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Publicaciones: Informe mundial sobre desastres 2004
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Charles Page/Federación Internacional
 
Sección uno - La capacidad de resistencia de las comunidades

Capítulo 7
Supervivencia en los barrios marginales

Mientras que el crecimiento de megapolis y megarriesgos como los terremotos acaparan los titulares de prensa, muchas más vidas se pierden día a día en las zonas urbanas por falta de agua potable y saneamiento. Si las organizaciones quieren acrecentar la capacidad de resistencia de los habitantes de barrios marginales deben comprender la "urbanización" del riesgo y los medios de capearlo.

La urbanización rápida y no planificada está alterando la índole y la magnitud de los riesgos ambientales y generando otros. La urbanización compromete la eficacia de los mecanismos de resistencia habituales, pero también hace surgir otros. Este capítulo se basa en una investigación llevada a cabo en Mumbay, India, en la que se examinó la relación entre estrategias de resistencia y medios subsistencia de la comunidad para habitantes de barrios marginales.

Casi la mitad de la población mundial vive en zonas urbanas y las cifras se están disparando. En los próximos 20 años, 90 por ciento del crecimiento de la población en los países en desarrollo será urbano. Los municipios no dan abasto. En Mumbay, 60 por ciento de los 23 millones de sus habitantes ocupa 6 por ciento de la superficie de la ciudad y la densidad media es de 2.000 personas por hectárea. En algunos barrios marginales, 50 familias comparten una sola instalación sanitaria.

El crecimiento urbano descontrolado agrava los peligros y la vulnerabilidad. El terreno donde se erigen los barrios marginales suele ser peligroso: laderas; planicies de aluvión; ferrovías y zonas industriales. A medida que se extiende la construcción de edificios, el agua de lluvia tarda más en evaporarse. Las inundaciones provocadas por el monzón, que en distritos con buenos servicios remiten en pocos días, pueden durar un mes en barrios marginales.

La basura no se recoge ni se eliminan las aguas servidas porque el municipio no quiere o no puede hacerlo. A escala mundial, cada año, 2.200.000 personas mueren de enfermedades causadas por el consumo de agua contaminada y el saneamiento deficiente; muchas de estas víctimas son niños de barrios marginales. En la década de 1990, la tasas de mortalidad en Mumbay central fueron tres veces más altas que en los distritos con buenos servicios. Dado que en muchos casos, barrios marginales y factorías comparten el mismo espacio, las inundaciones arrastran peligrosas mezclas de productos químicos, aguas servidas, basura y escombros. La concentración de estructuras débiles implica que el mínimo movimiento sísmico o el menor incendio se conviertan rápidamente en un reguero de destrucción.

Los medios de subsistencia de los habitantes de barrios marginales están supeditados al mercado. Alimentos, agua y combustible tienen que comprarse fuera, pues no se encuentran o no se producen localmente. Las familias pobres no disponen de espacio alguno para almacenar y, por lo tanto, durante las crisis, puede que no tengan acceso a artículos de primera necesidad. Los citadinos disponen de menos mecanismos de subsistencia que muchos campesinos que tienen acceso a algún dinero y pueden echar mano a la agricultura de subsistencia, el ganado, el intercambio comunal, sus ahorros o la tierra de la familia.

El paso de los medios de subsistencia rurales y comunales a una estrategia basada en el mercado reduce el alcance de la cohesión social porque dichos medios están menos vinculados entre sí. Cuando el mercado baja, las empresas quiebran, o el sostén de familia cae enfermo, la gente puede quedarse sin ninguna estrategia de subsistencia.

La vivienda, como lugar donde poder ganarse el sustento y llevar una vida sana, es vital para los habitantes de los barrios marginales.

Una mujer de Mumbay hizo elevar por encima del nivel de inundación la planta de su casa de una sola habitación, a pesar del enorme gasto, porque sus ingresos dependían de la fabricación de abalorios y tenía que seguir trabajando durante la estación del monzón. En cambio, su vecina que trabaja fuera de casa no tiene tanta necesidad de hacerlo. La manera en que los habitantes de los barrios marginales refuerzan su capacidad de resistencia depende de la percepción que tienen de los riesgos que corren.

La administración urbana puede ser un agente de desastre. Los habitantes de los barrios marginales dependen del acceso a los recursos, y la buena administración consiste en saber quien controla ese acceso. No obstante, rara vez se considera el interés de los pobres. En Mumbay, 92 por ciento de los habitantes son intrusos en asentamientos informales y esa ilegalidad les impide pedir préstamos, llamar a la policía, votar, mandar a los niños a escuelas y hacerlos atender en clínicas. Por lo general, tampoco pueden reclamar servicios de recolección de basura, abastecimiento de agua potable y saneamiento.

Los municipios perpetúan el riesgo cuando son incapaces de hacer cumplir las normas de construcción. En Mumbay, la reglamentación en materia de construcción sólo contiene disposiciones antisísmicas para edificios estatales. La ilegalidad de las viviendas de los barrios marginales impide a sus habitantes hacer mejoras. Si las autoridades comprueban que se han hecho, pueden desalojarles y alquilar la vivienda a quienes estén dispuestos a pagar por protección. El municipio no sólo se encuentra en la imposibilidad de mitigar los riesgos que corren los intrusos, o se niega a hacerlo, también les impide adaptarse.

El pesimismo embarga a muchos habitantes de barrios marginales debido a la magnitud del riesgo y la falta de apoyo municipal. La mayoría se ha resignado a la mala salud y la muerte prematura. En estas comunidades no hay tanta cohesión social como en los pueblos rurales porque la gente se concentra en los propios medios de subsistencia. De ahí que, incluso si tienen ideas para ampliar su capacidad de resistencia, esa falta de cohesión social sea un obstáculo. Hay excepciones como el caso de los alfareros de Kumbharwadi que comparten la misma fuente de ingresos, lo que les llevó a cooperar (véase recuadro).

La experiencia de otros barrios marginales sugiere que la cohesión comunitaria se puede forjar. En el proyecto piloto Orangi de Karachi, Pakistán, se utilizaron los recursos de los pobres para construir un sistema de alcantarillado de bajo costo y, en 10 años, la mortalidad infantil pasó de 130 a 37 por 1.000 nacidos vivos. Mientras que los hogares pueden protegerse de formas bien precisas, la capacidad de resistencia de la comunidad depende de sus relaciones con el municipio. Las organizaciones "externas" pueden ayudar a mejorar la relación entre las autoridades y los habitantes de barrios marginales.

En el marco del programa de saneamiento de los barrios marginales de la Gran Mumbay se estableció una asociación para mejorar las instalaciones. El Banco Mundial costeó la infraestructura y las organizaciones de base comunitaria (OBC) se ocuparon de la gestión y la administración. El municipio perfeccionó las competencias de gestión de dichas organizaciones y ayudó a elaborar el proyecto, el sistema de pago y la estrategia de gestión.

Las instalaciones sanitarias son administradas por las OBC mediando el pago de una tarifa. Una vez costeados el mantenimiento y las reparaciones, los fondos restantes se invierten en proyectos locales, aprobados por la comunidad. Un método similar se adoptó para los servicios de recolección de basura.

Casos como éstos demuestran que mientras una administración deficiente priva a los hogares de la posibilidad de participar en la gestión del riesgo, una buena administración se las devuelve. Los organismos externos cumplieron una función determinante para el resultado del proyecto, contribuyendo a que el municipio y los usuarios compartieran responsabilidades. Las organizaciones y los municipios que se proponen respaldar la capacidad de resistencia deben:

1. comprender qué entienden los habitantes urbanos por desastres y cómo los capean;
2. determinar los obstáculos que impiden que la gente haga uso de su capacidad de resistencia;
3. combinar las medidas de apoyo y la capacidad de resistencia con la generación de ingresos, y 5
4 . mejorar las relaciones entre municipios y habitantes de barrios marginales.

Capítulo y texto del recuadro escritos por Jennifer Rowell, Asesora Técnica de Urbanismo, CARE International, Reino Unido.

 

Medios de subsistencia comunes permiten acrecentar la capacidad de resistencia

Kumbharwadi es un barrio marginal de Mumbay donde hace más de un siglo viven alfareros gujaraties. Estos artesanos han cultivado una cohesión social, arraigada en el compartir de sus medios de subsistencia, para acrecentar su capacidad de resistencia frente a los riesgos.

Entre todos tienen cinco hornos y mancomunaron esfuerzos para protegerlos con techos de zinc, lo que les permite seguir trabajando durante la estación de lluvias, aunque a menor ritmo. Las familias se hicieron confianza para almacenar los artículos que comercializarán durante las lluvias torrenciales, cuando la producción se resiente más. De esta forma redujeron el riesgo que corre su fuente de ingresos en ese período.

A fin de protegerse aún más de la precariedad de su situación, constituyeron un pequeño fondo de reserva, sin ninguna ayuda externa, para que las familias puedan pedir préstamos cuando se ven en aprietos. Además, cada hogar paga cinco rupias por mes para limpiar los desaguaderos como otro medio de velar por su salud.

El factor que sustenta su capacidad de resistencia no reside en que sean más ricas que otras familias, ya que en otros barrios mucho más ricos, a los vecinos ni se les ocurre tomar medidas de prevención para mitigar los riesgos a los que están expuestos. En el caso de los alfareros de Kumbharwadi, la mitigación ha pasado a ser parte de su vida porque:

  • consideran que invertir sus recursos en medidas de mitigación es la mejor manera de proteger y acrecentar sus medios de subsistencia, y
  • tienen la cohesión social que ello exige porque comparten la misma fuente de ingresos.


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