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Informe Mundial sobre Desastres 2005
- Capítulo 2
«¡Corra, avísele
a sus vecinos!» Alerta de huracanes en el Caribe
Entre agosto y noviembre de 2004, nueve huracanes
azotaron el Caribe. Murieron más de 2.000 personas y cientos
de miles se quedaron sin techo. Las pérdidas económicas
ascendieron a 60.000 millones de dólares. Haití fue
el país donde hubo más muertos. Por el contrario,
en Cuba, la República Dominicana y Jamaica, a pesar de que
los daños fueron enormes, el número de muertos fue
relativamente bajo. ¿Por qué? En gran medida, la diferencia
radica en la alerta y el conocimiento. En este capítulo se
demuestra que la instrucción y la organización locales
son tan importantes y oportunas como las alertas precisas de alta
tecnología.
En
2004, Cuba mostró su eficacia para proteger la vida humana
de los ciclones. En agosto, el huracán Charley dejó
un saldo de cuatro muertos y 70.000 viviendas gravemente dañadas.
Un mes después, cuando el huracán Iván pasó
por la isla, hubo que evacuar a más de 2.000.000 de personas,
pero no hubo ningún muerto.
Cuba dispone de un instituto meteorológico
de clase mundial que tiene 15 oficinas provinciales, comparte información
con científicos estadounidenses y hace proyecciones sobre
la trayectoria de los huracanes. Unas 72 horas antes de la llegada
prevista de los ciclones, los medios de comunicación dan
la alerta y los comités de protección civil verifican
los refugios y los planes de evacuación. La instrucción
sobre desastres forma parte del programa escolar y todos los años,
se hacen ejercicios de evacuación antes que empiece la temporada
de huracanes. La mayoría de los adultos tiene un buen nivel
de educación y comprende lo que dicen los funcionarios y
los meteorólogos.
Dos días antes de la llegada prevista
del huracán, las autoridades focalizan las alertas en las
zonas más expuestas a riesgo. Funcionarios locales verifican
que se pueda evacuar a las personas vulnerables. Por último,
12 horas antes, quienes deben ser evacuados tienen que estar en
los refugios, las viviendas protegidas, las ventanas cubiertas con
planchas de madera y los barrios limpios de desechos, escombros,
etc. Estas son las disposiciones de la reglamentación cubana
que se cumplieron durante la acometida de los huracanes Charley
e Iván. Según Audrey Mullings, voluntaria de la Cruz
Roja Jamaiquina, «Lo más importante que tenemos que
aprender de Cuba es que no se necesita mucho dinero para que las
cosas funcionen.»
En Jamaica, un día antes de la llegada
de Iván, el primer ministro utilizó la cadena nacional
de radio y televisión para recordar a la población
que en Granada se había cobrado 39 vidas. La oficina de meteorología
de Jamaica se beneficia de las previsiones de EE.UU. que indican
el lugar donde un huracán tocará tierra con una aproximación
de 50 kilómetros. Voluntarios de la Cruz Roja Jamaiquina
y de los comités comunitarios de intervención en casos
de desastre dieron la alerta por las calles, llamaron por teléfono
a los habitantes, verificaron que todo estuviera dispuesto en los
refugios, supervisaron los ríos para detectar signos de inundaciones
y pidieron prestados vehículos privados para evacuar a personas
con discapacidades.
Desde el huracán Gilbert de 1988,
ha habido grandes mejoras. La oficina nacional de preparación
en previsión de desastres cartografió las zonas expuestas
a inundaciones y deslizamientos de tierra, estableció sistemas
comunitarios de alerta y realiza campañas de instrucción
pública durante todo el año. Junio es el «mes
de la preparación en previsión de desastres»
y se organizan jornadas de sensibilización, ejercicios prácticos
y exposiciones. Todo ello contribuyó a que disminuyera el
número de muertos en desastres, ya que el huracán
Iván dejó una saldo de 17 muertos.
La República Dominicana comparte
con Haití la isla de La Española. A mediados de septiembre,
los ríos se desbordaron por las lluvias torrenciales de la
tormenta tropical Jeanne. En la República Dominicana hubo
23 muertos, 40.000 rescatados y 2.000.000 de damnificados. El día
antes, el instituto de meteorología dio la alerta y difundió
mapas con la probable trayectoria de la tormenta. La noticia llegó
incluso a los poblados más pequeños, pues las radios
retransmitieron los mensajes. Algunos dominicanos recibieron llamadas
de sus familiares de Puerto Rico que habían visto en televisión
que la tormenta se acercaba. Otros fueron informados por alcaldes
que, a tales efectos, recorrieron las zonas rurales a caballo o
en motocicleta.
No obstante, la gente se preocupó
más por el viento que por las inundaciones. Muchos no aceptaron
que se les evacuara porque sus casas estaban bien protegidas contra
vendavales. Algunos, al despertarse, encontraron la casa inundada.
Los 11 integrantes de una familia pasaron la noche encaramados a
un árbol hasta que vinieron a rescatarlos con una balsa de
fortuna.
Cerca de la frontera con Haití, las
lluvias torrenciales de Jeanne inundaron la ciudad costera de Gonaïves.
El nivel de las aguas alcanzó los dos metros en 30 minutos;
hubo 1.800 muertos y 800 desaparecidos. ¿Por qué la
misma tormenta mató 100 veces más haitianos que dominicanos?
Las lluvias torrenciales de Jeanne cayeron en laderas deforestadas
y provocaron mortíferos deslizamientos de tierra. La salida
repentina del presidente Aristide siete meses antes, había
causado disturbios y gran inestabilidad. Los sistemas de alerta
temprana exigen que el gobierno prepare a la población, dé
la alerta, supervise la evolución de los acontecimientos
y ayude en las tareas de evacuación. Ese sistema existía
en el papel, pero en la práctica no funcionó.
El centro de meteorología de Haití
carecía de recursos. El centro nacional de operaciones de
emergencia estaba cerrado. Las alertas no llegaron a Gonaïves.
Cuando se desencadenó la tormenta, la mayoría de los
habitantes pensó que las montañas le protegerían.
No tenían idea de lo que se les venía encima. En los
últimos 60 años, los huracanes se han cobrado la vida
de 17.000 haitianos. Evidentemente, Haití necesita ayuda
para reforzar sus sistemas de alerta y de preparación en
previsión de desastres.
La alerta eficaz de huracanes requiere tecnología
y comunicación de persona a persona. El secreto de los resultados
obtenidos en el Caribe radica en lo que sigue.
- El pronóstico de huracanes:
EE.UU. comparte las herramientas de pronóstico con la región
y ofrece previsiones precisas entre tres y cinco días antes.
Cuba completa esto último con sus propios modelos de radar
y computadoras. No obstante, subsisten problemas, en particular,
para pronosticar la intensidad de los huracanes.
- La alerta nacional:
Las autoridades deben dar la alerta inicial en esos tres a cinco
días antes, seguida de instrucciones precisas para poner
en marcha la acción preventiva, 24 horas antes de la llegada
prevista del huracán.
- El gobierno: Vínculo
esencial entre las alertas a escala nacional y las comunidades
expuestas a riesgos. Los funcionarios locales deben disponer de
recursos para alertar y evacuar. Las alertas deben incluir la
localización detallada de probables inundaciones y deslizamientos
de tierra que, en muchos casos, son más mortíferos
que los vientos huracanados. Si el gobierno local es débil,
la cadena de la alerta se interrumpe.
- La participación de la
sociedad civil: Ni siquiera en Cuba, el gobierno puede
hacer todo. La sociedad civil – incluidas las ONG, la Cruz
Roja, las iglesias y las agrupaciones de la juventud – también
debe poner manos a la obra. Esto último incluye dar crédito
a las alertas oficiales.
- El conocimiento y la acción
populares: Elemento clave de la preparación en
previsión de desastres que dio tan buen resultado en Cuba.
Las campañas de sensibilización pública,
a través de establecimientos de enseñanza y ejercicios
prácticos, son esenciales.
La tecnología es la parte
fácil de la alerta temprana, el verdadero desafío
reside en que se centre en la gente, lo que implica:
dar alertas concretas – las alertas nacionales
deben completarse con alertas locales de inundaciones y deslizamientos
de tierra;
fomentar la responsabilización –
es mucho más probable que los sistemas de alerta temprana
funcionen si las personas expuestas a riesgo participan en su
estructuración y mantenimiento;
completar los conocimientos locales – la
experiencia y la tradición oral son importantes, pero no
siempre las más indicadas; la experiencia se debe analizar
con espíritu crítico y completarse;
sensibilizar en las escuelas – los niños
que están al tanto del peligro de huracanes comparten lo
que saben con familiares y vecinos, y de mayores son más
receptivos;
vincular alerta y reducción del riesgo
– urge invertir para abordar las causas de la vulnerabilidad.
Los equipos comunitarios
de intervención en casos de desastre de Jamaica
«Me alegra haber podido alertarles»,
comenta simplemente Patricia Greenleaf, integrante del equipo
comunitario de intervención en casos de desastre de
la sección de Cedar Valley de la Cruz Roja Jamaiquina.
Patricia formó parte de las docenas de voluntarios
que recorrieron las calles dando la alerta con megáfonos,
48 horas antes de que llegara el huracán Iván.
También le indicaron a grupos marginados y personas
con necesidades particulares – incluidos, ancianos y
discapacitados – que pusieran una bandera o un trapo
blanco frente a su casa porque a la hora de evacuar, esa sería
la señal de que necesitaban ayuda.
El huracán Iván, el
más violento de los últimos 50 años en
el Caribe, acababa de atravesar Granada con vientos de 250
kilómetros por hora y había dejado un saldo
de 39 muertos y 90 por ciento de los edificios de la isla
dañados o destruidos. La Cruz Roja Jamaiquina puso
a todas sus secciones y sus 12.000 voluntarios en alerta máxima
y abrió 1.000 refugios comunitarios en todo el país.
El 11 de septiembre de 2004, cuando
«Iván el Terrible» embistió Jamaica,
los integrantes del equipo de Patricia estaban preparados:
habían trazado un mapa con la indicación detallada
de los recursos y los riesgos potenciales; sabían donde
vivían las personas más vulnerables de Cedar
Valley y habían establecido el plan de intervención
comunitaria con la sección de la Cruz Roja. También
estaban entrenados en tareas rudimentarias de búsqueda
y rescate, primeros auxilios de emergencia y evaluación
rápida. Además, disponían de botiquines,
megáfonos, palas, y cuerdas, así como de botas
y cascos impermeables. El ciclón causó graves
estragos materiales en todo Cedar Valley, pero no hubo ningún
muerto.  |
Capítulo escrito por Ben Wisner, Victor
Ruiz, Allan Lavell y Lourdes Meyreles. Ben Wisner, investigador
independiente, afiliado al Instituto de Estudios de Desarrollo de
la Facultad de Economía de Londres, el Centro Benfield de
Investigación de Riesgos (Colegio Universitario de Londres)
y el Instituto de Investigación sobre Prevención de
Desastres de la Universidad de Kyoto, Japón. Victor Ruiz,
sociólogo y consultor independiente, reside en la República
Dominicana. Allan Lavell coordina el programa de investigación
sobre riesgos y desastres de la Secretaría General de la
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y la Red
Latinoamericana de Estudios Sociales en Prevención de Desastres.
Lourdes Meyreles, socióloga, coordina el programa de la FLACSO
en la República Dominicana. El texto del recuadro es de Ruth
Chisholm, Directora de Servicios de Emergencia y Comunicación
de la Cruz Roja Jamaiquina. |
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