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Informe Mundial sobre Desastres
2005 - Capítulo 8
Los datos sobre desastres
sientan bases para reducir el riesgo
Los datos sobre desastres son imprescindibles
para detectar las tendencias del impacto de las catástrofes
y establecer vínculos entre desarrollo y riesgo de desastres.
En este capítulo se reseñan cuatro bases de datos
sobre desastres (EM-DAT, NatCat, Sigma y DesInventar), se enumeran
cuestiones que quedan por resolver respecto a la recolección,
la validación y la presentación de esos datos, y se
hacen propuestas para mejorarlos.
Las
bases de datos sobre desastres son cada vez más útiles
porque esos datos se traducen en herramientas analíticas
que contribuyen a establecer el orden de prioridades de la acción
internacional para reducir el riesgo de desastres. Galvanizadas
en parte por el tsunami, estas bases de datos también se
utilizan para crear herramientas de alerta temprana.
EM-DAT, administrada por el Centro de Investigación
sobre Epidemiología de los Desastres (CRED) con sede en Bruselas,
es la base de datos internacional de acceso público más
completa. Produce estimaciones sobre pérdidas humanas y económicas
e incluye desastres de escala relativamente pequeña (10 muertos
o más) sobre los que se dispone de datos fidedignos.
El aporte de EM-DAT a las políticas
de planificación se ve restringido, principalmente, porque
a escala local y nacional, la recolección de datos no está
sistematizada ni estandarizada. Esto último plantea un desafío
particular a EM-DAT que recurre a fuentes internacionales para extrapolar
datos locales y nacionales. EM-DAT clasifica los desastres por país,
lo que dificulta la identificación de parámetros subnacionales
de las pérdidas.
NatCat y Sigma son bases de datos sumamente
sofisticadas que administran respectivamente, Munich Re y Swiss
Re, las principales compañías mundiales de reaseguro.
NatCat creó su propia metodología para calcular las
pérdidas económicas ocasionadas por los principales
tipos de desastre (excluida la sequía), a partir de las pérdidas
aseguradas. Sus datos fueron cotejados con estimaciones de pérdidas
procedentes del terreno.
Sigma presenta información anual
sobre pérdidas de propiedades aseguradas, pérdidas
económicas y pérdidas humanas ocasionadas por desastres
naturales y técnicos de grandes proporciones. Sigma clasifica
las entradas por tipo de desastre, mientras que NatCat lo hace por
país, al igual que EM-DAT. Ambas compañías
dan poca información sobre los países donde el índice
de seguros es bajo, lo que reduce el alcance de los datos relativos
a África, América Latina y Asia, sobre todo, en lo
que se refiere a las zonas rurales.
DesInventar, administrada por una coalición
de actores no gubernamentales, funciona en 17 países de América
Latina y el Caribe. Además, en Estados de Brasil, Colombia,
Estados Unidos, India y Sudáfrica existen bases de datos
subnacionales que utilizan versiones adaptadas de la metodología
de dicha base de datos.
DesInventar se especializa en el inventario
de las pérdidas ocasionadas por los desastres a escala local
y presenta los desastres nacionales a través de datos sobre
esas pérdidas. Recolecta datos sobre pérdidas humanas
y económicas, pero las cifras relativas a los damnificados
tienden a ser más altas que las de otras bases de datos.
Los medios de comunicación son una fuente primordial de DesInventar,
pero la fiabilidad de la cuantificación de pérdidas
que hace la prensa es cuestionable. Uno de los objetivos de DesInventar
es recabar información sobre las consecuencias secundarias
y las pérdidas relativas a la infraestructura, pero rara
vez dispone de esa información.
Los datos sobre desastres han mejorado bastante
en los 20 últimos años, pero todavía quedan
cuestiones por resolver.
Definición y tipificación de desastres
La sequía es el desastre natural más mortífero
y, a la vez, el más difícil de estudiar. Los problemas
obedecen a la falta de una definición común que
establezca límites de tiempo y espacio. Esto último
plantea retos de talla a la hora de comparar el impacto de las
sequías. En lo que se refiere a las pérdidas, resulta
difícil determinar si la sequía es una causa, un
efecto o un contexto porque engloba factores humanos y ambientales,
tales como los conflictos armados, la pandemia del VIH/SIDA y
la erosión del suelo.
Cuando los desastres afectan a varios
países, como en el caso del huracán Mitch, eso puede
dar lugar a una doble imputación que recoge las pérdidas
de cada país y de la catástrofe en su conjunto.
Otro escollo difícil de sortear es la presentación
de informes sobre desastres «en cascada», es decir,
cuando un primer desastre (por ejemplo, un terremoto) desencadena
otro (por ejemplo, deslizamiento de tierra). Dado que no existe
una metodología común de presentación de
informes sobre las pérdidas ocasionadas por los desastres
a escala local, las consecuencias pueden asociarse a uno u otro.
Uno de los últimos avances fue el acuerdo sobre la utilización
común de un número de identificación mundial
(conocido por la sigla en inglés GLIDE) para cada desastre.
Estandarización y sistematización de la
recolección de datos
A falta de directrices estándar en materia de datos locales
sobre los desastres, en muchos casos, gobiernos, grupos de la
sociedad civil y medios de comunicación utilizan sistemas
ad hoc de recolección de datos. Los datos locales son cotejados
y transmitidos a las bases de datos por intermediarios. Ahora
bien, como esos intermediarios tampoco disponen de definiciones
estándar para organizarlos, pueden caer en la tentación
de exagerarlos o suprimirlos para sacar ventajas de orden profesional,
político o económico.
Cada indicador clave del impacto de los
desastres tiene sus limitaciones. La mortalidad es el indicador
más «puro» de las pérdidas ocasionadas
por los desastres, pero la distinción entre muertos y desaparecidos
siembra confusión porque algunos países piden que
los desaparecidos se den por muertos, 12 meses después
del desastre. También es muy común que haya grandes
diferencias en los informes sobre mortalidad. Las cifras relativas
a los damnificados son aún más controvertidas, pues
no existe una definición universal del término damnificado.
Ahora bien, los datos sobre pérdidas
económicas son los más incompletos. En los últimos
30 años, se declaró menos del 30 por ciento de las
pérdidas macroeconómicas ocasionadas por todos los
desastres naturales y la menor cantidad de datos corresponde a
los países en desarrollo. No existe una metodología
sistematizada sobre la declaración de esas pérdidas.
Las estimaciones de las pérdidas ocasionadas por el terremoto
de 2003 en Bam, Irán, oscilan entre 32,7 y 1.000 millones
de dólares. También hay gran confusión respecto
a las pérdidas de medios de subsistencia, principalmente
del sector informal, y rara vez se registran. El CRED estableció
un sistema de clasificación para racionalizar la elección
de fuentes de datos, lo que mejora la transparencia, pero no suple
la falta de una recolección de datos estandarizada y sistemática.
Los administradores de bases de datos internacionales no disponen
de recursos para coordinar la recolección local, pero cabe
señalar que las 60 oficinas nacionales de Munich Re hacen
evaluaciones del impacto de los desastres de grandes proporciones.
Acceso público a los datos
Parte de los datos de NatCat y Sigma no son de acceso público.
Además, la presentación de los sitios web públicos
de las bases datos podría ser más accesible para
los usuarios. El número creciente de organizaciones que
se interesan por los datos sobre desastre sugiere que habría
que replantearse la cuestión del acceso.
A efectos de mejorar la calidad de las bases
de datos internacionales, urge estandarizar la recolección
local de datos sobre desastres y sistematizar el cotejo. Ello debería
incluir la adopción de protocolos sobre: las fechas en que
comienzan y terminan los desastres; georreferencias de los desastres;
distinciones precisas de los desastres en cascada; medición
del impacto humano; medición del impacto económico
(incluidas las pérdidas secundarias); medición del
impacto ecológico, recolección y utilización
éticas de datos sobre desastres. También es preciso
que larecolección local de datos sea apoyada por una mayor
estandarización y una mayor transparencia en lo que respecta
a los intermediarios.
Los datos básicos sobre la situación
social, económica y ecológica de las zonas expuestas
a riesgos permitirán cuantificar con mayor precisión
las pérdidas ocasionadas por los desastres. Determinar el
contenido de esos datos no entra en las funciones de los administradores
de bases de datos sobre desastres, pero su participación
en esa tarea sería muy útil.
Las recomendaciones del recuadro responden,
en parte, al Marco de acción de Hyogo para 2005-2015,
de las Naciones Unidas, en el que se reconoce la necesidad de trabajar
más en las bases y el análisis de datos en relación
con la reducción del riesgo de desastres. En mayo de 2005,
se pusieron en marcha dos iniciativas importantes: el Sistema Global
de Alerta de Desastres, de la Oficina de Coordinación de
Asuntos Humanitarios (OCHA) de las Naciones Unidas, cuyo objetivo
es suministrar datos iniciales en las primeras 24 horas después
de un desastre, y el Programa global de identificación de
riesgos, del Consorcio ProVention, cuya finalidad es mejorar la
comprensión y la precisión de la medición del
impacto de los desastres, elaborando a partir de las bases de datos
sobre desastres que ya existen.
Medidas recomendadas para
el futuro
Recomendaciones para gobiernos, organizaciones
que recolectan datos (incluido el Movimiento Internacional
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja) y administradores
de bases de datos internacionales.
- Capacitar al personal local y
nacional en la recolección sistemática de
datos sobre el impacto de los desastres.
- Estandarizar las metodologías
de recolección local de datos sobre los desastres
atendiendo a: i) la medición del total de pérdidas
económicas y ii) la incorporación de pérdidas
ecológicas.
- Estandarizar la definición
de sequía y emergencia humanitaria compleja.
- Sistematizar el intercambio de
información sobre datos entre recolectores locales,
intermediarios que cotejan datos y administradores de bases
de datos internacionales.
- Apoyar la colaboración entre
todos ellos para minimizar la superposición y fomentar
el intercambio y la verificación de datos.
- Mejorar el acceso público
a datos básicos y datos sumarios sobre el impacto.
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Capítulo y texto del recuadro escritos
por Mark Pelling, Profesor Principal del Grupo de Investigación
sobre Medio Ambiente y Desarrollo, Departamento de Geografía,
King's College de Londres. |
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