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Publicaciones: Informe mundial sobre desastres 2004
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Knud Falk/Cruz Roja Danesa
 
Sección uno - La capacidad de resistencia de las comunidades

Capítulo 5
Cimientos de la capacidad de resistencia en comunidades filipinas

En diciembre de 2003, los deslizamientos de tierra en el sur de Filipinas, que dejaron un saldo de 200 muertos y miles de personas sin hogar, reavivaron el debate sobre la prevención de desastres. En el período 1971-2000, los desastres "naturales" cobraron 34.000 vidas en Filipinas y, en el período 1990-2000, aquejaron gravemente a 35 millones de personas. La preparación en previsión de desastres, basada en la comunidad (PPDBC), ¿puede contribuir a fortalecer la capacidad de resistencia de los filipinos frente a los peligros naturales?

Los datos sobre desastres no traducen la cabal dimensión de los daños causados por peligros menores y recurrentes como los tifones que sobrevienen una vez por mes durante la estación de tormentas. Las ráfagas de viento y las lluvias torrenciales que acompañan los tifones destruyen cultivos, ganado y propiedades, provocan la erosión del suelo y cubren las tierras de cultivo de limo y piedras. Cultivadores y agricultores son quienes más sufren. Los campos han de limpiarse antes de volver a plantar y, además, el cambio de las estaciones de siembra puede contribuir a que inundaciones, sequías y plagas causen mayores estragos. La demanda de mano de obra dismi-nuye, porque los agricultores economizan, y los daños les disuaden de invertir para mejorar sus plantaciones.

Además de destruir viviendas de mala calidad y causar brotes de enfermedades, los desastres recurrentes traen aparejada la escasez de alimentos y medicamentos, lo que hace aumentar los precios. Mucha gente no puede permitirse invertir para recuperarse porque las oportunidades de ganar ingresos también escasean después de un desastre. Las consecuencias de los desastres agudizan la pobreza, agravan la vulnerabilidad e interrumpen el desarrollo.

Desde 1994, la Cruz Roja Filipina (CRF) ha dejado de centrarse en la intervención en casos de desastre para ocuparse también de preparación en previsión de desastres. En el marco de los proyectos, se identifican los pueblos expuestos a tifones y luego, los voluntarios reciben formación de preparación en previsión de desastres. Se alienta a las autoridades locales y a dichos voluntarios a establecer planes de acción para tomar pequeñas medidas de mitigación tales como: plantar mangles y árboles; construir diques, muros de contención y centros de evacuación; limpiar los canales de riego y colocar bolsas de arena en determinados lugares de los ríos. Las iniciativas se planifican con miembros de la comunidad y representantes de unidades del gobierno local. Dichas unidades ayudan a costear los gastos o a cumplir con los requisitos técnicos.

Si bien, las medidas de mitigación material ayudan a proteger vidas y propiedades, la CRF considera que el principal valor de la PPDBC reside en el proceso que conlleva. Los resultados concretos de los proyectos tienen un valor simbólico, pues muestran los logros de las personas en cuestión. La participación en la PPDBC multiplica los conocimientos y competencias locales. La realización de proyectos sensibiliza sobre lo que se puede hacer en el plano comunitario. Además, la PPDBC ayuda a consolidar los lazos entre las comunidades, la Cruz Roja y las autoridades. Las reacciones han sido positivas. Un voluntario de Leyte comentó que la formación recibida le ayudó a convencerse que los voluntarios de preparación en previsión de desastres y los miembros de la comunidad tienen el poder de cambiar su situación.

No obstante, la PPDBC también tiene sus desventajas.

  • Los proyectos se focalizan más bien en resultados a corto plazo que a largo plazo debido a restricciones de financiamiento y a las presiones que se ejercen para demostrar rápidamente que dan resultado.
  • Puede resultar una carga, pues exige que los participantes sacrifiquen tiempo, energías y otras oportunidades de empleo.
  • Varios factores comprometen la sostenibilidad. Algunos voluntarios parten en busca de empleo, poco tiempo después de haber terminado su formación y otros la olvidan, si no tienen posibilidad de ponerla en práctica.
  • Las estructuras de mitigación no abordan en forma adecuada la cuestión de los medios de subsistencia. El enfoque basado en el peligro deja de lado los factores de vulnerabilidad y, por lo tanto, la mitigación se centra concretamente en cada desastre.
  • Puede ser inhibidora, si crea expectativas sin acrecentar la capacidad local de abordar las raíces de la vulnerabilidad. Se puede desorientar a los participantes para que no la vinculen con cuestiones más importantes, contenciosas desde el punto de vista político, que propician la vulnerabilidad. Los políticos pueden utilizarla para eludir la responsabilidad de reducir la vulnerabilidad.

Una evaluación más precisa de los factores que generan vulnerabilidad o fomentan la capacidad de resistencia frente a los desastres puede redundar en intervenciones más eficaces y una mejor movilización. Los filipinos son vulnerables frente a los desastres por tres motivos. Primero, sus medios de subsistencia son vulnerables por la escasez de puestos de trabajo, los salarios bajos, el deterioro de los recursos naturales, el menor rendimiento de los arrozales y la desigualdad de los contratos de arrendamiento. Segundo, las modalidades de uso de los recursos naturales están cambiando porque el desarrollo urbano, la minería y la tala comerciales deterioran el medio ambiente. Tercero, dado que la gente es pobre y está marginada, le resulta difícil acceder a recursos tales como la tierra o los préstamos para el desarrollo.

También es importante entender qué hacen las comunidades para capear los desastres y recuperarse de sus consecuencias, y saber que los distintos grupos tienen distintas necesidades y capacidades. Durante las crisis, en muchos hogares se come más barato, consumiendo lo que se cultiva en casa (por ejemplo, bananas y tubérculos) en lugar de arroz y pescado que son más caros. Además, se recurre a familiares y amigos para pedir apoyo financiero o ayuda para encontrar trabajo; se diversifican las fuentes de ingreso, por ejemplo, buscando empleo en otra parte, o se ingresa en cooperativas locales que ofrecen artículos a bajo precio, préstamos con una tasa de interés razonable y sistemas de ahorro y crédito para microempresas.

Las iniciativas de PPDBC deben insertarse en la planificación del desarrollo, si se pretende que contribuyan a reducir la vulnerabilidad. Ahora bien, la diferencia entre gestión de desastres y desarrollo es muy real para donantes, ONG y organismos estatales. Por ejemplo, el donante de un proyecto de la CRF en la provincia de Benguet, retiró su apoyo antes de lo previsto, pues entendía que las actividades de generación de ingresos no se centraban suficientemente en la mitigación de desastres. En cambio, los participantes locales las consideraban válidas porque abordaban aspectos más amplios de la vulnerabilidad. Desdichadamente, en el contexto de la PPDBC, la financiación de actividades basadas en los medios de subsistencia sigue siendo escasa; por un lado, porque el costo de estos proyectos es relativamente más alto que el de los proyectos de preparación en previsión de desastres y, por el otro, porque los donantes quieren mantener a toda costa la brecha entre desastres y desarrollo.

Las organizaciones humanitarias tendrían que abstenerse de imponer medidas de mitigación material, establecidas de antemano para cumplir con el calendario de los donantes. Únicamente, a partir de un análisis minucioso de los peligros y de los factores sociales, políticos y económicos que sustentan la capacidad de resistencia o propician la vulnerabilidad se pueden sentar las bases de una intervención eficaz. Dicho análisis revelará muchos más problemas (y expectativas) que los que puede solucionar cualquier organización por sí sola; de ahí que las organizaciones humanitarias deban cooperar con otros organismos locales e internacionales que sean competentes en distintos sectores.

La PPDBC no es la panacea, pero puede desempeñar un papel importante para que las comunidades puedan protegerse frente a los desastres. A continuación, hacemos algunas recomendaciones a los colaboradores del quehacer humanitario.

  • Analizar las raíces de la vulnerabilidad frente a los desastres.
  • Comprender la validez de los medios de subsistencia y capacidades locales.
  • Escuchar los planteos y prioridades de la comunidad.
  • Incluir a otros actores para compartir la carga de reducir el riesgo.
  • Movilizar en torno a aquellas cuestiones que la comunidad no puede abordar por sí sola.
  • Abogar por una planificación del desarrollo que incluya la reducción del riesgo.

Capítulo y texto del recuadro escritos por Katrina Allen, investigadora asociada del Departamento de Sociología de la Universidad de Leicester, Reino Unido. La fuente principal fue la investigación realizada entre 1998 y 2002, en el marco de un proyecto financiado por la Federación Internacional, que contó con el apoyo de la Cruz Roja Filipina y el Centro de Investigaciones sobre Peligro de Inundaciones de la Universidad de Middlesex, Reino Unido.

 

Capacidad de resistencia y desarrollo

En un programa de silvicultura, de base comunitaria, el gobierno filipino combinó objetivos de reducción de desastres con objetivos centrados en los medios de subsistencia. Este programa se lleva a cabo en una zona de Leyte meridional que fue escogida por ser "un lugar de predilección" de la tala ilegal. Los participantes formaron una organización y a cada uno se le adjudicó una parcela de cinco hectáreas, como máximo, en terrenos del Estado. En 80 por ciento de la superficie de cada predio se plantaron determinados árboles en pie y el 20 por ciento restante se reservó a verduras y cultivos comerciales.

Una vez que los árboles alcanzan la plena madurez, los participantes pueden talarlos; 70 por ciento del producto de la venta va a la organización vecinal y 30 por ciento al Estado. A su vez, la mitad de ese 30 por ciento se invierte para extender el programa a otras zonas. La organización de vecinos se ocupa de patrullar para impedir la tala ilegal.

Una ONG local organizó a la comunidad y, con ayuda del Estado, impartió formación técnica para prevenir la erosión del suelo mediante el cultivo en franjas y la construcción de setos y terrazas. También se incluyeron métodos de agricultura orgánica y servicios de salud. Los elementos del proyecto con miras a evitar la erosión del suelo, también reducen las probabilidades de que haya desprendimientos en las tierras altas. Además, se incorporaron otras medidas de preparación en previsión de desastres: regulación del caudal de los canales de riego para aliviar las inundaciones; cultivo de variedades de arroz de secano en las tierras altas, e implantación de cortafuegos junto a árboles resistentes al fuego. Hay muchas más probabilidades de que tales medidas sean sostenibles, porque están insertas en la planificación del desarrollo.



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