Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC)
Búsqueda :

Publicaciones
 
Informe Mundial sobre Desastres 2005 - Capítulo 1

¿Datos o diálogo? El papel de la información en casos de desastre

Este año, el Informe Mundial sobre Desastres versa sobre la calidad de la comunicación entre quienes prestan ayuda y quienes la reciben, y la incidencia que tiene en las personas vulnerables. Se examina la manera en que se maneja la información antes, durante y después de los desastres y se analizan cuestiones tales como la consulta con los damnificados, la evaluación de necesidades, la cartografía de los riesgos y el intercambio de información. También se abordan la función que cumple la prensa local e internacional y el impacto de las tecnologías de la información y la comunicación en el socorro humanitario.

La información es de por sí una forma de intervención en casos de desastre y tal vez sea la única preparación en previsión de desastres que puedan permitirse las personas más vulnerables. © Yoshi Shimizu/Federación Internacional, Bangladesh 2005.La información es de por sí una forma vital de ayuda, pero las organizaciones humanitarias no lo reconocen tanto como debieran. Los damnificados necesitan información tanto como agua, alimentos, medicamentos o refugio. La información puede salvar vidas, recursos y medios de subsistencia. Sin embargo, las organizaciones de ayuda se focalizan demasiado en recabar información para uso propio y muy poco en intercambiar información con quienes se proponen apoyar.

La alerta temprana es el mejor ejemplo de que una información precisa y oportuna puede salvar vidas. En Cuba, la gente tiene una buena preparación en previsión de desastres y, gracias a ello, el número de muertos en huracanes es mucho menor que en los países vecinos. Los cubanos entienden las alertas que dan los meteorólogos y que transmiten los medios de comunicación. Saben qué hacer y donde ir. Las comunidades vulnerables mantienen un estrecho contacto con el gobierno a todo nivel, a diferencia de lo que sucede en Haití, donde a raíz de la violencia política y la deforestación, el número de muertos en desastres es más alto.

El resultado de Cuba demuestra que el conocimiento científico no basta, la información sólo es útil cuando se divulga a quienes se exponen a riesgos. Los científicos del Pacífico, por ejemplo, disponían de excelente información sobre el tsunami de diciembre de 2004 en el Océano Índico, pero no pudieron dar la alerta a los países que serían afectados por el desastre.

Después de un desastre, el socorro de emergencia debería basarse en una evaluación exhaustiva de las necesidades y capacidades de los damnificados. Ahora bien, numerosas evaluaciones han demostrado que, en muchos casos, los organismos basan sus primeras distribuciones de suministros de socorro en conjeturas sin procurarse una información precisa sobre las necesidades. Esto obedece a varios motivos: la competencia entre organismos; la presión que ejercen los donantes y la prensa, y el arribo de grandes cantidades de artículos de socorro que hay que enviar al terreno. De ahí que se pasen por alto las necesidades de algunos grupos vulnerables. Una enseñanza fundamental que ha dejado el tsunami es que los organismos deben encontrar mejores medios de combinar la intervención de emergencia y la evaluación rápida y participativa de las necesidades.

La experiencia de desastres anteriores, incluido el tsunami, también nos enseña que la escasa coordinación entre los organismos que intervienen en el terreno trae aparejada la duplicación de evaluaciones. Menos de la cuarta parte de los 200 organismos presentes en Aceh, Indonesia, un mes después del tsunami, enviaron informes de actividad a los coordinadores de las Naciones Unidas. Los organismos internacionales no se caracterizan precisamente por compartir información entre ellos y menos aún con los damnificados por desastres. Pero la sociedad civil de las zonas aquejadas puede mostrarnos el camino. En India meridional, por ejemplo, las ONG de Nagapattinam establecieron una célula de coordinación para recabar y compartir información entre los 100 pueblos siniestrados por el tsunami y los organismos de ayuda.

Durante cualquier intervención en casos de desastre, la consulta y la transparencia son principios fundamentales que han de regir las relaciones entre organismos de ayuda y damnificados. No obstante, los evaluadores de la intervención en Aceh constataron que no había habido una consulta coherente con los beneficiarios. Los socorristas no sabían muy bien qué información debían compartir, en particular, con la población traumatizada. La comunicación se vio socavada por la urgencia de la intervención, la gran cantidad de fondos donados sin asignación precisa, la falta de planificación estratégica, la necesidad de reivindicar rápidamente zonas operativas y la insuficiencia de conocimientos acerca de las consultas con la población y la importancia de las mismas.

Los desastres de gestación lenta ofrecen más posibilidades de consulta. En 2003, durante la carestía de Zimbabwe, Save the Children UK estableció comités de información donde los adolescentes opinaban sobre la distribución de la ayuda e influían en ella. La transparencia que conllevó esta iniciativa fue determinante para cimentar la confianza entre dicho organismo y las personas afectadas.

Además de limitar el acopio de información, los organismos de ayuda podrían hacer más por informar a la población damnificada porque eso contribuye a suplir sus necesidades psicológicas. Después del tsunami, algunos organismos ayudaron a la gente en la búsqueda de parientes y amigos desaparecidos, utilizando teléfonos vía satélite. En Sri Lanka, la Cruz Roja Belga explicó las causas científicas del tsunami a los damnificados para acabar con la superstición de que había sido «un castigo divino». La prensa local puede desempeñar un papel determinante en lo que se refiere a dar información vital a los damnificados, pero después del tsunami, recibió poquísima ayuda externa.

La radio, sobre todo, es un medio de comunicación muy accesible para los pobres y, en particular, para las amas de casa. Además de utilizar la radio para informar después de un desastre repentino, se pueden producir radionovelas que contribuyan a reducir el riesgo de desastres. En Afganistán, por ejemplo, la BBC produce desde hace tiempo una radionovela para cambiar la actitud y el comportamiento de los oyentes respecto a riesgos tales como las minas terrestres y las enfermedades infecciosas.

Volviendo al papel de la prensa internacional, algunos socorristas critican que los periodistas no hagan más por sacar a la luz las «crisis olvidadas» del mundo. El tsunami ocupó los titulares durante semanas, lo que redundó en una cifra récord de donaciones. Mientras tanto, desastres crónicos provocados por guerras, sequías y enfermedades recibieron una atención mínima. Sólo un puñado de organismos se focalizaron en lugares y personas con enormes necesidades, pues la mayoría tiende a seguir la corriente de la cobertura periodística y de los recursos de los donantes.

Las pruebas sugieren que, actualmente, la prensa da más cobertura a los desastres que en el pasado, pero el diálogo entre colaboradores del quehacer humanitarios y periodistas es insuficiente. Portavoces de las necesidades de orden humanitario, las organizaciones de ayuda podrían hacer muchísimo más por poner al tanto de esas crisis ignoradas a donantes, periodistas y opinión pública.

El avance de la tecnología digital y la Internet han transformado el periodismo de actualidad y las organizaciones de ayuda corren el riesgo de quedar muy a la saga. La tecnología de la información ofrece nuevas e interesantes posibilidades como una forma de ayuda en sí. La alerta temprana, el socorro en casos de desastre y la reducción del riesgo se han visto revolucionados por la creciente disponibilidad de teléfonos móviles. Después del terremoto de 2001 en Guajarat, India, por ejemplo, SEWA, la asociación de trabajadoras por cuenta propia, distribuyó 200 equipos portátiles de radiotransmisión para que su personal pudiera comunicarse sin tener que volver a la sede. SEWA también utilizó la televisión vía satélite para mantener videoconferencias con su personal en el terreno y difundir entrevistas con integrantes del gobierno.

El tsunami marcó un giro en el papel que desempeña la tecnología de la información y se constató la eficacia de nuevas formas de comunicación «de persona a persona», incluido el blogging. Los organismos de ayuda podrían utilizarlas mejor, suministrar su propia información a los bloggers y, a la vez, pedirles más datos sobre necesidades e intervenciones. Además, los organismos deberían patrocinar el acceso de las comunidades vulnerables a esa tecnología.

En pocas palabras, el intercambio de información y comunicación entre organismos de ayuda y damnificados sigue siendo mínimo, a pesar de que en el Código de Conducta relativo al socorro en casos de desastre para el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y las organizaciones no gubernamentales (ONG) se exhorta a los organismos a contar con la participación de la gente del lugar en la toma de decisiones. Asimismo, las normas del Proyecto Esfera garantizan el «derecho a la información». Además, a medida que aumenta su número y su competencia, las ONG locales solicitan más consultas.

La tecnología confiere más poder a las personas vulnerables. La información en sí es una forma de poder. ¿Las organizaciones internacionales la utilizan para acumular poder o para otorgarlo a los demás? A continuación se hacen recomendaciones para mejorar la comunicación entre organismos y beneficiarios.

Reconocer que la información es de por sí una forma de intervención en casos de desastre.

Comunicar a donantes, periodistas y opinión pública, la urgencia de las crisis ignoradas.

Compartir la información recabada en evaluaciones de desastres.

Promover auditorías públicas de las intervenciones en casos de desastre.

Apoyar un mejor acceso de las comunidades vulnerables a la tecnología.

Forjar alianzas para compartir información con el gobierno y las redes de la sociedad.

Adoloscentes de Zimbabwe reivindican el derecho a opinar

Jessica Pedzura tiene 17 años y vive en Mutorashanga, una comunidad de Zimbabwe aquejada por la carestía. En 2003, la Fundación Save the Children UK (SCF) inició la distribución de ayuda alimentaria de emergencia. Cuando procedió a evaluar su labor, constató que muchos integrantes de la comunidad, incluidos los adolescentes, se sentían marginados por la manera en que se llevaba a cabo el programa. No se había informado correctamente a los beneficiarios sobre sus derechos y deberes. En las reuniones de la comunidad, los vecinos se abstenían de hacer críticas por temor a represalias. Los adolescentes se quejaron de que los puntos de distribución estuvieran tan lejos, las cargas fueran demasiado pesadas y las distribuciones se hicieran durante el horario escolar.

Entonces, en septiembre de 2003, SCF creó comités de consulta con adolescentes para encauzar las quejas. Se optó por ellos porque podían recabar y difundir información por formar parte de los principales beneficiarios. Además, detectaban problemas que los adultos no querían o no podían ver.

Durante ocho meses, 70 chicas y chicos recabaron datos invalorables entre sus coetáneos. Los adolescentes adoptados dijeron que los guardias les negaban raciones o les obligaban a trabajar muchas horas para darles una ración de ayuda. También denunciaron que vendían alimentos para comprarse cerveza. Por otra parte, los comités pidieron que se hiciera una vigorosa promoción de los derechos del niño en las comunidades. Según Jessica, «ahora, nuestra comunidad está al tanto de los abusos y, creo, que conoce mejor los derechos del niño. Que yo sepa, desde que se establecieron los comités de consulta, en Mutorashanga ningún niño adoptado fue maltratado».

Capítulo escrito por Tony Vaux que trabajó 27 años en Oxfam, nueve de ellos en calidad de coordinador de operaciones internacionales de emergencia. Actualmente, es consultor independiente, especializado en evaluación de intervenciones en casos de desastre y cuestiones relacionadas con los conflictos armados. El texto del recuadro es de Chris McIvor, de Save the Children UK.


  Inicio
  Formulario de pedido
  Agradecimientos
  Índice
Introducción
Capítulo 1
  Capítulo 2
  Capítulo 3
  Capítulo 4
  Capítulo 5
  Capítulo 6
  Capítulo 7
  Capítulo 8
  Comunicado de prensa
  Galería de fotos
  Versiones precedentes (en inglés)