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Christopher Black/
International Federation,
Mozambique 2001
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Sección uno - La disminución del riesgo en primer plano
Capítulo 3
Frutos de la preparación en Mozambique
La intervención en las inundaciones de 2001 en Mozambique, las peores en más de un siglo, fue todo un éxito. Los titulares de los medios de comunicación ensalzaron el rescate en helicóptero de una madre que había dado a luz refugiada en un árbol, pero muy poco se dijo de las 45.000 vidas salvadas principalmente por socorristas regionales.
Un año después, hubo de nuevo inundaciones. Las brigadas locales utilizaron lanchas para rescatar a más de 7.000 supervivientes. Cada año, la proporción fue de un muerto por cada 60 rescatados. A pesar de ser uno de los países más pobres del mundo, Mozambique estaba mucho mejor preparado que los que muchos temían y, aunque la ayuda internacional fue determinante, el éxito radicó en que los organismos dejaron que los mozambiqueños dirigieran la operación. Entonces, ¿cómo contribuyó la PPD a salvar vidas?
Las planicies anegadas son tierra fértil. La mayoría de los agricultores trabaja en ellas y vive en los alrededores. Por lo tanto, la gente tiene que acostumbrarse a vivir con las inundaciones. De ahí que los sistemas de pronóstico, alerta temprana y evacuación sean esenciales, así como la sensibilización de la comunidad para garantizar que estos sistemas funcionen en la práctica.
El pronóstico del tiempo a largo plazo sigue siendo un arte inexacto. La alerta de inundaciones a corto plazo se puede dar si se controla el nivel de las precipitaciones y el agua de los ríos. En marzo de 2000, hubo una alerta preventiva de crestas de crecidas, pero algunos mozambiqueños ignoraron la alerta temiendo que les robaran sus posesiones si partían. Muchos de los 700 muertos en 2000 estaban en su granja ocupándose de los animales.
Para garantizar que la gente reaccione a las alertas es imprescindible mantener unidos todos los eslabones de la cadena, de la alta tecnología de meteorología a las alertas rudimentarias, pasando por la evacuación. Las comunidades deben confiar en quienes dan la alerta. Después de las inundaciones de 2000, el Sr. Chissano, Presidente de Mozambique, dijo que las alertas deben ser claras y simples. El presidente sugirió que se utilizara a los maestros de escuelas primarias para controlar el nivel de las aguas y alertar a su comunidad. El gobierno también estudia medidas jurídicas que permitan obligar a la gente a partir.
Cuando los meteorólogos dieron la alerta temperan de precipitaciones inusuales, la Cruz Roja Mozambiqueña (CRM) inmediatamente empezó a actualizar la formación de sus voluntarios. El Instituto Nacional de Gestión de Desastres (INGC) envió equipos para preparar a la gente de las zonas vulnerable y llevar a cabo un gran simulacro de prestación de socorros en inundaciones, simulacro en el que participaron la policía, la CRM, clubes de aviación, brigadas de bomberos y scouts. Un mes antes, el Ministerio de Salud había proporcionado medicamentos a las clínicas provinciales. Además, las autoridades volvieron a tomar contacto con la fuerza aérea de Sudáfrica que había ayudado en emergencias anteriores. Las experiencias de guerra del decenio de 1980 habían reforzado la capacidad de Mozambique para hacer frente a las crisis.
Desde siempre, los organismos constituyen reservas de suministros de socorro, pero Mozambique tenía amargas experiencias de robo y venta de dichos suministros. Además, entre un gran desastre y el siguiente puede pasar un decenio y conservar las reservas en buenas condiciones durante tanto tiempo es prácticamente imposible debido a las condiciones climáticas y económicas del país. Una alternativa consiste en concluir contratos por anticipado, por ejemplo, con estaciones de combustible y propietarios de embarcaciones, para que mediando una tarifa, proporcionen los suministros esenciales en épocas de inundaciones graves.
Una enseñanza fundamental que dejaron ambos desastres fue que la coordinación de socorros funciona mejora cuando la intervención es dirigida por mozambiqueños o cuenta con su plena participación. En 2000, antes de que llegara la ayuda internacional, trabajadores de salud y la CRM establecieron puestos de salud de emergencia. Funcionarios municipales organizaron centros de reasentamiento, coordinaron la distribución de alimentos y tiendas de campaña, así como la construcción de letrinas y depósitos de agua.
A medida que las inundaciones iban empeorando, cientos de organismos de ayuda extranjeros se precipitaron al país y el Sr. Simão, Ministro de Asuntos Exteriores, coordinó personalmente la intervención de socorro. El equipo de evaluación de desastres, de las Naciones Unidas, trabajó en colaboración con las oficinas del INGC y el gobierno presidió las reuniones diarias para garantizar la coordinación de la ayuda. El resultado fue espectacular. El suministro de agua y el sanamiento adecuados acabaron con el cólera; el personal de salud controló la malaria, hubo alimentos en cantidad suficiente como para que el hambre no se generalizara. Pero, lo más importante fue la tasa de mortalidad , que en el caso de las personas desplazadas en las inundaciones de 2000 fue inferior a la que se prevía si hubieran permanecido en su casa.
En 2001, la coordinación no fue tan eficiente, en parte, porque las inundaciones se extendieron más allá de la capital donde el INGC cuenta con menos recursos. Por consiguiente, es prioritario dotar al INGC de personal con la debida formación y recursos suficientes en todo el país. Allí donde no sea posible emplear socorristas a tiempo completo, se podrían confiar tareas a funcionarios provinciales, impartiéndoles la formación necesaria y previendo una remuneración suplementaria, por ejemplo, cuando se declare el estado de emergencia.
A nivel comunitario, la CRM demostró que invertir en voluntarios da resultado. En las inundaciones de 2001, los voluntarios hicieron buen uso de la formación que habían recibido durante la sequía de 1992-1993, para saber: instalar tiendas de campaña; organizar campamentos; llevar el registro de personas desplazadas; evaluar necesidades; clorar el agua; construir letrinas; prestar primeros auxilios, y utilizar embarcaciones de rescate. Todas estas calificaciones pueden utilizarse en muchos otros desastres.
Las medidas de mitigación estructural también son importantes. En 2000, el agua quedó estancada en los caminos terraplenados y prolongó las inundaciones en el valle de Limpopo. Actualmente, se construyen drenajes y puentes en los terraplenes para que las aguas de las crecidas pasen por debajo. Las clínicas bien construidas sobrevivieron a las inundaciones sufriendo poquísimos daños, lo que demuestra que proteger la infraestructura imprescindible también da resultado. Por otra parte, edificar un centro comunitario que resista a las inundaciones donde se puedan depositar las posesiones de valor alentará a más gente a aceptar la evacuación.
En lo que se refiere a mejorar los sistemas de alerta temprana de inundaciones, abunda la retórica de donantes que, a su vez, son reacios a pagar por ello. Del dinero solicitado por Mozambique para reemplazar los limnímetros y pluviómetros destruidos por las inundaciones de 2000, los donantes prometieron aportar tan solo 15 por ciento. Sin embargo, en mayo de ese mismo año, habían ofrecido 470 millones de dólares para reconstrucción. Entretanto, la reparación de diques que era imprescindible antes de la siguiente estación de lluvias no se pudo hacer porque la entrega de los fondos donados fue lenta. Hace falta una mayor flexibilidad por parte de los donantes para que el dinero destinado a la reconstrucción se pueda utilizar para mejorar la preparación en previsión de desastres.
El funcionamiento del sistema de alerta temprana exige dinero para formar y pagar a quienes se encarguen de controlar el nivel de las aguas y dotar a los coordinadores de bicicletas, baterías de radio y teléfonos móviles. Aunque no hacen falta grandes sumas de dinero, todo ellos puede representar un aumento del gasto público. Ahora bien, en el caso de Mozambique, el Documento de Estrategia para la Reducción de la Pobreza (conocido por la sigla en inglés PRSP), proceso liderado por el Banco Mundial, se exhorta a recortar ese gasto, y el gobierno, con renuencia, decidió invertir más en la salud y recortar los gastos de educación a corto plazo. A raíz de estos límites tan estrictos, la inversión en disminución del riesgo de desastres se diluyó. En el citado documento hay una sección sobre reducción de la vulnerabilidad a los desastres naturales pero no se asigna fondo alguno a ese rubro.
En conclusión, estos dos años de inundaciones sin precedentes dejaron varias enseñanzas importantes que se reseñan a continuación.
- Es preciso que la gente confíe en la alerta temprana. Pronosticar el mal tiempo es sólo la mitad de la batalla. Los mozambiqueños tienen que confiar en las alertas antes de desplazarse. La participación de líderes comunitarios en la cadena de alerta temprana ayudará.
- Evacuar más rápido. Muchos partieron demasiado tarde. Construir centros comunitarios sólidos y corrales para llevar allí las posesiones y los animales antes de las inundaciones permitirá salvar vidas. Marcar el nivel de inundaciones anteriores, establecer rutas de evacuación y abrigos seguros también ayudará.
- La preparación de los organismos en previsión de desastres da resultado. El simulacro de la intervención en caso de inundaciones garantiza que los servicios de emergencia adquieran experiencia en trabajar juntos. Constituir reservas de suministros de socorro esenciales también da resultado.
- La coordinación funciona cuando está a cargo de mozambiqueños. Desarrollar la capacidad del gobierno para coordinar el socorro a todo nivel en caso de desastre es absolutamente prioritario.
- Africanos rescatan a africanos. En total, se salvó a 53.000 mozambiqueños de perecer ahogados. Dos tercios de ellos fueron rescatados por las fuerzas armadas y la Cruz Roja Mozambiqueña. El socorro internacional fue determinante, pero sólo después de la fase de rescate.
- La formación de voluntarios es indispensable. Invertir en la formación de personas del lugar da resultado, entre otros, porque estarán allí en el próximo desastre mientras que muchos colaboradores del socorro internacional no.
- Colmar la brecha entre la retórica y el proceder los donantes. Los donantes se llenan la boca hablando de preparación en previsión de desastres, pero sus palabras no se traducen en el dinero necesario para que la disminución del riesgo se concretice.
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Preparación en previsión de desastres, basada en la comunidad
Matasse, es una comunidad rural de 2.000 personas, expuesta a inundaciones. El año pasado, la Cruz Roja Mozambiqueña (CRM) inició un proyecto de preparación en previsión de desastres (PPD), basada en la comunidad. La CRM destaca que para que esta clase de proyectos déresultado es importante respetar la tradición local y contar con la participación de gente del lugar. Por consiguiente, la Sociedad Nacional organizó reuniones comunitarias para describir el proyecto y reclutar voluntarios.
A los voluntarios se les impartió formación para que supieran analizar riesgos eventuales y encontraran medios de preparar a la comunidad para salvar vidas y medios de subsistencia. Los voluntarios empezaron por reconstituir la historia de los desastres, trazando el perfil de sequías e inundaciones desde 1939, y recopilando las maneras en que la gente había hecho frente a los desastres en el pasado. Luego, establecieron un calendario en el que se indicaban las épocas del año en que los habitantes eran más vulnerable a la pobreza y los problemas de salud.
Entonces, con ayuda de la Cruz Roja, exploraron los alrededores para identificar visualmente las características principales y trazaron los mapas de recursos e infraestructura, así como de los riesgos y peligros potenciales que habían visto. Los mapas de riesgos abarcaban zonas residenciales y zonas de cultivo, señalando las más expuestas a inundaciones y los mejores lugares para refugiarse.
Este proceso ayudó a definir una serie de objetivos. Las actividades prioritarias de mitigación consistieron en plantar árboles para detener la erosión ribereña y construir un centro comunitario seguro donde se almacenarán suministros de socorro y se depositarán enseres domésticos en caso de desastre. Los objetivos prioritarios en materia de preparación en previsión de desastres abarcaron el reclutamiento y la formación de nuevos voluntarios, entrenamientos de rescate y distribución de radios para mejorar la alerta temprana.
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Capítulo escrito por Frances Christie y Joseph Hanlon, periodistas y autores de "Mozambique and the Great Flood of 2000".
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