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Publicaciones: Informe mundial sobre desastres 2004
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Sección uno - La capacidad de resistencia de las comunidades

Capítulo 3
Aprovechamiento de capacidades locales en la India rural

Entre 1994 y 2003, los desastres "naturales" y tecnológicos en la India dejaron un saldo de 68.671 muertos y una media anual de 68 millones de damnificados y 1.900 millones de dólares anuales por daños directos a la economía. Este saldo es peor que el de la década anterior, por lo cual, urge más que nunca sustentar la capacidad de resistencia de las comunidades de la India. Dicha capacidad consiste en prepararse en previsión de desastres, intervenir en casos de desastre, mitigar el impacto de los desastres y recuperarse. En este capítulo se resumen tres estudios de caso que son otros tantos ejemplos de los medios empleados para fortalecer la capacidad de resistencia de la comunidad.

Nuestro primer estudio, que se centra en el pueblo de Samiapalli del Estado de Orissa, expuesto a desastres, muestra que dar prioridad a la reducción del riesgo antes de que sobrevengan los desastres da resultado. En la década de 1990, con ayuda de una ONG local, la comunidad se embarcó en un largo proceso de desarrollo, uno de cuyos elementos fue construir viviendas a prueba de desastres. En octubre de 1999, cuando un superciclón azotó el pueblo, esas viviendas permitieron salvar vidas y medios de subsistencia, mientras que millares de personas que vivían en casas menos sólidas perecieron en torno a ellas.

Nuestro segundo estudio subraya el drama de los agricultores de subsistencia aquejados por la sequía en la región semiárida de Zaheerabad, Estado de Andhra Pradesh. Desde mediados de la década de 1990, la zona viene sufriendo de una inseguridad alimentaria crónica debido a la sequía y a la pérdida de cultivos comerciales (trigo, arroz y algodón), debido a las plagas. Se estima que en los seis últimos años entre 4.000 y 5.000 agricultores, agobiados por sus deudas, se suicidaron. Ahora bien, inspiradas por un organismo local de desarrollo, algunas de las comunidades más pobres y marginadas redescubrieron los cultivos tradicionales a prueba de sequía y técnicas agrícolas en un empeño por lograr la autosuficiencia. Actualmente, la iniciativa abarca 65 pueblos.

Nuestro tercer estudio describe la experiencia de los habitantes de Patanka, Estado de Gujarat, quienes después del terremoto devastador de 2001, reconstruyeron casas más sólidas con apoyo de una asociación de organizaciones locales e internacionales. A los campesinos, que se habían quedado sin trabajo por tres años de aguda sequía, se les impartió formación de albañil y a todas las familias del pueblo se le ayudó a construir casas resistentes a terremotos. El resultado de esta iniciativa permitió que los habitantes de este pueblo tuvieran acceso a fondos estatales para implantar un nuevo sistema de recolección de agua de lluvia a fin de mejorar su salud y el rendimiento de sus cultivos.

Aunque cada estudio es único, se constató que había algunos obstáculos, principios y factores de éxito, comunes a los tres. Las organizaciones de ayuda sirvieron de catalizador en el proceso de transformación liderado por la propia comunidad para pasar de la vulnerabilidad a la capacidad de resistencia. Algunos habitantes se mostraron hostiles al cambio y hubo que ganárselos fomentando el consenso. Por lo general, cada comunidad tiene ideas, recursos y motivación para acrecentar su capacidad de resistencia frente a los desastres, pero todo ello permanece oculto o no se reconoce. El reto de las organizaciones de ayuda reside en crear un entorno fértil para los recursos locales. Esto último puede consistir en mejorar la confianza y la condición de los grupos más marginados, o bien, en facilitar el acceso a los recursos financieros y técnicos que hacen falta para que la comunidad realice sus planes.

Es preciso establecer un equilibrio que permita aprovechar mejor los conocimientos existentes y lograr que se acepten las ventajas que aportan nuevas ideas y prácticas, tarea que se ve dificultada por la poca instrucción y el desconocimiento de prácticas alternativas. Por lo general, los campesinos con mayor iniciativa fueron aquellos que habían partido de su comunidad en busca de una vida mejor.

En cada comunidad había opiniones divergentes que crearon tensiones, en particular, acerca de las necesidades inmediatas (comida suficiente, ahorros) y la protección contra el riesgo a más largo plazo (agua potable, casas más seguras). En muchos casos, llevó varios meses lograr el consenso acerca de la acción comunitaria en su conjunto. Una vez obtenido el acuerdo, el reto mayor consistió en cumplir con las crecientes expectativas de la comunidad (y sus vecinos).

Por otra parte, para que sea eficaz, cada proyecto debe vincularse con procesos más amplios que acrecienten la capacidad de resistencia y reduzcan el riesgo. Al respecto, cabe señalar que, cuando las iniciativas locales dan resultado, las probabilidades de que se repitan en otra parte son mucho mayores que tratándose de proyectos financiados e impuestos desde arriba por organismos externos.

En primer lugar, cualquier organización que viene "de fuera" debe reconocer que su presencia puede desestabilizar el equilibrio de poder en el seno de la comunidad. Incluir a los poderosos, al tiempo que se impulsa la capacitación de los desapoderados es una tarea que exige mucho tacto. Por consiguiente, es esencial encontrar la mejor forma de entrar para granjearse la confianza de toda la comunidad y atender las necesidades reales de quienes están expuestos a riesgos. Ya se trate de mejorar el abastecimiento de agua y el saneamiento, construir casas a prueba de desastres, o de cualquier otra forma de entrar, el resultado a largo plazo dependerá de que se incluya a toda la comunidad en el proceso. Esto puede resultar más difícil en comunidades divididas por motivos de casta u origen étnico.

El proceso de acrecentar la capacidad de resistencia tampoco puede limitarse a un solo peligro. Cada una de las comunidades que analizamos está expuesta a una serie de peligros naturales y riesgos crónicos de enfermedad, inseguridad alimentaria y pobreza. Es indispensable adoptar un enfoque multidimensional que preserve los medios de subsistencia, multiplique las competencias y refuerce la infraestructura.

Por lo tanto, el único medio viable de consolidar la capacidad de resistencia consiste en incorporar la reducción del riesgo de desastres en el proceso de desarrollo. Esta clase de enfoque recoge la opinión de las personas vulnerables a quienes, en muchos casos, les preocupa más reducir riesgos persistentes como la pobreza y la mala salud que mitigar las consecuencias de un desastre puntual. Asimismo, este enfoque requiere trabajar en colaboración con el gobierno local siempre que sea posible. A veces, las iniciativas locales son tan buenas que el gobierno se las apropia para aplicarlas en otras partes.

A continuación, se enumeran los 10 principios que contribuyeron al resultado de las iniciativas analizadas en los tres estudios de caso que nos ocupan.
1. Encontrar la mejor forma de entrar en la comunidad.
2. Fomentar el consenso de la comunidad.
3. Elaborar a partir de los conocimientos y competencias locales.
4. Capacitar a las mujeres.
5. Facilitar más que financiar (organismos externos que sirven de catalizadores).
6. Obtener resultados tangibles para que el primer proyecto haga autoridad y facilite los siguientes.
7. Fortalecer los medios de subsistencia locales.
8. Encontrar medios de repetir la experiencia para sustentar la capacidad de resistencia más allá de cada comunidad.
9. Cimentar la capacidad de resistencia es tan importante como construir la infraestructura básica.
10. Integrar la reducción del riesgo en el proceso de desarrollo.

Esencialmente nuestros estudios de caso demuestran que para obtener resultados hay que adoptar un enfoque centrado en la gente, elaborar a partir de los conocimientos y recursos existentes, perfeccionar las competencias y mejorar la condición de quienes están expuestos a riesgos para que puedan resistir a todos los peligros que les aquejan y recuperarse de sus consecuencias.

Capítulo y texto del recuadro escritos por Mary Todd y Tom Palakudiyil. Mary Toddd es consultora independiente en gestión y reducción del riesgo de desastres, y ex jefa del equipo de preparación en previsión de desastres y mitigación de desastres de Ayuda Cristiana. Tom Palakudiyil es Gerente Regional de Ayuda Cristiana en Asia Meridional, organización que lleva a cabo programas en Bangladesh, India y Sri Lanka.

 

La capacidad de resistencia más allá de la comunidad

Fortalecer la capacidad de resistencia de la comunidad es sólo el primer paso. El reto consiste en ampliar las iniciativas de micronivel a tal punto, que influyan en las políticas y prácticas estatales. Tras el superciclón de Orissa, de 1999, CASA, una ONG de la India, se percató que la labor de desarrollo puede resultar vana sin una adecuada mitigación de los desastres. Entonces, abrió un centro para impartir formación a comunidades y ONG locales en tareas de sensibilización sobre los desastres; creación de brigadas de intervención en casos de desastre; capacitación; generación de ingresos; medidas de mitigación; movilización, y acopio de datos.

Una vez terminada la formación, los participantes volvieron a su pueblo para crear dichas brigadas e instruir, a su vez, en preparación para desastres e intervención en casos de desastre. Las brigadas constituyeron un fondo con aportes de la comunidad para comprar y almacenar equipos y artículos de socorro. Además, se ocupan del mantenimiento de los refugios anticiclones, construidos por CASA, y de que se utilicen todo el año.

En 2002-2003, en el centro de CASA se impartió formación a 380 participantes de 70 pueblos. El empeño con las brigadas de intervención en casos de desastre es muy grande y durante las inundaciones de 2003, sus integrantes desempeñaron un papel fundamental, pues colocaron bolsas de arena en las orillas de los ríos, rescataron personas que estaban varadas, prestaron primeros auxilios y administraron refugios.

Aprovechando el resultado obtenido en Orissa, CASA promovió la formación de dichas brigadas en 110 pueblos vecinos de Bengala Occidental. Además, estas brigadas son un elemento importante de las iniciativas de base comunitaria en gestión de desastres, que lleva a cabo el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 1.603 pueblos de todo Orissa. Según una evaluación reciente, en el marco del proyecto del PNUD se ha logrado que la preparación en previsión de desastre se incluya en el programa del gobierno local.




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