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| Marko Kokic/Federación Internacional, Guatemala |
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Sección dos - Acerca del sistema
Capítulo 6 Medición del impacto de la ayuda humanitaria
Conocer los efectos de las propias acciones y ser transparente
al respecto forma parte de lo que implicar ser una organización
responsable. Ahora bien, por lo general, la medición del
resultado se limita a un simple recuento; por ejemplo, la cantidad
de toneladas de ayuda alimentaria distribuida, los metros cúbicos
de agua potable suministrada, y los gastos en efectivo per capita.
Esta clase de recuentos materiales excluye el análisis de
los verdaderos resultados de esa ayuda, es decir, si se salvaron
vidas, si se mejoró la salud y la nutrición, si el
dinero fue bien utilizado, y si esos resultados obedecieron a la
ayuda o a otros motivos. Muchos retos, tanto éticos como
técnicos, se plantean a quienes se proponen evaluar los resultados
de la ayuda humanitaria.
El impacto se define en términos del cambio significativo
o duradero que se opera en la vida de la gente, debido, al menos
parcialmente, a una intervención determinada. Este cambio
puede ser positivo o negativo, previsto o imprevisto. Asimismo,
puede ser resultado directo de esa intervención (por ejemplo,
salvar vidas proporcionando alimentos), o bien, indirecto como cuando
se aboga por la protección de un grupo de personas. Las preguntas
fundamentales son: )Qué ha cambiado? )Se trata de una cambio
significativo o duradero? )En qué medida ese cambio puede
atribuirse a un determinado conjunto de acciones? )Quién
decide? A continuación se resumen los tres métodos
utilizados.
- Evaluación de resultados ajena al contexto: Se trata de proyectos cuyos resultados se definen de antemano y se evalúa el logro de los mismos, lo que puede dar lugar a resultados "egocéntricos" que exageren la importancia de las intervenciones y subestimen el rol de los supervivientes.
- Evaluación del impacto en otros ámbitos: Se empieza por una intervención determinada; luego, se evalúan los cambios imprevistos en otros ámbitos y se analiza la opinión de todas las partes interesadas.
- Evaluación asociada al contexto: Se evalúan los cambios significativos que se operaron en la vida de la gente para luego explorar las fuentes de esos cambios. En este método se comparan los cambios aportados por los distintos actores y se evalúa la manera en que se combinaron las diversas acciones que promovieron el cambio.
Dado que las emergencias son imprevisibles, es preciso seguir de cerca constantemente los impactos y adaptar los indicadores al contexto. Algunos de los indicadores claves son:
- tasas de mortalidad y morbilidad - importantes para planificar y adaptar las intervenciones apropiadas;
- alcance e impacto desglosados - porcentaje de hombres, mujeres y niños que abarcó una determinada intervención;
- protección y seguridad - grado en que se protegieron los derechos humanos más allá de las necesidades materiales;
- "conectividad" - en qué medida las intervenciones en casos de emergencia apoyan la recuperación y la sostenibilidad a más largo plazo;
- coherencia y coordinación - grado en que los programas de los distintos organismos son coherentes y sus acciones coordinadas.
Además, existen algunos marcos más amplios que ponen
el énfasis en determinados elementos del desempeño,
entre otros, las normas mínimas del Proyecto Esfera y el Código
de conducta de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (227 signatarios
en marzo de 2003). La aplicación de los 10 principios de dicho
código para evaluar las intervenciones tras el terremoto de
Gujarat permitieron hacer evaluaciones comparativas entre los distintos
organismos.
Ahora bien, quienes no están de acuerdo con estos instrumentos,
argumentan que relativizan la importancia de la diversidad, la participación
y el conocimiento del contexto en la labor humanitaria. Otro enfoque
es el del Proyecto de calidad de URD, grupo de ONG francesas, que
mide el impacto mediante encuestas, entrevistas e investigaciones.
Contar con la participación de los actores locales en la
evaluación del impacto entraña sus propios retos.
A menudo, la investigación participativa omite las desigualdades
de poder y no logra captar los puntos de vista de los marginados.
El espacio y el tiempo disponibles para esta clase de investigaciones
pueden variar en función del contexto por lo que es preciso
adaptar los métodos a cada situación concreta. Además,
por cuestiones de seguridad, es indispensable garantizar la confidencialidad
a los entrevistados.
En la evaluación llevada a cabo en Gujarat, la encuesta
en la que participaron 2.300 damnificados mejoró la objetividad
de la evaluación. La gran mayoría estaba satisfecha
de la calidad de los servicios de alimentación y nutrición,
pero muchos también pensaban que los organismos habían
llegado con proyectos prestablecidos, se proponían modificaciones
ínfimas o, simplemente, buscaban que la gente del lugar les
proporcionara mano de obra gratuita. Si las organizaciones se proponen
tener en cuenta los resultados de las investigaciones participativas,
entonces, tienen que admitir las críticas y modificar sus
planes en consecuencia.
Uno de los retos fundamentales consiste en saber cómo atribuir
el impacto de cada intervención u organismo. La exigencia
de que se mejorara la rendición de cuentas ha llevado a muchos
donantes a evaluar exclusivamente aquellos resultados por los que
se pueden exigir responsabilidades a cada organismo, lo que trae
aparejado algunos efectos perversos porque:
- los organismos correrán menos riesgos, circunscribiéndose a aquellas intervenciones sobre las que pueden presentar informes con mayor facilidad, incluso si otras acciones, acerca de las cuales resulta más difícil presentar informes, pueden tener mayor impacto;
- el rol de apreciación profesional se debilita, pues los indicadores de desempeño se eligen para que faciliten el control y la medición, no porque traduzcan exactamente la calidad de la ayuda, lo que restringe la capacidad de iniciativa para adaptarse a circunstancias cambiantes;
- las presiones ejercidas para demostrar resultados atribuibles limita la cooperación con otros organismos, allí donde es difícil delimitar con precisión los distintos aportes, incluso si la cooperación podría haber tenido mayor impacto.
Es preciso poner mayor énfasis en evaluar de qué manera, los distintos actores se combinan para promover el cambio, lo que exige modificaciones de fondo en la relación de los donantes con los organismos de ayuda.
Se han hecho algunas recomendaciones concretas sobre la ética de los métodos de evaluación, a saber: evitar crear expectativas que no se podrán satisfacer; fomentar evaluaciones que tengan sentido para las personas en cuestión en lugar de que se limiten a obetener información; respetar las restricciones personales y de tiempo de quienes informan; reconocer que las evaluaciones pueden acrecentar la tensión y hacer correr riesgos a la gente; garantizar que también se escuche a los marginados, y luchar por la divulgación pública de las evaluaciones y de las enseñanzas que se sacaron.
El analista Hugo Slim propuso un marco de análisis ético que es útil para la evaluación prospectiva y retrospectiva del impacto. Los puntos a tener en cuenta consisten en saber si el organismo en cuestión:
- aplica una ética del deber (salvar vidas) o una ética consecuencialista (mejorar la vida);
- actúa por motivos de peso u otras consideraciones;
- recaba suficiente información para tomar decisiones con conocimiento de causa;
- tiene la capacidad de hacer algo en forma diferente;
- está dispuesto a entablar el debate sobre las consecuencias de decisiones difíciles y a minimizar las probabilidades de los impactos negativos, y
- promueve las calificaciones y los conocimientos éticos de su personal.
En 2003, varias ONG internacionales utilizaron este marco para
tratar la cuestión de aceptar o no el dinero ofrecido por
los Estados “beligerantes” para las operaciones de socorro
en Iraq. A Oxfam, que aplica una ética consecuencialista,
le preocupaban las consecuencias negativas que podían tener
a largo plazo para el pueblo iraquí, aquellas operaciones
en las que se utilizara dinero de los beligerantes.
A fin de avanzar en la evaluación del impacto, es importante
experimentar distintos enfoques en situaciones reales. Ahora bien,
si las organizaciones no mejoran su capacidad de aprender de esas
evaluaciones, el cambio será ínfimo; para evitar que
eso suceda, es preciso establecer métodos, tales como la
evaluación “en tiempo real” o el “rastreo
del impacto”, cuyos aportes son oportunos para tomar decisiones.
También habrá que modificar considerablemente la cultura
de las organizaciones en cuestión para que puedan capear
mejor las críticas. En definitiva, los organismos deben plantearse
lo que sigue.
- Incluir la cuestión del impacto
como elemento fundamental de la elaboración, supervisión,
presentación de informes y evaluación de todos sus programas.
- Garantizar la participación de
las partes interesadas que correspondan en la apreciación
del impacto, incluidos los propios damnificados por los desastres.
- Examinar su cultura, su comportamiento
y sus incentivos. ¿Aprender es gratificante? ¿Se han
enterrado errores? ¿Qué obstáculos impiden aprender y mejorar
el impacto?
- Explorar la manera de colaborar
con otros para compartir informaciones y enseñanzas.
Analizar cómo modelar juntos el cambio en lugar de hacerlo por
separado.
- Establecer marcos éticos
que ayuden a navegar por los dilemas de esta época de predominio
de la geopolítica en los asuntos humanitarios.
Capítulo y texto del recuadro escritos
por Chris Roche de Oxfam.
| Comparación
de las intervenciones de Gujarat según el Código
de conducta
A fin de evaluar las intervenciones tras el terremoto de
Gujarat de 2001 según las metas a corto plazo y la
“conectividad” de las cuestiones a largo plazo,
el Comité de Emergencias en casos de Desastre (DEC),
organismo del Reino Unido, utilizó los principios del
Código de conducta. Además de organizar entrevistas
con el personal y las principales partes interesadas, se pidió
la opinión de 2.372 supervivientes de zonas rurales
y urbanas.
En otro estudio sobre la intervención de la Asociación
de Mujeres Trabajadoras por Cuenta Propia (conocida por la sigla en inglés SEWA), sindicato local
que tiene 300.000 afiliadas, también se utilizó
el Código y la opinión de un número menor
de supervivientes. Todo ello permitió comparar las
intervenciones de las ONG internacionales y de una ONG local.
En cuanto al desempeño según cada uno de los
10 principios, la intervención colectiva de los organismos
de ayuda que agrupa el DEC obtuvo 59 puntos sobre 100 y la
intervención de la SEWA 86.
En el estudio sobre la SEWA se concluye que su intervención
fue más rápida y eficiente, definió mejor
sus objetivos y estuvo más vinculada con el desarrollo
a largo plazo, muy probablemente, debido a su estructura de
afiliación y a que trabaja con mujeres. Por otra parte,
el estudio indica que podría mejorar la rendición
de cuentas a los donantes y que, a su vez, el hecho de que
siguiera rindiendo cuentas a sus integrantes fue un factor
determinante de su éxito. En el estudio se reconoce
la supremación moral de la SEWA en esta cuestión.
Esta utilización del Código de conducta pone
de relieve algunas ventajas que ofrece la aplicación
de un conjunto de criterios comunes, pues estipula reglas
y normas para el sector en su conjunto, permite que esas normas
se interpreten en función del contexto local y facilita
el análisis comparativo del desempeño de distintos
organismos.
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