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Publicaciones: Informe mundial sobre desastres 2002
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Yoshi Shimizu/
International Federation,
Sierra Leone 2001
 

Sección dos - Acerca del sistema

Capítulo 8
Datos sobre desastres: Estadísticas y tendencias principales

Aunque el total de desastres, "naturales" y tecnológicos, registrados en 2001 fue inferior al del año anterior, la cifra de 712 ocupa el segundo lugar en la lista del decenio. El número de desastres geofísicos no ha acusado grandes diferencias, pero en los dos últimos años se ha registrado el número más alto del decenio en lo que respecta a desastres relacionados con el clima.

En 2001, hubo 39.073 muertos en desastres, es decir, casi el doble que el año anterior, pero aun así, esta cifra es inferior a la media anual del decenio que asciende a 62.000 aproximadamente. El año pasado, los desastres más mortíferos fueron los terremotos que contabilizaron más de la mitad de las víctimas anuales. Ello puede atribuirse en gran parte a los terremotos de enero de 2001 en el Estado de Gujarat, India. Ahora bien, a lo largo del decenio, las catástrofes hidrometeorológicas representaron 71 por ciento del total de vidas que cobraron los desastres.

Entre 1992 y 2001, los países de bajo desarrollo humano representaron un quinto del número total de desastres, pero más de la mitad de la cantidad de muertos. En esos países, y en término medio, el número de muertos en desastres es 13 superior al de los países de alto desarrollo humano. A lo largo del decenio, la proporción de muertos en distintas clases de desastres varió de un continente a otro. En las Américas, las inundaciones provocaron 45 por ciento del total de muertos en desastres ; la sequía y la hambruna, 58 por ciento en Asia; los terremotos, 58 por ciento en Europa y las marejadas, 66 por ciento en Oceanía. Sorprendentemente, los desastres más mortíferos en África fueron los accidentes de transporte que representaron 45 por ciento del número de muertos del decenio.

El año pasado, hubo 170 millones de damnificados por desastres, cifra inferior a la media del decenio que es de 200 millones. En 2001, los terremotos afectaron a más gente que cualquier otro año del decenio: 19 millones de personas. La sequía y la hambruna, por su parte, afectaron a más de 86 millones, la mayoría habitantes de Asia central y meridional. En los 10 últimos años, los desastres relacionados con el clima fueron los peores. La sequía y el hambre representaron 82 por ciento de los afectados en África; 48 por ciento en Oceanía y 35 por ciento en la Américas. Mientras que las inundaciones representaron 69 por ciento del total de Asia, y los temporales, 36 por ciento en las Américas y 33 por ciento en Europa.

Se estima que en 2001, el monto total de daños (daños directos de la infraestructura, los cultivos, etc.) provocados por desastres ascendió a unos 24.000 millones de dólares, la cifra más baja del decenio y muy inferior a la media de 69.000 millones de dólares. A lo largo del decenio, los terremotos fueron los desastres más costosos a escala mundial: 238.000 millones de dólares en daños únicamente, sin contar su incidencia en la economía. Aproximadamente, la mitad de esta cifra puede atribuirse a un sólo desastre: el terremoto de Kobe, Japón, en 1995. Globalmente, inundaciones y vendavales fueron casi tan costos como los terremotos.

Los desastres pueden tener un efecto devastador en el desarrollo de los países más pobres. En Honduras, por ejemplo, el huracán Mitch supuso un retroceso de 20 años en el desarrollo de la economía del país. En 1998, que fue año de El Niño, el costo de los daños provocados a la infraestructura por las tormentas en Perú, equivalieron al cinco por ciento del producto interno bruto. En 1999, las pérdidas provocadas por los terremotos en Turquía y los deslaves en Venezuela insumieron el 10 por ciento del producto interno bruto de ambos países.

En los últimos 30 años, el impacto de los desastres naturales ha cambiado radicalmente. El número de muertos en desastres naturales pasó de casi 2.000.000 en el decenio de 1970 a menos de 800.000 en el de 1990, pero el número de damnificados por dichos desastres se disparó, pasando de más de 700 millones en el decenio de 1970 a casi 2.000 millones en el de 1990.

Estas estadísticas obedecen a motivos complejos que es preciso analizar detenidamente. Por ejemplo, la disminución del número de muertos puede atribuirse en parte a una mejor preparación en previsión de desastres. En 1970, medio millón de personas murieron en el atroz ciclón que se abatió sobre Bangladesh. Después de ese cataclismo, el gobierno, con apoyo de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, inició un Programa de preparación en previsión de ciclones. En el decenio de 1990, gracias a ese programa se pudo evacuar a 2.500.000 personas a refugios de emergencia antes de los ciclones, lo que, con toda probabilidad, les salvó la vida.

Muchos factores pueden contribuir al aumento del número de damnificados por desastres. El perfil de la vulnerabilidad está cambiando. Cada vez más gente va a vivir a zonas urbanas y asentamientos pobres y superpoblados donde quedan más expuesta a desastres. Los mecanismos tradicionales de supervivencia van desapareciendo a medida que las familias se fragmentan y las comunidades se dispersan. El deterioro del medio ambiente acrecienta los efectos negativos de inundaciones, temporales y sequías. Si bien es cierto que las medidas de preparación en previsión de desastres ayudan a salvar vidas, la falta de medidas más amplias para disminuir el riesgo tal vez haya contribuido al aumento del número de damnificados por desastres, pero ese aumento también puede obedecer a una información más exacta. Tampoco hay que olvidar que la definición de "damnificado" se presta a distintas interpretaciones.

Estas cifras mundiales no reflejan algunas diferencias importantes entre los continentes. Salvo en África y Europa, el número de muertos en desastres registró aumentos considerables en los últimos 20 años. En el caso de Oceanía, triplicó de un decenio a otro; en Asía aumentó 41 por ciento y en las Américas 32 por ciento. Paralelamente, en Europa, el número de damnificados aumentó más del triple y en Oceanía 12 veces.

La asistencia oficial para el desarrollo (AOD) de los miembros del Comité de Asistencia para el Desarrollo (CAD), de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) fue inferior, cifrándose en 53.700 millones de dólares en 2000, último año del que se dispone de estadísticas, lo que representa una disminución de 2.700 millones de dólares respecto a 1999.

En porcentaje del producto nacional bruto (PNB) de los países donantes, en 2000, la AOD se ha mantenido estable a 0,39 por ciento. Dinamarca, Holanda, Luxemburgo, Noruega y Suecia fueron los donantes más generosos pues cumplieron con el objetivo de 0,7 por ciento de la ONU o superaron ese porcentaje. Estados Unidos figura al final de la lista pues donó un décimo del uno por ciento de su PNB que asciende a 10 billones de dólares.

El socorro de emergencia de los donantes del CAD pasó de 4.400 millones de dólares en 1999 (la cifra más alta del decenio) a 3.600 millones de dólares en 2000. Aun así, esta cifra ocupa el segundo lugar en la lista del decenio. El principal donante fue Estados Unidos que aportó un tercio de las donaciones de ayuda de emergencia.

Hace unos meses, Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, hizo un llamamientoa los gobiernos para que aumentarán la AOD a razón de 50.000 millones de dólares por año (lo que equivale a duplicar la ayuda mundial) para acrecentar las posibilidades de lograr las metas de desarrollo previstas para 2015. En la conferencia sobre financiación para el desarrollo, que tuvo lugar en Monterrey, el pasado mes de marzo, no se logró duplicar el valor de las promesas de ayuda. Sin embargo, algunos de los principales donantes mundiales emprendieron el buen camino, ya que la Unión Europea decidió asignar 7.000 millones de dólares más a sus presupuestos de ayuda de 2006, y Estados Unidos se comprometió a incrementar su ayuda externa en 50 por ciento, es decir, 5.000 millones de dólares, en un plazo de tres años, a partir de 2004.

Capítulo escrito por Jonathan Walter, Coordinador del Informe Mundial sobre Desastres. Datos proporcionados por el Centro de Investigaciones sobre Epidemiologia de los Desastres (CRED), de la Universidad de Lovaina, Bélgica.





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