Mientras que el crecimiento de megapolis y megarriesgos como los
terremotos acaparan los titulares de prensa, muchas más vidas se
pierden día a día en las zonas urbanas por falta de agua potable
y saneamiento. Si las organizaciones quieren acrecentar la capacidad
de resistencia de los habitantes de barrios marginales deben comprender
la "urbanización" del riesgo y los medios de capearlo.
La urbanización rápida y no planificada está alterando la índole
y la magnitud de los riesgos ambientales y generando otros. La urbanización
compromete la eficacia de los mecanismos de resistencia habituales,
pero también hace surgir otros. Este capítulo se basa en una investigación
llevada a cabo en Mumbay, India, en la que se examinó la relación
entre estrategias de resistencia y medios subsistencia de la comunidad
para habitantes de barrios marginales.
Casi la mitad de la población mundial vive en zonas urbanas y
las cifras se están disparando. En los próximos 20 años, 90 por
ciento del crecimiento de la población en los países en desarrollo
será urbano. Los municipios no dan abasto. En Mumbay, 60 por ciento
de los 23 millones de sus habitantes ocupa 6 por ciento de la superficie
de la ciudad y la densidad media es de 2.000 personas por hectárea.
En algunos barrios marginales, 50 familias comparten una sola instalación
sanitaria.
El crecimiento urbano descontrolado agrava los peligros y la vulnerabilidad.
El terreno donde se erigen los barrios marginales suele ser peligroso:
laderas; planicies de aluvión; ferrovías y zonas industriales. A
medida que se extiende la construcción de edificios, el agua de
lluvia tarda más en evaporarse. Las inundaciones provocadas por
el monzón, que en distritos con buenos servicios remiten en pocos
días, pueden durar un mes en barrios marginales.
La basura no se recoge ni se eliminan las aguas servidas porque
el municipio no quiere o no puede hacerlo. A escala mundial, cada
año, 2.200.000 personas mueren de enfermedades causadas por el consumo
de agua contaminada y el saneamiento deficiente; muchas de estas
víctimas son niños de barrios marginales. En la década de 1990,
la tasas de mortalidad en Mumbay central fueron tres veces más altas
que en los distritos con buenos servicios. Dado que en muchos casos,
barrios marginales y factorías comparten el mismo espacio, las inundaciones
arrastran peligrosas mezclas de productos químicos, aguas servidas,
basura y escombros. La concentración de estructuras débiles implica
que el mínimo movimiento sísmico o el menor incendio se conviertan
rápidamente en un reguero de destrucción.
Los medios de subsistencia de los habitantes de barrios marginales
están supeditados al mercado. Alimentos, agua y combustible tienen
que comprarse fuera, pues no se encuentran o no se producen localmente.
Las familias pobres no disponen de espacio alguno para almacenar
y, por lo tanto, durante las crisis, puede que no tengan acceso
a artículos de primera necesidad. Los citadinos disponen de menos
mecanismos de subsistencia que muchos campesinos que tienen acceso
a algún dinero y pueden echar mano a la agricultura de subsistencia,
el ganado, el intercambio comunal, sus ahorros o la tierra de la
familia.
El paso de los medios de subsistencia rurales y comunales a una
estrategia basada en el mercado reduce el alcance de la cohesión
social porque dichos medios están menos vinculados entre sí. Cuando
el mercado baja, las empresas quiebran, o el sostén de familia cae
enfermo, la gente puede quedarse sin ninguna estrategia de subsistencia.
La vivienda, como lugar donde poder ganarse el sustento y llevar
una vida sana, es vital para los habitantes de los barrios marginales.
Una mujer de Mumbay hizo elevar por encima del nivel de inundación
la planta de su casa de una sola habitación, a pesar del enorme
gasto, porque sus ingresos dependían de la fabricación de abalorios
y tenía que seguir trabajando durante la estación del monzón. En
cambio, su vecina que trabaja fuera de casa no tiene tanta necesidad
de hacerlo. La manera en que los habitantes de los barrios marginales
refuerzan su capacidad de resistencia depende de la percepción que
tienen de los riesgos que corren.
La administración urbana puede ser un agente de desastre. Los habitantes
de los barrios marginales dependen del acceso a los recursos, y
la buena administración consiste en saber quien controla ese acceso.
No obstante, rara vez se considera el interés de los pobres. En
Mumbay, 92 por ciento de los habitantes son intrusos en asentamientos
informales y esa ilegalidad les impide pedir préstamos, llamar a
la policía, votar, mandar a los niños a escuelas y hacerlos atender
en clínicas. Por lo general, tampoco pueden reclamar servicios de
recolección de basura, abastecimiento de agua potable y saneamiento.
Los municipios perpetúan el riesgo cuando son incapaces de hacer
cumplir las normas de construcción. En Mumbay, la reglamentación
en materia de construcción sólo contiene disposiciones antisísmicas
para edificios estatales. La ilegalidad de las viviendas de los
barrios marginales impide a sus habitantes hacer mejoras. Si las
autoridades comprueban que se han hecho, pueden desalojarles y alquilar
la vivienda a quienes estén dispuestos a pagar por protección. El
municipio no sólo se encuentra en la imposibilidad de mitigar los
riesgos que corren los intrusos, o se niega a hacerlo, también les
impide adaptarse.
El pesimismo embarga a muchos habitantes de barrios marginales
debido a la magnitud del riesgo y la falta de apoyo municipal. La
mayoría se ha resignado a la mala salud y la muerte prematura. En
estas comunidades no hay tanta cohesión social como en los pueblos
rurales porque la gente se concentra en los propios medios de subsistencia.
De ahí que, incluso si tienen ideas para ampliar su capacidad de
resistencia, esa falta de cohesión social sea un obstáculo. Hay
excepciones como el caso de los alfareros de Kumbharwadi que comparten
la misma fuente de ingresos, lo que les llevó a cooperar (véase
recuadro).
La experiencia de otros barrios marginales sugiere que la cohesión
comunitaria se puede forjar. En el proyecto piloto Orangi de Karachi,
Pakistán, se utilizaron los recursos de los pobres para construir
un sistema de alcantarillado de bajo costo y, en 10 años, la mortalidad
infantil pasó de 130 a 37 por 1.000 nacidos vivos. Mientras que
los hogares pueden protegerse de formas bien precisas, la capacidad
de resistencia de la comunidad depende de sus relaciones con el
municipio. Las organizaciones "externas" pueden ayudar a mejorar
la relación entre las autoridades y los habitantes de barrios marginales.
En el marco del programa de saneamiento de los barrios marginales
de la Gran Mumbay se estableció una asociación para mejorar las
instalaciones. El Banco Mundial costeó la infraestructura y las
organizaciones de base comunitaria (OBC) se ocuparon de la gestión
y la administración. El municipio perfeccionó las competencias de
gestión de dichas organizaciones y ayudó a elaborar el proyecto,
el sistema de pago y la estrategia de gestión.
Las instalaciones sanitarias son administradas por las OBC mediando
el pago de una tarifa. Una vez costeados el mantenimiento y las
reparaciones, los fondos restantes se invierten en proyectos locales,
aprobados por la comunidad. Un método similar se adoptó para los
servicios de recolección de basura.
Casos como éstos demuestran que mientras una administración deficiente
priva a los hogares de la posibilidad de participar en la gestión
del riesgo, una buena administración se las devuelve. Los organismos
externos cumplieron una función determinante para el resultado del
proyecto, contribuyendo a que el municipio y los usuarios compartieran
responsabilidades. Las organizaciones y los municipios que se proponen
respaldar la capacidad de resistencia deben:
1. comprender qué entienden los habitantes urbanos por desastres
y cómo los capean;
2. determinar los obstáculos que impiden que la gente haga uso de
su capacidad de resistencia;
3. combinar las medidas de apoyo y la capacidad de resistencia con
la generación de ingresos, y 5
4 . mejorar las relaciones entre municipios y habitantes de barrios
marginales.
Capítulo y texto del recuadro escritos por Jennifer Rowell,
Asesora Técnica de Urbanismo, CARE International, Reino Unido.