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Publicaciones: Informe mundial sobre desastres 2002
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Caroline Penn/Panos, Kiribati
 

Sección uno - La disminución del riesgo en primer plano

Capítulo 4
Las islas del Pacífico vaticinan el futuro del cambio climático

Actualmente, los científicos consideran que el cambio climático es "inevitable" y las islas del Pacífico se encuentran en primera línea. El desarrollo convencional entraña el riesgo de agravar la vulnerabilidad. Por consiguiente, las futuras decisiones en materia de desarrollo deben enfocarse desde la perspectiva de la disminución del riesgo. Hacen falta mucho más recursos y voluntad política para proteger a las comunidades de la costa de las peores inclemencias.

Los últimos datos transmitidos demuestran que en Oceanía, el número de damnificados por desastres relacionados con el clima aumentó 65 veces en los últimos 30 años. Ciclones, sequías e inundaciones amenazan la viabilidad de la vida en numerosas islas mucho antes de que las marejadas las engullan.

En el próximo siglo, se estima que las temperaturas en la superficie de la tierra aumentarán a un ritmo sin precedentes en los 10.000 últimos años. Se prevé que el nivel de los mares aumentará entre nueve y 88 centímetros. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambios Climáticos (IPCC) hay nuevas pruebas contundentes de que el calentamiento registrado en los últimos 50 años obedece en gran parte a actividades humanas.

El aumento del nivel del mar ya está provocando erosión en las costa donde se encuentra la mayor concentración de infraestructura y población. Las inundaciones costeras impregnan de sal las tierras de cultivo y el suministro de agua fresca, obligando a algunos isleños a estudiar la posibilidad de abandonar su hogar definitivamente. En las Islas Marshall, los agricultores plantan en viejos tanques de combustible para no hacerlo en suelos salinos. En el atolón de Carteret, en las costas de Papua Nueva Guinea, las crecidas cortaron una isla en dos y, actualmente, 1.500 personas dependen de la ayuda alimentaria del territorio continental.

Paralelamente, el aumento de la temperatura del mar supone una amenaza para los arrecifes de coral, que atraen a tantos turistas, mantienen las defensas naturales, proporcionan la arena de las playa y constituyen el hábitat de la fauna marina esencial para la dieta local. Según el IPCC, la tolerancia a la temperatura, que permite que los corales se restablezcan, sobrepasará el máximo en los decenios venideros.

El cambio climático entrañará peligros imprevisibles de mayor intensidad y frecuencia. En todo Oceanía, el número de desastres fue constantes entre los decenios de 1970 y 1990 pero las secuelas empeoraron. En los decenios de 1970 y 1980, las sequías y las temperaturas extremas afectaron a 71.000 personas y a más de 13 millones en el decenio de 1990. Los ciclones afectaron a un número 18 veces mayor de gente en ese decenio que en el de 1970, mientras que en el caso de las inundaciones y los deslizamientos de tierra, el número de damnificados fue nueve veces mayor. Una de dos, o la violencia de los desastres está en aumento o la gente está menos protegida que antes.

Investigaciones llevadas a cabo por científicos del Commonwealth sugieren que a raíz del cambio climático hay muchas más probabilidad de que en el Pacífico se viva constantemente un estado similar a El Niño, lo que incrementará aún más la amenaza de ciclones y sequías. Durante El Niño de 1982-1983, las precipitaciones del Pacífico occidental fueron entre 70 y 90 por ciento inferioresa la media. Los cambios que registran las temperaturas y precipitaciones también propician el brote de enfermedades como la fiebre dengue y la malaria.

Los Estados insulares del Pacífico comparten factores de vulnerabilidad que comprometen su capacidad de adaptación al cambio climático: son pequeñas y en muchos casos se encuentra a bajo nivel del mar; están desperdigadas, alejadas y expuestas a desastres nacionales. Además, son víctimas de la urbanización rápida y el creciente deterioro del medio ambiente; sus recursos naturales, humanos y financieros son escasos, han perdido los mecanismos tradicionales para hacer frente a las catástrofes y sus economías dependen de las exportaciones.

Las posibilidades de adaptación existentes pueden resultar irrealizables. La protección estructural de las costas -por ejemplo, construir rompeolas y hacer venir la arena por barco- es onerosa. La alternativa es abandonar la costa mediante una especie de "retiro controlado". Pero en los atolones más bajos del Pacífico, no hay donde retirarse. La infraestructura fundamental se encuentra a 100 metros de la costa. Una alternativa menos onerosa consiste en volver a plantar mangles de protección a lo largo de la costa. Otras medidas de adaptación abarcan: alerta temprana de ciclones y sequías; gestión y racionamiento del agua; recolección de agua de lluvia; atención de salud preventiva, y formación para resistir a los desastres.

Ya están en curso iniciativas a varios niveles para combatir los riesgos relacionados con el cambio climático, pero hacen falta más recursos y decisiones políticas que no admiten demora. La disminución de emisiones de gases de efecto invernadero es lenta. Los costos de adaptación se desconocen, las estimaciones van de decenas a miles de millones de dólares por año a escala mundial. Aun así, el año pasado, los países ricos se comprometieron a propocionar tan solo 400 millones de dólares por año, a partir de 2005, para ayudar a los países en desarrollo a adaptarse al cambio climático. Al respecto, cabe señalar que los países industrializados gastan entre 70.000 y 80.000 millones de dólares por año en subsidios de energía, incluyendo los combustibles fósiles.

En el decenio de 1990, en el ámbito del programa de reducción de desastres de la ONU se establecieron oficinas nacionales de gestión de desastres en toda la región, pero en muchos casos, esas oficinas no tienen suficiente dotación de personal y no logran consultar a las comunidades expuestas a desastres. Los planes nacionales suelen ser imposibles de aplicar porque no fueron elaborados por lugareños ni cuentan con el respaldo de presupuestos suficientes.

Dado que la asistencia gubernamental se circunscribe a la intervención en casos de desastre, la gente debe arregláserlas por sí misma para prepararse a hacerles frente. En las islas más lejanas, los socorros pueden tardar días en llegar. Por consiguiente, la PPD y la mitigación de desastres, basadas en la comunidad pueden ser una estrategia crucial de supervivencia.

La Cruz Roja preconiza la autosuficiencia de las comunidades y, a tales efectos: se les enseña a evaluar sus propias capacidades y vulnerabilidad, y se les alienta a trazar el mapa de su pueblo, indicando los lugares vulnerables (laderas empinadas donde hay viviendas, lagunas profundas, etc.) y las personas vulnerables (ancianos, minusválidos, etc.). También deben trazar el mapa de recursos tales como edificios resistentes que pueda utilizarse como centros de evacuación. A los isleños se les imparte formación para que establezcan planes y comités de PPD, y presten primeros auxilios.

Las estrategias tradicionales de supervivencia son fundamentales para fomentar la capacidad de resistencia a los desastres. Antes de un ciclón, los isleños instintivamente constituyen reservas de agua y alimentos, cortan las ramas colgantes, erigen abrigos contra el viento y amarran sus viviendas a los árboles. Sirviéndose de la tradición oral, a través de la cual los isleños aprenden su historia, una organización no gubernamental de Fiji hace llegar mensajes de PPD en funciones de teatro comunitario que combinan canciones, danzas, rituales y leyendas que se han ido transmitiendo de una generación a otra.

Un funcionario de medio ambiente de Tuvalu teme que "la adopción del moderno estilo de vida occidental esté acrecentando la vulnerabilidad al cambio climático. La gente ha perdido los medios de hacer frente a los desastres y sobrellevarlos. El cambio climático y el desarrollo están matando a la isla".

A medida que aumenta la población, la falta de tierra fértil y viviendas decorosas propicia la ocupación ilegal y se construyen viviendas en parcelas expuestas a inundaciones y deslizamientos de tierra. Las prioridades del desarrollo pueden ser "ciegas al riesgo". Por ejemplo, últimamente, Tuvalu invirtió 3.000.000 de dólares (un tercio de su presupuesto anual) en un programa de construcción de carreteras y tan solo 107.000 dólares en la construcción de viviendas que tanta falta hacen.

Depender demasiado de unos pocos productos de exportación es riesgoso. El turismo y los cultivos comerciales pueden representar entre 50 y 75 por ciento de las divisas generadas por las exportaciones de las islas del Pacífico. Pero cabe señalar que las fluctuaciones de los mercados internacionales y el cambio climático ponen gravemente en peligro estas ramas de actividad económica. De ahí que el cultivo de plantas resistentes como, por ejemplo, la colocasia, el ñame y el boñato, pueda ser esencial.

Las amenazas que entraña el calentamiento de la Tierra para los pueblos y la economía de las islas del Pacífico son múltiples y de largo alcance. Hace falta un nuevo paradigma del desarrollo. Cada decisión política debe pasar la prueba de fuego de saber si aumenta o disminuye la vulnerabilidad al cambio climático. Las comunidades a riesgo deben ser el núcleo de una planificación idónea del desarrollo. Las prioridades urgentes abarcan:

  • Una evaluación global de los costos de adaptación al cambio climático en los países pobres;

  • Una mayor asignación de los fondos de los países ricos para costear dicha adaptación y cuyo monto equivalga al de los subsidios que pagan a las industrias nacionales de combustibles fósiles;

  • nuevos modelos de desarrollo basados en la disminución del riesgo y que tengan en cuenta las estrategias tradicionales para hacerle frente;

  • campañas de sensibilización sobre preparación en previsión de desastres, utilizando materiales en los idiomas locales, y

  • planes coordinados para trasladar a las comunidades en peligro, contando para ello con los debidos recursos políticos, jurídicos y financieros.

Último recurso: El traslado

E. 5 de marzo de 2002, el Sr. Koloa Talake, Primer Ministro de Tuvalu, anunció que se había previsto demandar ante la Corte Internacional de Justicia a los principales contaminadores por emisión de gases de efecto invernadero. También subrayó que el calentamiento del planeta ponía en peligro a su pueblo y a su país. "Es aterrador, islas que solían ser nuestro terreno de juego han desaparecido. Algunos científicos dicen que no hay aumento del nivel del mar pero las mareas crecen. Lo hemos visto con nuestros propios ojos", añadió el Sr. Talake.

El año pasado, el gobierno de Tuvalu fue centro de la atención mundial cuando declaró que comenzaría a evacuar a sus ciudadanos a raíz del cambio climático y del aumento del nivel del mar. Después que Australia rechazara la propuesta de establecer una nueva condición de inmigrante, Tuvalu concluyó un acuerdo con Nueva Zelandia por el cual este último país se compromete a acoger cada año a un numero determinado de ciudadanos de Tuvalu, en calidad de verdaderos "refugiados ambientales".

Para quienes viven en zonas urbanas de países desarrollados es fácil subestimar la importancia que tiene la tierra para los isleños del Pacífico, así como lo que representa para ellos, tanto del punto de vista personal como cultural, quedarse sin tierras. Una mujer de Kiribati asevera: "No podemos irnos a otro país así como así. Mi encantaría ir a Fiji pero allí no tengo tierras. Allí no soy nadie".

El espectro de un traslado masivo plantea cuestiones espinosas. Una vez que se ha perdido la tierra, ¿quedará algún rescoldo de nacionalidad o tendrá que haber una nueva categoría de "ciudadano mundial"? ¿Cuál es la condición jurídica de esos refugiados ambientales? ¿Qué sucede con la zona de exclusividad económica, las aguas territoriales y la independencia de un país abandonado?

Capítulo escrito por Andrew Simms, economista de New Economics Foundation, de Londres.





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