a algún otro lugar más seguro, ¿debemos ayudarles? Si los llevamos a módulos de viviendas, por ejemplo, estaremos más bien facilitando que previniendo un futuro desastre".

Por su parte, Fernando Herrera, líder comunitario, afirma que estarían de acuerdo en mudarse si pudieran conservar los títulos de propiedad y añade: "Queremos seguir cultivando la tierra; tenemos que construir casas de verano aquí cerca del mar. El problema es que se rumorea que han encontrado petróleo y por eso quieren que nos vayamos". Los voluntarios de la Cruz Roja sonríen con pesar. "Aquí, trazar el mapa de riesgos es un proceso muy político", concluye Fernando Nuño, Delegado de Información de la Federación Internacional.


Capítulo escrito por Fred Pearce, periodista independiente.





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