Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC)
Búsqueda :

Publicaciones: Informe mundial sobre desastres 2004
Volver a la página de publicaciones
 

Introducción

Sustentar la capacidad de recuperación

El perfil de los desastres está cambiando. El crecimiento de la población urbana, el deterioro del medio ambiente, la pobreza y las enfermedades, combinados con peligros estacionarios como sequías e inundaciones, crean situaciones de adversidad crónica. Los medios tradicionales para capearlos ya no son adecuados pero, de todos modos, la gente expuesta a riesgos encuentra nuevos medios por iniciativa propia.

Las organizaciones de ayuda deben estar a la altura. Necesitamos nuevos enfoques que acrecienten la capacidad de resistencia de la gente frente a la gama de adversidades de orden material, social y económico que les aquejan. Por capacidad de resistencia, entiendo la habilidad de capear las crisis, recuperarse y ser más fuerte que antes. Si las organizaciones de ayuda no pasan del socorro a corto plazo al apoyo a largo plazo de las comunidades en peligro, corremos el riesgo de derrochar nuestro dinero y socavar esa capacidad que nos proponemos acrecentar.

Las intervenciones verticales pueden ser menos eficaces de lo que muchos suponen. Tras el devastador terremoto de Bam, en diciembre pasado, 34 equipos de búsqueda y rescate de 27 países acudieron a la ciudad y salvaron 22 vidas. Mientras que los equipos locales de la Media Luna Roja rescataron de los escombros a 157 personas con vida, utilizando unos pocos perros rastreadores. Invertir en las capacidades de intervención local permite salvar vidas y ahorrar dinero.

Ahora bien, los desastres "naturales" no son los más mortíferos. En el África subsahariana, 2.200.000 personas murieron de sida el año pasado y otros 25 millones viven con la infección. Enfermedades, sequías, desnutrición, atención de salud precaria y pobreza han gestado una catástrofe compleja que exige una intervención integral que no se limite a la distribución de medicamentos y ayuda alimentaria.

Paralelamente, el crecimiento incontrolado de las zonas urbanas concentra nuevos riesgos. Cada año, mas de 2.000.000 de personas mueren de enfermedades causadas por el consumo de agua contaminada y el saneamiento deficiente; muchas de esas víctimas son niños de barrios marginales. Entonces, ¿por qué los gobiernos y las organizaciones de ayuda rara vez abordan la cuestión?

Los países desarrollados también tienen que hacer frente a nuevos peligros. En 2003, el aumento de cinco grados de las temperaturas estivales desencadenó un desastre vergonzoso para las ricas y modernas sociedades de toda Europa. Según estimaciones, 35.000 ancianos y otras personas vulnerables sufrieron en silencio y murieron solos, abandonados en la retirada de sistemas del Estado bienestar.

Este desastre tomó a Europa por sorpresa. Las organizaciones humanitarias están más preparadas para desastres repentinos y devastadores, pero como el carácter de los desastres está cambiando, nosotros también tenemos que cambiar. En lugar de imponer definiciones y soluciones a quienes consideramos vulnerables, deberíamos preguntarles qué entienden por desastre y cómo se adaptan a los nuevos riesgos que les acechan.

Las respuestas pueden ser sorprendentes e inspiradoras. En Swazilandia, el VIH/SIDA y la sequía se confabulan para perpetuar el hambre de mucha gente, pero el Jefe Masilela nos informa que, en lugar de ayuda alimentaria, su comunidad quiere semillas y sistemas de riego para poder cultivar, forjar su propia recuperación y conservar la dignidad. El gobierno, por su parte, está ampliando el acceso a medicamentos que prolongan la vida y ha contratado a 10.000 mujeres para que sirvan de madres de sustitución a millares de niños huérfanos del sida.

Allende el Océano Índico, en Mumbay, supimos de una mujer que alquiló su cómodo apartamento y se mudó a una barraca detrás de un puente, donde existe el riesgo de inundaciones e incendios; pero así, puede costear la educación de su hija. Decidió que, a largo plazo, la capacidad de resistencia de su familia dependía más de esa educación que de vivir en un lugar más seguro. En el sur, las mujeres de baja casta de Andhra Pradesh redescubrieron cultivos tradicionales más resistentes que ayudaron a los agricultores a recuperarse de las deudas y la desesperación que les invadió cuando la sequía acabó con sus cultivos comerciales, recomendados por expertos de distantes capitales.

La capacidad de resistencia frente a la diversidad trasunta en todas las experiencias que recoge la presente edición. La gente no cesa de adaptarse a las crisis ni de encontrar soluciones creativas para superarlas, privilegiando los medios de subsistencia y los bienes de los hogares respecto a las soluciones puntuales. Sustentar la capacidad de resistencia implica mucho más que prestar socorro o mitigar las consecuencias de cada peligro. Los conocimientos, las competencias, la determinación, los medios de subsistencia, la cooperación, el acceso a los recursos y la representación de la comunidad local son factores vitales para que la gente se recupere de los desastres. Todo ello requiere cambiar el paradigma de nuestro enfoque de la ayuda. Debemos concentrarnos en las prioridades y las capacidades de aquellos a quienes nos proponemos ayudar. Cartografiar los factores de vulnerabilidad y satisfacer necesidades ya no es suficiente. La idea no es nueva, está plasmada desde hace 10 años en el Código de Conducta relativo al socorro en casos de desastre para el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y las organizaciones no gubernamentales (ONG). Entonces, ¿por qué las organizaciones humanitarias no consiguen evaluar, o por lo menos aprovechar, las capacidades de las personas expuestas a riesgos?

Tenemos que hacer tres cosas. En primer lugar, entender aquello que permite a la gente adaptarse para capear los riesgos y recuperarse. En segundo lugar, planificar nuestras intervenciones a partir de los propios conocimientos, prioridades y recursos de la comunidad. En tercer lugar, ampliar las intervenciones comunitarias, creando coaliciones con los gobiernos y abogando por cambios de políticas y prácticas a todo nivel.

Si nos focalizamos tan solo en las necesidades y los factores de vulnerabilidad, seguiremos atrapados en una lógica de intervenciones repetitivas que no nutren esa capacidad de resistencia tan arraigada en cada comunidad. Llevamos décadas hablando de capacitar y sustentar la capacidad de resistencia; ha llegado la hora de pasar de la retórica a la práctica, acabar con los mitos de la víctima desvalida y la infalibilidad del quehacer humanitario, y centrar nuestra labor en los damnificados por los desastres y sus habilidades.

Markku Niskala
Secretario General



  Inicio
  ¿Cómo solicitarlo?
  Agradecimientos
  Índice
Introducción
  Capítulo 1
  Capítulo 2
  Capítulo 3
  Capítulo 4
  Capítulo 5
  Capítulo 6
  Capítulo 7
  Capítulo 8
  Comunicados de prensa
  Galerías de fotos
  Versiones precedentes (inglés)