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Informe Mundial sobre Desastres 2005
- Capítulo 6
Acción humanitaria:
La cobertura de prensa en la era digital
El tsunami del 26 de diciembre ocupó
los titulares de la prensa del mundo entero hasta bien entrado el
mes de enero, es decir, durante mucho más tiempo que cualquier
otro desastre de la historia contemporánea. Después
del tsunami hubo una metafórica ola gigante de donaciones.
Los trabajadores de la ayuda humanitaria se inquietaron, pues temían
que monopolizara el dinero de los donantes y la atención
de los medios de comunicación en detrimento de los «desastres
ocultos» del resto del mundo.
Muchos
organismos de ayuda estiman que la cobertura de prensa de las crisis
es selectiva y está estereotipada; no obstante, les sigue
apeteciendo la publicidad con la esperanza que se destinen más
fondos y se atienda más al socorro en casos de desastre.
En este capítulo se analiza la relación
entre periodistas y colaboradores del quehacer humanitario, y se
plantea la cuestión de saber qué pueden hacer los
organismos de ayuda para promover una cobertura de prensa proporcional
al sufrimiento humano. La selección de noticias refleja criterios
establecidos. Las noticias tienen que ser noticia. Los redactores
establecen el orden de prioridades de los artículos en función
del número de muertos. Se privilegia la cobertura de desastres
poco frecuentes aunque explicables, que siembran muerte y destrucción
en lugares accesibles que, se supone, interesan a la opinión
pública, y se presta menos atención a otras crisis.
El imperativo comercial ha hecho que los
periodistas vayan a la caza del «índice de audiencia».
Hoy en día, los telediarios son mitad noticias, mitad entretenimiento.
Por lo tanto, es comprensible que desastres repentinos y dramáticos
como una erupción volcánica o un tsunami sean pan
bendito para los noticieros a diferencia de las crisis de gestación
lenta, difíciles de describir y más aún de
filmar.
A menudo, las noticias son sólo cuestión
de números. Las ONG deben proporcionar buenos datos a los
periodistas. Una encuesta sobre la mortalidad en la República
Democrática del Congo revela que, desde 1998, murieron 3.800.000
personas a causa de la guerra, las enfermedades y la desnutrición.
Sin embargo, la cobertura de la crisis fue desigual y, según
Fergal Keane de la BBC, uno de los peores pecados de omisión
cometidos en toda la historia de los medios de comunicación.
La dificultad de informar sobre la guerra
del Congo radicó en la complejidad del tablero político,
las grandes distancias y los combates esporádicos. Los corresponsales
ponían mayor empeño cuando el conflicto armado se
circunscribía a determinadas zonas – como en el caso
de Bunia, en 2003 – o tenían que tratar temas concretos
como los niños soldados, las violaciones, etc. Paradójicamente,
la erupción del volcán Nyiragongo de enero de 2002
provocó una enorme afluencia de periodistas, pero en ese
desastre murieron menos de 100 personas.
A pesar de las inquietudes de las ONG, en
un exhaustivo estudio de 2004, dirigido por el Profesor Steve Ross
de la Universidad de Columbia, se constató que la cobertura
de prensa de las operaciones de ayuda estaba en aumento. El número
mundial de artículos de publicaciones de lengua inglesa que
mencionaban el sida en África pasó de 3.607 en 1998
a 19.375 en 2003.
Ross crítica la falta de conocimientos
sobre cuestiones y fuentes humanitarias, los presupuestos escasos,
la impaciencia y el desgano de los periodistas respecto a las crisis.
Pero también crítica a las ONG por no saber manejarse
con la prensa, no divulgar información, confundir mercadotecnia
y relaciones con la prensa, y no explotar las herramientas que ofrece
la Internet.
Los comunicadores del quehacer humanitario
tienen que poner mayor empeño en dar visibilidad a la crisis
«ocultas». Cultivar las relaciones con los periodistas
es mucho más importante que emitir comunicados de prensa
que, a menudo, se ignoran. Los reporteros están más
interesados en las fuentes.
Dirigirse a los periodistas apropiadas también
es importante. Por ejemplo, en caso de sequía, es más
probable que la información provenga de un corresponsal de
medio ambiente que de una oficina de noticias. La rapidez es crucial
mientras la cuestión está candente. Los organismos
deben estar siempre alerta y liberarse de trabas burocráticas.
Cabe hacer una distinción entre noticias
y asuntos de actualidad. En muchos casos, los desastres «olvidados»
no sólo son crónicos y difusos, tampoco cambian demasiado
de un día para otro. Es difícil que esas crisis se
consideren noticia, pero existe la posibilidad que se incluyan en
la sección de asuntos de actualidad, principalmente, de los
sitios web de las organizaciones de noticias.
Ello no quita que algunas actualidades nutran
artículos y reportajes. Los recientes huracanes y olas de
calor en los países desarrollados reavivaron el interés
de la prensa por el calentamiento del planeta y los desastres «naturales».
Los temores y responsabilidades en relación con el cambio
climático son materia de titulares.
Por otra parte, las organizaciones de ayuda
tienen que explotar la tecnología de las comunicaciones digitales
para ofrecer fotos y material audiovisual a los periodistas que
no disponen de presupuestos para gastos de viaje. La tecnología
digital facilitó enormemente la cobertura televisiva de la
crisis de Darfur en 2004. La técnica de compresión
digital de almacenamiento y retransmisión de datos revolucionó
la cobertura televisiva de noticias, pues permite mandar vídeos
de alta calidad desde zonas lejanas mediante conexiones telefónicas
de banda angosta vía satélite. Encargados de prensa
de algunas ONG propusieron visitas de terreno para que equipos de
televisión aprovecharan a fondo esa tecnología. La
televisión es el medio de comunicación ideal para
sacar a la luz las crisis ocultas.
Ahora bien, una cobertura televisiva en
demasía plantea sus propios dilemas. Medio de comunicación
ágil, que transmite todo el día y en cuestión
de horas hace llegar a los hogares el pleno impacto emocional de
un desastre repentino, la televisión incentiva la donación
de fondos, pero también las exigencias de acción inmediata,
lo que puede dar lugar a intervenciones de ayuda muy mediatizadas,
pero que no se basan en una evaluación meticulosa de las
necesidades.
Si bien es cierto que los organismos deberían
invertir más en captar las necesidades locales, la prensa
también tiene sus fallas. Los aviones fletados especialmente,
que surcan el cielo rugiendo, salen en los noticieros vespertinos,
las misiones de evaluación no.
Otro resultado de la mediatización
es la perspectiva de recaudar demasiado dinero. El 3 enero, Médicos
sin Fronteras de Francia dio por terminado su llamamiento en favor
de las víctimas del tsunami, pues la suma recaudada era el
séxtuplo de la que había recibido en dos meses para
Darfur. Algunas organizaciones reconocieron que tendrían
problemas para gastar todo el dinero en forma responsable.
Según un socorrista de Sri Lanka,
«alguien tiene que preguntarse si era realmente necesario
mandar botellas de agua por avión de Europa a la zona siniestrada.»
Después de todo, los principios de la ayuda estipulan que
en toda intervención se han de tener en cuenta las capacidades
locales.
Ahora bien, durante un desastre, periodistas
y socorristas se necesitan mutuamente para decidir desde que ángulo
abordarán el tema. Al parecer, criticar a los organismos
de ayuda en la prensa es tabú, pues se parte de la hipótesis
que no se debe socavar la confianza de la opinión pública.
Pero, tal vez, eso esté cambiando. Según el Profesor
Ross, uno de cada cuatro periodistas sostiene que en la prensa,
las críticas y el escepticismo acerca de las organizaciones
de socorro están en aumento. Por su parte, John Twigg, experto
en desastres, considera que los periodistas deberían evitar
las respuestas fáciles. A su juicio, la prensa trata los
desastres en forma estereotipada: el socorro es heroico o ineficaz
y no hay términos medios.
Algunas tendencias de la prensa favorecen
verdaderamente el quehacer humanitario: la preponderancia que está
cobrando el cambio climático; los avances técnicos
de la recolección de noticias en vídeo; el enfoque
de África como una cuestión geopolítica; el
postulado de que existen vínculos entre pobreza y terrorismo;
la creciente comunicación medial entre usuarios, y el vencimiento
del plazo de 2015 para alcanzar los objetivos de desarrollo que
cada vez está más cerca. La Internet y la difusión
de noticias las 24 horas del día ampliaron bastante el mercado
del testimonio humanitario.
De ahí que las ONG tengan que posicionarse
para capitalizar esas tendencias y pensar en términos de
minutos, no de días; multiplicar los contactos con corresponsales
especializados; explotar la nueva tecnología; adquirir sólidas
competencias de prensa;emitir menos comunicados y organizar más
conferencias de prensa, dar menos opiniones y comentar más
lo que ocurre en el terreno.
Sobre todo, las organizaciones humanitarias
deben ofrecer un mejor contenido. Los comunicadores del quehacer
humanitario tienen que focalizarse en las experiencias humanas,
pues hacen reaccionar a la audiencia. Cuanto más se parezca
ese contenido al periodismo o la investigación, más
interesará a los periodistas y la opinión pública;
cuanto más se parezca a técnicas de relaciones públicas,
menos interés despertará.
Trucos del oficio: Cómo
«vender» las emergencias olvidadas
Según un análisis de
200 periódicos de lengua inglesa de distintas partes
del mundo, el tsunami ocupó más columnas en
seis semanas que las 10 mayores emergencias «olvidadas
» en todo el año anterior. El bombardeo de la
prensa desencadenó una generosidad sin precedente.
En febrero de 2005, la comunidad internacional había
donado 500 dólares por damnificado del tsunami, mientras
que en el caso de los afectados por 18 años de guerra
en Uganda, esa cifra fue tan solo de 50 céntimos de
dólar por persona. ¿Qué pueden hacer
los organismos de ayuda para que los medios de comunicación
se ocupen de emergencias complejas de larga data? A continuación
se hacen algunas propuestas.
Invertir en relaciones con la prensa: Impartir
formación en comunicaciones a todo nivel, incluido
el local, para disponer de la pericia necesaria.
Mantener el diálogo con la prensa:
Entregar el material de referencia sobre emergencias complejas
con suficiente antelación y no, 15 minutos antes
de que venza el plazo.
Dar cifras: El número de muertos
sirve de base a los periodistas para estructurar sus artículos
y, en cierta medida, se orientan a cuantificar lo inimaginable.
Solicitar la colaboración de personalidades:
Aunque sea objeto de controversia, esa colaboración
puede funcionar, pues la prensa que les sigue a todas partes
termina por informar sobre las causas que apoyan.
Difundir imágenes: Nada «vende»
mejor una historia que una buena imagen. En el caso de los
desastres, los organismos de ayuda tal vez sean los únicos
que dispongan de fotos.
Ser creativos y dinámicos: Relatar
el fondo de la historia a través de sus protagonistas.
Incluir en el temario de noticias, lo que están haciendo.
Organizar viajes para reporteros.
No cejar: En este juego, la tenacidad siempre
redunda en beneficios.
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Capítulo escrito por Alex Wynter, ex
productor y jefe de noticias de un canal de televisión comercial.
El texto del recuadro es de Tim Large, Redactor Adjunto de AlertNet
de Reuters.
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